Mayo 19, 2008

Tiempo cero

Cualquiera que observe la fotografía colocada en este encabezado no encontrará motivo alguno para el interés. No produce ninguna atracción especial, ningún afecto inmediato o profundo, apenas si logra transmitir en ese primer acercamiento un vago sentido de lo cotidiano, eso sí, sin el menor poder o refinamiento estético. En resumen, es una fotografía más, intrascendente, fea, como si cualquier dominguero con su cámara hubiera decidido disparar en ese lugar y en ese momento sin motivación aparente.

La fotografía siempre ha estado peleada con la narración. El arte del instante ha tenido que acudir al artificio, a la capacidad del fotógrafo y las más de las veces al azar, para intentar alcanzar ese imposible narrativo del que suele carecer; no por esencia, ya que también narra a través de su capacidad ostensiva. Pero cualquiera de estos tres casos resulta del todo insuficiente, nunca ha alcanzado un sistema y de hacerlo ha sido primario o efímero (la fotonovela). Sin embargo, creemos que existe un aspecto que puede aportar a la imagen fotográfica, a la instantánea, narración: el conocimiento por parte del espectador de los hechos particulares que han quedado retratados en la fotografía y del contexto en que han sucedido. La necesidad del célebre anclaje que tantas veces se ha discutido no sólo como necesidad informativa sino como elemento estético y hasta ético.

El problema de esa imposibilidad en la construcción narrativa, el demoledor poder del instante congelado que anula toda cronología, cualquier articulación temporal, hace que lo rotundamente figurativo y concreto del medio (en la concepción clásica de la fotografía, claro) quede instalado en “una especie de tiempo cero”1 que podría encontrar salida en lo ya comentado: el conocimiento del que mira, quien, por lo tanto, estará en condiciones de formular una narración propia sumando su información, o directamente su interpretación o hasta la fabulación, a la representación. La imagen queda así constituida como un nuevo ancla a partir del cual poder narrar.

Llegamos, entonces, a ese terreno inevitable donde se establecen relaciones casi íntimas entre sujeto e imagen. Decía Barthes que la fotografía era subversiva no cuando “asusta, trastorna o incluso estigmatiza, sino cuando es pensativa”2. No le faltaba ni una pizca de razón, y en ese grado pensativo podemos encontrar el resumen de lo que nosotros hemos descrito como la narración artificial-intelectual, que no plástica, o al menos ser un factor más en esa construcción subjetiva a partir del objeto-foto. Poder cerrar3 los ojos e imaginar, dar movimiento y desarrollo a lo que carece de él. Pensar y también soñar como puerta para destruir cualquier imposible sujeto a las leyes físicas que nos rigen. Ambos caminos, el racional-pensativo y el onírico-fabulador, pueden servir al propósito de la emancipación de la fotografía del tiempo cero narrativo.

Además de para llegar a adquirir ese estatus narrativo, la condición pensativa en la fotografía puede contribuir y hasta condicionar la representación. Primero y en una dirección evidente, hacia el periodismo, segundo, hacia la publicidad, tercero, hacia la propaganda4 y cuarto, hacia los diferentes caminos y formas de la estilización en la ficción y el documental, independientemente del grado de isomorfismo e iconicidad. En los cuatros puntos consideramos la presencia del grado pensativo como un indicio de respeto hacia el espectador en un doble sentido: el de tener en cuenta sus posibilidades cognitivas, esto es, no tomarlo por un imbécil lobotomizado, y el de asumir y transmitir cierta responsabilidad propia, cierta autorreflexividad, sin la necesidad de hacer de todo una cuestión de vida o muerte, de quien aparece como primer responsable: el autor. Aunque, no podemos pasar por alto, que todo esto puede darse en un contexto azaroso, de intencionalidad, también, cero.

Se podría resumir este último párrafo en dos principios fundamentales, para nada excluyentes y para nada propuestos como únicos: Higiene y Compromiso. Lo primero queda propuesto como marco para los aspectos históricos, sociales, industriales, etc. de las representaciones, lo segundo para un registro formal y estético. Uno es más accesible que el otro, pero ambos son potencialmente mejorables desde la educación y el conocimiento. Y con dificultad pueden prestarse a coartadas infantiles del tipo: “mi perro se ha comido mi compromiso”, “disculpe, profesor, pero se me ha perdido la cartera donde guardaba la higiene”, “mi compromiso no es reclamable desde que el estructuralismo afirma que el enunciador se diluye por completo en el texto”, etc. Esperamos volver sobre estas ideas con más calma y extensión cuando escribamos, algún día de estos, sobre Shoah y Claude Lanzmann.

El tiempo cero, el mismo en que se acciona el obturador, el mismo tiempo cero de la narración a priori, el punto sin retorno al que todo temporizador va a morir como, por ejemplo, el temporizador empleado para regular la detonación de una bomba.

El 15 de agosto de 1998, el RIRA coloca un coche cargado con unos 250 kilos de explosivos en la calle principal de Omagh (Irlanda del Norte) causando 29 muertos. Se cumplirán ahora diez años de la masacre y, por lo tanto, de esta fotografía. Una instantánea tomada minutos o segundos antes de la explosión junto al coche que iba cargado hasta los topes de fertilizante y que fue recuperada “intacta” del interior de una cámara, rescatada a su vez entre los escombros de la reventada calle del pueblo irlandés. Realizar una narración, hacer la imagen pensativa, aquí y en otras tantas ocasiones, nos puede librar de una oferta icónica innecesaria, al tiempo que la demanda quedaría rebajada en un tanto por ciento elevado o bien estaría condicionada desde la recepción por un conocimiento de causa que favorecería la capacidad de análisis, de selección y de juicio.

