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Cine, mente, inmortalidad y evolución
En la fantasía de la teoría neurobiológica y de la ciencia ficción del cerebro en la tina, el órgano en su baño nutritivo ha sido despojado de los impedimentos del cuerpo y liberado para explorar el universo interior de la mente. Pero no es eso lo que resultaría en realidad. Toda la evidencia de la ciencia del cerebro apunta en la dirección opuesta, hacia el infierno encerrado en el ataúd del muerto despierto, donde el mundo recordado e imaginado se decompone hasta que el caos concede misericordiosamente el olvido.

Donovan's Brain (Felix Feist, 1953)
Al poseer un conocimiento exacto de sus propios genes, en unas pocas décadas la humanidad puede, si quiere, seleccionar una nueva dirección en su evolución y moverse rápidamente en tal sentido (…) Homo protheus, el hombre de la forma cambiante (…) Cultural. Indeterminadamente flexible, con un potencial enorme. Cableado e impulsado por la información. Puede desplazarse casi a cualquier lugar, adaptarse a cualquier ambiente. Inquieto, cada vez más abundante y hacinado. Lamenta la pérdida actual de naturaleza y todas estas especies que se extinguen, pero es el precio del progreso y, en todo caso, es algo que tiene poco que ver con nuestro futuro.
Edward O. Wilson. Consilience. La unidad del conocimiento (1998)
Una aplicación más controvertida que el escaneo del cerebro para su comprensión, es el escaneo del cerebro para alojarlo en una Red. “Cargar” un cerebro humano significa escanear toda su información para luego restaurarla en un substrato computacional potente y apropiado. Este proceso registraría la personalidad al completo, su memoria, sus habilidades y su historia.
Si realmente captáramos los procesos mentales de una persona, la mente resultante necesitaría de un cuerpo, ya que gran parte de nuestro pensamiento está regido por necesidades y deseos físicos (…) Tenemos las herramientas para capturar y recrear un cerrebro humano en todo su refinamiento. A lo largo del siglo XXI contaremos con diferentes tipos de cuerpos, tanto para humanos no-biológicos como para humanos-biológicos, que servirán como extensiones de nuestra inteligencia. El cuerpo humano versión 2.0 incluirá cuerpos virtuales desenvolviéndose en entornos reales, cuerpos físicos basados en la nanotecnología y mucho más.
Ray Kurzweil. Singularity is near. When humans transcend biology. (Traducción personal y licenciosa, 2005)

La cité des enfants perdus (Jean-Pierre Jeunet, 1995)
Wilson (biólogo y declarado conservacionista) se pregunta sobre los abrumadores problemas derivados de la manipulación genética absoluta que conduce a lo que él denomina Homo protheus. Es más, no le gusta un pelo que la fantasía se cumpla o que de cumplirse lo haga sacrificando el bagaje humanista-naturalista creado hasta entonces. Kurzweil (informático y empresario de éxito) contempla bastante menos la cuestión ética y moral. Si los dispositivos funcionan correctamente y no producen aberraciones, el resto de aspectos son secundarios. Para Kurzweil la inmortalidad es una cuestión mecánica, tan simple como replicar el cerebro y subirlo a una Red interconectada con el Mundo.
¿Qué pinta el cine en todo esto? Para mí mucho. El sueño de la hipermáquina que nos entregará la inmortalidad ha sido su patrimonio durante décadas. Cierto que explicado de manera más o menos torpe dependiendo del teórico y la metodología de turno. Teorías que siendo puntualmente hermosas, no se libran del romanticismo naif, de la ciencia ficción, del esoterismo y, sobre todo, del animismo. Reminiscencias de una mente prehistórica evolucionada durante cientos de miles de años en las praderas del Pleistoceno. Una mente cuyo objetivo no era entenderse a sí misma ni comprender de manera científica los fenómenos físicos y biológicos que le rodeaban, sino sobrevivir y confiar en los dioses.

