La verdadera guerra de los mundos


Tim Robbins en War of the Worlds

Intento no sorprenderme ante las opiniones que otros realizan sobre una película o un director, también sobre el resto de cosas en general. Siempre he sido lo suficientemente vergonzoso o tímido, otros lo llamarán cobarde, para protegerme a tiempo en situaciones de conflicto cinematográfico inminente. Ante un debate con pinta de convertirse en combate lo mejor suele ser plegar velas, incluso afirmar que a uno no le interesa el cine más allá de las películas que pueda ver en la televisión de tarde en tarde. Pero la sorpresa ante cierta opinión o reacción del otro siempre queda dentro de uno, y a veces resulta mejor -al menos más cómodo y saludable- no exponerse y anteponer la relación humana (amistad, parentesco, noviazgo, colega, etc.) a la supremacía en la discusión de la tríada crítica: el cine, el deporte y la política. El gran problema es que los tres tienden a mezclarse como si fueran uno, siempre en torno al pegamento instantáneo de la irracionalidad.

Así, si te gustan Straub&Huillet, Abderrahmane Sissako o Karl Grune debes mirar por encima del hombro a John Carpenter, George A. Romero o a Richard Linklater. Si eres de izquierdas aborrecerás los westerns porque representan una reescritura histórica del exterminio de los indios a manos de los invasores y si, por el contrario, eres de derechas –o liberal, o centrista o cómo demonios se hagan llamar ahora- verás con el desdén necesario las obras adscritas a momentos o personajes melenudos o sospechosos de rojerío. En fin, lo triste y lo peligroso de verlo todo a través de un prisma predeterminado -mejor dicho, trucado- que condicione el análisis hasta el punto de deformar los hechos, hasta hacerlos cuadrar con unas intenciones. A eso, en mi pueblo, siempre se le ha llamado hacer trampas.

Contamos con suficientes puntos de apoyo racionales, y en ocasiones fobias que no lo son tanto, que pautan y condicionan el acercamiento. Todo será soportable mientras no se haga prevalecer el enfoque sobre el análisis, el método sobre el objeto, el recetario de estructura prefijada sobre el proceso mutable y autocrítico. Parece una sarta de obviedades, pero no resulta molesto el recordatorio. Si recurriendo a fórmulas científicas demostradas y válidas (con la constante provisionalidad a la que se les somete para continuar siendo veraces) obtenemos un resultado, éste seguirá siendo el mismo independientemente de sus emanaciones ideológicas. Una vez obtenido este resultado, sí podrán ser motivo de debate y crítica, nunca con anterioridad.

Argumentos enfrentados

Algo parecido sucede con la tolerancia ante la ficción y la consiguiente inmersión del espectador en ella hasta llegar al “nirvana” de la suspensión de incredulidad; “escapismo” se le ha llamado ridículamente a lo largo de la historia. Enrocados, preocupándose de si los romanos hablan en inglés o en latín, si los hechos históricos representados son más o menos fieles, si Rodolfo Valentino enseñaba su Tank Cartier cuando hacía de hijo del caíd, si hay errores o saltos en la continuidad, etc. En paralelo a esa reticencia modernilla hacia el relato surgen, por el lado contrario, los que claman ante cualquier exceso de la forma que perturbe la fábula.

Volviendo al comienzo, ¿a que no viene mal de vez en cuado relajarse y entregar la victoria al oponente, sobre todo si éste se muestra obstinado? Es ahí cuando hay que buscar en el repertorio del escaqueo y, ahora sí, del “escapismo”, y preguntar por lo tardísimo que se está haciendo o en casos menos graves, pedir otra ronda u otro café.

Bien, sermones aparte, esto viene a cuento de una de esas sorpresas a las que hice mención. Una sorpresa, por otro lado, sin mayor importancia ni trascendencia, pero que me resultó muy llamativa en su momento: la indiferencia generalizada, cuando no la mala consideración, en la que cayó hace apenas unos años War of the Worlds de Steven Spielberg. Cuando todavía no había tenido oportunidad de verla y sin muchas ganas para hacerlo, despertó mi curiosidad que fuera apedreada o ignorada tanto por palomiteros como por cinéfilos de alcurnia, por progres y por fachas. Con ese panorama la tentación se hizo irresistible.