Pete Travis y sus guionistas, Paul Greengrass y Guy Hibbert, realizaron una reconstrucción cinematográfica en 2004 de los hechos, como cualquiera podría haberla hecho previamente en su cabeza. El resultado es decoroso, aun teñido como está en sus estupendos primeros 17 minutos por unos latiguillos estilísticos propios del thriller más convencional: la vieja táctica hitchcockiana de la bomba bajo el asiento, el punto de vista variable, incluyendo el de los terroristas dentro del coche a punto de chocar, y el ritmo creciente en el corte y la escala del plano según se acerca la explosión. Según llegamos al tiempo cero.

Omagh before...
Omagh 1 Omagh 2
Omagh 3 Omagh 4
Omagh after

  1. Zunzunegui, Santos: Pensar la imagen. Cátedra, Madrid, 2003, pág. 135. []
  2. Barthes, Roland: La Cámara lúcida. Paidós, Barcelona, 1995, pág. 81. []
  3. Acción de la que también Barthes se “quejaba” y advertía por la imposibilidad de ser aplicada al cine. []
  4. A pesar de que entre sus principios básicos, como en la publicidad, esté presente la anulación, o al menos la manipulación, de ese hipotético “pensar” en el espectador. []

Archivado en: Justo una imagen — Roberto Amaba @ 11:34


Mayo 12, 2008

Dossier Guy Maddin en descarga

Guy Maddin entre rejas

Pendientes de poder ver el último largometraje de Maddin y de revisar posibles cosas sueltas, ofrecemos el dossier completo de lo publicado hasta el momento en descarga directa, un pdf de lo más normalito con algunas correciones y ajustes. Los compañeros de Shangri-la están pensando en editarlo con una nueva maqueta dentro de una de sus secciones, cuando esté realizado se avisará también por aquí.
Guy Maddin: Viajero en el tiempo

Si se va a enlazar el archivo desde cualquier otro lugar nos gustaría que se utilizara cualquier url del blog menos la de la descarga directa “invisible”, más que nada para contribuir a la eliminación del mito de la generación espontánea. Muchas gracias a los que han colaborado durante estos meses con sus comentarios y sugerencias, un saludo a todos.


Archivado en: Cineastas — Roberto Amaba @ 12:25


Mayo 5, 2008

Guy Maddin: filmografía, bibliografía y recursos web

From the Atelier TovarLas publicaciones impresas sobre Guy Maddin, como ya hemos visto a lo largo de estos meses, son escasas y están restringidas a revistas especializadas o a fuentes tangenciales a su obra y persona. Más abundantes son los recursos electrónicos, aunque de estos se necesita un filtrado exhaustivo para aquellos que estén interesados en no perder a ese implacable asesino llamado tiempo. Intentamos entonces ejercer de primeros agentes de la autoridad y ofrecemos una selección de material web interesante, con la lógica carga de conciencia que supone el saber que, además de eliminar alguna que no debería serlo, habrá otras tantas todavía sin haber sido descubiertas en la espesura del hipervínculo. Pedimos disculpas adelantadas por ello, pero la necesidad de una selección rígida prima sobre el resto de opciones.

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FILMOGRAFÍA

34. Invisíveis, Os (2008)
33. Death of the Reel (2008)
32. My Winnipeg (2007)
31. Odin’s Shield Maiden (2007)
30. Nude Caboose (2006)
29. Brand Upon the Brain! (2006)
28. My Dad Is 100 Years Old (2005)
27. Sombra dolorosa (2004)
26. A Trip to the Orphanage (2004)
25. The Saddest Music in the World (2003)
24. Cowards Bend the Knee (2003)
23. Fancy, Fancy Being Rich (2002)
22. Dracula: Pages from a Virgin’s Diary (2002)
21. Fleshpots of Antiquity (2000)
20. The Heart of the World (2000)
19. Hospital Fragments (1999)
18. The Cock Crew (1999)
17. The Hoyden (1998)
16. Maldoror: Tygers (1998)
15. Twilight of the Ice Nymphs (1997)
14. Imperial Orgies (1996)
13. The Hands of Ida (1995)
12. Odilon Redon or The Eye Like a Strange Balloon Mounts Towards Infinity (1995)
11. Sissy Boy Slap Party (1995)
10. Sea Beggars (1994)
09. The Pomps of Satan (1993)
08. Careful (1992)
07. Indigo High-Hatters (1991)
06. Archangel (1990)
05. Tyro (1990)
04. BBB (1989)
03. Mauve Decade (1989)
02. Tales from the Gimli Hospital (1988)
01. The Dead Father (1985)

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BIBLIOGRAFÍA

- Alemany-Galway, Mary, A Postmodern Cinema: The Voice of the Other in Canadian Film, Scarecrow Press, 2002.
Holm, D. K., Independent Cinema, Kamera Books, 2008.

- Losier, Marie y Porton, Richard, “The pleasures of melancholy: An interview with Guy Maddin”, Cineaste, Verano 2004, págs. 18-25.
Maddin, Guy, Cowards bend the Knee, Power Plant, 2003.

