Ritwik Ghatak: Bari Thekey Paliye
También conocida como The Runaway Kid (para los que no sepan bengalí: “El ’shiquilloh fugitivo”), quizá sea éste el film menos agradecido de Ghatak, más difícil de seguir a pesar de, o quizá debido a, la simplicidad de su argumento y la repetición de su mensaje.

La historia es la siguiente. Un niño travieso, cuyo estricto padre cree a pies juntillas en aquello de “la letra con sangre entra”, se escapa de casa temiendo represalias por su última golfería. El triángulo familiar recoge la composición clásica de padre severo y distante, madre cariñosa y sobreprotectora, que le perdona todo a su hijo, y chaval aventurero, algo sensible y bastante espabilao. El padre representa el rechazo de la modernidad, del olvido de las costumbres y la sustitución de la ciudad por el campo y la consiguiente aceleración de la actividad vital y el desapego de la propia vida con respecto a la naturaleza (no ya como entorno medioambiental sino como conjunto de las necesidades del ser humano en su relación con el medio).
El chaval se va a Calcuta en busca de fortuna, o lo que es lo mismo, con la cabeza llena de pajaritos (recordándonos al protagonista de Nagarik) y lo que encuentra es una serie de personajes que le mostrará los diferentes aspectos sociales de Calcuta.
“Aspectos sociales”… menudo eufemismo. Más bien la miseria y pobreza económica y espiritual en diferentes grados, la desesperanza, la desesperación, la maldad… y una lírica contrapartida bondadosa que impregna el ambiente de manera tan… tan… cómo decirlo… ajena, periférica, outsider, exogámica, pero al mismo tiempo necesaria, inevitable. Diríamos que la bondad y el acogimiento hacia nuestro protagonista, uno de los más débiles habitantes de la ciudad (un niño), supone un efecto secundario, y secundario en todos los aspectos, de la concentración brutal de millones de personas en un mismo lugar, todos luchando por la supervivencia, de la segregación de Bengala, de las decisiones políticas que siempre relegan al ciudadano, o mejor dicho, al habitante, al último lugar y a sus necesidades vitales a un plano secundario, esa secundariedad de la que hablamos que surje de forma necesaria pero que se trata como un apéndice de la existencia en sociedad.
La película es deprimente. Hacia la mitad llega un momento en que te preguntas cómo es posible todo esto, cómo es posible tanta miseria, tanta desesperanza, bajeza, tanta tristeza… tanto gris.
Hasta ese punto las andanzas del chaval resultan aburridas, las escenas resultan corrientes y el exceso de documentalismo resulta pesado. Tanto que llega ese momento en que la película resulta deprimente. Como un paseo por Calcuta, supongo.
Porque efectivamente, en ese momento dejas de considerar la película una “película”. Tu estado de conciencia se altera (lo mismito que si comes unos hongos psicoactivos) y empiezas a tomar en consideración la representación como algo real. A partir de entonces la narración se hace más ortodoxa, de manera que la fuga de atención que se acaba de abortar encuentra salida en una huída hacia adelante, facilitada por un mayor lirismo y una mayor emotividad, llevando al film hacia su conclusión por una senda casi totalmente libre de espinas.

