Elegir no mirar
Conservo esta imagen desde hace unos 14 años. Es una portada a toda página de ABC, una imagen del bombardeo serbio de un mercado en la guerra de Bosnia, en el que murieron decenas de personas (el bombardeo del mercado de Sarajevo, seguramente). El Gran Atractor lo ejerce el cuerpo doblado por el espinazo, apoyado en un poste horizontal, de una persona cuyas tripas están abiertas y desparramadas por el suelo.
Sangre, mutilación, devastación, ruinas… un documento. Un documento implicado en el drama, una visión que participa de la barbarie y la juzga, huyendo de la fácil e impersonal postura del “periodismo” profesional. ABC pone sobre la mesa la práctica totalidad de valores que fomenta cada día en su salida a los kioskos: respeto por la vida, exaltación del patriotismo, condena del terrorismo y la desviación del sistema establecido, religiosidad, proselitismo, conciencia…
La imagen se presta a múltiples análisis, así que hablaré sobre todos los que se me ocurran, y si queréis aportar el vuestro será bienvenido.
En primer lugar tenemos el pináculo de la información-propaganda, el “qué mostrar”, la elección del tema es el primer filtro, la primera y más importante forma de adoctrinamiento de las masas, decir sobre qué vamos a discutir en el descanso para desayunar en el trabajo. En este caso, la guerra de Bosnia.
En segundo lugar, se toma partido al mostrar una imagen en la que sólo hay un ‘malo’ posible. De una guerra en la que participan dos grupos, en la que los asesinatos, muertos y bombardeos se producen por las dos partes, se saca en portada a toda página el “supuesto” asesinato de civiles por parte serbia.
¿Y por qué entrecomillo la palabra “supuesto”? Pues porque hay razones para pensar que la masacre pueda ser inventada, tergiversada o exagerada. La imagen por sí sola no acusa ni justifica, sin que ello deje de significar que la dimensión artística de la misma lleva aparejada una dimensión ética. Lo comentaremos de forma más detallada en otra ocasión.
Tercero, ¿se contrasta la información?
Evidentemente, desde el momento en que se ha tomado partido e interesa utilizar cualquier información para minar la imagen de un país al que se considera enemigo, no.
Cuarto, ¿se inventa la información?
Este es un punto importante, debido al supuesto respaldo que una imagen da a cualquier hecho. Grosso modo, si hay imágenes, lo que se cuenta es verdad, si no las hay, no ha sucedido. Hace catorce años la manipulación de una fotografía no era el pan de cada día actual y el espectador no tenía motivos para suponer tal cosa. Mirándolo en perspectiva tiendo a descartar la manipulación por lo siguiente: las aseveraciones, comentarios, editoriales, artículos, intervenciones en programas de radio, televisión, etc. obviaron de manera tan brutal el punto de vista serbio que ni aun teniendo una justificación plausible y comprensible (¿un error? ¿daño colateral?) para el bombardeo se les hubiese dado voz. La satanización venía de lejos y estaba premeditada, por lo que este detonante iba a ser aprovechado en este sentido, ocurriese antes o después. Y en caso de no ocurrir sería inventado, claro, ya tenemos experiencia sobre el tema, con Pearl Harbor mismamente.
Quinto, ¿tiene la imagen de la masacre una pretensión artística?, ¿y en qué sentido se utiliza ésta?
Podríamos dejarnos llevar por el apasionamiento (político, social, humanitario…) y decir convencidos que no tiene pretensión artística, que la imagen refleja un hecho que suscita por sí mismo sentimientos de dolor, provocados por una natural compasión, sympathy, que se duele con el dolor ajeno. Bien, ¿y qué es el arte sino la creación y comunicación de expresiones y composiciones que suscitan los sentimientos de dolor y placer? (Kant dixit).
La imagen suscita un sentimiento que se acerca mucho al de lo sublime. El espinazo doblado y las tripas esparcidas por el suelo hieren la sensibilidad y repugnan, suscitan el horror del vacío de la muerte, de la finitud y debilidad corpórea del animal humano; al tiempo que provocan la admiración racional ante el poder de destrucción del armamento bélico, la capacidad aniquiladora de los ejércitos y la tremenda sencillez y facilidad con que se ejecuta. Zas, de un día para otro, a la hora del desayuno, hemos abierto las tripas de una decena de seres humanos. Tenemos fotografías tomadas con gran angular, con ojo de pez, grabaciones televisivas, y hablamos sobre ellas, comentamos. Si lo pensamos bien, no se diferencia mucho de la época en que solo había un canal de televisión y las películas y series amenizaban el recreo del día siguiente (algunos afortunados escapaban incluso del control parental de los dos rombos y ponían los dientes largos al resto).
Sexto, los valores de fondo (los valores de principio), se confunden. Quiero decir con esto que la “moraleja”, “enseñanza moral”, los “valores” que se ensalzan tras contemplar la imagen y el titular siempre van a reforzar los valores que desde un principio defiende el que los publica. Se produce un reforzamiento por repetición, por el simple hecho de la selección de lo que se muestra. No hay equivocación posible ni discusión, la reflexión no llevará a otro lugar, no se examinarán los contrarios, ni para ejercitar la mente o reforzar la posición propia por contraste.
