Vacuna contra el apocalipsis





24 Ojos no es Children of the Beehive. Ninguna película puede serlo. Y Kinoshita no tiene la misma destreza para manejar y cambiar los tonos que Ozu, Naruse o el propio Shimizu. Se instala en uno híbrido y le cuesta cambiarlo, es lánguido pero sincero y agradable. La pobre Fujiko -a cuya familia van a desahuciar- no puede escribir nada sobre el futuro. ¿Acaso alguien puede? Es de suponer que la Señorita Guijarro le diera el único sobresaliente del ejercicio de redacción. Yo lo habría hecho.
Pero no poder escribir sobre el futuro, no implica entregarse al apocalipsis. Y hace tiempo que lo estamos haciendo a través de su extraordinario e hipnótico poder estético. Es comprensible que la política y los medios de comunicación vendan el deseo, pero me resulta inconcebible que el arte y la intelectualidad compren la mercancia. Y que además la cultiven. No es extraño que luego se jaleen aberraciones como La Doctrina del Shock. Naomi Klein te lo tengo que decir, eres nefasta y no tienes ni zorra, pero con esas gafitas y esa media melena, ¡tefocko!
Eh, por dónde iba. Decía que 24 ojos no es ninguna obra maestra, ni falta que le hace. Porque algunos nos conformamos con poco, con un mendrugo de pan y un cuenco de leche. Si queréis fabricar algo distinto a un apocalipsis, contad conmigo y con la hermosa Señorita Guijarro. Una humanista de las de verdad:


Maestro, se te añora mucho en twitter. Sólo quería ponerte unas líneas para decirte que, como pseudo-intelectual fascinado con el Apocalipsis, estoy completamente en desacuerdo con tu entrada, y sin embargo, me quito el sombrero.
Gracias por trabajar desde el otro punto de vista. Por mucho que el mundo esté presto a acabarse, con entradas así se acabará un pelín mejor.
Un abrazo fuerte.
Es que yo no puedo ocultar que soy un converso. He pasado años retozando en Patmos para nada. Y a usted también le llegará la hora.
En generaciones pasadas las conversiones eran del comunismo al liberalismo. Hoy lo serán del apocalipsis a una especie de Neoepicureísmo.
Un abrazo.
A mí la conmovedora “Nogiku no gotoki kimi nariki” del año posterior sí me parece una obra maestra y no tiene gran cosa que envidiarle a muchos grandes Shimizu.
Kinoshita, por lo alcanzado a ver, es cierto que es menos versátil (entre escenas, planos, texturas, miradas… la auténtica versatilidad, no entre films), pero si cogía bien el tono, podía llegar lejos.
Y esta no lo es por relativamente poco.
Hola, qué tal Jesús,
Yo creo que va por ahí la cosa. Dentro de mi limitado conocimiento de su filmografía, lo que le he visto me produce ese placer más o menos continuado, a veces hasta “diésel”. Lo cual no es en absoluto negativo, tiene gran mérito y es realmente agradable.
También es una cuestión personal, siempre he preferido las transiciones apoteósicas o más marcadas de otros directores. Y es curioso, porque esa marcha menos de Kinoshita tendría que ver más conmigo que lo otro. Una muestra más de la gilipollez aquella de la relación necesaria entre cine (o arte) y vida. A mí no me suelen gustar los espejos, por lo que me encantaría ver alguna suya que desconozca y que haga trizas esta idea.
Lo que sí parece claro es que Kinoshita ha sido otro de los afectados por el desconocimiento del cine clásico japonés, tantos años sometido por la cinefilia y por la dificultad de visionado, a la santísima trinidad. Cosa que me parece que todavía no hemos solucionado del todo.
Muchas gracias Jesús.
Roberto,
Que entrada más estupenda y más optimista para alguien como yo… A mí sí me pareció, en todo caso, una obra maestra o casi. Por cierto, me has borrado de “amigos” de filmaffinty
con lo que me gustaba ver tu votación al poner la mía, era uno de mis rituales
Hola hari, me la alegro un montón de que te guste.
Lo de FilmAffinity no es que te haya borrado de la lista de amigos, es que directamente borré la cuenta.
Un saludo y muchas gracias por la visita.