Se ha presentado el tema principal, (¿que quizá no hayamos todavía señalado?) la miseria que la partición de Bengala ha traído a sus habitantes, se ha echado mano de diversos personajes para ratificar la importancia del mensaje, se ha mostrado en imágenes y se ha declamado de forma ciertamente impactante a la memoria, y de aquí en adelante haremos un par de recordatorios gracias a personajes adicionales, y lo demás será la añoranza de la madre, cuya incluso superficial interpretación psicológica remite de nuevo al dolor por la división y la añoranza del país completo y humanizado.
Otro aspecto susceptible de reseña en este film son las frases profundamente sentidas (y llenas de sentido) que profieren algunos de los personajes. También en este caso recalcando el leitmotiv de toda la obra y vida de Ghatak: el lamento por la partición de Bengala y la situación social de la región.
Al poco de llegar a Calcuta, después de conocer a Horidas (una especia de payaso-clown-cuidador de niños) y de escaparse de la banda de secuestradores, Kanchan (nuestro chaval) se encuentra con una vieja. La impresión inicial es engañosa, la mujer parece estar loca, recorre las calles buscando niños de la edad de Kanchan, quizá sea una secuestradora. Se porta bien con nuestro protagonista, le da de comer y le ofrece cama para descansar. Entonces nos enteramos de que hace esto para encontrar a su propio hijo, que también escapó de casa.
Antes de salir a patearse de nuevo las calles, nos deja esta frase: “el mundo se ahoga en los pecados del hombre”.
En sus andanzas por la ciudad Kanchan se mete en una boda en la que conoce a una chiquilla más o menos de su edad, terminan haciéndose amigos y la chiquilla invita a nuestro fugitivo a su casa. En una escena estupenda, la madre de la chiquilla nos dice, contemplando la ciudad desde su azotea junto a Kanchan, “cuando se encienden las luces, es como estar entre dos cielos”. Esta frase nos devuelve a la confrontación campo-ciudad que ya le hemos oído al padre, pero en esta ocasión calificando como bello el efecto que la inmensa condensación urbana de energía, electricidad e iluminación de la ciudad de Calcuta tiene sobre el paisaje, el ambiente, la vida. La belleza de las construcciones humanas, apreciable a pesar de todos los demás efectos negativos que llegan a causar.
Hay una escena reseñable, a continuación si no recuerdo mal de la escena de la azotea, en la que vemos al padre, la madre y la chiquilla sentados en el salón escuchando la radio. Nada más encenderla se escuchan los sonidos ci-fi años 50 de bicho reptante que ya señalamos en Ajantrik (se ve que le gustaron y no desaprovechó la ocasión de encajarlo de manera un tanto forzada). El padre juega con la niña y la madre cose mientras se escucha en la radio una mujer cantando una canción. (Encontramos también en Ajantrik una escena semejante, en que el protagonismo lo adquiere una canción con voz de mujer, llena de lirismo; uno de los sellos de identidad de Ghatak).
Es una escena preciosa. El niño está alucinado viendo a la familia, el padre tan cariñoso con su hija y el ambiente tan apacible. Entonces se acuerda de su madre y se pone a llorar. Por primera vez en esta ocasión vemos a la madre no en una de las ensoñaciones del chaval, sino en su presente real. En este punto se ha producido un cambio, Kanchan ya echa de menos a su madre y quiere regresar, y la profundidad de esa acción se ve reforzada por los planos de la madre y su añoranza, mientras escucha en la radio la misma canción que hace llorar a su hijo (El precioso impacto de este efecto en general se diluye en otros films cuando su uso se convierte en nexo de unión entre historias diferentes y personajes no relacionados entre sí, y explota por sobreexposición con la típica transición plano de chica llorando-plano de chico triste, o similares).

“¿Por qué hay tanta infelicidad en esta ciudad?”
Alcanzamos el punto más lleno de sentido de la película. No sé si el hecho de que una pregunta acapare el sentido de un film lo convierte en… cómo diría… problemático, difícil de digerir, exigente. Pero el hecho es ese, el sentido, la intención, el planteamiento, el mensaje, la exposición del film consiste en una interrogante, en una hipérbola o una parábola, una figura que no se cierra a sí misma. Resulta extraño, ligeramente perturbador y desde luego sarcástico que en esta parte del film los sonidos y rayaduras del celuloide que contiene la imagen y sonido de la película se hagan muy patentes, y que los desenfoques y rayas verticales consigan distraernos por unos momentos.
Dos imágenes contrapuestas van a dotar de simbología el final del film. El pájaro atropellado en el suelo, después de que a Kanchan le hayan robado los zapatos y haya decidido por fin huir de Calcuta, y el cisne del lago, en el encuentro final con Horidas, el pequeño atisbo de esperanza para el futuro ante el presente aciago.
P.D. Es curioso, en esta web catalogan este film de Ghatak como “comedia”. O yo me he perdido algo o los indios tienen más sentido del humor del que yo pensaba.