El río y la muerte

El resultado fue que disfruté de la película con creces. Sin tener en gran estima un tanto por ciento elevado de la producción de Spielberg, habría que ser un mastuerzo para no reconocer que es un gran director, con talento de sobra, con olfato privilegiado para el negocio y con inteligencia para reciclar la iconografía americana del pasado.

Así, al cuello de War of the Worlds saltaron los que ven en cualquier representación de Hollywood la reencarnación de Satanás y Hitler y juntos, listos para denunciar una nueva apología del american way of life. Lo curioso es que en pleno salto terminaron dándose el coscorrón con los que se habían propuesto arrancarle la otra carótida por su visión poco canónica, aprovechada (ecos del 11-S) y en ocasiones formalista y experimental de una tragedia. Y yo me sigo preguntando ¿cómo leches quieren algunos representar una invasión extraterrestre? Repito, puntos de vista inmóviles anclados en la dialéctica de la crítica de los años 60. No se puede pretender que todas las películas compartan una visión de la familia como primer estadio en la represión del ser humano y como principal generadora de traumas individuales (algo muy estudiado a lo largo de la historia). No todas pueden ser como las de Pialat o Haneke y eso que, en este caso, Speilberg no es tan dulce como en otras ocasiones.

También apareció el cansino tópico del remake asociado a la falta de creatividad, al cual no le faltaría razón si se tomara el contexto general, pero que en este caso hacía aguas cuando se pretendía el careo con la versión dirigida por Byron Haskin en 1953. Ésta se presentaba ahora como un icono, como una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia cuando siempre había sido una más, una discreta y ya renqueante muestra del periodo glorioso del género. Época que cuenta con decenas de títulos mucho más interesantes pero olvidados al no portar la legitimidad literaria de Wells para siempre amplificada por Welles.

¡Strelnikov!

La película, dejando de lado el hilo principal en forma primero de vida familiar y luego de road movie, contiene momentos memorables que confirman lo que ya comentábamos sobre la enorme capacidad del director para volver a elaborar imágenes y situaciones mil veces vistas y empleadas por otros con anterioridad. La secuencia con Dakota Fanning buscando un sitio donde hacer pis por la apacible ribera del río, con un sol resplandeciente, con los vilanos, con los brillos del agua… hasta que empiezan a navegar los cadáveres por ese mismo río de aparencia bucólica. La irrupción del terror y lo fantástico en lo cotidiano siempre ha estado en la base de su cine, desde Duel hasta la repelente E.T., pasando por Tiburón y Encuentros en la tercera fase. Una mezcla, la del misterio invadiendo lo doméstico, que nadie manejó mejor que Hitchcock, una de sus principales referencias, sobre todo en esta secuencia.

O el tren que irrumpe a toda velocidad en un paso a nivel con las tripas en llamas. Un auténtico fantasma contemporáneo, un efecto especial que ya considera poco efectivas las sábanas y las cadenas. Un tren que produce la misma sensación de respeto y pavor a los presentes que los ruidosos vagones rojos de Strelnikov (Tom Courtenay) en Doctor Zhivago, al que saludaban marciales allá por donde pasaba. David Lean, otra señal imposible de ignorar no sólo para Spielberg, sino para toda su generación; ya lo vimos a propósito de Martin Scorsese.

Obviando el reconocido vínculo del final del filme con el propio de The Searchers, convendría reparar en el denostado bloque del sótano donde la película se vacía en el buen sentido, en el de la abstracción, despojándose de cualquier accesorio o tic de la ci-fi para dar paso al terror en sí mismo. A los miedos primarios: al forastero, a los espacios desconocidos, al silencio y a la oscuridad. Ser forastero , además de una casa ajena, en tu propio país, ésa es la postura a la que empuja un Tim Robbins desquiciado que parafrasea a Bush y emula los saludos de la NRA, como podemos comprobar en la siguiente imagen y en la del encabezado.

Charlton Heston NRA

La salida del mismo sótano tendrá lugar mediante otro plano difícil de pasar por alto, una nueva muestra de la educación sentimental del director de Minority Report. Pero esta secuencia la vamos a dejar para otro momento, espersmos que cercano, pues me gustaría comentarla con más calma y con los vídeos sobre la mesa.

