Un paseo por Mulberry Street
Vamos a visitar Mulberry Street, tal vez el lugar más representativo de la vida italoamericana en Nueva York. Google Street View no nos vale, queremos ver cómo era a principios y mediados del siglo XX. Para conseguirlo recurriremos, como no, a las películas. En una de ellas, conocida y admirada por todos, la vemos aderezada por Dean Tavoularis (con el recuerdo de Alexandre Trauner al fondo) para el rodaje de The Godfather II (El Padrino II, Francis Ford Coppola, 1974). En la otra, menos célebre, aparece filmada al natural y en blanco y negro para House of Strangers (Odio entre hermanos, Joseph Leo Manckiewicz, 1949), filme cuyo recuerdo también pudo estar en la cabeza de Coppola a la hora de dar forma a su trilogía.
De Niro y Richard Conte caminando entre la gente. El primero de izquierda a derecha, como siguiendo la pauta de la escritura de quien filma en un ambiente controlado. El segundo, ajustándose a lo que dictan las circunstancias, termina siendo localizado por un travelling –con toda la pinta de haber sido filmado medio a escondidas– que enlaza con un plano anterior –documental– donde la cámara había emprendido un movimiento en sentido opuesto: de derecha a izquierda. No pisan el mismo suelo, pero lo parece, uno saliendo del colmado y el otro, recién salido de la cárcel, yendo a saldar cuentas con sus hermanos.
La bulliciosa calle Mulberry, donde la tienda de Genco Abbandando y la modesta barbería de Gino Monetti (Edward G. Robinson), se convertirán en gigantes del dinero en la importación y la banca. Todo sin borrar esa raíz popular, el de una vía de la que partían los mugrientos callejones de los melodramas silentes de Griffith para la Biograph.

Una calle con mil historias en su interior, las mismas que nos pueden contar los rostros de este photochrom (clic para verlo en alta resolución) de 1900. Todos nos dicen algo, tanto los que nos miran como los despistados contienen una película en su interior. No tiene la belleza ni el exotismo de los autochromes (Lumière, 1903) de Albert Kahn, ni la perfeción técnica de la posterior Kodachrome (John Capstaff, 1915), pero, de todas formas, es una imagen deslumbrante y, sobre todo, sugerente. Uno querría conocer algo más de la vida de cada uno de ellos o, por lo menos, viajar en el tiempo y darse un paseo entre los puestos de fruta y verdura hasta tropezar con algún antepasado de Max Monetti o Vito Corleone.

También sale en “The younger generation” de Capra, que quizá también estaba en las cabezas de Coppola o Mankiewickz a la hora de filmar esas grandes obras.
Hola Jesús. Sí, es que es un escenario natural casi perfecto. Mira, esta semana estuve viendo una peli que se titula así “Mulberry Street”, pero bueno, la cosa era diferente, iba de de una infección tipo rabia que convertía a los hombres en personas-ratas. Tenía hasta algún momento gracioso jajaja. Menos mal que luego me puse Pyaasa de Guru Dutt.
Un abrazo.
Hablando de películas raras, me acordé de tí el otro día cuando ví la aberrante “I spit on your grave” de Meir Zarchi.
Si no la conoces y te gustó “Deliverance, no te la pierdas.
Y me gustaría una “segunda opinión” sobre “Sam hoi tsam yan” de Tsui Hark, que me tiene confundido. Es emocionante, confusa, banal, terrorífica, intrigante, excesiva… ¡lo tiene todo!
Vaya, no la he visto, pero a ver si –mejor– también te acuerdas de mí cuando veas algo menos truculento, joder.
Missing la tengo por algún disco duro rondando, cuando la vea te comento, porque promete. Aunque mi relación con el cine fantástico o de terror o bizarro, o lo que sea, oriental es irregular, no termino de enganchar con muchas de sus cosas. De ahí otro de los grandes problemas del terror americano del XXI, que se pusieron a hacer remakes de historias que ya no me gustaban o me gustaban poco en la versión original.
Un saludo.