Aunque se salga un poco de la reflexión sobre lo cinematográfico y artístico que lleva a cabo Kinodelirio, no dejaré de señalar con placer la ironía que provoca el uso utilitario de una imagen, una guerra, en un momento concreto, y el giro de 180 grados, el alejamiento aterrado que se puede producir al cabo del tiempo cuando se contempla la secesión apoyada antaño como una posible justificación para secesiones en la propia nación. “Que inventen ellos”, atribuía Unamuno a la idiosincrasia española; “Que se independicen ellos”, diría el ABC.
Vaya, me acabo de dar cuenta de que todos estos párrafos hablan de una imagen que no he llegado a mostrar. Disculpad. El hecho es que he estado buscando la portada de la que hablo, la arranqué y guardé en una carpeta con otra serie de recortes, entre ellos una imagen de Claudia Schiffer en blanco y negro y decenas de consejos dominicales sobre el billar. Pero no la he encontrado. Y creo que se debe a que la tiré.
Llegó un momento en que tomé conciencia de lo que significaba esa imagen y lo que suponía periodísticamente, y decidí no guardarla. No es que me avergonzase de mí mismo por haber creído en ella, en el mensaje que transmitía, por haber cantado el Cara al Sol fotográfico, simplemente decidí no mirar. Elegí la forma más fácil de no acabar con una úlcera, de no deprimirme y de no enfadarme. Y para ser sincero la verdad es que surte efecto; “ojos que no ven, corazón que no siente”. El caso es que con el tiempo uno le pone un dique a la expansión emocional, y es capaz de escribir cosas como ésta sin darle la mayor importancia.
Ya lo señalaba Roberto en una entrada anterior, pero me apetecía darle una vuelta por mis gafas de visión nocturna. Se podría resumir así: “cuando ver es comprender, elijo no mirar”. Qué frase más bonita.
Ale, hasta la próxima, no os olvidéis de darle de comer al gato y gastaros 141 euros en las rebajas.







Creo que recuerdo la fotografia. En todo caso me he puesto a googlear en su busqueda y nada. Por ahora.
Purgaba periodismo por esos años y creo que esa imagen protagonizó algunos minutos de esteril radiografía ética del periodismo, sus deontologías perdidas y demás bla bla blas..
¿Conoces un libro que se llama “El segundo frente; censura y propaganda en la guerra del Golfo” John MacArthur?
Me viene a la mente no solo por este post sino por el anterior de esta serie. Trata de cómo los medios trataron (manipularon) la información de la primera guerra del golfo. Muy interesante la versión que da del servilismo periodistico en tiempos bélicos. Como ser un patriota y a la vez parecer un honesto periodista.
Lo lei cuandos preparaban la segunda guerra contexto que añadía más hiel aun a la lectura.
Saludos.
Comentario por Pablo — Enero 14, 2008 @ 13:46
Hola,
Sí, a mí siempre me ha parecido bastante repugnante esa actitud que une patria con pudor iconográfico, fotográfico en este caso. No nos importa enseñar tripas africanas, japonesas o serbias, pero ni por asomo unas de Teruel, Salamanca o Bilbao… o Nueva York.
Otra cuestión es invadir de esa manera la intimidad de una persona por muy muerta que esté o por mucha noticia que haya que contar. Del mismo modo que esa persona no consentiría en dejarse fotografíar mientras va al servicio o hace el amor (tal vez fornique, según algún obispo) en su casa, salvo gustos especiales, no creo que le gustara un pelo verse con los intestinos fuera. No olvidemos lo mal que sienta y lo poco educado que resulta a veces observar fijamente a alguien; y si algo hace la fotografía en estas situaciones es precisamente eso.
Pero claro, volvemos a lo de siempre: la fascinación y pulsión de mirar frente a la incomodidad de sentirse observado. Observar situaciones extremas sin sufrir sus consecuencias más directas: profilaxis.
También es comprensible que se reaccione hacia ese sentido cuando media la prohibición, desde la mitología clásica (Orfeo-Eurídice) a las religiones (Lot) pasando por la familia (¡no mires eso!), siempre asustando, reprimiendo y azuzando los fantasmas del miedo icónico. Y en ello seguimos, a impulsos y sin encontrar compromisos más o menos estables; tampoco creo que sean imprescindibles.
De cualquier manera, conviene pensar sobre ello, elegir mirar o no como dices si existe la opción y sobre todo preguntarse por lo que rodea a la imagen si decidimos mirarla: cómo se ha llegado a eso, quién interviene, por qué, etc.
Un saludo.
Comentario por Roberto Amaba — Enero 14, 2008 @ 20:36
Buenas,
Yo también estuve buscando la portada y no la he localizado, igual pregunto directamente en ABC, a ver si su hemeroteca es accesible.
No conocía ese libro, gracias por la recomendación, Pablo. Tengo leído varias veces uno muy interesante de Michelle Collon: Monopoly, la OTAN a la conquista del mundo.
http://www.hiru-ed.com/COLECCIONES/INFORME/informe11.htm
En efecto la represión es la mejor manera de forzar un comportamiento en sentido contrario. Llegan a surgir verdaderos maestros en el arte de fomentar el tabú con una mano y romperlo con la otra.
Un saludo
Comentario por Jacobo R.A. — Enero 14, 2008 @ 23:42
La fotografía la llegué a ver a baja resolución y en blanco y negro, no recuerdo el buscador, Google o Yahoo; las búsquedas las hice en inglés.
Otro libro es el célebre “The Gulf War did not take place”, de Baudrillard, el que cita Pablo no lo he leído, pero ya está apuntado para el futuro.
Un saludo.
Comentario por Roberto Amaba — Enero 15, 2008 @ 0:30