Que a la película le sobra Tom Cruise, que es un pelma y está horroroso haga lo que haga, pues es evidente, pero resulta un mal menor dentro de una historia que bien puede valer como metáfora, algo barata bien es cierto, de lo aquí contado sobre las opiniones encontradas y sobre los clichés mentales que cada uno se fija como inmutables para intentar derribar al contrario. Tal es la verdadera guerra de los mundos.


14 comentarios para “La verdadera guerra de los mundos”

  • Una buena reflexión, Roberto.
    A mí también me pareció bastante buena esta película y también “Catch me if you can” era estupenda. Y “Titanic” o “Abyss”.
    No soy un gran admirador de Spielberg o Cameron, pero me suele gustar lo que hacen y aprecio su esfuerzo por no querer parecer autores y reincidir en un cine que nada tiene de “intelectual”, aunque sí con profundidad suficiente para merecer atención. Mucho se criticó a Spielberg por atreverse a hacer “A.I.”; se supone que ese era el terreno de un tipo muy importante y sesudo como Kubrick. Bien, no sé lo que habría hecho Kubrick, pero yo veo más puntos de contacto de Spielberg con él que con Tarkovsky por mucho que se empeñen sus exégetas.
    El Spielberg que menos me interesa es precisamente el “serio”, el que empieza en “The color purple”, y triunfa con la vacua “Schindler´s list”. Prefiero mil veces antes “Jaws”, aunque también en este terreno tenga películas que me gustan muy poco, empezando por la saga de Indiana Jones, a la que nunca le he encontrado ningún atractivo.

  • Hola, qué tal Jesús,

    Sí, yo cité al vuelo a tres directores arriba, dos de los cuales hacen cine a partir de, y no sólo para, la cultura popular. Respecto a Spielberg me pasa exactamente como a tí con la saga Indiana, no le encuentro atractivo, igual que no lo hallo en Star Wars, por ejemplo. Y de las “decepciones” entre sus películas “serias” añadiría Munich.

    War of the Worlds, tal vez sea la que más me guste de él, también me interesan mucho Minority Report y Salvar al soldado Ryan, de la que ya podía haber pillado la historia Eastwood en lugar de hacer Banderas de nuestos padres.

    Un saludo y muchas gracias.

  • jesus cortes dice:

    Lo mismo que dices de “Saving private Ryan” se me ocurrió el otro día volviendo a ver “The sunchaser” de Cimino. No porque Eastwood pudiera mejorarla (que podría, imagino) sino porque todos habrían aclamado el film si llevase su firma y lo relacionarían con “Cheyenne autumn” y no sé qué más. Cimino parece condenado a ser un “has been” cuando aún es capaz de rodar buenísimas películas como esa.

  • A mí me gustó La guerra de los mundos.

  • Roberto, al hilo de lo que comentas sobre el bloque del sótano de “War of the worlds”, se me olvidó comentarte que tiene un gran paralelismo con toda la sección que se desarrolla en el metro de Nueva York de una película realmente interesante, “Cloverfield” de Matt Reeves, que tiene un itinerario muy lógico y para nada buscando la espectacularidad, que siempre está al fondo del plano. Le faltarían mejores personajes. O eso, o es que todo el mundo es así de superficial ya a esa edad y no queda otra que reflejar la realidad.

  • Hola, qué tal,

    From the drain, bienvendio, creo que la película, a pesar de ser una gran producción, al final terminó gustando bastante a los interesados en el género y en la serie B.

    Jesús, soy, digamos, un seguidor de ese tipo de películas -cosas de la infancia supongo- y habré tragado sin pestañear pelis infames de serie z, trash, direct to video, tv movies… de antes y de ahora, en cambio Cloverfield me aburrió de narices. Das en el clavo con lo de los personajes (?), son taaaaaan insustanciales, tan pelmas, que me repateaban. Tal vez el tema no era el mejor para elegir a representantes realistas de cierta juventud frívola y descerebrada, en lugar de hacerlos más “amables”, porque eran ridículos a más no poder. Cualquier cosa interesante tardaban poco en chafarla volviendo a aparecer los mendrugos aquellos. No soporto ese aire caricaturesco de falsa juventud “enrollada” y “hormonada”, de chavales que se creen que son adultos. Por desgracia, hoy es el enfoque dominante en el audiovisual.

    Un saludo y muchas gracias a los dos.

