Vincent Ward: el neozelandés bueno

Estos días he vuelto a ver la filmografía de Vincent Ward. Y lo hice tras descubrir que su última película, Rain of the children (2008), no estaba en ninguna de las listas que conocía sobre las mejores de esta década que está por terminar. Sí, porque aunque parezca mentira es del año 2008 y parece no haber generado ni una noticia medio seria. Desconozco si ha llegado a estrenarse de manera comercial en alguna ciudad o si fue programada por alguna filmoteca, lo dudo mucho. De sus ocho filmes, diría –bueno, lo dice la base de datos del Ministerio de Cultura– que sólo tres han sido estrenados aquí: The Navigator: a medieval odyssey (El navegante: una odisea en el tiempo, 1988), Map of the human heart (El mapa del corazón humano, 1992) y What dreams may come (Más allá de los sueños, 1998). Ni siquiera IMDb es capaz de listar todas sus películas, olvidándose de In spring one plants alone (1980). Nada extraño, todavía recuerdo que para conseguir sus primeras películas, en pleno auge del p2p y BitTorrent, tuve que pedirlas al único sitio donde estaban disponbiles en DVD: a Australia. Hoy, sin grandes alardes, tienen algo más de presencia en la Red.
Rain of the children, además de coser principio y fin de su minúscula filmografía, es una obra inmensa. Pero hablaremos luego de ella, ahora intentaremos conocer un poquito más a este neozelandés oscurecido por la fama de su colega Peter Jackson. De quien me puede interesar gran parte de su obra anterior a la infecta trilogía del Anillo, incluso los primeros minutos de King Kong (2005), la parte “convencional”, justo antes de los doscientos metros dinosaurio, el lanzamiento de liana y el salto de pterodáctilo.

State of siege
Pero sigamos con Ward, desde el principio. Con 21 años, en 1978, rueda State of siege, mediometraje que adapta una novela de su paisana Janet Frame. Una historia de fantasmas que pasa con asombrosa facilidad del costumbrismo local a la tortura mental de la protagonista. Todo en una casa de corte lynchiano, donde el patio trasero ha sido devorado por la maleza, los pasillos por la oscuridad y las salas por el inquietante recuerdo de la fallecida madre de la protagonista. El ambiente crecerá en agustia con una banda sonora dejada a los propios ruidos de la casa y la naturaleza, mientras que los diálogos quedarán guardados para una aterradora conversación telefónica. Aun notando por momentos lo amateur del rodaje y la juventud del muchacho, pocas cosas tan sugerentes habrán sido filmadas por alguien de su edad.
En 1980 filma otra pequeña –45 minutos– joya: In spring one plants alone. Documental elaborado a lo largo de los 18 meses que duró el seguimiento de la anciana maorí Puhi y su hijo esquizofrénico Niki. Imágenes repletas de los verdes saturados del paisaje neozelandés y del 16mm., futura génesis de Rain of the children y diría que de toda su filmografía. La secuencia nocturna, con la cámara dentro de un coche que avanza iluminando el paso de dos caballos fantasmales hasta deternese justo ante Niki, dejaba claro que si algo tenía Ward, era un talento envidiable y muy particular para la imagen.

