Entre les murs (La clase), Laurent Cantet, 2008


* Artículo publicado en: BLOGS&DOCS. Número 24, febrero del 2009.

“¿Cuál es tu sitio?” Con esta pregunta concluye Ressources Humaines (1999), primer largometraje del director Laurent Cantet. Aquella frase que daba pie a los títulos finales del filme, previo y reflexivo fundido a negro, podía parecer una pregunta directa al rostro del espectador, una consecuencia evidente de la forzada toma de conciencia sufrida por los protagonistas en la segunda parte del metraje. En cambio, se vuelve hacia él mismo para terminar recorriendo el resto de su trabajo como cineasta. Todos los protagonistas de sus siguientes películas actuarán de acuerdo a esa búsqueda.

Teniendo en cuenta esa inquietud, parece lógico que su corta filmografía aparezca menos homogénea de lo que un primer vistazo transmite. Por mucho que desde un comienzo se identificaran sus películas con una tradición festivalera asociada a una confusa idea de cine de autor y de calidad francés. En ese ambiente y como los personajes de sus historias, Cantet daba suficientes muestras de estar buscando su lugar y, en el trance, de ser un híbrido. De partes bien ensambladas, pero híbrido al fin y al cabo, con dificultades para ser etiquetado.

De esta forma, parecía manejar indistintamente y con gran solvencia la calidez y el nervio de Robert Guédiguian (Ressources humaines, 1999), la distancia más fría, pero igual de analítica, de los Dardenne (L’ Emploi du temps, 2001) o la refinada estructura de personajes y diálogos de John Sayles (Vers le Sud, 2005). Con todo, la obra de Cantet no quedaba como puro remedo, pues aportaba suficientes datos temáticos, visuales y narrativos como para ser considerada original. La problemática laboral y la distinción de clase, las complejas y a menudo frustrantes relaciones familiares – en especial la paterno-filial -, la división entre capital y provincias, la brecha generacional; en resumen, una preocupación evidente por las cuestiones sociales. Retratos pausados y profundos que intentaban escapar de la velocidad y el maquillaje con las que la actualidad trataba de sumergirlos.

Entre les murs

Su carrera cinematográfica, ahora, termina desembocando en el aprendizaje, en la enseñanza, con Entre les murs (2008) como perfecta canalización. Sigue así la estela de quienes han impartido a través del cine lecciones magistrales de historia y conocimiento en los últimos años: Ermanno Olmi o Nicolas Philibert. Para ello, recurrirá a un soldado raso, a un profesor de instituto que, como él, empleará la pregunta como cimiento del discurso, esto es, la vuelta a una mayéutica que chocará con el eterno rechazo e incomprensión del método.

Enclaustrado en aulas y despachos, el envoltorio formal y narrativo de la película podrá ser calificado de cualquier manera menos de documentalista. Empezando por un formato panorámico que no determina por sí mismo pero que incorpora una dimensión plástica demasiado poderosa para ser obviada. Aunque, con frecuencia, las transiciones entre planos y la reordenación del movimiento huyan tanto de las composiciones académicas o efectistas, que con tanta frecuencia ofrecen los grandes rectángulos, como de las rupturas caprichosas. De la misma manera, la aparente naturalidad de los actores no profesionales queda muy matizada en sus parlamentos, sobre todo en las secuencias exclusivas entres profesores. A pesar de ello, la fuerte voluntad de estilo de su obra precedente, sin desaparecer, queda diluida en un claro ejemplo de cesión ante las necesidades del tema.

La cruda apropiación histórica que se ha hecho de la enseñanza por parte de diferentes ideologías y religiones, tampoco resulta ajena al tratamiento de las obras que la incorporan como argumento. En este sentido, Entre les murs siempre será susceptible de recibir ataques, lo curioso es que, en esta ocasión, vinieron y vendrán los elogios de las clases dirigentes. Las mismas que han desmantelado o degradado los sistemas educativos, se permitirán el lujo de recomendar y alabar los esfuerzos fotografiados en este filme. Este enfoque político e ideológico del problema, en positivo o negativo, será falaz y de una obscenidad insoportable, en tanto aparece como un auténtico ejercicio de propaganda adscrita a unos intereses. Y todos sabemos que si en algo se sustenta la enseñanza es en la generosidad, aunque no sea reconocida y aunque cueste practicarla no ya cada día, sino cada hora, cada clase.

Festival de Cannes 2008

El verdadero valor documental del filme no será cuestión de superficie, es decir, cinéfila, sino que radica en su capacidad para mostrar la culminación en el presente de un problema histórico sin resolver. La arrogancia de las democracias europeas coloniales quedará al descubierto cuando uno se asoma a esta clase. Incapaces de otra cosa que no fuera saquear en su visita africana, dejaron como herencia un continente que demostrará cómo se puede ser decadente sin, paradójicamente, haber vivido una etapa de esplendor.