- Dalle Vacche, Angela: Diva: Defiance and Passion in Early Italian Cinema, University of Texas Press, 2008.

- Maddin, Guy, “Electra is my name, Guy Maddin interviews Isabella Rossellini”, Cinema Scope, número 24, Otoño 2005, pág. 21.

- Maddin, Guy, From the Atelier Tovar: Selected Writings, Coach House Press, 2003.

- Pratley, Gerald, Century of Canadian Cinema, Lynx Images, Toronto, 2003.

- Toles, George, A house made of light: Essays on the Art of Film, Wayne State University Press, Detroit, 2001.

- Vatnsdal, Caelum, Kino Delirium: The films of Guuy Maddin, Arbeiter Ring Publishing, Winnipeg, 2000.

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RECURSOS WEB

Web no oficial, tributo a Guy Maddin: Guy Maddin.net
Web oficial de Brand upon the brain!: Brand upon the brain.com
Web oficial del Winnipeg Film Group: Winnipeg Film Group.com
Actividad cinematográfica en Winnipeg: Videopool.org

La revista online canadiense Offscreen.com cuenta con, a nuestro juicio, la mejor entrevista digital al director: “Dissecting the Branded Brain”, por David Church, y con varios artículos muy interesantes sobre su obra. Son fácilmente localizables mediante la navegación por el sitio (keywords: Guy Maddin). “Tales From a Maverick’s Diary” de Donato Totaro, “Transplant, Consumption, Death, Or: Disease, pathology and decay in Guy Maddin’s cinema” de Roberto Curti y “Brief Notes on Canadian Identity in Guy Maddin’s The Saddest Music in the World” de David Church, componen el número especial de septiembre del 2004 dedicado al cineasta: Volume 8, Issue 9 (Spotlight on Guy Maddin).

Senses of Cinema.com también cuenta con varios artículos publicados sobre el director, a saber: “Guy Maddin” por Jason Woloski, “The Private Guy Maddin” por Adam Hart, “Particles of Illusion” por Darragh O’Donoghue.
Noel Murray en AVClub.com lo entrevista, mayo del 2004.
Perfil biográfico y artístico global en: Northern Stars.ca
Dossier sobre su obra con entrevista incluida, “L’homme qui rêve” en Objectif-Cinema.com
Entrevista a propósito de su filme sobre Drácula: “Count of the Dance: Guy Maddin on ‘Dracula: Pages from a Virgin’s Diary” en Six pack film.com. Más conversaciones en Metrocinema.org y Findarticles.com (”Purple majesty: James Quandt talks with Guy Maddin”)

Serie de entrevistas muy jugosas en: Greencine.com (”The reconfiguration of Film History”).
Entrevista realizada por Johnny Ray Huston para la San Francisco Film Society.
Otra más en Film Monthly.com, de Matthew Vasiliauskas. Mano a mano con Isabella Rossellini en Indiewire.com: “Melodrama as a Way of Life; Guy Maddin and Isabella Rossellini talk about Saddest Music” por Andrea Meyer, y también allí mismo: “Canadian Cult Hero Guy Maddin: “I Have Plenty of Sadness In Reserve”, realizada por Jeremy O’Kasick. Hablando sobre poesía y John Ashberry en “Plenty of Sublimated Rin Tin Tin”.

Para su última película, “My Winnipeg”, ver los enlaces propuestos en la entrada: My Winnipeg de Guy Maddin en Punto de Vista. Para reseñas individuales de sus películas remitimos al siempre generoso Señor Google, pero no nos resistimos a señalar las de Jonathan Rosenbaum para Chicago Reader, en especial la dedicada a The Heart of the World: “Please, watch carefully”.
Videos en streaming con reportajes y entrevistas sobre Maddin y su obra, tienen sencillo acceso mediante la búsqueda en la radio-televisión pública de Canadá: la Canadian Broadcasting Corporation. También están alojados en YouTube múltiples y variados vídeos con fragmentos de filmes, entrevistas, etc.

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FILMES SOBRE MADDIN:

- Guy Maddin: Waiting for Twilight, dirigido por Noam Gonick en 1997, Marble Island Pictures.

- On Screen: Tales from the Gimli Hospital. Serie para televisión que repasa los hitos del cine canadiense y que cuenta con este capítulo dedicado a la película de Guy Maddin.

- Teardrops in the Snow: The Making of ‘The Saddest Music in the World’. Dirigido por Matt Holm y Caelum Vatnsdal aparece como extra en la edición DVD de dicha película.

- Celluloid Dreams. Documental no específico sobre Maddin, dirigido por James Dunnison en 2002.

- Weird Sex & Snowshoes: A Trek Through the Canadian Cinematic Psyche. Documental sobre la cultura canadiense a través del cine que cuenta con entrevistas a directores del país. Omni Film Productions, estrenado en televisión en 2004.

