Justo una imagen
Con este título encabezamos al mismo tiempo una entrada y una nueva categoría del blog. No hace falta ser muy espabilado para descubrir las raices godardianas del mismo, y es que se hace difícil negar lo sugerente de muchas de las expresiones de JLG, quien a menudo recurre al exceso, a la contradicción, a la ironía, a la provocación, al desafío; una pose para muchos, una boutade. Pero que en ocasiones, sin la necesidad de abrirse camino machete en mano por la jungla visual y verbal que siempre propone, deja caer sentencias absolutamente desnudas en su apariencia, de una abstracción irritante que alcanzan el siempre peligroso arte del aforismo, sólo apto para verdaderos sabios o para intelectuales flatulentos sobrados de ego. Nosotros colocamos a JLG dentro del primer grupo, acto posiblemente correspondido con ruido y pataleta por parte de la sala.
Hablaremos dentro de esta categoría, entonces, de imágenes estáticas: a través de la fotografía, de la pintura o de la pantalla, todas ellas eternas bidimensionales. Acudiremos, en el caso del Cine, a la delicada cirujia que supone extraer un cuadro, un plano, de su tiempo y espacio natural, el filme. Asumimos esto último como convención, como simple recurso metodológico que no por caprichoso deja de ser eficaz y útil para el análisis cinematográfico general. Añadiremos más tarde otras etiquetas para, no sin seguir fragmentando en forma de secuencias, dar cabida al análisis espacio-tiempo que requiere el medio.
Inauguramos con una imagen que hace de puente con el dossier recién terminado sobre el cine de zombies actual y que en buena medida podría haberse incluido dentro del mismo, porque, ¿alguien es capaz de adivinar a qué película pertenece el fotograma que colocamos a continuación? Quien no lo sepa que se detenga un minuto a pensar antes de seguir leyendo el párrafo bajo la imagen y quien sí lo conozca y sea pues consciente del juego, que no ignore la pregunta realizada porque es cualquier cosa menos retórica o tramposa.

Kenneth Jarecke tomó esta instantánea en Irak, durante la Guerra del Golfo de 1991, en plena “Autopista de la muerte”, nombrada así después de que tropas aéreas Aliadas arrasaran por completo el, al parecer, repliegue iraquí de Kuwait. La carretera, punto estratégico clave en la salida al mar y al país vecino al unir Basora con Kuwait, acabó convertida en un cementerio de camiones, tanques y lógicamente de personas. De entre todas las imágenes que recogieron el desastre la de Jarecke se convirtió en la representante casi única del hecho. Este poder de síntesis del horror es innegable y por difícil que pueda parecer “resumir” una acción de guerra y su lógica brutalidad en un sólo cuadro múltiples representaciones han acabado por conseguirlo con esa concentración icónica de los hechos, cualesquiera que sean. No existe válvula de escape alguna y la claridad formal fotográfica (luz, encuadre, composición) no permite deriva alguna.
Pero, ¿siempre niega esa posible deriva? Creemos que no, y de hecho de ahí partía la pregunta realizada más arriba. Sólo después de haber historiado la fotografía se cierran posibles puertas al desvío semántico y aún así siempre existirán los condicionantes propios del espectador que no dudará en relacionar la imagen con su imaginario particular o colectivo; en nuestro caso lo hicimos con los zombies. Es la lógica de las imágenes desde un punto de vista semiótico, con su polisemia textual y barthesiana a cuestas que puede llevarnos, a saber por qué motivo o necesidad, a los desvíos mencionados. ¿Es malo poder llegar a confundir la fotografía de Jarecke con un plano entresacado de una película de zombies? no somos quienes para juzgarlo, lo tomamos como posible síntoma y lo analizamos, la mayoría ignoramos muchas cosas, es natural, pero será una vez superada la hipotética ignorancia inicial cuando sí podamos exigir una valoración más trabajada, es decir, ser capaces de articular un discurso diferente para cada una y por lo tanto sentirlas y mirarlas de manera distinta, estableciendo prioridades y jerarquías si fuera necesario.