Esa decadencia, que no viene de una degeneración de algo mejor o agotado, sino que es el modelo directo implantado como efecto del abandono y del aprovechamiento de unos pocos de esas parcelas de poder liberadas, encontrará reflejo en la propia decadencia de los sistemas educativos: sin un referente brillante al que acudir, sin soporte fiable, como arrojada en paracaídas sobre un campo de lanzas clavadas en el suelo. De esa frustración de los que viven a diario la situación se pasará con facilidad a la rabia, como le sucede a François Bégaudeau (actor al tiempo que autor de la novela autobiográfica representada), quien comprueba que el sistema, en realidad, le ofrece poca cobertura. No quedándole otro remedio que aferrarse a las personas, comenzando por él mismo, por su responsabilidad, por un compromiso autoexigido, al tiempo que elástico, que no necesitará de ninguna otra deontología burocrática. Los fogonazos de esperanza, inteligencia y brillo que aparecen en fugaces conexiones con sus alumnos, le ofrecerán al menos un respiro.

En Touki Bouki, película dirigida por Djibril Diop Mambéty en 1973, una pareja de jóvenes senegaleses, adolescentes entre la inconsciencia, la pillería y el desencanto que parecen extirpados de de un filme de Jean-Luc Godard, padecía la corrupción heredada de la época colonial al tiempo que veían en la emigración la salvación; París, gracias a la voz craquelada de Josephine Baker, era el paraíso. No sabían que décadas después, de haber salido de Senegal, la que podría ser su descendencia se convertiría en parte del alumnado de esta clase, el cual, renegará del paraíso prometido como muestra del fracaso identitario sufrido. Aislados en los suburbios, en estereotipos (el fútbol, la ropa, la música, los nombres, etc.) de un país de origen que ni siquiera conocen y recelando los unos de los otros, confundirán la identidad con el provincianismo, como bien demostrará Esmeralda, ufana de salir de su distrito parisino – como en su día pudieron hacer los protagonistas de La Haine (Mathieu Kassovitz, 1995) – para realizar compras en otro de un estatus más elevado.

Entre les murs

A la defensiva de todo, el nuevo vitellonismo multiétnico del siglo XXI se mueve entre los muros de una clase o de un barrio incrustado en una gran capital. La principal tarea de este profesor no será ejercer de eventual redentor que derriba dichas paredes, sino animar a que lo hagan ellos mismos para poder vivir extramuros de ese conformismo adocenado por unos clichés disfrazados de rebeldía juvenil. Y, en el peor de casos observar, con mayor o menor resignación, como nada de eso sucede o se retrasa demasiado en el tiempo.

Con la pregunta que encabezaba esta reseña, Cantet quería encontrar su sitio y, con su última película, trata de responderse a sí mismo no sin dudas. Su manera de hacerlo será exponer el proceso humano, por desgracia doloroso, que conduce a ese incierto y difícil encuentro.


6 comentarios para “Entre les murs (La clase), Laurent Cantet, 2008”

  • jesus cortes dice:

    Roberto, creo que en contra del film está el hecho de que Cantet no discrimina el material que maneja. Al contrario que Rouch o Philibert, que hacen un trabajo básicamente de montaje, Cantet muestra la deriva del problema pero no se hace preguntas. Está bien que no opine y que no use metáforas, respetar la realidad, eso puede ser un modo de decir cosas, pero yo creo que pasa demasiado superficialmente por todo como coartada más que como modo de enfocar lo que vemos. Es el eterno problema de este tipo de films, que cualquier cosa puede ser interpretada en cualquier sentido y al final llegas a un todo vale del todo vacío.

  • Hola Jesús,

    Estoy de acuerdo en los problemas ¿irresolubles? que tienen este tipo de películas. Y lo discutibles que son, pero creo que ahí está parte del valor de ésta, en la falta de doctrina y en buscar una distancia nada fácil dónde las ideologías simplistas puedan atacar o defender la totalidad.

    Lógicamente está el peligro que tu citas, la falta de precisión, es posible, pero creo que si al menos es capaz de exponer el problema, de airear su raíz histórica, de mostrar la necesidad de prestarle atención y de discutirlo, ya es importante, aunque no es excusa para la ausencia de otras cosas.

    Que podría ser mejor o más incisiva, sin duda, y que también podría ser un panfleto o una teen movie más, también. Tema complicado éste.

    Un saludo y muchas gracias.

  • jesus cortes dice:

    Roberto, yo no le niego los valores al film, me parece interesante, pero también creo que se ha sacado de contexto su verdadero alcance. En algún sitio ya lo consideraban el nuevo “La pyramide humaine” y eso es ridículo. Me tocó verlo en un cine con un montón de adolescentes con su profesor (buena paradoja) y fue curiosa la reacción de alivio de todos cuando de repente se esfuma el “caso Suleyman” y corta al final del curso (mala opción en mi opinión, una elipsis demasiado anticlimática). Seguramente llegaron alfinal de la película sin sacar muchas conclusiones en primera persona y ese debería ser el efecto, ¿no?.
    Quizá está desaprovechado el momento en que entra en escena Carl, el chico expulsado de otro colegio. Parce durante un momento que será el “role-model” (a la inversa se entiende) que señalará a los otros en qué se pueden convertir, pero tampoco es así.

