Cuarenta rifles y un disparo


Aprovechando la lectura de El Rifle –gracias Alfonso por el regalo–, una de las novelas escritas por Sam Fuller, rescato un comentario sobre una secuencia de Forty Guns (Cuarenta Rifles, 1957). Acción:

Jessica Drummond (Barbara Stanwyck) y su amante Griff Bonnell (Barry Sullivan), dialogan sentados ante un piano. La cámara los encuadra en un suave acercamiento, con toda las trazas de un dolly shot, que acompaña al movimiento inicial de la actriz. El resultado es una composición simétrica -con el consiguiente efecto de calma y centralidad- que se mantiene durante treinta segundos. A continuación, se inicia un nuevo desplazamiento sin corte con el anterior, ligerísimo y suave, que convierte el antiguo encuadre en uno levemente desequilibrado; descentrado.

En la nueva situación existe demasiado aire en la zona derecha. Esta inestabilidad compositiva, explotará en el drama con un súbito disparo surgido, ¿desde dónde?

Parece que desde un espacio muerto, desde la profundidad lateral derecha. La misma zona que descompensaba el encuadre y que ahora adquiere su razón de ser. La tensión se avisó –y nostoros la intuimos- mediante un mecanismo visual nada llamativo pero eficaz. Lo mesurado de los desajustes hace que la sorpresa funcione mejor que si estos hubiesen sido más explícitos. Los movimientos de la cámara, la composición irregular y la acción imprevista, forman un conjunto armónico.

Un detalle hace encajar al resto: el candelabro de cristal. El inocente objeto que, en apariencia, sólo tenía el encargo de compensar la composición desajustada tras el premeditado movimiento de cámara. Un candelabro que se mantuvo fuera de campo durante la primera parte de la secuencia, para aparecer después en medio de un western, encima de un piano, con sus cuentas tintineando. Un objeto “fuera” de contexto y tan inestable como las llamas de las velas, amenazadas a la mínima respiración.

El objeto equilibra, pero también avisa

Si no hubiera estado todo tan medido, la escena caería en lo grosero, en la evidencia de colocar una señal -en lugar del candelabro- con la leyenda: “peligro, alguien disparará desde este lado”. ¿Cómo acaba el candelabro la secuencia? sufriendo las consecuencias del acto violento y de su condición frágil. El pobre cae el suelo (me atrevería a decir que de manera artificial, tirado por una cuerda) y se rompe. Su papel ha concluido: paga el pato por chivato.

De Forty Guns, siempre se menciona la soltura en el empleo de grúas, travellings y primerísimos planos que al poco de la llegada del nuevo formato panorámico no se consideraban apropiados. Pero Fuller no sólo era aquello que con más intensidad mostraba –y que era mucha por cierto–, de igual manera que tampoco se puede limitar su interés a los años 50-60; también existe un Fuller soberbio en los 80.

A Fuller siempre lo valoro más por sus pausas que por sus arranques de ferocidad. Mejor dicho, lo termino valorando por cómo sabe mezclar y espaciar los dos extremos. Es la quietud la que da sentido a la furia, la redundancia al clímax. Así ha sido siempre, de Aristóteles a Kurosawa. Los filmes de Fuller están repletos de movimientos sutiles y de construcciones precisas, que desmienten su reiterada catalogación como un director tosco o deslabazado; nada más lejos de la realidad.

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Sam Fuller unbound:

Full Fuller
La construcción de la mujer


4 comentarios para “Cuarenta rifles y un disparo”

  • Bien visto. Es una de sus películas visualmente más deslumbrantes y la única que es apreciada en este sentido probablemente.

  • Hola Jesús, sé que te gusta mucho Run of the Arrow -a mí también, es de mis favoritas de Fuller-, pero ¿qué te parece Merrill’s Marauders? A mí me encanta, y veo las dos casi como una pareja dentro de su filmografía, por más que el esquema general de Merrill’s enganche con sus otras películas bélicas.

    Un saludo.

  • Es mi bélica favorita tras “Verboten!”.
    “Run of the arrow” es la mejor película que hizo junto a “The crimson kimono” para mi gusto, ambas entre mis siete u ocho westerns y negros predilectos.

  • [...] otro día leí un artículo pero muy interesante que refutaba la etiqueta de director descuidado de Sam Fuller. La condición [...]

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