¡Que vienen los zombies! (2)


Las imágenes fílmicas comerciales se elaborarán, dentro del contexto visto en la entrada anterior, de acuerdo a un tipo muy codificado, con un carácter que exaltará como rasgo principal su muralidad. Y se hará mediante acciones destinadas a la consecución de una cierta lozanía icónica como no podía ser menos en la época de la masificación de las operaciones de estética:

Eliminación de cualquier tipo de residuo, de huella o de imperfección material.

Al mismo tiempo las posibilidades de manipulación extrema vía software nos llevan a idéntico camino que el comentado sobre el saber-opinión y verdad. Es decir, dado que existen innumerables formas de retocar la imagen ¿por qué no hacerlo? es más ¡hay que hacerlo! Esta búsqueda sin descanso de la asepsia es realizada en buena medida por el imaginario colectivo y no sólo por los sectores creativos o industriales. Tal vez proyectando en la tecnología un prurito de fiabilidad extrema ante situaciones de inseguridad. Un ideal mecanicista de la perfección donde los defectos deben ser eliminados o al menos estar maquillados. En esta era de inflación icónica, que ha llegado a conformar una hiperrealidad, somos blanco fácil del engaño: la imagen es empleada masivamente como documento (con crédto de verdad) cuando paradójicamente más se está perdiendo ese valor.

Pero esto no debe conducirnos al camino de lo esotérico, tampoco al de la conspiración, simplemente al de la crítica y el análisis y si estos se descubren como insuficiente o innecesarios simplemente callar, punto éste en el cual empiezan la deriva esotérica y la conspiración malsana. Todo puede ser dicho con y sin imágenes, todo puede ser hecho con ellas hoy en día, pero tal vez todo no se deba hacer.

Así, en el plano extrictamente metalingüístico un filme como “Decasia: A State of Decay” 1 (y similares) aparece como una auténtica película-zombie. No es de extrañar el auge, fuera de los círculos comerciales, de los ejercicios en esa dirección, el reciclaje y el found footage como oposición necesaria a la blockbusterización y sus imágenes impolutas, panópticas, maquilladas sin huella a base de layers y layers invisibles.

Esta problemática en las imágenes que nos rodean tocan un punto fundamental del mundo zombie, un aspecto crucial para que hayan regresado con fuerza y aunque nos parezca mentira, cargados de poder didáctico: El zombie come carne humana y se despacha a gusto con las entrañas rara vez visibles del ser humano corriente. Conociendo como conocemos el marco iconográfico y cultural del momento ¿cómo es posible que el zombie “triunfe” mostrando lo que es considerado tabú en la sociedad actual, el desecho, la suciedad, etc?

Una primera aproximación no relacionada con esto lo podemos ver en las tendencias de la moda masculina, absurdas y banales, sí, pero por desgracia presentes e influyentes en la iconosfera. La ridícula propuesta de la metrosexualidad estalló junto a las perfectas cristaleras del WTC hace años, usted si desea ahora pertenecer al nivel más cool de la masculinidad retratada por telediarios y prensa debe ingresar en el colectivo de los Dirty Chic. El desaliño nunca mejor aliñado, la suciedad más pulcra; pura aporía como cualquier idea asociada al “mundo de la moda”.
Nos sirve al menos este apunte para entrever la grieta por la cual intenta aparecer la roña en un mundo donde está proscrita y donde se necesitan seres con valor y capacidad de verdad para mostrarla: los zombies serán más honestos que cualquier galán de turno con la camisa arrugada y con barbita de tres días.

Recurrimos de nuevo a George A. Romero2 para apoyar la hipótesis sobre la necesidad de incorporar al zombie como figura valiosa para la pedagogía:

Los zombies se han hecho tan populares como los vampiros, que llegaron a contar con su propio muñeco en Barrio Sésamo. Quizá la semana que viene introduzcan en Barrio Sésamo un muñeco zombie.

