Ritwik Ghatak: Ajantrik
Es Ajantrik el segundo film dirigido por Ritwik Ghatak. El primero sin embargo en estrenarse, pues Nagarik habría de esperar a la muerte del director, ocurrida en 1976, para ver la luz junto con su último film, Jukti Takko Aar Gappo. Esto le supuso un grave inconveniente para asistir al estreno, claro.
El film comienza con la presentación de un sobrino y un tío, uno de otro, respectivamente, que intentan encontrar taxi para llegar a su pueblo, en el que está prevista la boda del sobrino. Ningún taxista quiere llevarlos porque la carretera es mala, y cualquiera se arriesga a que se le estropee la suspensión al coche. Un chaval que anda por allí como el resto de la humanidad, pasando el rato, presta oídos a las tribulaciones de nuestros primeros protagonistas y decide echar una mano llevándoles a ver a Bimal, un taxista especial que no teme carreteras de ningún tipo, especial no tardaremos en saber por qué. La mano que echa el chaval cuesta dos annas, por cierto, como no se cansa de repetir, y si bien el tío no parece muy propenso a dar ni un pavo al enano mocoso, los quejíos del sobrino y la perspectiva de una represalia dolorosa si no llegan a tiempo le hacen cambiar de opinión a medias (que termina dándole un anna, vamos).
Estas primeras escenas son estupendas. Las expresiones de estos dos personajes me hacen evocar la Comedia del Arte y el Circo. Son personajes arquetípicos, que reaccionan de forma exagerada, andando todo el rato con los ojos muy abiertos y ejerciendo de primer contrapunto para la aparición de Bimal.

En estos momentos vemos cómo el chico lleva al tío a través de un cementerio hasta la casa del protagonista, insertando el famoso plano de la campana de la iglesia en primer término y los personajes al fondo alejándose. Bueno, a lo mejor no era del todo famoso el plano, aunque espero que a partir de ahora sí.
Llegan a la casa, y mientras el niño advierte al tío de que no enfurezca a Bimal pues tiene muy mal genio, vemos a éste salir de la casa (choza más bien) tambaleándose borracho. El fantástico talento de Ghatak para la comedia reluce como siempre. El tío se lleva las manos a la cabeza mientras el niño, haciendo como de intérprete, habla con el taxista, éste pone un precio al trayecto que es rechazado con aspavientos, así que dándose media vuelta y sin otra palabra se vuelve a meter en la casa. Tremenda la capacidad de Ritwik para arrancar la carcajada y tremenda la necesidad del tío que termina aceptando el precio. Ya sólo nos queda conocer al otro personaje principal de la película, el coche: Jagaddal.
El coche es pa’ verlo, se parece al que tiene mi hermano; más de quince años, con pinta de chatarra, y el muy cabrón sigue arrancando a la primera y haciendo ruido sin importarle asustar al paria que se acuesta a un lado de la carretera. ¿A qué lado?, no sé, preguntadle a Van Morrison. (Dios mío, necesito un psicólogo pero ya.) Y no solo al paria, detalle humorístico que se repite de forma recurrente para dar consistencia al relato, también a los animales de cuatro y dos patas.
En este primer trayecto que vemos hacer a Jagaddal empieza a mostrar características antropomórficas. Por ejemplo lo vemos sediento echando vapor por uno de sus depósitos, hasta que Bimal le da agua. Estando parados y alentado por la belleza del paisaje, al amigo taxista le da por apoyarse en el coche y ponerse a cantar, y claro, a Jagaddal no le hace gracia y le golpea con un faro en la cabeza. En las siguientes escenas iremos viendo cómo la relación entre Bimal y su coche va algo más allá de la típica relación de un hombre obsesionado con su coche, al que cuida y trata mejor que a su mujer. Seguro que conocéis a alguien así. Yo os puedo presentar a uno. No roza el comportamiento obsesivo compulsivo, pero casi lo roza. He visto cosas que no creeríais…, como contar a lo homérico el terrible rayón que una puerta de garaje descontrolada le hizo al coche al bajar en un momento inoportuno, y al ir yo mismo a comprobar in situ los graves daños no saber dónde carajo estaba el rayón, invisible al ojo humano.