In spring one plants alone
Sus dos siguientes películas –ya largometrajes– Vigil (1984) y Navigator (1988), le valieron la (escasa) fama que parece seguir teniendo hoy día. Pero también le sirvieron para encasillarlo. Vincent Ward, desde entonces, fue el realizador de peliculitas juveniles. Olvidándose de una buena ristra de temas: la relación familiar problemática, la naturaleza y el símbolo, el mestizaje, la maldición, el aislamiento, la traición, los juegos con el tiempo, la idea de viaje, la enunciación de la historia, la tradición frente a la innovación.
La infancia, sin duda, es un tema importante en su obra, pero el enfoque de Ward queda lejos de la blandura. Vigil no es Mouchette (Robert Bresson, 1967), pero existe la misma inclinación por la dureza sobre lo amable, por el abandono traumático de la infancia para hacer frente a toda la mierda de la que -hasta entonces- se ha estado protegido. Empezando por el sexo, la muerte y por la recurrente ausencia (o, cuando no, conflictiva presencia) de la figura paterna. La imagen emblema del cine de Ward la encontraremos en los rostros, en su fusión o contraste con el paisaje. En este caso en el de la pequeña Toss, siempre bajo el pasamontañas de su padre, negando la pérdida, intentado seguir bajo su protección. Un rostro que más tarde se desnudará, no si antes haber sido salpicado (circunstancia repetida en otros filmes de Ward) por la sangre de una oveja degollada sobre sus brazos. Vigil, juega de manera brillante con la duda sexual y morfológica de la pubertad como una extensión visual de lo edípico: la niña que repele a la madre, al tiempo que busca recuperar al padre por un doble camino: con un sustituto varón y con la propia apariencia física.

Vigil
Navigator tal vez sea su película más famosa, pero también la que recibió de manera más injusta el tópico citado. No es una película juvenil ochentera, ni un filme corriente de aventuras, es mucho más audaz. Griffin, la versión masculina de Toss, buscará en su hermano al padre y, como no podía ser de otra manera, terminarán enfrentados en una Cumbría medieval e inhóspita donde la austeridad, el componente fantástico (brujas, fantasmas, enfermedades, supersticiones), el blanco y negro, lo rudimentario de la producción y el acento casi gutural de los actores, recuerdan al vecino escocés: a Macbeth.
El relativo éxito de Navigator, no le vale para encadenar películas y sigue espaciándolas con una frecuencia aproximada de una por lustro. En 1992 realiza Map of the human heart, producción canadiense pero que vien podría haber sido neozelandesa. Ward traslada al Círculo Polar Ártico sus obsesiones, escribe él mismo la historia de partida y se implica a fondo en la producción. De nuevo el aislamiento, el paso del tiempo (la película abarca de 1931 a 1992) y el agobiante peso de una tradición tribal sometida al pensamiento mágico. También los problemas familiares, la proyección del padre en un extraño (el cartógrafo Walter) que terminará ejerciendo el papel de traidor. Fórmula completada aquí en un doble sentido al convertir al niño, con los años, en otro padre perdido. Y, sobre todo, tenemos el estigma del mestizo por partida triple: un esquimal, una india y la futura hija de ambos. El mismo Ward, nacido de la mezcla cultural y religiosa de una judía alemana y un católico irlandés, declara identificarse con la figura del mestizo, tan frecuente en sus películas.

Map of the human heart
El mapa del corazón humano (“sentimiento”, según traducciones), en mi último visionado, creció hasta convertirse en uno de esos grandes melodramas bélicos de los cuarenta que tan poco aprecio suelen despertar. El bombardeo de Dresde, el paseo por la cúpula del Royal Albert Hall, los maravillosos pasajes del sanatorio para tuberculosos… una brillante y elíptica sucesión de bloques y secuencias contados en primera persona por el protagonista. Una enunciación que sigue la tradición oral de su pueblo, igual que hizo Griffin en Navigator durante aquella noche de luna llena para espantar la peste. El viejo Arik, demostrará que su historia no es sólo el recurso del borrachín para obtener un trago más.
De nuevo cinco años de margen hasta llegar a Más allá de los sueños. Adaptación de una obra de Richard Matheson que supone su único trabajo norteamericano, si obviamos su misteriosa participación y despido de Alien 3 (David Fincher, 1992). What dreams may come es una película en el filo. De un lado el ridículo, el pastelón injustificable, del otro una experiencia emocionante. Ese caminar por el borde, casi siempre ha terminado hablando bien de los cineastas (pienso en Sam Fuller) que lo transitaron, sin miedo a la caída o al exceso, dándole la vuelta a escenas que frenan y convierten la presumible carcajada de desprecio en algo emotivo, lo cómico en trágico y viceversa. Lastrada de cabo a rabo por un casting deleznable, What dreams… fue apaleada casi de manera unánime. Siendo consciente de sus limitaciones y peligros, yo sigo viendo el otro lado, el de una aventura que merece la pena ser vista, donde el tiempo vuelve a ser vulnerable frente al destino y la fantasía: “Los sueños no respetan el tiempo. El tiempo no cuenta”.