No se trata, como hablamos en otra ocasión, de acercarse a la imagen desde alguno de los polos: La duda profunda de estar ante un posible engaño y la certeza ciega de contemplar una verdad irrefutable, un documento. Sabemos que los puntos intermedios entre esas dos zonas son los necesarios, de la duda a la crítica pasando por el inevitable análisis, independientemente de la metodología empleada, si bien el ejercicio de distanciamiento necesario puede resultar complejo en un contexto saturado como el actual donde el contenido falaz es legión. 1
La fotografía de Jarecke representa por extensión una guerra que, como siempre, para algunos no exisitió2 mientras que para otros fue sufrida y vivida. Cuestión de información, de conocimiento y de mirada. Los espacios conocidos no son iguales a los vividos y no digamos a los meramente vistos, Henri Cartier-Bresson, José Saramago, Peter Sloterdijk, etc. lo han expuesto mejor desde sus respectivos campos de lo que podamos hacerlo nosotros aquí. Se trata de un cruce de miradas constante en el que sólo algunas forman parte de un espacio vivido de verdad: la mirada de quien lanza una bomba apuntando desde su visor en el avión difiere de la nuestra en la televisión, de la del fotógrafo o reportero que recoge el hecho y no digamos de la del civil a ras de suelo.
El ojo como medio para comprender el mundo tal vez fuera suficiente en tiempos de Goethe como él mismo, mutatis mutandis, afirmó, pero hoy resulta a todas luces insuficiente. Pensamos que es necesario cierto procesamiento profundo y por tanto molesto a nivel racional y emocional; allá cada cual con las proporciones de los ingredientes que quiera emplear para su receta. Por muy obvio y básico que parezca el enunciado no viene mal repetirlo y si es necesario hasta llevarlo a la práctica, pues su aparente facilidad no lo convierte en proceso automático. Como postura a la hora de filtrar y procesar, actos que consideramos inexcusables hoy día, acabamos con tres breves citas3 alejadas del dogma y que pensamos pueden ayudar a la reflexión:
“Cuando la información moderna se funde en la idea de que ver es comprender, contribuye a una formidable represión intelectual”
“Nada hay de malo en apartarse y reflexionar. Nadie puede pensar y golpear a alguien al mismo tiempo”
“Sabía que el niño tenía ojos, que más allá de los ojos tenía visión y que más allá de la visión tenía corazón y amor y ansia. Ansia de saber”
- Si bien siempre ha exisitido y la fotografía fotoquímica, por ejemplo, no es en esencia verdad o documento. Hablaremos otro día sobre esto. [↩]
- No entraremos ahora con la famosa sentencia de Baudrillard al respecto y todas las ideas que de ella se obtienen [↩]
- Por orden de aparición:
Chomsky, N. y Ramonet, I. Cómo nos venden la moto, Icaria, Barcelona, 1995, pág. 88.
Sontag, Susan, Ante el dolor de los demás, Círculo de Lectores, Madrid, 2003, pág. 147.
Saroyan, William, La Comedia Humana, Acantilado, Barcelona, 2004, pág. 20. [↩]






No conocía la foto.
Es impresionante.
Si la hubiera hecho uno de los young british artist habría ganado el Turner.
Enhorabuena por la nueva bitácora.
Comentado por: Pablo a las 11:24. En: Diciembre 18, 2007
Hola Pablo,
La verdad es que de aquella guerra lo que más ha quedado con el paso del tiempo son las visiones nocturnas, los visores de aviones y bombas, etc. esa fascinación extraña del horror hecho espectáculo, la nueva “estética de la guerra” llena de colorines y pantallas… La fotografía convencional perdió algo de terreno y no sé si lo volverá a recuperar.
Me interesó mucho tu entrada de Decomposed Carnival, estuve a punto de enviarte un correo al no tener los comentarios abiertos.
Un saludo y muchas gracias por la visita.
Comentado por: Roberto Amaba a las 15:04. En: Diciembre 18, 2007