La gente se ríe de Bimal, diciéndole que debe ser una máquina, para llevar quince años con el mismo coche. Podría intentar hacer un análisis psicológico de Bimal, comentar un par de ideas que aclaren algo la razón de su cariño al parecer desmesurado por su coche, pero la verdad es que sería insincero y por tanto académico en el mejor de los casos y en peor de los sentidos posibles del término. Hay trazas de un cierto rechazo al consumismo, pero de forma ligera, claramente insuficiente como explicación. Volveré sobre el tema en un rato.
Llegamos al momento de aparición de unos nuevos pasajeros para Jagaddal. Un tipo con gafas de sol con pinta de vacilón, que se queda con la puerta en la mano cuando va a meterse en el coche, y una mujer. (Después diremos que no estamos influenciados por el machismo, al hombre lo acompaño de calificativos variopintos y oraciones subordinadas, y a la mujer la doy por calificada al escribir “una mujer”). Bueno, iba diciendo; en este viaje le acompaña el niño, llamado Sultan, detalle que no he mencionado antes porque me acabo de acordar. Intercala Ghatak algunos planos de paisajes por aquí, para darle un poco de vidilla al asunto. Un par de ellos muy buenos, un travelling lateral hacia la derecha en el que vemos al coche partir, que enlaza con otro travelling en un plano diferente, con el coche llegando.
La pasajera (guapísima por cierto) comenta entre risas lo bonito que se ve el cielo a través del agujero que tiene la lona que hace de techo del coche, para decir a continuación: “menudo desastre de coche”. La cara del niño y de Bimal es para verlas, jaja. Cuando llegan a su destino el pobre Jagaddal está que echa humo. Ghatak utiliza un efecto de sonido idéntico al de los platillos volantes y monstruos reptantes de las pelis de ciencia ficción USA años 50, añadiendo un toque exótico al asunto. Bueno, el toque exótico en realidad está en todos los efectos sonoros y visuales que antropomorfizan al coche y que de alguna manera lo convierten todo en una broma, en una especie de “Chitty Chitty Bang Bang” pasado por el filtro del realismo bengalí. La broma en realidad consiste en que la realidad no es ninguna broma.

El negocio decae. Los demás taxistas fardan de sus nuevos “dos caballos”, pero Bimal se niega a cambiar de coche. Los niños se ríen de él, le tiran barro y lo humillan. Gran escena en la que vemos a Bimal irse con la cabeza gacha. Está realmente colgado con su coche, es un tipo trastornado al que le falta un tornillo. Seguramente el mismo que le sobra a Jagaddal.
En el último tercio de la película se acentúa el punto de vista dramático, enlazando la historia de la muchacha, de Bimal y de Jagaddal, con el niño como sufridor en casa y el resto del pueblo como espectadores crueles del desenlace. Transpira el final de la historia un derrotismo suavizado por momentos ocasionales de lirismo; una escena de gran belleza, de noche, una mujer cantando…
Se va cerrando el círculo con el mismo plano del campanario de la iglesia, el mismo cementerio, todo igual, pero diferente.
¿Qué nos transmite la personalidad de Bimal?, ¿que razón tiene para su comportamiento?, ¿qué pretende Ghatak con todo esto?, ¿por qué está tan caro el gasoil? Responderé de la única forma que puedo, de la misma que respondió Warren Sánchez cuando le preguntaron por el sentido de la vida:
“Yo qué sé.”
Con esto y con todo, un gran film.







Hola,
Gran película para hacer una sesión doble con Abhijaan, de Satyajit. El tema este de los taxis debió ser casi un subgénero del cine indio, visto ahora parece bastante adecuado para representar temas sociales de manera amplia y hasta divertida en ocasiones. La de Ghatak es anterior y, con matices, bastante menos dramática que la de Ray. Las dos son muy buenas, aunque no lleguen a nuestra obra maestra castiza con el Fary dándole a la rosca: “Menudo es mi padre”. Ríete de Taxi Driver, de Ajantrik, de la otra y de Night on Earth.
Muy extraña la construcción narrativa, como en otras películas de Ghatak, digresiones, roturas del ritmo o de la historia “principal”, etc. pero nunca se le deshilachan, sabe introducir lo nuevo o retomar lo anterior con mucha habilidad: sentido del humor, profundidad psicológica y valor documental.
Grandioso el final con la bocina. Tiene análisis subterráneos posibles, está claro. En este sentido se puede enlazar, aunque tal vez de manera sesgada, con las visiones de Ozu entre pasado, presente y futuro de su país (tradición y modernidad) o con la eterna dialéctica entre individuo y sociedad, lo que uno puede y hasta debe ejercer o reservarse para sí mismo al margen de lo que flote alrededor. Porque ya se sabe que los humanos, en cuanto nos juntamos más de tres, corremos serio peligro de convertirnos en pelotón de atontados, cerriles y cobardes.
Un saludo.
Comentario por Roberto Amaba — Abril 24, 2008 @ 19:08
No le da mucha importancia Ghatak a la forma de narración convencional, no.
A mí me resultó especialmente curioso el episodio documental de las danzas folclóricas, y cómo retoma el hilo al hacer que los chavales le ayuden a empujar el coche hasta su pueblo. Y la entrada es tremenda, por un momento crees que el silencio se va a prolongar hasta un fundido o algo así.
Hasta luego.
Comentario por Jacobo R.A. — Abril 24, 2008 @ 20:40