What dreams may come
Tras el nulo entusiasmo que despertó, a pesar del Oscar a los FX por su empleo del motion painting, y sin conocer las circunstancias concretas, uno supone que le debió costar encontrar apoyos -o motivación- para una nueva película. En 2005 vuelve a Nueva Zelanda y recupera su historia más inmediata, la de la sangrienta colonización británica durante la segunda mitad del siglo XIX. Todas las constantes de Ward vuelven aquí con mayor fuerza, condensadas en la formación “moderna” de un país con una profunda raíz “primitiva”.
River Queen (2005) es una película difícil de entender y se comprende la frialdad o el desconcierto que puede llegar a despertar. No por el presunto exotismo de la cultura retratada, tampoco por la confusa manera de rodar y mostrar ciertas secuencias, ni siquiera a causa de los mecanismos narrativos empleados, tan clásicos como la peripecia del viaje y del río, sino por el vaivén sentimental de los protagonistas, en especial de Sarah O’Brien, la colona irlandesa interpretada por Samantha Morton. La película encuentra sentido defintivo si uno logra no desesperarse con ella, si consigue descubrir y compartir su motivación, la única que le mueve a lo largo del metraje: su hijo, la frágil unión dentro del mestizaje.

Rain of the children
Rain of the children, la culpable de haber hecho este atropellado recorrido por su carrera, se percibe como una de esas películas en las que el cineasta de turno se entrega de manera especial, con una sinceridad absoluta, movido por una necesidad apremiante de contar. Además, forma un curioso triángulo con My Winnipeg y Of time and the city, las tres apretadas en el bienio 2007-2008. Las tres llenas de angustia, de reflexión, de fantasía, de realidad, de admiración y de fantasmas.
Fascinante mezcla de autobiografía, ficción y de diversas tendencias del documental de archivo contemporáneo, Rain… no se limitará a retomar la historia de Puhi y Nikki, que también lo hará con imágenes (muchas inéditas) del filme original. Ward la extiende en el tiempo, hacia atrás y hacia delante, usando, en otros recursos, entrevistas a familiares y conocidos, y fragmentos ficcionados llenos de encanto. Un puzle memorable en el que el mismo director ejercerá de narrador. Ha llegado la hora de que sea él mismo, sin intermediarios, quien nos cuente la historia.
Puede que Ward no sea uno de los mejores directores de la historia, ni siquiera de las últimas décadas. Pero de lo que no cabe duda, es que sus películas -todas- tienen mayor interés del que el mercado les ha solido prestar. Rain of the children es el mejor y último ejemplo.

