Twin Peaks: Fire walk with Mr. Hyde
Vive dios que en la sala debe haber algún especialista en la novela de Stevenson, y no quiero señalar. Estaría bien una lectura de la película de Lynch en “clave Stevenson”, no por una filiación directa y forzada entre filmes, sino por el tema del doble y, como diría mi amigo Alfonso, por el de la “sombra” jungiana. La premisa mayor en imágenes, justo unos fotogramas:
Izquierda: Twin Peaks: Fire walk with me. David Lynch, 1992.
Derecha: Dr. Jekyll and Mr. Hyde. Victor Fleming, 1941.






Querido R.,
un reciente colapso informático me ha privado de: 1) responderte calmosa e íntimamente, entre otras cosas sobre “Las benévolas”… dejémoslo en que no, y si restauro el disco duro ya te responderé por extenso; y 2) de ver de una maldita vez, precisamente, “Fire walk with me”, que nunca he tenido el gusto; últimamente estaba especialmente animado después de haber vuelto a ver la serie durante el verano (por mi blog anda alguna reseña nostálgica del asunto). Ya la tenía lista, con sus subtítulos y todo, cuando el service pack de vista vino a acabar con el propio vista. ¿Autofagia? ¿Desdoble jekyllhydeano? ¿esquizofrenia de código binario? Todo puede ser.
Así que no puedo permitirme el lujo de recoger el guante, lástima. Sólo sugerir, por decir algo, el plano final de la propia serie, con ese pobre agente Cooper desdoblado, espejo mediante, en el puñetero Bob. Un final no poco cruel, por cierto, con el personaje acaso más puro de la historia de la ficción televisiva.
A mí, de todos modos, y concluyo, me gusta muchísimo más que la de Fleming la turbadora y libérrima versión de Mamoulian, que conocerás, como es lógico, al dedillo. Por no hablar, claro, de Fincher y su Club de la lucha, que tanto fatigamos allá por territorio Pisuerga… Pobre Jóse. Nunca nos entendió. ¿Qué será de él?
Un abrazo.
Qué tal maizón,
Muy grande esa caracterización de Fredric March, yo cada vez que veo alguna imagen me sigue impresionando. Dale un vistazo a Fire walk with me, ya sabes, los seguidores de la serie, decía el propio Lynch, le atizaron, no la entendían. A mí me encanta.
Pobre Jose, sí, no estaría mal saber qué fue de su proyecto de sala y esas cosas. La de veces que me dijo que visitara a un psiquiatra; no le faltaba razón el cabrito.
Un abrazo.