  • jesus cortes dice:

    Entiendo lo que dices, pero no es una “falsa juventud” según creo, es lo que hay.
    Ea curioso. Hemos llegado a tal extremo (y dentro de poco parecerá un tiempo mejor) de superficialidad y mimetismo que aquel elemento que armaba una película y le otorgaba en cierto modo entidad y fuerza, llámalo coherencia, plausibilidad, o como quieras, ha quedado reducido a una posibilidad más. Ves la por otro modo muy interesante “Snow angels” de David Gordon Green o por citar una popular, “The wrestler” y te das cuenta que el esquematismo y la escasez de profundidad de sus personajes ya quizá no sea un defecto, sino un perfecto reflejo de la realidad.

  • Hola, Jesús,

    Ése es el problema, y es justo ahí donde el cine o la literatura pueden dar de sí: crear cosas interesantes o provechosas partiendo de referentes banales.

    Lo que comentaba no me acuerdo quién: no puedes retratar el aburrimiento matando de aburrimiento al espectador. Sería real, sí, pero para eso haz cine experimental y hasta conseguirás fama, no hagas cine convencional porque quedarás como un retrasado.

    Con cierta “juventud” (la de Cloverfield para seguir donde estábamos) pasa algo parecido, si quieres hacer algo con o sobre ellos de protagonistas, no seas cruel y embellécelos un poquito, que tengan relaciones más profundas que un noviazgo de primaria y esas cosas.

    También queda abierto el camino de la comedia, de la farsa, de la crítica social, etc. donde sigue habiendo buenas muestras. Lo que está claro es que gran parte del cine juvenil de los últimos años no quiere serlo, quiere ser cine adulto para adultos cuando ninguno de los dos han llegado a ese momento.

    Un saludo.

  • Jacob dice:

    Muy buenas.

    Yo suelo ser de los que se dejan guiar por ciertos prejuicios ideológicos a la hora de visionar una película, a la hora de catalogarla y a la hora de criticarla (comentarla con amigos).

    Tras una introspección prolongada (2 minutos y medio, aproximadamente) he llegado a la conclusión de que siempre impera el segundo apartado (catalogación) (esto es, una peli que me produce rechazo al verla por primera vez puede perder el matiz negativo si al reflexionar le encuentro cosas interesantes más allá de su contenido ideológico o incluso debido a ese contenido).

    Dicho esto, comentar asímismo que he encontrado una característica fundamental en cualquier film que conforma en un 90% mi aprecio hacia él. Y no es otro que el ritmo. No soporto los diálogos lentos o inconexos, las transiciones de pie quebrado (más largas por un lado que por otro) ni las ausencias de sentido o coherencia. Puede resultar absurdo invocar aquí a Lubitsch. Infantil, soñador, irreal… lo que sea. Pero me sigo preguntando… ¿por qué no intentan los directores actuales imprimir el sentido del ritmo de Lubitsch a sus films?

    Vamos a ver… que no quiero 3 planos por segundo… ni quiero una transición de 3 segundos en un plano-contraplano… ¿tan difícil es de hacer? Parece que sí. Una persona habla, e inmediatamente otra contesta. Puede incluso que hasta se interrumpan… ¿nadie sabe hacer eso en el cine “comercial ideológico” de hoy día?
    El asunto es que creo que relaciono (no sé si por otro prejuicio inconsciente o debido a precisamente una inteligencia inconsciente) el ritmo de un film con su motivación ideológica o social. Mi argumento base es: “no me entero de nada; hay una pausa, un mensaje; otro rato de lío, acción, explosiones y no enterarme de nada; mensaje; fin” = historieta de miedo desviadora de atención.
    La ausencia de mensaje ideológico (como me parece el caso de War of the Worlds de Spileberg) no significa que la cosa mejore, porque el ritmo sigue igual, confuso.
    ¿De verdad creéis que la crítica a esta película es debida a su mensaje (que tantas otras veces ha calado) o a la ausencia del mismo, su ambigüedad? ¿No será más bien a la falta de apoyo artístico-comercial que el film proporciona?

    Que el problema es que al criticar volcamos ese disgusto en el plano ideológico, cuando posiblemente no tuvo influencia a la hora de catalogarla.
    No sé, creo que es mi caso, tiendo a sacar la política antes que el arte la mayoría de las veces.