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EDICIONES DVD:

Guy Maddin CollectionTodos los largometrajes de Maddin, excepto la reciente “Brand upon the brain!”, están editados en DVD, Región 1. Teniendo en cuenta lo peculiar de muchas de las imágenes y sonidos de la obra del director, podemos afirmar que ha habido cierta suerte en este cambalache que es la reproducción digital de películas para consumo doméstico. Zeitgeist mantiene derechos sobre buena parte de su obra, creemos que tanto para exhibición como para ediciones en formatos de consumo, y es la casa que firma los lanzamientos, en ocasiones junto a Kino Video. “The Saddest music in the World” cuenta con una doble edición ya mencionada en el artículo dedicado a la película, MGM adquirió los derechos para Estados Unidos, convirtiéndose así en un punto más de la internacionalización que había alcanzado el filme. Algunos análisis de cada edición en concreto pueden verse en la web especializada DVDBeaver.com. Como curiosidad, Guy Maddin analizando sus 10 DVD favoritos de The Criterion Collection (Colección a la que también aportó un texto en la edición de “Ace in the Hole” de Billy Wilder). Será la propia Criterion quien lanzará al mercado una edición, prometedora, de Brand upon the brain!, en agosto.

Los cortometrajes aparecen desperdigados por algún DVD en forma de extras o complementos. De estos ya comentamos una entrevista en la que Maddin respondía sobre una posible edición conjunta de toda su obra en el cortometraje, véase: “Shorts have to be like poems”. Por desgracia, en España no ha sido editado ningún título, ni largometrajes, ni mucho menos cortometrajes, para no perder la costumbre de la nula o episódica distribución y exhibición en los cines patrios.

Este apartado puede resultar interesante a la hora de analizar y debatir, no tanto los diferentes accesos actuales a la obra cinematográfica, que también, como lo especial, y posiblemente traumático, de la adaptación de un tipo de obra que hace de la materia fílmica uno elemento esencial de su estética. Tema interesante y presente en Maddin que tal vez recogeremos en futuros artículos.


Archivado en: Cineastas — Roberto Amaba @ 11:31


Abril 28, 2008

Guy Maddin: conclusiones y vías abiertas

Guy Maddin

No se quiere, ni se pretende, jugar a ser adivinos, pero como ya avisábamos en la primera entrada de este dossier, la figura de Guy Maddin tal vez termine por ser reconocida hasta en esos informativos que con enorme sensibilidad artística y eficacia informativa encajan sus bloques de sucesos, deportes, moda y superproducciones cinematográficas. Sea o no, poco o nada importa, se trata simplemente de señalar aquello que en un hipotético momento puede llegar a sernos presentado como circunstancial, un producto de coyuntura, pasajero y con la fecha de caducidad impresa por cualquier mass media; un eslabón más de lo que ahora podemos llamar sin temor, la obsolescencia programada.

Nada más alejado de todo esto, la filmografía del director de “Cowards bend the Knee” forma un corpus cuya estructura y fuentes vienen de lejos, no responden a modas y sí a una serie de principios, más o menos maleables, que no renuncian a perder con facilidad la honestidad artística, si es que este último término –honestidad artística- puede llegar a existir o ser definido. Cuando otros hayan aparecido y se hayan desvanecido con idéntica velocidad, Maddin seguirá en su lugar, tal vez en Winnipeg, haciendo lo que le plazca y cuando le plazca sin pretensión, ambición o competitividad caníbal alguna1:

“Bueno, lo que se considera un filme convencional cambia, evoluciona. Yo prefiero esperar y desear que el filme convencional cambie lo suficiente para llegar a encontrarme a mí algún día. Ese siempre ha sido mi plan (…) No he cambiado mucho, pero ahora cada vez me conoce más gente. Tal vez, si sigo esperando lo suficiente, la corriente cinematográfica dominante venga hasta mí para poder morir agasajado por las masas, al menos mi muerte será un gran taquillazo.”

Entrada a entrada, película a película, hemos podido ver cómo aparecían ideas y temas más o menos interesantes y recurrentes. Algunas de ellas las consideramos de gran valor para la discusión de lo que podemos denominar el Audiovisual actual y sobre todo del lugar del Cine, como aparato y como dispositivo, dentro de él. Puede resultar peligroso intentar extrapolar conceptos realmente complejos y de ámbito global partiendo de figuras particulares, no obstante, y con todas las precauciones puestas, consideramos que sí puede funcionar en el caso de Maddin, al menos como planteamiento de los problemas y no como solución definitiva.

Guy Maddin birds

Procedemos entonces ahora a revisar algunos de esos puntos que han ido quedando mejor o peor explicados a lo largo de este pequeño estudio sobre el cineasta canadiense. Lo haremos con brevedad, dejando abierto el posible debate que alguna de estas ideas pueda demandar y que aquí no podremos atender con la extensión y profundidad necesarias. Este apartado, así como el resto de los artículos, será pues una pequeña guía para los que se acerquen por primera vez a Guy Maddin, no un escrito exhaustivo ni una receta definitiva con las soluciones para descodificar su vida y obra.

Iniciábamos el dossier con la imagen del viajero en el tiempo, del ladrón de películas, y ella sola vuelve ahora para ayudar a cerrarlo. La apropiación, la cita, el intertexto o como quieran llamarlo, se presentó entonces como el primer recurso del arsenal creativo del director, pero avisando inmediatamente de que el acto, independientemente del nombre, del grado o frecuencia en el uso, no era un fin en sí mismo sino un instrumento más cuyo contenido queda asimilado de manera profundamente personal. La manera de llegar a ello no resultará sencilla y lo que nosotros observamos en ese proceso seguido por Maddin para alcanzar el objetivo de manera satisfactoria, necesitará de ejercicios a los que pondremos etiquetas más o menos apropiadas y reconocibles que, eso sí, intentarán alejar al director de la idea de una cinefilia peyorativa; si bien esto último nos parece parece una redundancia.

