El monolito de 2001 explicado a los niños


Ignorando el irónico y lyotardiano título que encabeza este juego, la apertura de 2001: a space odyssey (Stanley Kubrick, 1968), El amanecer del hombre, nos ofrecerá en principio una docena de planos. Grandes planos generales y estáticos del paisaje en el que transcurre la acción, a excepción el décimo, que introduce una leve panorámica que acaba por reencuadrar el horizonte. Todos ellos se esparcen por una pantalla dentro de la cual sólo existirá un dominio: esa línea del horizonte. El escenario está dispuesto y en él vemos la vida cotidiana de primates, tapires y felinos. Su única expansión posible es a ras de tierra, sus acciones discurren a lo largo de esa dimensión, no existe opción alternativa para unos habitantes sometidos a la atracción gravitatoria de esa naturaleza:

El hombre se ha movido desde el principio en un plano horizontal. De ahí que su capacidad óptica se oriente predominantemente en anchura, dado que la zona de peligro se hallaba siempre a los lados (…) el movimiento del hombre discurre casi exclusivamente en horizontal (…) una medida concreta, algo que se puede controlar, dominar y andar.1

El rigor científico del episodio se sustenta sobre todo en un aspecto plástico que contiene el peso de una historia y una sociedad en su primer estadio. El discurrir de esa existencia animal ha alcanzado, en ese momento, un grado incipiente de desenvoltura en cuanto a acción y conocimiento, que será necesario superar para poder dejar atrás el sentimiento de la extensión y el horizonte como confín. Éste pasará de muro insalvable y delimitador a meta abierta por traspasar.

El amanecer del hombre

Todo se desarrolla, entonces, a un mismo nivel embrionario, en el suelo y bajo el peso del cielo dentro de una primaria capacidad de adaptación y acomodo. La concepción visual de la situación recurre de manera indiscutible a la explotación lateral y horizontal que ofrece el formato de la película, un poder apaisado de la pantalla que queda claramente reforzado con su contenido. La retórica horizontal reina y al mismo tiempo limita a sus habitantes. De la hipertrofia de la forma percibimos el estancamiento de los homínidos que la pueblan. La renovación y la evolución se hacen urgentes, aparece el célebre objeto negro, el monolito. Busquemos valores derivados de tal aparición.

El punto de partida, irrefutable, es el objeto en sí mismo, su condición material, y luego, nuestra percepción de esa materia mediante su disposición en el cuadro. El objeto es un paralelogramo rectangular, como la propia pantalla en la que lo vemos, pero su colocación en el espacio le hace entrar en conflicto directo e inmediato con ésta y con las representación interior que enmarca. Se clava, horada la tierra mientras se proyecta y penetra hacia lo hasta entonces prohibido y restringido por el peso gravitatorio: el aire, el espacio sobre sus cabezas.

La resultante plástica es tan evidente como decisiva, pasando del dominio sabido a la ruptura visual del mismo a través de una lucha de fuerzas palpable, ambas han hecho de su materia-forma su poder, es decir, geometría y abstracción.

Monolito

Del conflicto, del enfrentamiento y de la variedad introducida deviene la evolución. El contenido y el sentido de ese progreso admite interpretaciones y símbolos varios empero, sobre este aspecto, la literatura será tan extensa como incompleta, en cuanto se anula por sistema la particularidad que provoca tales sucesos. El enfrentamiento surgido con la aparición del monolito viene a renovar lo establecido, lo impulsa y lo hace avanzar, del choque positivo entre ambas formas -actividad y pasividad-, de su suma, se obtienen los resultados. Considerar como el generador de una nueva forma de vida a este objeto será superficial (la condición fálica es evidente), un simple dato para la narración y para propagar interpretaciones, su auténtico valor proviene de la utilización geométrica dentro de un drama de implicaciones netamente visuales. En resumen: una dialéctica compositiva.

