La imagen-mármol: Bernini, Cameron Diaz y Abel Gance


Hay que reconocer la trampa, la idea de una imagen-mármol es, como mínimo, discutible. Pero vamos a darle validez, en tanto nos servirá para establecer una relación -algo vaga, es verdad- entre materiales originales y su reproducción fotográfica. Aunque sería más acertado hablar de figura-mármol. Es obvio que contemplar una escultura o un relieve a través de una imagen, resulta todavía más limitado que hacerlo con la reproducción a escala de una película. Más cuando hablamos de una escultura de bulto redondo, y sin comparación cuando la obra es una de aquellas que tan bien supieron jugar con la variabilidad del punto de vista del espectador. Las que no dejaban un solo ángulo de la esfera sin aprovechar, descubriendo formas a cada mínimo desplazamiento de la mirada y, con ellas, nuevas incidencias de la luz, nuevos sentimientos. Gian Lorenzo Bernini (1598-1680) fue uno de los grandes maestros en esa “técnica”, pero ahora nos interesa por otro motivo: por su tratamiento del mármol.

Costanza Bonarelli (siglo XVII) - Cameron Diaz (siglo XXI)

En la imagen superior vemos el busto de Costanza Bonarelli, obra de apenas 70 centímetros de altura realizada por Bernini sobre 1635-7, que podemos ver en el Museo Nazionale del Bargello, en Florencia. Bernini retrata a la mujer de uno de sus ayudantes, Matteo Bonarelli, con la que mantuvo algo más que esa relación indirecta. La sensualidad característica de la obra escultórica de Bernini, aquí es pura sexualidad. Caben pocos matices al mirarla, cuando nuestros ojos conectan con los suyos, algo saltones y de doble hendidura, transmite deseo.

La expresividad no necesita de muchos recursos, nace de formas puras, de una tendencia inevitable a la abstracción. Aquí sólo tenemos la fuerza de los ojos, la de la boca entreabierta -tan sugerente como la otra boca entreabierta más famosa de la historia del arte, la de la Joven de la perla de Vermeer-, la de la melena alborotada y la de la blusa a medio abrochar. Si los griegos empezaron a descubrir el poder expresivo de la escultura con los pliegues de los paños mojados de Fidias (490-431), Bernini lo hace con la lisura del material, al que le otorga una morbidez extrema. Basta con recordar los dedos raptores de Plutón hundiéndose en los muslos de Proserpina (1622), o los de Ludovica Albertoni (1674) en su propio seno.

El mármol, material frío, convertido en fuego. Piedra que deviene carne, algo que ni siquiera Miguel Ángel logró por completo a pesar de su empeño científico en la anatomía. Sólo el mármol permitía ese acercamiento a lo humano, aunque con la maestría de Bernini, uno pone en duda que no hubiera conseguido lo mismo modelando un trozo de granito o un mendrugo de pan seco. Se podrá decir que Antonio Canova (1757-1822) fue todavía más allá en este aspecto, tal vez, pero a mí me sigue impresionando más la mezcla entre carne y piedra de Bernini que la casi –o sin casi- afectada tersura de Canova. En Bernini, y sobre todo en el busto de Costanza Bonarelli, la suavidad lo cubre todo, pero la brutalidad sigue latente. Bajo la corteza, uno se imagina un núcleo de hierro fundido agitándose.

Y aquí quería llegar: El Cine, por regla general, suele ser Canova. Desde la invasión del píxel, aún con mayor visibilidad. Es una cuestión de texturas pero sólo en apariencia, porque estas pueden terminar siendo un reflejo de los procesos y de los fines. Sin haber terminado de despegar, en este contexto de lo digital, uno ya encuentra redundantes algunas de sus imágenes comerciales, orientadas sin descanso hacia la muralidad, la pulcritud y el maquillaje, hacia la eliminación de cualquier tipo de residuo o de imperfección y, con ello, de cualquier atisbo de sensualidad. I marmi vivi fue el adecuado título de la última (2009) exposición dedicada a Bernini. Casi cuatro siglos de piedra con más vida que 24 imágenes por segundo recién salidas de una cámara que las entrega sólo para los ojos. Una cierta cursilería fotográfica.