Podemos entonces introducir los conceptos de bricolaje y bricolador y el de artesano y artesanía como lugares por los que ver transitar a Maddin, si bien ya sabemos que este transitar huye en buena medida de la uniformidad. Aceptamos incluirlo dentro del bricolaje entendido a partir de la recuperación hecha del término por Claude Lévi-Strauss y recogida por, entre otros, Jacques Aumont para establecer una serie de categorías “autorales”. Emplear herramientas heteróclitas, haciendo uso de ellas en contra del uso habitual y recurrir tanto a los materiales más nobles como a los más modestos para realizar películas, son unas de las características más llamativas que Aumont propone2 para este grupo y que nosotros creemos ver de manera tangencial en Maddin.

De manera más rotunda, observamos su idea de Artesanía asociada al cine para relacionarla con el director de “Sombra Dolorosa”. Esa que se sitúa a medio camino entre la Industria (producción, distribución, exhibición, taquilla…) y el bricolaje casero (experimental, de uso casi privado), el hogar de los cineastas que para cada producción necesitan buscar los medios económicos necesarios y los materiales artísticos específicos para la ocasión. Aquellos que pueden llegar a convertir en ventajas las dificultades encontradas, los que son capaces de encontrar soluciones propias y baratas y los que siempre responden atendiendo a las necesidades verdaderas dejando al margen posibles influencias coyunturales o imposiciones del exterior (sonido, formato y soporte, casting, etc.); celosos, pues, en la concepción y cuidado de sus obras. La implicación del director en casi todos los aspectos de la producción será un síntoma de ello, al tiempo que un obstáculo para su adaptación a la maquinaria de trabajo comercial e institucional, marcada por la rígida jerarquización y la fragmentación de competencias.

Brand upon the Brain! en Berlín

Si bien hemos visto a Guy Maddin evolucionar y cambiar en este sentido, creemos que puede quedar identificado en parte con ambas ideas, que se verán complementadas con uno de los aspectos que reseñaremos más abajo: la exploración psicológica y el modo de creación visionario (según Jüng y según P. A. Sitney). El camino que va del amateurismo total de sus inicios hasta la producción “convencional” de alguna de sus últimas obras, no es lo bastante variable como para rechazar las etiquetas propuestas. Convenciones, sí, pero necesarias para intentar colocarlo en el panorama cinematográfico, práctico y teórico. Se trata de señalar las constantes que rara vez ha abandonado y que median entre los polos del Maddin de “The dead father” o “Tales from the Gimli Hospital”, que como el Chuang Tzu del cuento chino de Italo Calvino, necesitó de diez años para dibujar el cangrejo más perfecto jamás pintado, y el Maddin de la parte final de su carrera capaz de amoldarse a horarios y regímenes de producción diferentes y exigentes en cuanto a tiempo y dinero, véase “Cowards bend the Knee” y “The Saddest Music in the World”.

Hemos visto cómo manejar los materiales, las influencias, en gran parte ajenos y de otros tiempos. La línea por la que discurre Maddin en este trayecto de inspiración - apropiación - asimilación no es ni recta ni de sentido único. El camino toma diferentes desvíos partiendo del punto de partida actual y el recorrido que más destacamos durante el análisis de sus películas ha sido el que va, primero, hasta la vanguardia de la segunda mitad del siglo XX (la americana sobre todo) y sus herederos actuales, segundo, el del periodo silente y tercero, el enlace establecido hasta ciertos movimientos estéticos y del pensamiento del siglo XIX. A estos últimos no se llega, como decimos, mediante un viaje directo, sino a la manera de, por ejemplo, la lectura renacentista de la Antigüedad Clásica, esto es, sin obviar los apuntes y la herencia ya surgidos durante la Edad Media. Maddin actúa de manera similar y su viaje en el tiempo no ignora el intervalo que separa presente y pasado, arranque y destino.

Surge con ello una red de comunicaciones bastante compleja, en tanto el reciclaje de materiales sucede sobre anteriores reinterpretaciones de los hipotéticos originales, es decir, Maddin puede leer y ver el XIX a través de la herencia silente, de Gance a Epstein pasando por Evgeni Bauer, que ya estaban conectados de manera directa con el Romanticismo y el Simbolismo. De la misma manera que su actitud engancha con la de la Vanguardia americana de posguerra a través de una retórica neorromántica; la misma que bien pudo tener la culpa de algunos de los trabajos más conocidos de Stan Brakhage. Los estados de conciencia, el hombre frente a la Naturaleza, la sinestesia, la dialéctica entre lo material y lo mental-espiritual, la lucha de elementos por tanto; tierra y cosmos. Temas y géneros (el lírico) que entonces pueden ser tenidos en cuenta desde este punto de vista.