No lo conozco.
Le echaré un vistazo a ver qué tal
¿Maddin-connection?… I guess
Yo tengo un buen recuerdo, algo difuso, de Mapa del corazón humano. Del resto ando algo perdido, pero después de lo que comentas, me han entrado ganas de ver Rain of the children y alguna más. Habrá que ponerse a ello algún día.
Un saludo.
@ Jesús,
No, poco que ver con Maddin, sólo esa tangente de la última película a la hora de contar parte de la vida propia a través de la gente y del lugar al que “perteneces”, ya sea todo un país o una ciudad. Bueno, los dos nacieron en febrero (yo también soy de febrero jejeje) del 56, en países muy “especiales”, a los dos les preocupa la infancia, ambos tienen una gran “inventiva” y cosas así. Ward, además es – no sé en qué grado- pintor y fotógrafo. Pero vamos, no les veo ninguna relación muy directa.
@ Pedro,
Bienvenido, “Map of the human heart” la tenía por su mejor película hasta que he visto “Rain of the children”. Lo mejor para ver “Rain…”, si se tiene opción -que de momento no es fácil-, es haber visto antes “In spring one plants alone”. Lo mejor y tal vez lo necesario.
Muchas gracias a los dos.
Hola, yo soy de los que sólo vieron en lado chungo y pastelón de Más allá de los sueños. Puede que tenga cosas interesantes, no lo niego, pero yo no las descubrí y nunca llegué a conectarme del todo. Recuerdo que la vi porque sí conocía Navigator, que me había gustado mucho de pequeñajo. Y de River Queen coincido bastante en lo que comentas, una película algo dispersa pero tan atractiva como la misma Samantha Morton.
Enhorabuena por el blog Roberto, que lo sigo -callado- casi desde los inicios.
Hola, qué tal J. Luis,
Creo que What dreams… tiene justo eso, que te puede sacar de situación desde el primer minuto y no volver a entrar nunca más, aunque veas que están pasando cosas majas
Navigator se convirtió en peli de culto ochentera, aunque con el tiempo me da la sensación de que en menor grado de lo que se creyó. Lógico, no es comparable a Harry Potters y derivados. A mí me sigue encantando.
Y Samantha Morton, cierto, está guapa hasta con el tatuaje ese de la barbilla. Hay alguna secuencia de combate en River Queen que está -me parece- muy mal rodada. Lo que llama más la atención es que que hay otras estupendas en la misma película.
Un saludo y muchas gracias por la fidelidad y por el comentario.
[...] saliendose del marco vikingo pero no de los mismos campos estético /conceptuales, al primer Vincent Ward (autor a su vez con un claro deje herzogiano), el de Vigil en 1984 o Navigator, una odisea en el [...]
Hola Roberto,
Excelente blog, me encanta ésta entrada que escribite sobre la filmografía de Vincent Ward. Lo cierto es que es uno de mis directores favoritos, me encanta el estilo que le pone a sus films. Aunque no he visto, y estoy buscando como uno loco por todo internet, su primera película: In spring one plants alone, me es imposible de encontrar, y luego, por lo que he leído, su continuación: Rain of the Chidren, que por las imágenes que he visto en el trailer, tiene una pinta buenísima. La última que ví suya fue la de River Queen, como como bien dices, es una película difícil de entender, pero al tratar un tema que tenía ganas de ver, como es la colonización británica.
La de El Navegante: una odisea en el tiempo, simplemente se convirtió nada más terminar de verla, en una de mis favoritas.
No sé muy bien por qué, pero todas las películas de Vincent Ward (excepto la 1º y la última que no las he podido ver) tienen un no sé qué especial, que me produce una mezcla de nostalgia, catarsis y realización…
Roberto, sabes donde podría conseguir las películas: “In spring one plants alone” y “Rain of the Children”, si fuera posible en español (que lo veo muy difícil), o al menos con subtítulos aparte en español o en inglés.
Muchas Gracias.
¡Un Saludo!
Hola Borja, bienvenido,
Esas dos, la última vez que miré y dudo que haya cambiado, no se podían encontrar en español, y casi ni en su idioma original.
“In spring…” está disponible sólo como extra en la edición australiana de “Vigil”, que además lleva “State of siege”. Filmax acaba de editar “Vigil”, no la he visto, pero me temo que con el formato incorrecto y, “lógicamente”, sin extras. “Rain of the children” viene con los mismos problemas de distribución, hay dvd, pero sólo editado en Australia y sin subtítulos. Algunos sitios lo deben tener disponible como importación.
Si te manejas con BitTorrent y tienes acceso a Karagarga ahí estaban disponibles, digo estaban porque “Rain” ya no la comparte nadie.
Un saludo y muchas gracias por la visita.