Canción de hielo


Continuando en parte la entrada anterior, resulta curioso comprobar cómo la fotografía, digamos polar, recurrió una y otra vez al sobreencuadre a través del hielo. Personas, barcos o animales, vistos a través de las diferentes y caprichosas formas que podía adoptar éste. Puede que para algunos resulte un énfasis innecesario, mientras que para otros tal vez sea la manera normal de utilizar el elemento más representativo del paisaje. El caso es que dio muy buenos resultados y la Gruta de Ponting pareció quedar como un referente inevitable al que acudir siempre cuando uno se quedaba en el polo con una cámara en el equipaje. Junto a las imágenes que hacen del horizonte su motivo, el sobreencuadre helado es la composición más repetida.

La desolación de esas instantáneas donde el inabarcable blanco termina despegando hacia el azul, quizá empujado por alguna ventisca dibujada en los cristales de hielo levantados, despliegan su gran capacidad para el símbolo y el sentimiento desde la abstracción. Y como ya sabemos que ésta a menudo es huidiza y poco comprendida, la plástica del encuadre a través de los objetos aparece como una salida más figurativa, con mayor grado narrativo desde un primer vistazo. En cualquier caso, ambas fórmulas, tanto la del horizonte que, según convenga y cada seis meses, impide descender o emerger a la tímida de bola de calor, como la del hielo en funciones de envoltorio inevitable, resultan fascinantes.

Puede que otro día hablemos de las primeras, de aquellas que demuestran que fotografiar cielos sin nubes también tiene su dificultad y que, al tiempo, son un buen ejemplo de cómo el celaje ha sido algo más que un simple complemento en la historia de las imágenes, en especial en la pintura, y no sólo en la paisajista. Pero, ahora, nos quedamos con la gruta y el hielo como esa especie de arquetipo visual magnificado en la célebre fotografía de Herbert Ponting.

En la primera imagen vemos el Aurora, el barco que daba nombre a la expedición australo-asiática recordada por la aventura de Douglas Mawson ya comentada en el último artículo. Realizada en diciembre de 1913 por Frank Hurley, emplea la lengua del glaciar Mertz (el último compañero de Mawson) como apropiado marco al navío anclado en aguas de la bahía de la Commonwealth.

El Aurora, Frank Hurley 1913

O de nuevo el Terra Nova retratado por Ponting, esta vez fuera de la gruta pero igual de acosado, falsamente (juego entre los dos términos gracias al empleo del foco), por el hielo desde estribor, o babor, vete a saber.

Terra Nova

Y rematando el trío, el Endurance, también fotografiado por Frank Hurley pero unos añitos más tarde, durante la expedición transantártica de Shackleton.

The Endurance, expedición transantártica

Para concluir, la ficción, un fotograma de una extraña película coreana titulada Namgeuk-ilgi (Antarctic Journal, Yim Pil-Sung, 2005) con sobredosis de fantasía. Una vez vista parece evidente que no sabían que la fantasía polar, en todos los sentidos, ya se encuentra en cantidades elevadas sin necesidad de montar un circo de ocho pistas con fantasmas incluidos. En cualquier caso, de nuevo el mismo recurso para el encuadre, esta vez elíptico y más reconocible desde su regularidad geométrica que encima acompaña a un gran formato panorámico.

Antarctic Journal, 2005


2 comentarios para “Canción de hielo”

  • jesus cortes dice:

    Me ha gustado mucho este díptico, Roberto.
    Me gustaría leerte algo sobre Flaherty.
    You seem the right man to

  • Hola, qué tal Jesús,

    Me alegro de que te interese, a mí el tema me encanta pero por desgracia ahora no puedo dedicarle mucho tiempo. Es de ese tipo de cosas de las que te gustaría disfrutar, por ejemplo, con buenas ediciones de libros con sus fotitos y tal, acostumbrados como solemos estar a las ediciones de guerrilla y de segunda o tercera mano.

    Ya veremos lo de Flaherty, nunca se sabe :wink:

    Un saludo y muchas gracias por la visita.

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