El anacronismo es entonces visible y Maddin no tratará de ocultarlo, más bien todo lo contrario. Es una evidencia en la que algunos encontrarán motivo para la crítica, la misma que llega a atisbar un cine fuera de contexto, obsoleto y hasta reaccionario. Este último factor, el de la posible censura de un cierto tipo de cine basándose en unos presumibles principios ideológicos, siempre tendrá el gran obstáculo en este caso, y nos tememos que en otros tantos, de extrapolar esquemas para el análisis de un campo a otro con total falta de preocupación y rigor, atraídos por el fácil encajar con lo que se busca: el eterno problema del ventajismo metodológico. Siendo como es tan amplio este debate, sólo comentamos que la descalificación de una actividad creativa desde esas posiciones vulnera nociones tan elementales como la de la libertad individual del artista y del espectador, al intentar acoplar modelos cuyo análisis tiene como objetivo la colectividad. Las soluciones aparentes de los metarrelatos para el análisis concreto de una obra de arte pueden tener daños colaterales que no compensen el intento. Y con esto no estamos abogando por el relativismo posmoderno, ni como modelo global ni como herramienta particular para acercarse a la figura del director canadiense; al margen de resultar una discusión bastante aburrida y puede que hasta estéril, no lo vemos apropiado. La introducción aquí del conflicto entre el bien colectivo y el individual sería falaz, en tanto el segundo siempre será inocuo para con primero. Ídem con respecto de la búsqueda de un posible valor funcional para la Cultura y el Arte.

Directed by Guy Maddin (fuente: Steve Rhodes en Flickr)

En el caso de Maddin, la problemática aparece en la doble vertiente técnica y temática (el melodrama y la tragedia, casi siempre denunciados por remitir a tiempos pasados). Siendo el empleo de las tecnologías muy interesante, en este caso particular, mediante esa fusión de los old technology days con los gadgets y medios de última generación3, una hibridación muy productiva que tiene inicio en el particular método de rodaje de algunos de sus filmes a partir, sobre todo, de “Dracula: pages from a virgin’s diary” en el 2002. En cualquier caso, muchas de las imágenes (¡ojo, y los sonidos!) de Maddin cuestionarán desde su simple superficie el modelo comercial, y no tan comercial, actual sometido a la tiranía del panoptismo, la asepsia, la inmediatez, la transitividad y la muralidad; y no podemos negar que existe la tentación de extender esta idea al modelo social que las acoge si no fuera porque caeríamos en lo mismo que acabamos de denunciar un poco más arriba. El uso constante de la condición orgánica de la misma materia fílmica, el poder de evocación formal que suscita el material deteriorado, es suficiente para convertir la imagen en significativa, además de activar la percepción de un espectador siempre perezoso ante la abstracción.

El uso de la condición orgánica de esa materia hace muchas veces innecesaria la figuración convencional. Como decimos, resulta suficiente para convertir tal o cual imagen en semen o en sangre, y en cualquier caso resulta sintomático que Maddin recurra a ella para representar en ocasiones el interior humano, como ya pudimos ver en “Tales from the Gimli Hospital”. Una relación directa entre carne-sangre y celuloide que ríanse ustedes del otro canadiense, David Cronenberg.

No estamos entonces, al analizar el cine de Maddin, ante la redefinición de conceptos, pero sí frente al papel que cada uno puede tener dentro del contexto actual. La multiplicación de medios y productos llevada a cabo por el audiovisual afecta aquí, desde la diversificación citada, al cineasta y a su obra. Cine, Televisión y Museo, Institución y Vanguardia, largometraje y cortometraje, el paseo por estas diferentes instancias podrá hacerse desde diferentes ángulos, ahora, nunca desde el de la legitimidad y la supremacía artísticas. Cada obra, cada actividad, deberá ser abordada teniendo en cuenta sus particularidades, entre las que se incluye el medio o los medios a los que pertenecen, nunca anteponiendo los efectos, las ideas o el patrón analítico, al sujeto de análisis. No es cuestión de dignidad o de categorías morales, en ocasiones no se responde a otra cosa que a una simple necesidad vital. En el caso que nos ocupa, la de alguien que desde un conocimiento inicial nulo de la teoría, la práctica y el oficio llega a convertirse en un virtuoso y en docente.

Aquello que podríamos llamar los aspectos sociológicos del cine de Maddin, los reducimos a tres círculos básicos: Maddin como individuo, la célula familiar y amistades y el marco geográfico (Winnipeg y Canadá), dejamos abierto un cuarto que trataría sobre la figura del espectador, los medios de acceso y las posibles reacciones ante su obra. Los aspectos personales del director pueden derivar en parte de los otros dos puntos, sin embargo, la idea global de la figura como creador artístico nos llevó a discutir sobre etéreas asociaciones en torno al carácter, los traumas y el temple saturnino tan fácil y tentador de incorporar a cualquier estudio sobre cineastas. Ya vimos que no era posible hacer cuadrar esa idea, que Maddin no era, por ejemplo, un Kenneth Anger queriendo quemar sus filmes, que era alguien bastante más irónico, despegado, escéptico y con gran sentido del humor ante la adversidad (adquirido tal vez tras bastantes malas experiencias), que no le impiden una enorme carga emocional y emotiva en la creación. Es seguro que el entusiasmo se convierte en uno de los motores indispensables para su obra. También avisamos de la vía abierta que ofrecen sus diarios y las entrevistas para profundizar en estos aspectos más personales. Además, la visión no-amable de la familia como institución le aporta material sobre el que construir, de la misma manera que la relación pendular con su lugar de residencia: lo identitario o no de su cine dentro de un mondo globalizado, es otro apartado que queda en el aire.