¿Dónde encontramos entonces ese mármol bestial en el cine? En muchos sitios, y por suerte en bastantes expresiones del audiovisual actual. Pero si existen imágenes o cineastas que puedan ser emparentados con el mármol, están en el cine mudo. Y si alguien las fabricó con acierto y las extendió hasta bien entrados los sesenta, ése fue Abel Gance (1889-1981). Gance y el mármol, y no precisamente por su tendencia a esa grandiosidad con la que siempre fue calificado. Porque el Gance excesivo, escondía la misma calidez que el mármol de Bonarelli.

J'accuse! Abel Gance, 1919

La imagen superior es un fotograma extraído de su maravilloso J’accuse! (1919) silente. Una mujer que nos recuerda a la citada Albertoni, tan extática como la Santa Teresa (1647-1652) de Santa María della Vittoria, con una precisión inmensa en el encuadre, en la luz y en las formas. El alto relieve se le queda escaso, estamos ante una auténtica escultura. Un cine rotundo, como aquella Tactil-Visión del Páramo del Espanto que recorría las tallas de Juan de Juni o Alonso Berruguete en Fuego en Castilla (José Val del Omar, 1958-1960). Bernini, como Abel Gance, asombra por igual en lo monumental -arquitectura, escultura y en la fusión de ambas- como en la pieza de cámara, en el retrato del gran personaje histórico como en el del simple paisano; ni que decir en el de su amante.


8 comentarios para “La imagen-mármol: Bernini, Cameron Diaz y Abel Gance”

  • Roberto, deberías haber visto a Cameron Diaz como me la encontré yo de cara en una calle de Sevilla cerca de mi casa, cuando rodó aquí una película con Tom Cruise a final del año pasado. Parecía una estudiante de Erasmus, con bufanda de colores, gorra y mala alimentación.
    No creo que Bernini se hubiese inspirado mucho.

  • Hola, Jesús. Sí, si cuando me refiero al cierto cine digital y a Canova, estaba pensando en esa foto de Cameron Diaz, no al revés. Con ese photoshop empalagoso encima, que da más grima que con su acné natural. Pero venia bien la pose, el busto, cierto paralelismo superficial para intentar ver lo contrarias que son. De hecho tenía como diez fotos de actrices muy parecidas.

    Hablando de fotochop, un wallpaper: http://twitpic.com/127hde/full y quien se meta con mi manejo del lazo magnético y del tampón de clonar de fotochop me lo cargo. :mrgreen:

    Un saludo y muchas gracias.

  • Buen artículo sobre Aldrich, Roberto, enhorabuena.
    Sigo viendo escaso apego (no tuyo) de todas formas a “… All the marbles”. No sé que opinión se tendría de ella si fuese de Cassavetes o Cimino.

  • Gracias Jesús. A ver si lo pongo por aquí la semana que viene o a la siguiente y si quieres hablamos con más calma sobre los malentendidos en torno a Aldrich.

    Este fin de semana intento también pasarme por tu casa, que me gustaría comentar algo sobre The Struggle.

    Un saludo.

  • ariadna dice:

    hola que tal! permítame felicitarlo por su excelente blog, me encantaría tenerlo en mi blog de animes y peliculas .Estoy seguro que su blog sería de mucho interés para mis visitantes !.Si puede sírvase a contactarme ariadna143@gmail.com

    saludos

  • Yo nunca pongo enlaces de lo que escribo en revistas o donde sea (a veces es imposible, porque son eso, revistas, de papel), me da vergüenza. No me las doy de misterioso y si quieres, llámame obtuso, pero me resulta un poco exhibicionista.
    Es divertido, por un malentendido aldrichiano me expulsaron de una revista. Qué tiempos.

  • Yo no hago diferencias entre los textos, me importa lo mismo uno publicado en una revista, que otro sólo para los cuatro gatos que estamos por aquí. :wink:

    Exhibicionismo, bueno, aplico lo mismo, airear algo en Internet, en este casos textos, puede tener algo de eso. Pero, al fin y al cabo, los textos como las películas, están para que otros los lean y las vean, se escriban chorradas o cosas interesantes; Internet ayuda. Yo ante todo quiero aprender, y generalmente eso viene a través de lo que me digan y corrijan otros.

    De hecho lo único que me gustaría cambiar aquí sería que escribiera más gente, que fue para lo que monté esto en un principio.

    Un saludo, Jesús.

  • En lo que dices del aprendizaje está la clave para mí. Yo aún siento que me falta mucho para llegar a decir cosas interesantes sobre lo que sea que escriba, ver más cosas y volver a verlas varias veces más.

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