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¡Que vienen los zombies! (3)

Hemos hablado hasta ahora de zombies en genérico, como si fueran una entidad que responde a características constantes. Es evidente que no es así de simple, conviven diferentes concepciones del zombie, desde el seminal rito vudú haitiano hasta el simple humano infectado por el microorganismo de turno pasando por los típicos muertos resucitados, los que para muchos son los únicos y verdaderos zombies cinematográficos. No daremos aquí valor a unos sobre otros, nuestra posición sobre la terminología no es rigurosa en ese sentido, lo tomamos como pura convención y destacamos aquello que más nos interesa, aunque sin ningún ánimo ventajista a la hora de cuadrar el escrito.

A estas alturas podemos hablar con cierta propiedad del subtexto en ciertos filmes de zombies, lo hemos ido advirtiendo y vemos que existen más ramificaciones que la típica funcionalidad para la crítica política y social citada al final de la anterior entrada, si bien esta última ha sido la más visible, la más utilizada y generalmente la que ha obtenido mejores resultados.

Que el creador del “zombie moderno” George A. Romero haya vuelto en medio de la nueva euforía del género, con dos títulos separados por apenas dos años, no es entonces casualidad, existían motivos de fondo suficientes para (re)exponer el tema allende el cine y una coyuntura comercial favorable para, si fuera necesario, reformular y actualizar viejos moldes. De ahí la vuelta de tuerca al género que apreciamos en “Land of the Dead” mediante la toma de conciencia 1 del zombie. Queda, entonces, abierto un nuevo punto de vista muy sugerente de cara al futuro para aquellos que quieran profundizar en este tipo de relato. El zombie aparece con capacidad no sólo para desmontar algunas de nuestras convenciones sociales sino dispuesto a elaborar las suyas propias atendiendo a sus necesidades. Romero, hijo de gallego y lituana (pueblo emigrante por excelencia el primero) y nacido en la ciudad de ciudades, Nueva York, parece el hombre adecuado para narrar tal historia.

En el otro bando resultante de la confrontanción establecida en “Land of the Dead”, el nuestro, encontramos la imposibilidad para llegar a ser un perfecto nihilista a pesar de vivir en plena distopía. Una distopia en presente y no en futuro-hipotética, como suele ser habitual en la ficción, que deja espacio para la reacción, para poder huir del pesimismo y la catástrofe. Se puede buscar un lugar mejor y hacerlo con alguien; el zombie toma conciencia y al tiempo ejercita la nuestra, atrofiada como estaba pero con ese margen citado de superación. De nuevo el Metarrelato como necesidad humana, tras la delcaración de defunción del mismo durante las décadas anteriores, y el zombie como su portavoz más decidido y eficaz. Este deje de esperanza acaba subyaciendo en el texto de George A. Romero.

Es complicado fijar el punto de inflexión del repunte cinematográfico zombie. Cronológicamente es post 11-S, no cabe duda, pero su naturaleza es multicausal, como hemos visto, hasta conseguir un clima “comercial favorable”, donde siempre cabe esperar la multiplicación de los productos como estrategia lógica de la industria. Sucedió con los tremendismos finiseculares a la estela del Titanic y sucede ahora, aunque con mucha más miga y diversidad. Pero seamos realistas, toda esta amplitud y riqueza a la que puede dar lugar el discurso zombie seguiría esperando en cajones y almacenes de no ser por la rentabilidad económica alcanzada.

Como buenos desheredados y repudiados los zombies no encontraron nunca estabilidad en la producción, si bien los años 70 fueron fértiles en títulos aprovechando el tirón de 1968, abundaron los subproductos de diferentes nacionalidades (italiana, española y demás coproducciones) hasta alcanzar otro hito diez años después, en 1978, con “Dawn of the Dead” gracias al mismo director. Poco a poco, languidecen en los ochenta recluyéndose en productoras especializadas y directores “de culto”. Basta decir que su mayor éxito tuvo lugar con el videoclip Thriller protagonizado por Michael Jackson y dirigido por John Landis, capaz de oscurecer la autoactualización de “Day of the Dead” y una buena ristra de parodias encabezadas por “The Return of the Living Dead”. Video musical que, ¡oh casualidad!, cumple2 un cuarto de siglo estos mismos días. La década de los 90 fue menos provechosa a pesar de contar ya con seguidores y creadores incondicionales, entre los que podemos destacar “Braindead” del por entonces amateur Peter Jackson.

