Guy Maddin, cortometrajes para un nuevo siglo


Ya dedicamos un artículo (“Shorts have to be like poems“) para hablar de la labor de Guy Maddin en el terreno del cortometraje y de las diferentes ideas que se podían obtener a partir de su análisis. Reseñaremos ahora, de manera muy breve, una serie de cortos realizados a partir del año 2000, que tendrán cabida dentro de aquellas reflexiones. Esta exposición es, por lo tanto, descriptiva de los trabajos emprendidos tras la realización de “The Heart of the World” en el año 2000 y que se extienden hasta “Odin’s Shield Maiden” en 2007.

“Fleshpots of Antiquity” es una pieza de tres minutos, fechada en el año 2000, que no hemos podido ver y que obviamos por el momento. “Fancy, Fancy Being Rich” es un corto destinado a su exhibición televisiva que tiene como elemento principal un aria interpretado por Valdine Anderson. Música que envuelve esta mínima historia sobre hombres ahogados que el mar nunca devolverá por muchas olas que rompan en la arena; un ritmo musical contrapunteado por el montaje de las imágenes. En ciertos aspectos, el luto y el mar, enlaza con “Odin’s shield Maiden”, del 2007, obra con resonancias de la mitología nórdica que conmemora el trigésimo aniversario del Winnipeg Film Group.

Odin’s shield Maiden
A Trip to the Orphanage Sombra Dolorosa

“A Trip to the Orphanage”, realizado en el 2004, es una photoplay con María de Medeiros en una sobreimpresión constante de nieve y cortinas agitadas por el viento, mientras un nuevo aria es interpretada por Sarah Constible y un hombre desorientado busca no se sabe bien qué, tal vez a la propia María. El corto se filma durante el rodaje de “The Saddest music in the World”, ya que algunos decorados de la película son reconocibles, al margen de que termine con el título mismo del filme, igual que “Sombra Dolorosa”. María de Medeiros, debido a compromisos, concentró en unos cuantos días su estancia en Winnipeg y por lo tanto su trabajo en la película1

“Sombra Dolorosa”, del 2004, es la surrealista historia en color de la viuda de Páramo, que deberá luchar en combate contra El Muerto, devorador de almas, para evitar el suicidio de su hija Dolores antes de que tenga lugar un eclipse de sol anunciado. Cuenta con breves episodios como el de un ballet acuático que nos devuleve a “Tales from the Gimli Hospital” o a “Odilon Redon, The Eye like a Strange Balloon…” y el de la figura paterna devorada (“The dead father”), aquí para volver a darle a luz poco después en un acto de tentadora relación con el silente de Brighton: “The Big Swallow” de James Williamson. Corto más narrativo que sus compañeros de género y decididamente partidario del humor más absurdo, sólo es superado en este aspecto por “Nude Caboose”, del 2007, una conga delirante a ritmo de onomatopeyas ferroviarias y musiquilla de corte cómico, liderada por un maquinista nudista, orgulloso de sus carnes y con un aire queer realmente pronunciado; ciertos efluvios de los Kuchar, tal vez.

Fancy, fancy being Rich Nude Caboose

“My father is 100 years old” es el cortometraje que Maddin realizará junto a Isabella Rossellini para conmemorar el centenario del nacimiento del director italiano, padre de la actriz. El resultado final es bastante convencional, pero no deja de ser estimulante comprobar cómo Maddin cede terreno y parece apartarse buscando el menor protagonismo posible en la pieza. Acto que puede responder a una actitud ética y de respeto, hasta loable, pero que a nuestro juicio termina por afectar a un filme donde su figura, en lugar de acomodarse a un segundo plano, casi termina por difuminarse a la manera de la propia niebla y humo de los decorados. El protagonismo de Isabella, legítimo y puede que hasta necesario, termina por bloquear la película. El guión que escribe la protagonista de “The saddest music in the World” y la multiplicación de su persona para representar todos los papeles excepto el de su padre, simbolizado por un enorme vientre masculino sobre el que ella se tumba recordando su niñez, no terminan de tener la profundidad necesaria, no ya para un filme convencional sino para lo que se pretende sea un homenaje.

La envoltura visual del conjunto apenas queda marcada por un cuantos tics maddianos: niebla, siluetas, sobreimpresiones y proyecciones oníricas, degradación del material fílmico, intertítulos y créditos con reminiscencias silentes, etc. Tampoco logra imponerse lo que la misma Isabella demanda durante un momento del metraje, esto es, la sencillez plástica y narrativa tan querida por su padre, llegando a recriminar a una cámara elevada para que descienda, deje de moverse y enfoque como lo haría su padre: con el motivo centrado y a la altura de los ojos. Petición curiosa ésta, cuando uno de los mayores logros plásticos de su progenitor fue proponer en sus encuadres “una ruptura del centro de gravedad de la imagen, oponiéndose a las ideas de centralidad y reencuadre impuestas por el cine clásico, para poder devolver a la imagen su poder de representación de la gravedad”2