Guy Maddin on stage (fuente: Ildiko en Flickr)

El catálogo de temas que pueden percibirse se deduce en gran parte de lo hablado hasta ahora y quedan envueltos por cuatro grandes contenedores que suelen ejercer una labor estructural básica para dar consistencia a unas tramas donde la confusión narrativa ha sido muchas veces protagonista, a saber: el melodrama, el surrealismo, la exploración psicológica (la propia en primer lugar) y lo cómico. Este último empleado como contrapunto y que viene derivado de los tres anteriores, teniendo en cuenta la fundamental condición de individualidad del mismo y que hace establecer grados y modos dependiendo de quién lo reciba; algo similar a lo que sucede con el erotismo. No parece necesario hacer una lista de los temas recurrentes en su filmografía, aportan poco como dato aislado y cualquiera podrá crear un esquema mental tras ver un par de sus obras.

En resumen, estamos ante una figura excitante para el estudio del cine actual por su capacidad de corte transversal del medio y sus expresiones. Un elemento muy funcional para tratar de manejar con cierta concreción aspectos que se pierden en inabarcables esferas de conceptos, en etiquetas que lejos de hacer honor a su nombre y función se convierten, unas en abstracciones otras en aporías. Ver la escena audiovisual contemporánea a través del director de “Careful”, será entonces lo más aproximado a la realización de una tomografía de la misma.

Terminemos todo esto dándole la palabra al protagonista:4

“Soy un hombre paciente. La gente llegará a comprender algún día que todo es manipulación (…) No saben lo manipulables que son. Son deliciosamente estúpidos, y yo me incluyo dentro del grupo (…) Todo el mundo es manipulado para que reaccione en un sentido dirigido (…) Estaría encantado si la gente siguiera viendo mis películas, aunque sea de manera minoritaria, porque entonces puede haber una oportunidad para que alguien –quizá alguien realmente inteligente- escriba algo sobre ellas dándole un par de años más de inmortalidad.”

Nosotros no somos ese alguien inteligente, aunque tontos tampoco somos, y mucho menos le daremos inmortalidad desde un blog perdido entre los millones de la Red. Pero, como diría Jack Burton, uno de los grandes filósofos del siglo XX: ¡qué demonios!, ni tenemos ni queremos justificarnos por escribir esto, sencillamente nos apetecía y no molestábamos con ello a nadie. Ya sólo resta la última entrada: “filmografía, bibliografía y recursos web” y la recopilación del dossier completo.

  1. Interview with Guy Maddin in Buenos Aires. []
  2. Las teorías de los cineastas, pág. 167 []
  3. De hecho, Maddin confiesa que no tiene nada contra cualquier nueva tecnología, es más, realiza pruebas para empezar a rodar de manera habitual con vídeo digital. Sin olvidar el empleo de la última tecnología en la postproducción de algunas de sus películas. []
  4. Disecting the branded brain, Offscreen, Volume 10, Issue 1, 31 de Enero, 2006. []

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Abril 24, 2008

Ritwik Ghatak: Ajantrik

cartel_ajantrikEs Ajantrik el segundo film dirigido por Ritwik Ghatak. El primero sin embargo en estrenarse, pues Nagarik habría de esperar a la muerte del director, ocurrida en 1976, para ver la luz junto con su último film, Jukti Takko Aar Gappo. Esto le supuso un grave inconveniente para asistir al estreno, claro.

El film comienza con la presentación de un sobrino y un tío, uno de otro, respectivamente, que intentan encontrar taxi para llegar a su pueblo, en el que está prevista la boda del sobrino. Ningún taxista quiere llevarlos porque la carretera es mala, y cualquiera se arriesga a que se le estropee la suspensión al coche. Un chaval que anda por allí como el resto de la humanidad, pasando el rato, presta oídos a las tribulaciones de nuestros primeros protagonistas y decide echar una mano llevándoles a ver a Bimal, un taxista especial que no teme carreteras de ningún tipo, especial no tardaremos en saber por qué. La mano que echa el chaval cuesta dos annas, por cierto, como no se cansa de repetir, y si bien el tío no parece muy propenso a dar ni un pavo al enano mocoso, los quejíos del sobrino y la perspectiva de una represalia dolorosa si no llegan a tiempo le hacen cambiar de opinión a medias (que termina dándole un anna, vamos).

Estas primeras escenas son estupendas. Las expresiones de estos dos personajes me hacen evocar la Comedia del Arte y el Circo. Son personajes arquetípicos, que reaccionan de forma exagerada, andando todo el rato con los ojos muy abiertos y ejerciendo de primer contrapunto para la aparición de Bimal.

Ajantrik_ojos

En estos momentos vemos cómo el chico lleva al tío a través de un cementerio hasta la casa del protagonista, insertando el famoso plano de la campana de la iglesia en primer término y los personajes al fondo alejándose. Bueno, a lo mejor no era del todo famoso el plano, aunque espero que a partir de ahora sí.

Llegan a la casa, y mientras el niño advierte al tío de que no enfurezca a Bimal pues tiene muy mal genio, vemos a éste salir de la casa (choza más bien) tambaleándose borracho. El fantástico talento de Ghatak para la comedia reluce como siempre. El tío se lleva las manos a la cabeza mientras el niño, haciendo como de intérprete, habla con el taxista, éste pone un precio al trayecto que es rechazado con aspavientos, así que dándose media vuelta y sin otra palabra se vuelve a meter en la casa. Tremenda la capacidad de Ritwik para arrancar la carcajada y tremenda la necesidad del tío que termina aceptando el precio. Ya sólo nos queda conocer al otro personaje principal de la película, el coche: Jagaddal.

