Elogio del actor secundario
El actor secundario estuvo ninguneado desde el mismo nombre, siempre a la sombra de uno principal o protagonista, que no mayor ni mejor. El adjetivo español tiene ese aire cruel que no se encuentra en el anglosajón supporting, cuyo enlace con support –sostener, mantener, apoyar – deja bien clara su importancia dentro de la estructura de personajes y de guión. Refuerzo, casi cimiento, sin el cual no podría existir dicha estructura o de hacerlo sería en estado precario e inestable.
Por otro lado, no puede extrañar la valoración exclusiva de los actores de campanillas, siendo el cine uno de los representantes más evidentes del culto al yo en casi cualquier cultura. Sin olvidar que sobre esa veneración fundamentó gran parte de su programa comercial allá en los comienzos del siglo XX. Una ridícula visión del éxito basada en la competitividad y en la derrota del otro, el triunfo sólo podía ser de los protagonistas y estos, con demasiada frecuencia, se lo acabaron creyendo. Secundario, en ningún caso, podría emparejarse con algo todavía más peyorativo como segundón, sino que el supporting actor en el cine clásico de Hollywood, por poner el ejemplo más sencillo, era el pilar ya mencionado, indispensable para levantar una buena película.
A nivel narrativo y hasta comercial el secundario era la espita de salida a todo aquello que los protagonistas no podían hacer frente, por pura cobardía del sistema en general y de muchos de los actores en particular. No podían arriesgarse a ejecutar tal o cual acción sospechosa o arriesgada, a decir esto o aquello fuera de lo políticamente correcto. Eran auténticos esclavos de una imagen ideal defendida hasta lo enfermizo desde las productoras. No podrá extrañar, entonces, la enorme cantidad de juguetes rotos en aquella cadena de montaje industrial que empleaba personas en lugar de tornillos.

Además, y como ya comentábamos hace poco, el supporting era el personaje ideal para ejercer de narrador, un espectador privilegiado de las situaciones favorecido por una distancia óptima para el juicio y la observación y no sólo por su conocimiento de las andanzas de los protagonistas. Era capaz de enmendar la plana a estos, de corregirlos o de afianzarlos en sus ideas, era, dependiendo de la ocasión, consuelo o castigador. Todo sabemos que sin Pepito Grillo, Pinocho habría terminado despiezado en cualquier aserradero de mala muerte.
El secundario también era ambivalente, no tenía la necesidad del líder de aparecer como inquebrantable o monolítico, era el que antes se adaptaba a las circunstancias cambiantes, bien fuera por simple necesidad, por supervivencia o por cuestiones más profundas de carácter o de ética. El secundario, en el fondo, era el maestro de marionetas, la extensión carnal del guionista y el director en el filme.

Con esto no negamos que lo mismo no se diera en los papeles protagonistas, de hecho todas aquellas películas clásicas (sin llegar a la ruptura de los años 60, con los antihéroes, los inconformistas, los contestatarios, etc.) están repletas de ejemplos, de actores principales decididos y sin miedo a herir su propia imagen. Las cargas de profundidad las hacían ellos en primera persona, sin maquillar su marcada posición subversiva. Red Hollywood (Thom Andersen y Noël Burch, 1995) es un buen recuerdo de ello.
Si alguien quiere defender la tesis de la decadencia occidental reflejada en el cine contemporáneo, si de verdad quiere tener argumentos para su defensa, debería acudir sin dudarlo a la pérdida de peso del supporting en las películas de nuestro tiempo. Un síntoma más que se une a la galopante hipertrofia del yo, a un falso y peligroso ideal de estrella pulcra y a la degradación del trabajo de guión o una diversificación que prima los mecanismos narrativos sobre los personajes. Ahora, el “prota” debe hacerlo todo, de hecho hasta puede producir y dirigir sus propias películas. Todos los filmes actuales con estrella tratan, sin más, del superhéroe.

No parece que lo aquí expuesto sea una visión nostálgica, entre otras cosas porque quien escribe no vivió el otro tiempo y se ha limitado a contemplar los momentos a través de la distancia analítica que ofrecen las propias obras y su contexto. Constatación o pura sensación, la verdad es que resulta difícil pasar por alto los hechos históricos, que no cinéfilos.
Aquellos secundarios eran, además, auténticos condensadores narrativos, arquetipos que lanzaban la historia adelante sin necesidad de dispersión alguna. Al margen de su amplio campo de acción posterior, ofrecían al instante el planteamiento de las situaciones y, lo más importante: eran el contrapunto cómico al tieso de turno, el único capaz de elaborar un chiste o de dar esperanza con una risa en mitad de la debacle. Los cambios de tono como el gran motivo de la maestría narrativa clásica.

