Torpezas ejemplares

Que el ser humano ha sido y será torpe no es revelar ninguna verdad oculta, es más, lo aceptamos y nos ofrece posibilidades para la broma y la diversión propia o ajena; y lástima de aquellos que no lo acepten porque sufrirán sin medida. Somos torpes en todas las acepciones posibles, pero la importancia de serlo varía según la ocasión, según la acción.
El torpe del tropezón o el de la falta de destreza, el torpe cómico. El torpe en el discernimiento, ese torpe que mueve a la empatía, a la ayuda, al esfuerzo; torpes sin maldad, la torpeza del niño o del anciano, la torpeza del fallo en el intento. Pero hay momentos en los que la torpeza se aleja de manera cruel de la intrascendencia. Una torpeza que flota en un medio consciente pero que lo ignora para tomar un atajo que pone en dificultades a la razón.
En este sentido nuestra capacidad para ser ejemplares ha sido nefasta. Allí donde hemos tenido ocasiones históricas para marcar pautas hemos resbalado hasta caer en la falta de pudor, por no decir en la infamia. ¿Para qué este sermón con aire de flagelo? Bien, por la simple razón de poner en imágenes esas torpezas.

Mussolini y compañía en Piazzale Loreto
Siempre se ha escrito sobre la relación de las imágenes con la muerte, con la idea de embalsamamiento, del recuerdo… Barthes, Morin, Bazin, Sontag, etc. Pero no vamos a volver sobre sus pasos, lo vamos a reducir ahora al empleo de las imágenes como extensión de la torpeza de quien las utiliza, nosotros. La imagen, más que nunca, como documento del envoltorio, de las causas, del contexto.
Hemos sido torpes ajusticiando dictadores y dejándolo para la posteridad, los hemos matado como ellos nos han matado. Un talión visual absurdo que se encuentra en una misma dirección de sentido contrario: allí donde ellos lo usaban para perpetuar su poder mediante el miedo, nosotros lo colocamos en la vitrina de la justicia impartida sobre el culpable. ¿Qué autoridad moral va a resultar de ello?
A partir del registro visual de los hechos deberíamos intentar buscar mejores soluciones. Quizá debates y ejercicios de hace décadas sigan estando muy presentes en este terreno: mostrar, qué mostrar, cómo mostrar, cuándo, no mostrar. La inflación icónica no puede ser coartada ni excusa desde que tenemos capacidad crítica sobre ella. No podemos despistarnos por mucho que el cuello quebrado de un dictador comparta página de periódico con un anuncio de cosmética o programa de televisión con los últimos avances sobre la disfunción sexual. Vidriera irrespetuosa de los cambalaches, ya lo decía Discépolo.

Ejecución de Nicolae Ceaucescu
Se ha venido diciendo que estos momentos inmortalizados sirven para ayudar a poner fin a una época, una especie de ejercicio trauma-vs-trauma donde uno desplaza y cura al anterior. Tal vez, pero ¿es la manera más adecuada de hacerlo? ¿No producen igualmente miedo? ¿Hay algo que se olvide peor en esta vida que el miedo? Dejarlo todo al principio del instinto, más o menos animal, saciado y satisfecho tras un final justo o al de la funcionalidad radical del miedo, no parecen los mejores caminos.
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* Una versión de este texto apareció en el nº 5 de Shangri-La. Derivas y ficciones aparte, abril del 2008. *
El pincel y el plumero
Sería divertido un blog –casi mejor un tumblr- sobre citas artísticas en películas de JLG. Las entradas se multiplicarían sin parar, a veces es muy cansino el hombre. Si alguien se anima con el proyecto que (no) cuente con mi ayuda.
Un diván rojo acomodado al formato panorámico, paredes y alfombras blancas. Una colcha amarilla rayada por una cruz negra que tapa en parte una sábana igual de blanca que la almohada. Bardot y su melena rubia envuelta en una toalla roja, Piccoli con pantalón azul y sombrero negro. Movimientos mínimos dentro del espacio que lejos de romper un orden lo recrean de inmediato. El resto de la habitación no deja de ser coherente, encalada hasta la ceguera apenas queda salpicada por un par de sillas azules y cuadradas, flores rojas al fondo, un cenicero ámbar, mesa y ventana pajizas.
Lienzo en movimiento, tapiz sorprendente sobre el que aplicar una composición, un breve y original Misterio Mondrian. Cine y pintura, entra la risa floja escuchar el dueto, digno de temazo de Pimpinela. Aquel neoplasticismo geométrico, abstracto, reflexivo, que jugaba con el formato, con la continuidad de las formas puras y los colores primarios para alcanzar esa metafísica a la que aspiraban y que yo –torpe- nunca he llegado a percibir, encuentra aquí el movimiento anímico ansiado. Aunque Godard siempre ha estado más del lado de la pintura, de la música, de la literatura… que del cine. Lo deja claro en en su última película, que bien podría haberse titulado El pincel y el plumero.

Film Socialisme (Jean-Luc Godard, 2010)
En realidad es una re-composición pictórica tan machacona como tantas otras que identificamos de un vistazo. El movimiento distrae, la abstracción también, pero no lo suficiente. Se agradece el esfuerzo de querer manchar también con los personajes y la huida de la teatralidad como paso intermedio entre pintura y cine.
Cinefilia mutante, cinefilia militante
Supongo que muchos ya conoceréis Mutaciones del cine contemporáneo (Movie Mutations: The changing face of world cinephilia) o habréis leído alguna que otra reseña. Pero como no hay ni una sola -de las que yo conozco- que le atice ni un poquito, ahí va la que hice para la sección Bi(T)bliografía de Shagri-La Ediciones. La reseña puede dar la sensación de que estoy poniendo el libro a caer de un burro. Bueno, es la realidad, no una sensación, ya sabéis lo fácil que es meterse con el trabajo y la creatividad de otros. A pesar de todo recomiendo su lectura, de hecho recomiendo cualquier lectura menos el apartado de efectos secundarios de los prospectos. También hay que agradecer el esfuerzo de Errata Naturae por seguir editando sobre cine en los tiempos que corren.