El coche es pa’ verlo, se parece al que tiene mi hermano; más de quince años, con pinta de chatarra, y el muy cabrón sigue arrancando a la primera y haciendo ruido sin importarle asustar al paria que se acuesta a un lado de la carretera. ¿A qué lado?, no sé, preguntadle a Van Morrison. (Dios mío, necesito un psicólogo pero ya.) Y no solo al paria, detalle humorístico que se repite de forma recurrente para dar consistencia al relato, también a los animales de cuatro y dos patas.

En este primer trayecto que vemos hacer a Jagaddal empieza a mostrar características antropomórficas. Por ejemplo lo vemos sediento echando vapor por uno de sus depósitos, hasta que Bimal le da agua. Estando parados y alentado por la belleza del paisaje, al amigo taxista le da por apoyarse en el coche y ponerse a cantar, y claro, a Jagaddal no le hace gracia y le golpea con un faro en la cabeza. En las siguientes escenas iremos viendo cómo la relación entre Bimal y su coche va algo más allá de la típica relación de un hombre obsesionado con su coche, al que cuida y trata mejor que a su mujer. Seguro que conocéis a alguien así. Yo os puedo presentar a uno. No roza el comportamiento obsesivo compulsivo, pero casi lo roza. He visto cosas que no creeríais…, como contar a lo homérico el terrible rayón que una puerta de garaje descontrolada le hizo al coche al bajar en un momento inoportuno, y al ir yo mismo a comprobar in situ los graves daños no saber dónde carajo estaba el rayón, invisible al ojo humano.

Ajantrik

La gente se ríe de Bimal, diciéndole que debe ser una máquina, para llevar quince años con el mismo coche. Podría intentar hacer un análisis psicológico de Bimal, comentar un par de ideas que aclaren algo la razón de su cariño al parecer desmesurado por su coche, pero la verdad es que sería insincero y por tanto académico en el mejor de los casos y en peor de los sentidos posibles del término. Hay trazas de un cierto rechazo al consumismo, pero de forma ligera, claramente insuficiente como explicación. Volveré sobre el tema en un rato.

Llegamos al momento de aparición de unos nuevos pasajeros para Jagaddal. Un tipo con gafas de sol con pinta de vacilón, que se queda con la puerta en la mano cuando va a meterse en el coche, y una mujer. (Después diremos que no estamos influenciados por el machismo, al hombre lo acompaño de calificativos variopintos y oraciones subordinadas, y a la mujer la doy por calificada al escribir “una mujer”). Bueno, iba diciendo; en este viaje le acompaña el niño, llamado Sultan, detalle que no he mencionado antes porque me acabo de acordar. Intercala Ghatak algunos planos de paisajes por aquí, para darle un poco de vidilla al asunto. Un par de ellos muy buenos, un travelling lateral hacia la derecha en el que vemos al coche partir, que enlaza con otro travelling en un plano diferente, con el coche llegando.

La pasajera (guapísima por cierto) comenta entre risas lo bonito que se ve el cielo a través del agujero que tiene la lona que hace de techo del coche, para decir a continuación: “menudo desastre de coche”. La cara del niño y de Bimal es para verlas, jaja. Cuando llegan a su destino el pobre Jagaddal está que echa humo. Ghatak utiliza un efecto de sonido idéntico al de los platillos volantes y monstruos reptantes de las pelis de ciencia ficción USA años 50, añadiendo un toque exótico al asunto. Bueno, el toque exótico en realidad está en todos los efectos sonoros y visuales que antropomorfizan al coche y que de alguna manera lo convierten todo en una broma, en una especie de “Chitty Chitty Bang Bang” pasado por el filtro del realismo bengalí. La broma en realidad consiste en que la realidad no es ninguna broma.

Ajantrik_2

El negocio decae. Los demás taxistas fardan de sus nuevos “dos caballos”, pero Bimal se niega a cambiar de coche. Los niños se ríen de él, le tiran barro y lo humillan. Gran escena en la que vemos a Bimal irse con la cabeza gacha. Está realmente colgado con su coche, es un tipo trastornado al que le falta un tornillo. Seguramente el mismo que le sobra a Jagaddal.

En el último tercio de la película se acentúa el punto de vista dramático, enlazando la historia de la muchacha, de Bimal y de Jagaddal, con el niño como sufridor en casa y el resto del pueblo como espectadores crueles del desenlace. Transpira el final de la historia un derrotismo suavizado por momentos ocasionales de lirismo; una escena de gran belleza, de noche, una mujer cantando…

Se va cerrando el círculo con el mismo plano del campanario de la iglesia, el mismo cementerio, todo igual, pero diferente.

¿Qué nos transmite la personalidad de Bimal?, ¿que razón tiene para su comportamiento?, ¿qué pretende Ghatak con todo esto?, ¿por qué está tan caro el gasoil? Responderé de la única forma que puedo, de la misma que respondió Warren Sánchez cuando le preguntaron por el sentido de la vida:

“Yo qué sé.”

Con esto y con todo, un gran film.


Archivado en: Cineastas — Jacobo R.A. @ 5:31