The Brain of Donald Duncan (1965) - Fiend without a face (1958) - Brain Damage (1988) - The Brain from Planet Arous (1957)
El cine, entonces, siempre ha estado presente en el debate del fin de la muerte, aunque fuera como simple extensión artística del deseo fáustico o como coartada para la falacia de la liberación del cuerpo. Como vehículo para la representación simbólica de la eternidad a través de la figura del doble, de la manipulación del tiempo, etc. Pero a estas alturas ya deberíamos saber que no tiene ningún sentido seguir discutiendo -más allá de lo pintoresco o del juego de sobremesa- sobre el cine como agente implicado en la búsqueda de la inmortalidad. El gran problema es que buena parte de las teorías digitales han seguido ese cauce, entregándose al futurolenguaje, y así nos luce el pelo; con el teórico jugando al simio profeta y con las -no todas- aulas universitarias convertidas en sucedáneos eclesiales.
¿Y vosotros de qué lado estáis? ¿Beta o VHS? ¿Evolución genético-volitiva o biónica? Bueno, no son incompatibles, más bien complementarias. Lo único claro es que los plazos que maneja la tecnología no se medirán precisamente en eras geológicas. O puede que el dilema no sea tal y que el camino que hemos seguido hasta ahora siga mandando. Esto es, el de una evolución biológica corriente que siga operando a lo largo de milenios.
Canciones ilustradas: la trilogía
Previously on KD:
Canciones ilustradas: el meme
Canciones ilustradas: el bis
Amenacé en su día con terminar la trilogía que hoy concluye. También dije que tres serían suficientes, pero no estoy seguro de que esto también se cumpla. Llegado el momento ¿por qué no un Canciones ilustradas: el blastocisto? o todavía mejor un Canciones ilustradas: el Apocalipsis. Al final todo dependerá de que en algún momento me empiecen a llover fotogramas en la cabeza escuchando una canción. El otro día me volvió a suceder mientras corría, un chaparrón de frames que una vez tanteados en el ordenador eran imposibles de acompasar con la música; la canción era demasiado rápida para este sistema tan artesanal.
En cualquier caso y como signo de los tiempos, la serialidad podrá estancarse o tender al infinito. Mientras tanto ahí os quedáis con la última entrega que convierte un ejercicio de por sí frívolo en apoteosis pop. Lecho noir con espuma silente y melodorama caramelizado, para el que solo me puse una condición a las ya conocidas: no utilizar un fotograma de Lolita para un verso concreto. Lolita aparece, lógicamente, pero evitando la redundancia del she’s precocious.
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Canción: Bette Davis eyes
Autor: Donna Weiss, Jackie DeShannon
Intérprete: Kim Carnes
Álbum: Mistaken Identity, EMI, 1981