Habría que esperar al nuevo siglo para el definitivo relanzamiento de una temática que, con un volumen de producción relativamente alto y constante, nunca había alcanzado la distribución y el cartel restringido a otro tipo de obras dentro de una hipotética categoría A. Finalizaremos este modesto recorrido con una cuarta y última entrada, dedicada a la resurrección del zombie en el siglo XXI e ilustrada con unos cuantos títulos; no podía ser de otra manera.

  1. El acceso al palo como instrumento para cambiarlo más tarde por el rifle. La sublevación ante la injusticia y la marginación. La idea de comunidad y liderazgo. []
  2. 25 años de escalofríos, El País, 3-12-2007 []

¡Que vienen los zombies! (2)

Las imágenes fílmicas comerciales se elaborarán, dentro del contexto visto en la entrada anterior, de acuerdo a un tipo muy codificado, con un carácter que exaltará como rasgo principal su muralidad. Y se hará mediante acciones destinadas a la consecución de una cierta lozanía icónica como no podía ser menos en la época de la masificación de las operaciones de estética:

Eliminación de cualquier tipo de residuo, de huella o de imperfección material.

Al mismo tiempo las posibilidades de manipulación extrema vía software nos llevan a idéntico camino que el comentado sobre el saber-opinión y verdad. Es decir, dado que existen innumerables formas de retocar la imagen ¿por qué no hacerlo? es más ¡hay que hacerlo! Esta búsqueda sin descanso de la asepsia es realizada en buena medida por el imaginario colectivo y no sólo por los sectores creativos o industriales. Tal vez proyectando en la tecnología un prurito de fiabilidad extrema ante situaciones de inseguridad. Un ideal mecanicista de la perfección donde los defectos deben ser eliminados o al menos estar maquillados. En esta era de inflación icónica, que ha llegado a conformar una hiperrealidad, somos blanco fácil del engaño: la imagen es empleada masivamente como documento (con crédto de verdad) cuando paradójicamente más se está perdiendo ese valor.

Pero esto no debe conducirnos al camino de lo esotérico, tampoco al de la conspiración, simplemente al de la crítica y el análisis y si estos se descubren como insuficiente o innecesarios simplemente callar, punto éste en el cual empiezan la deriva esotérica y la conspiración malsana. Todo puede ser dicho con y sin imágenes, todo puede ser hecho con ellas hoy en día, pero tal vez todo no se deba hacer.

Así, en el plano extrictamente metalingüístico un filme como “Decasia: A State of Decay” 1 (y similares) aparece como una auténtica película-zombie. No es de extrañar el auge, fuera de los círculos comerciales, de los ejercicios en esa dirección, el reciclaje y el found footage como oposición necesaria a la blockbusterización y sus imágenes impolutas, panópticas, maquilladas sin huella a base de layers y layers invisibles.

Esta problemática en las imágenes que nos rodean tocan un punto fundamental del mundo zombie, un aspecto crucial para que hayan regresado con fuerza y aunque nos parezca mentira, cargados de poder didáctico: El zombie come carne humana y se despacha a gusto con las entrañas rara vez visibles del ser humano corriente. Conociendo como conocemos el marco iconográfico y cultural del momento ¿cómo es posible que el zombie “triunfe” mostrando lo que es considerado tabú en la sociedad actual, el desecho, la suciedad, etc?

Una primera aproximación no relacionada con esto lo podemos ver en las tendencias de la moda masculina, absurdas y banales, sí, pero por desgracia presentes e influyentes en la iconosfera. La ridícula propuesta de la metrosexualidad estalló junto a las perfectas cristaleras del WTC hace años, usted si desea ahora pertenecer al nivel más cool de la masculinidad retratada por telediarios y prensa debe ingresar en el colectivo de los Dirty Chic. El desaliño nunca mejor aliñado, la suciedad más pulcra; pura aporía como cualquier idea asociada al “mundo de la moda”.
Nos sirve al menos este apunte para entrever la grieta por la cual intenta aparecer la roña en un mundo donde está proscrita y donde se necesitan seres con valor y capacidad de verdad para mostrarla: los zombies serán más honestos que cualquier galán de turno con la camisa arrugada y con barbita de tres días.

Recurrimos de nuevo a George A. Romero2 para apoyar la hipótesis sobre la necesidad de incorporar al zombie como figura valiosa para la pedagogía:

Los zombies se han hecho tan populares como los vampiros, que llegaron a contar con su propio muñeco en Barrio Sésamo. Quizá la semana que viene introduzcan en Barrio Sésamo un muñeco zombie.