El proceso de hominización que separó al hombre del mundo animal se caracterizó por su nueva estación vertical y su marcha erecta, que es además la antítesis de la horizontalidad rastrera de la serpiente.2

La potencia de este sistema aumenta con unos encuadres que permiten observar, casi siempre en este pasaje, bien la parte superior o la inferior del objeto, sin cortarlo. Las terminales poseen idéntica capacidad activa, una impulsa y otra hiere, la eventual castración ejercida por el marco no funcionará ante esta dualidad.

Monolito tierra

Dos apuntes más que ofrezcan información necesaria. Primero, el objeto es negro, tal condición le otorga un aspecto negativo a nivel simbólico, la privación de la vista o ceguera, pero a nivel físico y formal su valor es preferentemente positivo al poder absorber todo un espectro de luz. Tiene condiciones, por lo tanto, para aglutinar una de las fuentes indispensables de vida. Y segundo, el cuerpo es tridimensional y su ubicación en el espacio fílmico (posición y ángulo) se empeñará en demostrarlo. Surge así una nueva dimensión dentro de un espacio que la estaba negando de manera vital, tanto en el interior dramático como en el exterior mediante la propia forma de la pantalla (la eterna bidimensional). Logros estéticos que hacen palidecer los mecánicos, como la intención dreyeriana de acceder a una dimensión que pasase por encima de una hipotética tercera, una cuarta dimensión marcada por el tiempo.

Así, la elección (en muchos casos imposición) de un formato específico para rodar una película puede encontrar justificación simplista en la adecuación entre tema y forma, sin hacer otra cosa que repetir una larga tradición pictórica que ya hacía tiempo se había atrevido a transgredir semejante traba. En esta película en particular se pueden argumentar ideas para tal elección en función de: el espectáculo inherente a la ciencia ficción, la rentabilización de un costoso despliegue de producción (maquetas y efectos ópticos), o de pedanterías tan corrientes como la necesidad de representar la grandiosidad del Universo. Múltiples vaguedades esclavas de la preocupación por el tamaño.

HAL 9000

La construcción geométrica de 2001 se extiende más allá de la dialéctica expuesta hacia un juego constante de abstracciones: la transmutación de la forma, líneas y trazos, a favor de un conjunto. Las alineaciones cósmicas se muestran como auténticas conjunciones (pantalla + planetas + monolito), las naves espaciales, no tanto en su exterior como en el interior, la amplia gama de sobreencuadres que juegan con la forma del objeto protagonista y, sobre todo, en la forma otorgada al computador HAL 9000, el último escalón de la ambiciosa evolución del hombre que se volverá en su contra. Una forma derivada de la mítica búsqueda de la imagen vitruviana en cuyo centro no aparecerá ahora la figura humana, sino su creación más avanzada y representativa: su álter ego informático condensado en un punto de luz.

El recurrente problema sobre la dificultad de percibir abstracciones o indicios de ésta en lo figurativo es un estigma en el espectador de la obra de arte, quien por el contrario buscará y reconocerá sin esfuerzo lo figurativo dentro de un espacio abstracto3 ; sobre todo en el medio cinematográfico y su poder rotundo en lo figurativo. El sistema geométrico comentado será de difícil integración y funcionamiento en un arte esencialmente dinámico y representativo en el que lo geométrico queda por lo general reducido a una condición más del aspecto visual, un adjetivo y no un sustantivo.

La habitación blanca

En el cierre del filme, durante la célebre secuencia en la habitación blanca, el esquema dialéctico vuelve a aparecer con toda su fuerza y con el mismo sentido, teniendo su culminación en la figura del hombre que, tumbado en la cama, recibe la postrera y redentora visita del monolito cual erección matinal. El ciclo vital vuelve a fluir.