01. Her hair is Harlow gold

02. Her lips a sweet surprise

03. Her hands are never cold

04. She's got Bette Davis eyes

05. She'll turn her music on

06. You won't have to think twice

07. She's pure as New York snow

08. She's got Bette Davis eyes
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09. And she'll tease you

10. She'll unease you

11. All the better just to please you

12. She's precocious

13. And she knows just what it takes to make a pro blush

14. She's got Greta Garbo stand off sights

15. She's got Bette Davis eyes
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16. She'll let you take her home

17. It whets her appetite

18. She'll lay you on her throne

19. She's got Bette Davis eyes

20. She'll take a tumble on you

21. Roll you like you were dice

22. Until you come up blue

23. She's got Bette Davis eyes
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24. She'll expose you

25. When she snows you

26. Off your feet with the crumbs that she throws you

27. She's ferocious

28. And she knows just what it takes to make a pro blush

29. All the boys think she's a spy

30. She's got Bette Davis eyes
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31. And she'll tease you

32. She'll unease you

33. All the better just to please you

34. She's precocious

35. And she knows just what it takes to make a pro blush

36. All the boys think she's a spy

37. She's got Bette Davis eyes
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38. She'll tease you

39. She'll unease you

40. Just to please you

41. She's got Bette Davis eyes

42. She'll expose you

43. When she snows you...
FADE
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Películas:
01. Harlow (Harlow, la rubia platino. Gordon Douglas, 1965)
02. Lost highway (Carretera perdida. David Lynch, 1997)
03. Kiss me deadly (El beso mortal. Robert Aldrich, 1955)
04. Kid Galahad (Michael Curtiz, 1937)
05. Pulp fiction (Quentin Tarantino, 1994)
06. Ace in the hole (El gran carnaval. Billy Wilder, 1951)
07. King Kong (Peter Jackson, 2005)
08. Now, voyager (La extraña pasajera. Irving Rapper, 1942)
09. Crossfire (Encrucijada de odios. Edward Dmytryk, 1947)
10. Nana (Jean Renoir, 1926)
11. Secret beyond the door (Secreto tras la puerta. Fritz Lang, 1947)
12. The big sleep (El sueño eterno. Howard Hawks, 1946)
13. Kader (Destiny. Zeki Demirkubuz, 2006)
14. Die Freudlose Gasse (La calle sin alegría. G. W. Pabst, 1925)
15. The golden arrow (Alfred E. Green, 1936)
16. Angel face (Cara de ángel. Otto Preminger, 1952)
17. Gun crazy (El demonio de las armas. Joseph H. Lewis, 1950)
18. The Llegend of Lylah Clare (La leyenda de Lylah Clare. Robert Aldrich, 1968)
19. All about Eve (Eva al desnudo. Joseph Leo Mankiewicz, 1950)
20. Asphalt (Asfalto. Joe May, 1929)
21. Vertigo (De entre los muertos. Alfred Hitchcock, 1958)
22. Double indemnity (Perdición. Billy Wilder, 1944)
23. Little foxes (La loba. William Wyler, 1941)
24. The lady from Shanghai (La dama de Shangai. Orson Welles, 1947)
25. Criss-Cross (El abrazo de la muerte. Robert Siodmak, 1949)
26. Lolita (Stanley Kubrick, 1962)
27. The locket (La huella de un recuerdo. John Brahm, 1946)
28. Baby doll (Eliza Kazan, 1956)
29. Dishonored (Fatalidad. Josef von Sternberg, 1931)
30. Madame Sin (El mundo extraño de Madame Sin. David Green, 1972)
31. The asphalt jungle (La jungla de asfalto. John Huston, 1950)
32. La chienne (La golfa. Jean Renoir, 1931)
33. Madame de… (Max Ophüls, 1953)
34. Alraune (Mandrágora. Henrik Galeen, 1928)
35. Das indische grabmal (La tumba india. Fritz Lang, 1959)
36. Mata Hari (Georges Fitzmaurice, 1931)
37. The watcher in the woods (Los ojos del bosque. John Hough, 1980)
38. Road house (El parador del camino. Jean Negulesco, 1948)
39. Clash by night (Encuentros en la noche. Fritz Lang, 1952)
40. Genuine (Robert Wiene, 1920)
41. The anniversary (El aniversario. Roy Ward Baker, 1968)
42. Der blaue engel (El ángel azul. Josef von Sternberg, 1930)
43. Schloss Vogeloed (El castillo encantado. F. W. Murnau, 1921)
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El lugar donde tus sueños se hacen realidad
The salvation hunters (Josef von Sternberg, 1925) comienza con un intertítulo: “Dedicated to the derelicts of the earth”. No creo conveniente traducir derelicts por desheredados, tampoco por abandonados. Ambas opciones implicarían cierto grado de pertenencia anterior para que se diera tal abandono. Marginados quizá sea la palabra, aun sin encajar del todo. Transmite una exclusión nítida, los problemas derivados de esta y los posibles intentos para abandonar tal condición. Josef von Sternberg era un derelict cuando redactó aquellas palabras, y seguiría siéndolo durante toda su carrera en Hollywood. Sentimiento que se extiende por los personajes de su filmografía, incapaces de encontrar un espacio definitivo, una identificación con el grupo: de la mafia al ejército pasando por palacio.

Sternberg definió su película como un poema visual. La torpeza de la etiqueta no importa, la usara Sternberg, Man Ray o Dimitri Kirsanoff para algunas de sus mágicas piezas. The salvation hunters puede ser un poema visual o una obra de arte conceptual, que es como personalmente la considero. Sin embargo, también creo que le haríamos daño recargándola a través de lo nominal, porque su poder destructivo aumenta desde el llano, desde su humilde condición de película, sin más. El de una película filmada en régimen amateur en apenas tres semanas. Alimentada a partes iguales con entusiasmo, talento y cheques sin fondo, pero que sigue apareciendo como una obra monumental tanto en su contexto histórico –bien que lo apreciaron los sabios del momento-, como en el –más necesario- actual.
La ponzoña del puerto donde se sitúa la primera parte del filme nutre a la fauna que, casi un siglo después, se mudará a las alcantarillas filipinas de Imburnal (Sherad Anthony Sanchez, 2008). El agua turbia tiene el mismo reflejo que un canal japones de los treinta, y en la desesperación de estos muchachos se aprecia el germen de las criaturas de Ben Rivers o Werner Herzog, a medio camino entre la lucidez y el delirio. Puede parecer que la estetización de esa sordidez tan típica de litorales, humedales y riberas, mezclada con jóvenes o niños, es una fórmula sencilla y de fácil amortización cinematográfica. Inténtelo, pero dudo que consigan algo cercano a esta película, a Doro no kawa (Kohei Oguri, 1981), Ladoni (Aristakisian, 1993), Jenseits der straße (Leo Mittler, 1929), etc. Sternberg recoge el arrabal griffithiano de la década anterior, lo reformula y se lo entrega a próximas generaciones.
Impresiona cómo la intención visual y la querencia hacia la abstracción del cineasta aparecen desde el primer momento de su carrera. Los planos llenos de aire –casi fotográficos- y la utilización burlona de los objetos situados en los segundos términos. También los mal llamados tiempos muertos, los mismos que no alcanzarían fama en el cine hasta los años cincuenta y que aquí funcionan como auténticos generadores del drama.
Un planteamiento dramático que se ubica en el desencanto absoluto con la condición humana. En una adaptación de Hobbes ilustrada con imágenes y rótulos: “Los hombres son sombras”. Y que termina con el conocido y soleado quiebro hacia Chaplin. No sin antes resolver el conflicto mediante una idea que no alcanzo a entender cómo ha degenerado tanto con el paso del tiempo: la iniciación a través de la violencia.

Bueno, tal vez sí lo entienda y no sea solo una cuestión de destreza y tacto en la elección y elaboración de las situaciones. El problema de esa pérdida reside en que –por el camino- el acto se ha vaciado del símbolo. Quizá debamos volver a mirar el cartel que impide la visión de la paliza que el protagonista aplica sobre el rival. Aquel lugar donde tus sueños se hacen realidad.