Tipos codificados de manera magistral mediante una iconografía precisa y mediante el lenguaje más rico del reparto, una expresividad que incluía, lógicamente, el espléndido despliegue gestual. Uno miraba y comprendía de inmediato. Una galería de rostros ¿inolvidables?
El caballero objeto de cualquier broma o engaño era Edward Everett Horton, Eugene Pallette era el orondo banquero o el padre cascarrabias, Howard da Silva un maleante de poca o nula confianza, Sam Jaffe el tipo con evidente inclinación a la locura, Walter Brennan el compañero inseparable cuya relación con el protagonista era menos la de la dependencia aparente que la de una necesidad mutua, Elisha Cook Jr. era el perdedor por excelencia, muerto antes de morir, Peter Lorre el medrador con un inevitable desliz siniestro, Basil Rathbone el libidinoso reprimido y cabronazo entre los cabronazos, por mucho que se convirtiera en Sherlock Holmes.

Arthur Kennedy y John Ireland eran dos vaqueros dispuestos a todo, a robar y a disparar mejor que nadie o a defender la ley de la misma manera, Ireland en menor medida, pues estaba más inclinado hacia la figura del pistolero a sueldo, John McIntire predicador o juez, en cualquier caso rígida y temible autoridad, Dan Duryea el arribista cínico y canalla, un versión light de Richard Widmark, Akim Tamiroff el usurero y el cobarde que huye a esconderse al menor ruido, Claude Rains al que nadie podría tomarle el pelo a pesar de estar convencidos de estar haciéndolo con éxito.
La troupe de John Ford con sus roles bien definidos: Ward Bond (el duro), Victor McLaglen (el antagonista), Jane Darwell (la madre), Thomas Mitchell (el borrachuzo de buen corazón), Donald Crisp (el padre o el cura), Barry Fitzgerald (el maestro de ceremonias). John Carradine era el único capaz de encontrar esa brillante conexión entre el caballero sureño y Drácula, Jo van Fleet la mujer fuerte, una feminista verdadera sin conciencia de serlo, Thelma Ritter la rata más sabia y mordaz del lugar, Dorothy Malone la más deseable y quien diga lo contrario se las verá conmigo, Ralph Bellamy el seductor frustrado y tostón.

Lionel Barrymore podía ser lo que él quisiera, Jack Oakie cuando no fue el sosias de Mussolini era el compañero cachondo de juergas, Charles Coburn el millonario viejo y picantón por no decir directamente verde, Clifton Webb caballero impoluto y trajeado ya fuera asesino o ejemplar padre de familia, Van Hefflin el esforzado noblón que pocas veces encontraba recompensa, Raymond Massey el malo maloso, Charles Bickford el marido de jovencita con recurrentes problemas de cuernos, Edmund Gwenn el abuelo Santa Claus.
Oskar Homolka o los centroeuropeos son todos nazis o espías, Arthur Hunnicutt el tipo honrado con tendencia a sonreír hasta cuando se está muriendo, Ernest Borgnine el tosco con aire de granjero fuera de sitio en la ciudad, Jack Palance al que nadie debería acercarse, Edmond O’Brien el único tipo normal y generalmente de confianza que se podrá encontrar allí donde estuviera, Lee J. Cobb y Rod Steiger o como la desdicha y la frustración propia se pagan siempre con los demás.

Karl Malden el estupefacto, Red Buttons el saltimbanqui gracioso pero con un matiz de gran tocapelotas, Jack Elam el sucio que da el cante hasta entre tíos que se bañan una vez al año, Martin Balsam el de carácter influenciable a pesar de su tendencia al buenismo, Oscar Levant era el amigo despistado y algo gruñón.
Y, bueno, la lista sería interminable y queda abierta por si alguien quiere colaborar o corregir con su favorito o con aquel que no soporta. Se eliminaron muchos por irse del tiempo y lugar elegidos, años 30-50 en Hollywood, o por pasar muy a menudo al otro bando, al protagonista (Herbert Marshall, Melvyn Douglas, Richard Widmark, Dean Martin, Frank Sinatra, Anthony Quinn, Robert Donat, Lee Marvin, James Coburn, Vincent Price, Robert Ryan, Ida Lupino, Ann Sheridan, etc.). La colocación de las fotos sigue el mismo orden que la descripción del texto, además, todas las fotografías llevan texto flotante para la identificación del actor. Otro día igual hablamos de por qué había menos mujeres destacadas en papeles secundarios.