Aunque tal vez no sea el mejor momento de dar peso a estas declaraciones cuando en EE.UU han calificado la edición en DVD del programa infantil citado como contenido para adultos,3 difícil pues que en su particular baremo quepa un zombi como fiel compañero en la educación de sus hijos.
El mundo zombie, entonces, percute de manera decisiva sobre una serie de aspectos que aquí consideramos fundamentales:

* Cuestionamiento de la imagen como elemento mural y aséptico recurriendo en ocasiones al juego de texturas, de formatos y soportes.
* Cuestionamiento de la imagen como elemento asociado a la verdad y a la información (que no son equivalentes).
* Subvertir el orden común en los protocolos morales y éticos establecidos en el individuo.
* Elemento valioso para la crítica de las estructuras sociales y políticas: familia, comunidad, trabajo y gobierno.

Cabe destacar ahora el tercer punto, al que la actividad zombie afecta directamente: en sus películas muchas escenas violentas son explícitas, se ve con total claridad cómo devoran la carne, las vísceras arrancando miembros y cabezas. Esta necesidad o no de mostrar tiene su razón de ser en nuestro tiempo. El despliegue de casquería en sí resulta fundamental y de simple pornografía deviene acto moral para el receptor.

Tragarse vivo a otro ser humano y no digamos verlo, es en esencia y desde su nacimiento un ataque directo a la idea del ser humano como algo superior, a sus modelos y convenciones, a la búsqueda enfermiza por evitar lo que no conviene, el dolor, la fealdad. Tan cursis somos hoy en ese sentido que nos gustaría perfumar los excrementos, de los cuales renegamos como si no fueran nuestros, como si fueran de otro.

El zombie es un agnóstico que no entiende de trascendencia ni de religión (más ahora con el reflote de las religiones como elemento público y activo). El humano no es ni siquiera devorado por un animal, lo es por un semejante, uno con la inocencia de un niño4. El zombie desmonta los conceptos de Comunión y de Resurrección: para él no hay nada más allá de la carne mientras para nosotros ya no la religión sino la ética es trascendental. 5

Podríamos concluir aquí que estos elementos son el núcleo para determinar el grado de subversión zombie dentro del siglo XXI, a partir del cual se expande el resto de su acción hasta llegar a los lugares de poder y convivencia. Así y atendiendo a las palabras de Joe Dante6: “Desde los años 30, las películas de zombies han servido como metáfora política“. Este último punto junto a la aclaración de ideas pendientes serán tratados en las siguientes dos entradas, dedicadas a reseñar de manera breve una serie de películas que durante el último lustro han traído de vuelta a los zombies cuando nadie podía esperar semejante compañía.

  1. Película dirigida por Bill Morrison: http://www.decasia.com/ []
  2. Jordi Costa entrevista a George A. Romero, El País, 7-10-2007 []
  3. Barrio Sésamo tenía dos rombos, El País, 23-11-2007. []
  4. El niño y el zombie se encuentran en lo que se denominó la fase anal freudiana (18-36 meses), el niño empieza a tomar control sobre los esfínteres y cree que los excrementos son una parte más de su cuerpo, no los consideran ni repugnantes ni ajenos, juega con ellos y puede hasta ingerirlos. La figura del niño-zombie que se ha hecho indispensable en la imaginería cinematográfica del género no por redundante deja de ser efectiva. []
  5. “Es claro que la ética no consiente en que se la exprese. La ética es transcendental. Ética y Estética son uno y lo mismo.”
    Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus, Tecnos, Madrid, 2002, pág.269. []
  6. Jordi Costa entrevista a Joe Dante, El País, 9-10-2006 []

2 comentarios para “¡Que vienen los zombies! (2)”

  • Hatt dice:

    Supongo que lo dicho por Dante va en la línea de su historia para el Masters of Horror y, expecialmente, para Romero en su conjunto, ¿no?.
    Lo que no me quedaría tan claro sería el zombie en otras filmografías como la italiana (¿o quizás se podría relacionar con la corrupción política y el mundo de la mafia?).

    Un saludo.

  • Hola Hatt,

    Sí, es a propósito de Masters of Horror aunque también cita obras anteriores, lo veremos en la última entrada. Lo que está claro es que no podemos encontrar en cada película de zombies cierta profundidad, hay montones de productos infames sin valor a ningún nivel y la producción italiana (muchas eran coproducciones) tal vez se llevaría el primer puesto en número o porcentaje. De todas formas sería cuestión de repasar algunos títulos con más detenimiento porque obviamente no conozco muchas de ellas.

    Lo que más nos interesa ahora es la relación con el contexto actual y ahí sí podemos ir viendo relaciones más o menos constantes.

    Un saludo, gracias.

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