Las aventuradas interpretaciones sobre estos hechos han aireado el protagonismo del significado sobre el significante, y en ello evidenciaron su cojera. Cualquier conjetura puede tener cabida sobre cierta base coherente, pero no se puede olvidar el punto de salida inevitable que aquí hemos tratado de describir. El acceso a una conciencia humana superior que permite el avance y desarrollo del ser, la proyección material de un estado interno-mental del homínido, un enviado de otra esfera, la intervención de dioses o extraterrestres, Chiquito de la Calzada bailando un vals, creacionismo o evolucionismo, el falo de Obama… Cuentos que nacen de un mismo objeto y de su especial presentación en el cuadro. Habrá que empezar, pues, por el ¿qué es? antes de por el ¿qué significa?

  1. Frutiger, Adrian: Signos, símbolos, marcas, señales, Gustavo Gili, Barcelona, 2000, p.18 []
  2. Gubern, Román: Del Bisonte a la Realidad Virtual. La escena y el laberinto, Anagrama, Barcelona, pp. 80-1 []
  3. Rudolf Arnheim mantendrá la idea contraria. Para él y “tras medio siglo contemplando arte abstracto, nuestros ojos se han acostumbrado a apreciar el impacto físico y visual de una acción llevada a cabo por formas puras”, El poder del centro, Alianza, Madrid, p. 130 []

6 comentarios para “El monolito de 2001 explicado a los niños”

  • ismael dice:

    Soberbios recordatorios sobre el poder (la preeminencia) del significante, con los que, obviamente, no podría estar más de acuerdo.

    Curiosamente, cada vez me intriga más la abstracción geométrica literaria, que tanto abunda aunque no se dé sino en clave de sinestesia (o de metáfora). Deberíamos hablar un día sobre la proyección geométrica en sistemas, como señalas, dinámicos (el cine, la novela). O más bien hablar tú, y escuchar yo.

    ¿Chiquito de la Calzada bailando un vals? A esa no había llegado.

    Un abrazo

  • La abstracción y los sistemas geométricos en literatura y cine. ¡Recristo! qué gran tema para bajar la acidez de una sobremesa, o directamente para echar a parientes y demás visitantes no deseados de casa.

    Yo creo que estaría genial hasta para abrir un telediario: “Buenas tardes, conectamos con la entrada del Tribunal Supremo donde un joven es juzgado tras irrumpir – visiblemente ebrio y agitando sobre su cabeza un DVD de 2001: una odisea del Espacio – hace un par de días en el pleno del Congreso de los Diputados al grito de: “Geometría y Abstracción… y el Plus pal’ salón”.

    Un abrazo.

  • David_Holm dice:

    Me ha encantado el prometido artículo del monolito (¿venía del arranque de Kinodelirio o todavía de El maquinista de Treblinka?), más allá de la explicación para la infancia (“Papi, ¿qué es lyotardiano?, ¡paaapi!, ¿qué es dialéctica compositiva?, ¡paaaapi!…”), me quedo con eso de empezar por el ¿qué es? antes de por el ¿qué significa?. De hecho, 2001 me encanta por el qué es. Muy acertado el símil monolito-erección matinal y sin palabras ante lo del telediario, desde luego no estaría nada mal.

    Saúdos

  • Hola, qué tal David H.

    Esto venía ya de aquí, pero de antes del verano me parece, pero es que los putos meses pasan de una forma que, a mí por lo menos, me da pánico.

    Esto para cuando tengas tiempo y ganas:
    http://www.agapea.com/libros/La-posmodernidad-explicada-a-los-ninos–isbn-8474322669-i.htm

    Un saludo y gracias por gastar algo de tiempo y algunas letras por aquí, se agradece.

  • Leo Borchard dice:

    Ya había perdido la esperanza…
    ¡Existe Vida Inteligente en Internet!

    Muchas gracias por el artículo.

    Saludos

  • Hola, qué tal Leo,

    Es que aquí también se apareció una mañana legañosa el monolito y voilà. Bueno, o eso o que el formato vertical del blog dentro de un monitor panorámico casua el mismo efecto.

    Un saludo y muchas gracias por la visita.

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