Magnífica recensión, compa Roberto, magnífica, tanto en su planteamiento general como en la relación específica. Por cierto, me ha recordado a la serie de reseñas que, en su blog, viene desarrollando el compañero Josep (http://elblocdejosep.blogspot.com), y en la que va dando cumplida cuenta de una buena retahíla -en la que se encuentran, creo, todos los que nombras- de esos secundarios de lujo. Tengo la completa seguridad de que los dos podríais disfrutar mutuamente un montón de vuestro “material”.
Un fuerte abrazo.
Más para la lista:
Art Smith (In a lonely place, The next voice you hear, Brute Force)
Robert Newton (Treasure´s island, Blackbeard the pirate, Oliver Twist)
Henry Hull (Colorado territory, Portrait of Jennie, The fountainhead)
Thomas Gómez (Ride the pink horse, Macao, Angel in exile)
y muchos más
Magnifica apología.
Muy necesaria.
Me quedo pensando en todo el cine de Capra que está hecho de “secundarios”. O películas como Only angels have wings.
Si tuviera que… dudaría entre Thomas Mitchell, Walter Huston y Thelma Ritter.
Actualmente el peso del secundario está vinculado a cuestiones político-comerciales. Sirve, generalmente de contrapeso, ya sea racial o de clase.
Más que supporter es de compensación. O de cuota de mercado.
O como antagonista. Si el protagonista es muy rudo se le buscará un compañero metrosexual. Si es joven, viejo… Y todos los etceteras que rellenen casillas del target comercial.
Ayer me pareció muy gracioso ver Casino Royale en la que en una partida de cartas sacan un oriental, un afroamericano, el malote de alguna impronunciable ex república soviética… y el caucásico Bond.
Acabo de recordar al genial James “Mississipi” Caan en “El dorado”.
Hola, qué tal,
Tomo nota de las sugerencias, muchas gracias a los tres.
Un saludo a todos.
Elogio del actor secundario…
El actor secundario estuvo ninguneado desde el mismo nombre, siempre a la sombra de uno principal o protagonista, que no mayor ni mejor. El adjetivo español tiene ese aire cruel que no se encuentra en el anglosajón supporting, cuyo enlace con support…
Yo por mi parte, echo en falta a Edward G. Robinson (me encanta su papel en Double Indemnity, toda una joya) y seguro que muchos más, pero son tantos que no me vienen de uno en uno a la cabeza.
Felicidades por el artículo tan bueno y el recuerdo a todos ellos.
Hola Bombero Torero, bienvenido.
Sí, Edward G. Robinson es un imprescindible y lo pensé meter, pero estaba en esa otra lista de los casi o sin casi protagonistas. Su gran papel secundario tal vez fuera el de Key Largo, pero el de Perdición como bien dices, era genial, con su cerillita.
Y se nos escapan muchos más, seguro.
Un saludo y muchas gracias.
En ese caso sería capaz de perdonarte el olvido.
Te he descuierto gracias a este artículo, y creo que a partir de ahora nos veremos más por este sitio. Muchas felicidades, Roberto, por saber expresar y transmitir con tanta claridad la pasión por las imágenes en moviento.
Gracias B. T.,
Aquí hay sitio de sobra, pásate cuando te apetezca, además apenas hay prohibiciones, basta con no dar voces y con masticar con la boca cerrada (nada de chicles ni de pipas, si acaso peladas).
Un saludo.
¿Vale poner como secundario a ROBERT RYAN el mejor actor de la historia del cine?Pueda,tuvo una filmografia no muy extensa,algunos papeles principales pero cuando era secundario o mejor dicho supporting eclipsaba a los que salian delante suyo.Grandes interpretaciones suyas como principal fueron:Una mujer en la playa,La casa en la sombra,Nadie puede vencerme,Horizontes del oeste y alguna mas.Quien vio ColoradoJim?Stewart estuvo brillante pero tambien actuo un tipo llamado ROBERT RYAN.Y Encrucijada de odios que gran interpretacion junto a Young y Mitchum,soberbios los tres,que trio de ROBERTS!!!!.Se merecia tener el mismo apelativo de estrella que Cooper,Gable,Bogart,Peck…….Qizas el tampoco le preocupo mucho esto pues nunca fue amigo del glamour hollywoodiense.
Hola, bienvenido fran,
Coincido con tu visión sobre Ryan, ya lo mencionaba arriba como uno a los que considerar como principales, magnífico actor, nada complaciente. Fíjate cómo seguía de espléndido al final de su carrera en Grupo Salvaje de Peckinpah o en The Iceman Cometh de Lumet, por ejemplo.
Un saludo y muchas gracias.
Se me ocurren otros secundarios de lujo:Brian Donlevy(Beau Geste),Edward Bromberg (El signo del zorro), victima de La Caza de Brujas,Douglass Dumbrille genial en la Isla del tesoro en una escena que dura unos pocos minutos,Preston Foster(El Delator)Robert Preston(Beau Geste).En cuanto a RYAN tienes razon en decir que lo mencionabas como a los que considerar como principal,yo me referia a la gente que lo considera un secundario mas.