  • Hola Jesús,

    Fíjate, yo creo que justo esa falta de drama en momentos puntuales le viene bien, le quita inmediatez, que es muy peligrosa en estos casos. En el caso de Souleyman, por ejemplo, algunos no saben si han hecho bien o mal, ni que opciones podrían valer para el futuro… no hay más, el chaval se va pero el problema sigue presente.

    Por desgracia el sistema es ése, no tiene la posibilidad de manejar una dramaturgia cerrada, de una poética aristotélica estructurada, con sus clímax, sus redundancias, etc.

    Un saludo.

  • Jorge O. dice:

    Ayer, después de mucho tiempo, fui al cine a ver “Entre los muros” o “La clase”, del director francés Laurent Cantet. No me quiero referir al argumento, a sus premios o a las críticas favorables que ya se han escrito. Quiero escribir sobre las reflexiones que me ha producido.
    Soy un docente maduro, de Mar del Plata, Argentina y desde hace varios años trabajo en el sistema educativo oficial. Quiero escribir sobre el múltiple fenómeno socializante de la educación.
    La educación pública en la historia cercana de mi país tuvo distintos períodos, con distintos objetivos desde el gobierno de turno:
    - 1870 – 1940: Se buscó extender la enseñanza elemental para conseguir una uniformación de la población ante el fenómeno de la inmigración europea. Saber leer era una habilidad envidiada. Cultura del folletín, el libro, el diario. Los gobiernos creyeron que necesitaban ciudadanos ilustrados y buscaron aumentar el capital humano.
    - 1940 – 1990: El mundo estaba dividido entre “los buenos” y “los malos”. En la escuela el maestro era el portador de los saberes, que eran entregados como herramientas a los alumnos para que estos se labraran un seguro porvenir, dependiendo de su sola voluntad. El progreso y el ascenso social eran posibles y aún seguros para los más capaces. Las actividades sociales eran múltiples y los clubes sociales y deportivos tenían mucha concurrencia, se hacían desfiles y reuniones públicas. Los gobiernos perdieron de vista a la educación como prioridad en los gastos.
    - 1990 – 2009: En el mundo cayeron el comunismo y el neoliberalismo. La globalización termina con las seguridades de fuentes de trabajo y los trabajadores cambian fácilmente de lugar de trabajo. Aumenta la informalidad y el trabajo “en negro”. La institución familiar se desmorona, por separación y/o divorcio de los padres, etc. En la escuela se busca teóricamente hacer posible el diálogo maestro – alumno. El aislamiento social de jóvenes y adultos está fomentado por el uso autista de la televisión, los juegos electrónicos, la informática y la decadencia de los servicios sociales de clubes y otros centros. Auge de las adicciones.
    Los gobiernos caen en la cuenta que cuando más ignorante y empobrecido es el pueblo, más fácilmente se lo maneja. No existe un modelo buscado de país.
    El sistema de formación de docentes está muy desactualizado.
    La Universidad pública no forma profesores adecuados para la función que les espera.
    Para afrontar la mayoría de las problemáticas actuales el docente argentino debe ser formado también como:
    - Tutor, asesor, escucha y confidente de sus alumnos.
    - Conocedor de la realidad social de cada familia.
    - Agente de prevención sanitaria.
    - Animador sociocultural.
    - Mediador en conflictos.
    A pesar de la crisis económica mundial actual, si el gobierno argentino quisiera mejorar la tarea educativa, debería:
    - Asumir la necesidad de la protección, formación y diálogo con los niños y adolescentes.
    - Reconocer la función socializadora de la escuela, que reemplaza y/o cubre múltiples carencias institucionales (familiares, sanitarias y sociales).
    - Aprovechar, potenciar, capacitar y favorecer la tarea de los maestros y las escuelas.
    - “Adoctrinar” y formar amplia y profundamente a los directivos de las escuelas según el modelo de alumno y de país que se busca conseguir.

  • Hola, qué tal Jorge, bienvenido,

    Muchas gracias por tus reflexiones que aunque parezcan que sólo pueden ser aplicables a tu país resultan ahora más actuales y europeas que nunca. Aquí hay montado en estos momentos un jaleo enorme con algunas de las orientaciones que indicas, tanto del alumno como del profesorado universitario. El Plan Bolonia lo llaman.

    ¿Formar trabajadores para empresas o formar personas para la sociedad, investigadores, intelectuales, docentes, etc.? El problea es inclinar la balanza más en lo primero, que no se debe obviar, pero que en ciertas instituciones es accesorio, aunque las subvenciones, el capital privado y las diferentes ideologías con ansias de adoctrinar (religiones, por lo tanto) no lo crean así.

    Un saludo y muchas gracias de nuevo.

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