My father is 100 years old

Así pues, la navegación entre dos aguas parece no terminar de funcionar, y las dudas de Maddin a la hora de abordar el proyecto parecen todavía existir durante la realización del mismo. Como ya habíamos visto al hablar de alguna de sus películas (Drácula), el director de “Gimli Saga” puede llegar a mostrarse respetuoso hacia un material ajeno que considera atractivo y que no está dispuesto a “empeorar”, tal vez sea la duda inhrente a la condición creativa y a su antesala, la de la hoja en blanco, pero a estas alturas podemos afirmar que el Maddin desencadenado y con confianza es el que parte de sus propios escritos, y como propios también consideramos los de George Toles. Sobre qué debería hacer para encontrar el aspecto visual apropiado encontramos las siguientes declaraciones que aclaran las dudas citadas: “Pensé durante mucho tiempo qué look debería tener el filme antes de abordar el proyecto de Rossellini”.3 Era cuestión de imitar al referente o de resituarlo dentro de su propia iconografía, lo primero no resultaba viable por varías razones, a saber: la obra de Roberto Rossellini no era monolítica en ninguno de sus aspectos, cultivó géneros y facturas visuales del todo diferentes y quedarse sólo con una, por muy destacada que fuera, como el Neorrealismo era, cuanto menos, caer en el cliché. Y lo segundo chocaba con el profundo respeto de Maddin por el material ajeno, no digamos si además se trataba de un tótem cultural como el maestro italiano, todo a pesar de tener a su hija como apoyo. El hipotético y ansiado punto medio que pudiera facilitar el trabajo deja a “My father is 100 years old” camino de la convención, de una solución de compromiso; y se nota.

A la escritura y estructura narrativas les sucede prácticamente lo mismo, incluso con mayor peligro en el reduccionismo. La pretensión de establecer un conflicto entre diferentes ideas y concepciones del cinematógrafo es sugerente como planteamiento, pero no termina por despegarse de una idea simplista que no debería encontrar coartada en la restricción temporal necesaria del cortometraje. Así, el desfile de personalidades, con punto de encuentro en un vetusto teatro, interpretadas por Isabella discuten con su padre, voz y vientre, para enfrentar el entretenimiento y la diversión del público como primer y casi único fin del medio contra los problemas morales y la capacidad didáctica que el italiano buscaba en el cine y más tarde en el audiovisual. Tampoco encuentra acuerdo alguno con la otra concepción del cine, la “autoral” (onírica y sexual) encarnada por Federico Fellini, otrora colaborador suyo y luego vedette mundial de los directores. Hitchcock, Selznick y Fellini son los que juegan en este debate, algo primario, donde sólo la figura de Chaplin parece cohesionar y relacionar ambas posturas y por extensión el cine como símbolo global, representante directo a un mismo tiempo del poder de evasión-comercial y del poder artístico-intelectual.

My dad is 100 years old

Por otra parte, no podemos obviar el enlace que supone la temática central de esta obra con la de Maddin: la figura de un padre ausente que cobra de nuevo vida a través del cine. La amargura de “The dead father” se deja sentir también aquí más allá de limitarse a ilustrar lo que de traumático e infeliz tuvieron las respectivas muertes paternas para Isabella y él mismo. En este sentido, el cortometraje sí resulta satisfactorio desde su falta de tono elegíaco de baratija al que tanto se presta el género conmemorativo, por no hablar de la rigidez formal que estos reciben, la de documentales a medio camino entre el puzle de archivos y los testimonios bien laudatorios, bien desmitificadores. Es por aquí donde “My father is 100 years old” puede despegarse lo suficiente de la convención y respirar con alivio por mucho que se termine invitando a la Magnani (la Lupa) y a Ingrid Bergman a un peculiar encuentro. Si de algo no cabe duda, y tal vez sea esta la enseñanza principal del trabajo, es de la importancia vital de un referente paterno que traspasa el ámbito familiar para instalarse con orgullo en lo más íntimo de la progenie, en su actividad creativa: “La muerte de mi padre, que todavía es de lejos el hecho de mayor significación en mi vida, la siento ahora como tocada por la ficción, y noto que necesito un nuevo hecho que la desplace en importancia. Tal vez sólo sea una impresión pasajera, o quizá una señal de salud.”4

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Si no hay novedad, estos serán los últimos artículos del dossier. Por orden de publicación:

* Brand upon the brain! A remembrance in 12 chapters
* Guy Maddin: conclusiones y vías abiertas
* Guy Maddin: filmografía, bibliografía y recursos web
* Recopilación, corrección, maquetación y descarga del dossier completo

  1. Teardrops in the Snow, The making of The Saddest music in the World []
  2. Quintana, Ángel, El Cine italiano 1942-1961, Paidós, Barcelona, págs. 37-41. []
  3. Entrevista de David Church en Offscreen. Entrevista también útil para diversas cuestiones relativas a las técnicas (sonido, atrezzo, etc.) empleadas en esta obra. []
  4. “Electra is My Middle Name, Guy Maddin Interviews Isabella Rossellini.” Introduction by Mark Peranson. Cinema Scope, número 24, Otoño 2005, pág 21. Citado en: Totaro, Donato, “Guy Maddin: My Dad is 100 Years Old”, Offscreen Vol. 10, Enero, 2006. []

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