No es tiempo para andar rezando


No voy a hablar de Centauros del desierto, no voy a descubrir el Mediterráneo en algún plano escondido, ni tampoco leeré algunas de sus secuencias barriendo con el dedo como un niño en en los renglones de su cuaderno. Sólo la mencionaré de pasada aprovechando una de esas extrañas asociaciones de ideas, de las que te acogotan cuando menos te lo esperas y ante las cuales se hace difícil encontrar una explicación que no termine pidiendo auxilio al psicoanálisis o directamente al esoterismo.

Antes de seguir, recuerdo cómo sonreía cuando hará un par de años, creo, surgió la polémica sobre el color de las nuevas ediciones digitales de la película que salían entonces al mercado. Primero, un lanzamiento de la Warner en dos discos que dejaba en evidencia los anteriores apaños con el encuadre y, poco después, un HD-DVD de la misma casa al que se le sumaría un Blu-Ray; estos dos últimos profundizaban (en nitidez, incluso una nitidez artificial con a saber qué matrices de codificación y filtros de enfoque) en la nuevas tonalidades y en el nuevo encuadre al partir de la misma fuente de calidad sobre la que se tiró el DVD .

centauros del desierto

Y digo que me reía porque estoy seguro de que toda la gente que participó en los acalorados debates que surgieron, no había visto la copia que yo había podido disfrutar apenas cuatro (?) años antes en la filmoteca (?) de mi ciudad. Aquello era The Searchers porque lo ponía en los títulos de crédito, el resto era otra película que nada tenía que ver con la de Ford. Tijeretazos a espuertas, como si la hubiera editado el cura censor del pueblo, como recién exhumada de un alacena franquista. Y encima mal proyectada: se podían observar con total claridad, no pocas veces, los bailes de micrófonos arriba o abajo del fotograma, en otras ocasiones eran los focos o las terminales superiores de los decorados del desierto; el público terminó tomándoselo a mofa saludando cada nueva pifia con vítores y carcajadas.1

El primer tijeretazo que recuerdo haber observado, con perplejidad, tenía lugar en el momento del funeral de la familia recién masacrada por los indios de Cicatriz. Teníamos el gran plano general con todos en oración que vemos en la imagen superior y, de repente, aquello ya había terminado y la patrulla partía a caballo. ¿Por qué cortar una secuencia de un entierro?, ¿que podría haber de gravoso en ella? Cualquiera que la hubiera visto con anterioridad ya sabía la respuesta: Ethan interrumpe el oficio y le espeta al reverendo: Put an “Amen” to it! There’s no more time for praying. Amen! Demasiado duro para un meapilas con unas tijeras al alcance.

Veamos el vídeo, donde, de paso, he colocado el mismo tramo con la cadena de audio del doblaje español. Los encargados de este, en lugar de cortar se apiadaron de nosotros y llegaron a la conclusión de que no era bueno para el espectador escuchar tantas voces a la vez, que no nos íbamos a enterar, que mejor mutilar el runrún del coro para que comprendiéramos mejor, poco o nada importaba si el resto de pesonajes quedaban como imbéciles mientras cantaban sin ser escuchados. Pero bueno, de estas cosas hay a miles, la alteración no ya de las voces, sino de los sonidos o de las músicas. Por cierto, el fragmento lo he sacado de una de las copias antiguas deficientes, pido perdón por ello. Era la que tenía a mano y la que ofrecía coartada a mi pereza para no ponerme a hacer bricolage informático con las copias buenas, las cuales, además, debería haberme puesto a buscarlas.

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Hace poco tuve que asistir al entierro de un familiar, y sin saber ni el cómo ni el porqué, no pude quitarme en unos días esta secuencia de la cabeza. Aquella interrupción de Ethan no es que fuera comprensible desde un punto de vista funcional, que también, desde el de la rapidez necesaria para ejecutar su venganza, sino que se convierte en una voz de protesta contra un ritual que ha pervivido entre nosotros, no me cabe la menor duda, como un deje del pensamiento mágico primitivo, como un residuo en el cerebro localizado en un rincón donde no le ha llegado por el momento la evolución. Justó ahí, en esa zona insondable donde se agarran con las zarpas llenas de mugre y sangre las religiones.

Se toma los entierros como uno de las primeras formas definitivas para hablar de socialización, de vínculos humanos entre los antepasados prehistóricos. Hoy tal acción carece en parte de aquel sentido, sobre todo en su lado social, en su exposición pública. Frente a la muerte, un fingimiento, siquiera el compromiso hipócrita de la asistencia a una ceremonia, sobrepasan el límite de lo que podría ser considerado como una simple frivolidad. Hasta los bandidos más desalmados del western terminaban enterrando a sus muertos, rematando la sepultura con todas aquellas piedras para mantenerlo lejos de las alimañas. Pero Ethan no, a él no le hace falta sentir el dolor a través de un rito, aunque éste sea compartido, el rito puede convertirse en representación –como el de Bergman- y eso, en tales circunstancias, resulta intolerable.

Las asociación de ideas no terminaba ahí, pues hace tiempo que este entierro interruptus lo acompaño con un no-entierro silente, el de Arsenal de Dovzhenko. Nunca recuerdo a uno de los dos en solitario, forman una pareja de verdad extraña y temo que me resultará imposible deshacerla. El cuerpo de un camarada caído es llevado a toda prisa hasta la madre… no hay tiempo para más, los compañeros no pueden detenerse a “honrar” su cuerpo, la revolución no espera, no se detiene.