    Sobre Cloverfield, supongo que ya la habéis visto, pero bueno: http://www.myconfinedspace.com/wp-content/uploads/2008/05/lol-500×151.jpg
    Y sobre War of the worlds… pues que no le pillé el ritmo… :p

  • Hola, qué tal Jacob,

    Joder te he tenido que pinchar donde más te duele, después del Betis, para que saltaras de una vez jajaja.

    En algo estoy de acuerdo, la película es más una sucesión de momentos, a pesar de la fina estructura que ya mencionaba en la entrada. Algunos de esos bloques para mí son tan destacados, hasta brillantes, que se elevan por encima del hilo.

    Del otro lado, no observo ningún problema ideológico, en ese sentido la veo como una aventura de ciencia ficción, aunque todos sabemos que eso suele ser una excusa perfecta para comentar cualquier otra cosa, y aquí hay toques más que puntuales, pero me interesan menos que lo visual y que la ficción en sí misma.

    Un saludo y ya sabes que esta es tu casa, y no sólo porque el diseño siga siendo verdiblanco.

  • Jacob dice:

    Muchas gracias, Roberto.

    Más pronto que tarde despertaré del letargo cinéfilo en que me encuentro.
    Y tienes razón, esta vez no me he podido contener, jajaja, serán los efectos del 15-J.

    Un abrazo

  • David_Holm dice:

    Yo debo reconocer mi mastuercitud, leyéndoos me he dado cuenta de que he visto unas cuantas películas de Spielberg y que los prejuicios que voy teniendo hacia su cine se los ha ganado a pulso película a película. Por la única que tengo cierta consideración es por la lista aquella (que vi hace muchos años y que empiezo a temer que si la vuelvo a ver me parezca tan vacía como el resto, que sólo me moló porque Spilebergo era lo más y había un abrigo rojo en una peli en blanco y negro). Sí lo considero un genio, como a Lucas, pero no de hacer cine. Coincido con Roberto en que nunca me despertaron el mínimo interés tanto Indy como Star Wars (bueno, de hecho de Indy sí tengo ciertas ganas de jugar las aventuras gráficas), como tampoco, ni de niño, me llegaron Jaws o ET. Y ya con los prejuicios de viejuno instalados en mi ser, creo que sólo he visto Munich, que me pareció un coñazo, sigo sin tener claro qué pretendía con esa película, ¿ritmo?, al DVD que vi yo se le debió caer por el camino.

    El interés por War of the Worlds, me duró el tiempo de vida de los paquetes de pipas que compraran mi hermana y cuñado para ver la película que habían alquilado. Una vez libre de mi salada celda, no encontré ninguna razón para terminar de ver el film.

    Como productor le tengo algo más de aprecio, es curioso como su unión con Zemeckis (posteriormente director de la infame Contact) pudo dar Back to the Future.

    Todo este tecleo insustancial es para disfrazar el verdadero motivo de este mensaje. La reaparición de mi alma gemela filmaffinetera (lo nuestro no funcionaría, por su poco aprecio a Nosferatu, será que le recuerda a Don Manué) y sus amenazas de regresar a la actividad kinodeliriana, me lleva a arrojaros el guante, desde el parto mismo de Kinodelirio he esperado un mano a mano entre ambos (Jacob/o y Roberto) con Starship Troopers como objeto de estudio. Ahí lo dejo.

    Saúdos

    PD: Eso de la suspensión de incredulidad me parece una chufla, sin más razón de ser que formar parte de la literatura gafapastil, o tal vez sea porque yo soy incapaz de mantener la concentración en algo más de… -Mosquis, ese perro ha robado un jamón-… más de 3 segundos.

  • Hola, qué tal,

    Joer, gran película Starship Troopers, a mí me gusta, siempre que la ponen en tv la acabo viendo, aunque sea sin sonido mientras hago cualquier otra cosa; un día la volveré a ver con calma para ver si puedo escribir algo. Y Contact tampoco estaba mal jajaja. Sobre todo teniendo en cuenta que Zemeckis, como comentaba hace unos días con un amigo, ha hecho algunas de las peores películas de los últimos tiempos: Forrest Gump, Náufrago, Lo que verdad la esconde… buf.

    Un saludo David y muchas gracias.

  • Jacob dice:

    Eso está hecho, ome.

    Menudo timo Starship Troopers, estos revisionistas van a acabar con los criterios cinéfilos establecidos que tantos años de mirar por encima del hombro nos ha costado implantar…

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