La mano del banquero D. (Félix Nadar, 1861)


La mano del banquero, de Nadar, 1861

Esta fotografía realizada en 1861 por Gaspard-Félix Tournachon (1820-1910), más conocido como Nadar, y que actualmente se encuentra en el Museo d’Orsay, resulta llamativa por algo más que su peculiar proceso de elaboración y revelado basado en los experimentos del fotógrafo francés con la luz eléctrica (el título incorpora la peripecia: “realizada en una hora a la luz eléctrica”). Aventuras que le llevarían también a fotografiar con éxito, técnico y artístico, las tinieblas y la labor en los subterráneos de París, así como los osarios de sus populares catacumbas. Vamos a intentar explicar por qué esta imagen nos resulta tan extraña.

La mano presentada sigue esa idea de la fragmentación corporal tan amiga de la fotografía, pero ahora recurriendo a una parte del cuerpo nada protagonista. El busto, el retrato, resultaba la manera más habitual de buscar matices psicológicos, ya fuera en perfil, de frente, en escorzo y hasta de espaldas. En cualquier caso, Nadar ha sido considerado, con toda justicia, como uno de los grandes retratistas de toda la historia de la fotografía. Sus placas reflejaron a los personajes más notables de su tiempo, grandes artistas y literatos del siglo XIX, muchos de los cuales compartían con Nadar, además de su excelencia, amistad.

Uno se echa a temblar comprobando la lista de aquellos que en alguna ocasión fueron retratados por él: Julio Verne, Gustav Doré, Honoré Daumier, Gustav Courbet, Camille Corot, Charles Baudelaire, Edouard Manet, Alejandro Dumas, Eugène Delacroix, Sara Bernhardt, Viollet-Le-Duc, Victor Hugo, Émile Zola, Franz Liszt, Jacques Offenbach, Théophile Gautier, Auguste Rodin, etc. Sin olvidar a otros tantos anónimos, a nobles, a su propia familia (el deslumbrante retrato de ¿su mujer o su madre? comentado por Barthes en La cámara lúcida, p. 124) o sus autorretratos.

Victor Hugo yacente 1885

Ese amplio trabajo en el retrato, además de ser una consecuencia lógica de la importancia del género en sus días (curiosamente también en pintura, aunque se pensaba que la fotografía iba a terminar con la práctica del retrato pintado) y de su no menos lógica preocupación por el dinero que proporcionaba para el sustento, nos deja la ya avisada preocupación por la profundidad psicológica del personaje. Así, intentaba escapar a la imposibilidad de innovación y riesgo al que siempre pareció estar atado el retrato, entre otras cosas por las pocas posibilidades de juego con el objeto (un busto o un cuerpo más un fondo) y por la feroz figura del cliente. Mútltiples anécdotas a lo largo de los siglos, sobre todo en la pintura, demostrarán tanto la puntual imbecilidad de quien pagaba como el atrevimiento de quien retrataba.

Sabiendo esto, ¿qué demonios buscaba Nadar fotografiando una mano? Bien, sin poder responder de inmediato, al menos se debe enfocar la pregunta hacia un lugar claro: la extensión a otros terrenos de la inquietud experimental del fotógrafo. La misma que le llevó a trabajar con el tipo de luz mencionado, con diferentes soportes (esta fotografía en concreto: negativo vidrio con colodión húmedo, 11×22 cms.), a realizar fotografías aéreas a bordo de un gran globo o a tomar instantáneas de tipo médico-científico (las célebres fotos del hermafrodita, por ejemplo). Fotografiar una mano y añadir en su título: “estudio quirográfico”, invita al esoterismo, sin embargo, parece que el interés de Nadar se encontraba en la arriesgada ampliación a otras partes del cuerpo de su virtuosismo ya alcanzado en el rostro.

Hermafrodita En los dibujantes y en los pintores era y es práctica habitual el estudio corporal atendiendo a las partes y, al parecer, en los inicios de la fotografía bien pudo aparecer como un rasgo más de aquella inercia plástica de lo pictórico en el nuevo arte, eso sí, de manera muy residual y con escasa repercusión. Un genial aforismo del mismo Nadar nos indica que la preocupación técnica y formal, interpretable como causa única de la fragmentación aquí apreciada, quizá no lo sea: “La teoría fotográfica se aprende en una hora, las primeras nociones de práctica en un día. Lo que no se aprende es la inteligencia moral de lo que se va a fotografiar”.

Como decía Robert Bresson: “los pies y las manos poseen voluntad”, algo que no se cansaba de demostrar en sus encuadres. Lo realmente complejo era hacer brotar esa voluntad, demostrar o al menos insinuar esa disociación carnal del mandato cerebral. Aquí, Nadar, consigue una fascinación casi sobrenatural que es amplificada, paradójicamente, por el título de la obra, por su ancla. Aquello que siempre se ha demandado, sobre todo en el periodismo, como detalle necesario para una correcta identificación que conduzca a la obtención de “el” (en lugar de “un”) significado, como un asidero cognitivo más de los que jamás nos libramos, eleva en esta obra el grado de extrañeza: “estudio quirográfico” y encima de un “banquero”, banquero anónimo bajo la manta de una inicial.

No vamos a entrar ahora en la interpretación de la mano como objeto y símbolo, tanto en la historia social como en las artes plásticas (la mano o la ausencia de ésta siempre ha sido un eficaz motivo argumental para filmes de misterio o terror), pues más o menos lo intuimos. Pero este aislamiento plástico tan radical, este protagonismo “manual” inesperado y tan marciano como los filmes de Richard Serra dedicados a estas mismas extremidades (Hand catching lead -1968-, Hands tied -1968-, Hands Scraping -1971-, Surprise attack -1973-), parece superar cualquier interpretación atada a lo convencional, cuando, en principio, una mano abierta y tendida como ésta debería transmitir de inmediato cierta franqueza, sin dobleces ni intenciones escondidas.

Richard-Serra: Hand catching lead

O, quién sabe, tal vez sea lo más banal y directo que uno puede esperar, más cuando se mira la fotografía en un momento, casi siglo y medio después, donde la figura del banquero no ha ganado un ápice de consideración, sino todo lo contrario, y donde la suma de la parte y del todo no encuentra otro término en el resultado que el que todos ya sabemos. Forges lo explica con claridad gráfica y con lo imprescindible, con humor1:

forges-1 forges-2

  1. Viñetas tomadas del diario El País: 28 de febrero del 2009 y 6 de Marzo del 2009, respectivamente []

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