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Poco o nada tienen que ver la estepa ucraniana (nieve) y el Monument Valley (tierra rojiza), ni las motivaciones políticas de los personajes de Arsenal con las familiares de Centauros, tampoco un ex-soldado sureño y unos rojos revolucionarios, ni siquiera la idea de un enemigo común a derrotar, ni el de una guerra civil como trasfondo. Nada los acerca y, sin embargo, siguen juntos, inseparables gracias a dos grandes directores de cine y a una conexión mental tan caprichosa como obstinada. En cualquier caso, comparto esa impaciencia ante el acto que muestran ambos personajes. Si convirtiéramos ese “tiempo” que solicitan los protagonistas de las películas en toda una época, en el momento actual, en hoy, la fórmula sería igual de válida: no es tiempo para andar rezando.

  1. Si ya era complejo el VistaVision en sus días, imagínense en las manos del encargado ocasional de ensamblar los rollos aquel día; aunque, obviamente, no debía ser una copia en tal formato, sino una en un paso de película convencional. Supongo que no era un proyeccionista, pues de haberlo sido habría “matteado” con una ventanilla aproximada (entre la europea 1′66 y la americana 1′85) para salir mal que bien del trance []

8 comentarios para “No es tiempo para andar rezando”

  • Mi escena de entierro favorita, aparte de unas cuantas de Ford, es la de “Detstvo Gorkogo” de Donskoi. También la de la muy denostada “The fall of the Roman Empire” de Mann, que me sigue pareciendo tan irregular como grandiosa.
    el tema de los blue ray no lo entiendo demasiado. ¿Realmente hace falta más calidad todavía que un DVD si además no respetan formatos y comprimen alegremente lo que les da la gana?. Mala cosa son los transfers de VHS a DVD que editan por ahí, pero peor aún es vender un asunto como lo definitivo cuando el respeto se pierde por completo. Esto no son videojuegos ni basuras para teenagers, esto es arte.

  • Hola,

    Ya sabes cómo es el negocio Jesús, la dosificación y la obsolescencia programada de la tecnología y bla bla bla.

    Otros entierros “virtuosos”: el del comienzo del Othello de Welles, el de Ivan Grozny, los de The Heart of the World de Maddin jejeje, también los entierros vikingos quedaban bien en una película y bueno, los famosos de Vampyr y de Imitación a la vida.

    Un saludo y muchas gracias.

  • jesus cortes dice:

    Bueno, no te comenté lo que me gustó “My Winnipeg”, realmente excelente. Creo que la idea de la somnolencia y el viaje son muy buenas, le van perfecto a lo que quiere contar. Llegó a emocionarme y eso no me había pasado con ninguna de las otras que conocía, con especial reparo por mi parte a ese “Dracula” operístico.

  • Me alegro de que algo de Maddin te interese, porque la verdad me he hartado a recomendarlo por ahí y muy pocas veces han quedado contentos los interesados. Tanto que a veces pienso que me he hecho una imagen algo idealizada de su cine, justo lo que siempre trato de evitar con cualquier director o película.

    Un saludo Jesús.

  • jesus cortes dice:

    Algo parecido me pasa a mí con Jean-Claude Brisseau, del que vuelvo a escribir inminentemente en mi blog. Me fascina su cine desde que entré en contacto con él y sólo conozco a una persona que parece entender el porqué más allá de la pura y evidente atracción que caulquiera tendría por sus temas. Es un director de cine colosal y su fiel María Luisa García, la mejor decoradora-estilista-diseñadora de producción con que cuenta el negocio hoy día.

  • Ventura dice:

    Hola Roberto,

    En Buchanan Rides Alone de Boetticher tambien ocurre un entierro peculiar. Buchanan (R. Scott) y Pecos tienen que enterrar al ayudante del Seriff Law que acaba de morir disparado por Pecos para salvar la vida de Scott. Pero no pueden hacerlo en el suelo porque al cavar la tumba aparece agua por debajo del suelo. Entonces deciden dejarlo en la copa de una arbol y tallar en él su nombre (No recuerdo cual era). Pecos entona una oración y Scott le corta secamente con otro ¡Amen!

    Saludos.

  • Muy bien traído el ejemplo, muchas gracias Ventura.

  • spione dice:

    magnifico Dovzhenko y esa secuencia del entierro de Arsenal, tiene tantas cosas y en tan poco tiempo…la clave es el ritmo y el montaje, a diferencia de la secuencia de The Searchers donde la composición en un único plano, es extraordinaria y ubica perfectamente a Ethan en el centro del plano y de la mirada del espectador,a través de los grupos humanos laterales que reencuadran el camino de descenso de Ethan que rompe la calma de la escena. Me recuerda mucho este tipo de composiciones,a Murieron con las botas puestas de Raoul Walsh, cuando Errol entra en la taberna para disuadir a los soldados de que sean profesionales y no se comporten como borrachos. Walsh crea una composición parecida a través de lineas que redireccionan el camino de Errol a través de la taberna y refuerzan su ira y descontrol en contraposición al estatismo de los hombres.

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