Aunque tal vez no sea el mejor momento de dar peso a estas declaraciones cuando en EE.UU han calificado la edición en DVD del programa infantil citado como contenido para adultos,3 difícil pues que en su particular baremo quepa un zombi como fiel compañero en la educación de sus hijos.
El mundo zombie, entonces, percute de manera decisiva sobre una serie de aspectos que aquí consideramos fundamentales:

* Cuestionamiento de la imagen como elemento mural y aséptico recurriendo en ocasiones al juego de texturas, de formatos y soportes.
* Cuestionamiento de la imagen como elemento asociado a la verdad y a la información (que no son equivalentes).
* Subvertir el orden común en los protocolos morales y éticos establecidos en el individuo.
* Elemento valioso para la crítica de las estructuras sociales y políticas: familia, comunidad, trabajo y gobierno.

Cabe destacar ahora el tercer punto, al que la actividad zombie afecta directamente: en sus películas muchas escenas violentas son explícitas, se ve con total claridad cómo devoran la carne, las vísceras arrancando miembros y cabezas. Esta necesidad o no de mostrar tiene su razón de ser en nuestro tiempo. El despliegue de casquería en sí resulta fundamental y de simple pornografía deviene acto moral para el receptor.

Tragarse vivo a otro ser humano y no digamos verlo, es en esencia y desde su nacimiento un ataque directo a la idea del ser humano como algo superior, a sus modelos y convenciones, a la búsqueda enfermiza por evitar lo que no conviene, el dolor, la fealdad. Tan cursis somos hoy en ese sentido que nos gustaría perfumar los excrementos, de los cuales renegamos como si no fueran nuestros, como si fueran de otro.

El zombie es un agnóstico que no entiende de trascendencia ni de religión (más ahora con el reflote de las religiones como elemento público y activo). El humano no es ni siquiera devorado por un animal, lo es por un semejante, uno con la inocencia de un niño4. El zombie desmonta los conceptos de Comunión y de Resurrección: para él no hay nada más allá de la carne mientras para nosotros ya no la religión sino la ética es trascendental. 5

Podríamos concluir aquí que estos elementos son el núcleo para determinar el grado de subversión zombie dentro del siglo XXI, a partir del cual se expande el resto de su acción hasta llegar a los lugares de poder y convivencia. Así y atendiendo a las palabras de Joe Dante6: “Desde los años 30, las películas de zombies han servido como metáfora política“. Este último punto junto a la aclaración de ideas pendientes serán tratados en las siguientes dos entradas, dedicadas a reseñar de manera breve una serie de películas que durante el último lustro han traído de vuelta a los zombies cuando nadie podía esperar semejante compañía.

  1. Película dirigida por Bill Morrison: http://www.decasia.com/ []
  2. Jordi Costa entrevista a George A. Romero, El País, 7-10-2007 []
  3. Barrio Sésamo tenía dos rombos, El País, 23-11-2007. []
  4. El niño y el zombie se encuentran en lo que se denominó la fase anal freudiana (18-36 meses), el niño empieza a tomar control sobre los esfínteres y cree que los excrementos son una parte más de su cuerpo, no los consideran ni repugnantes ni ajenos, juega con ellos y puede hasta ingerirlos. La figura del niño-zombie que se ha hecho indispensable en la imaginería cinematográfica del género no por redundante deja de ser efectiva. []
  5. “Es claro que la ética no consiente en que se la exprese. La ética es transcendental. Ética y Estética son uno y lo mismo.”
    Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus, Tecnos, Madrid, 2002, pág.269. []
  6. Jordi Costa entrevista a Joe Dante, El País, 9-10-2006 []

¡Que vienen los zombies! (1)

Llegaban las suecas en pleno desarollismo landista post mayo del 68 (curiosamente el año de la fundacional: “Night of the Living Dead”) y saturaban por contraste la imagen autóctona. Llegan ahora los zombies 1 casi cuatro décadas después con una misión semejante que cumplir: dinamitar la imagen institucional a distintos niveles para remover en el cubo de los comportamientos individuales y colectivos considerados inmutables, alcanzando también a las propias estructuras de la producción cinematográfica.

¿Por qué los zombies han elegido el momento actual para volver a visitarnos? ¿Qué motivos tienen para meter la mano de nuevo a través de nuestras puertas? ¿Quién los ha llamado? Y ya que están de vuelta ¿qué nos aportan unos seres tan desagradables?
Muchas preguntas a las que no podemos responder con una serie de certezas pero que sí nos permitirán apuntar unas cuantas ideas, quizá muy discutibles, sobre el panorama audiovisual y moral de inicios de siglo.

Se recurre en múltiples análisis sobre cualquier objeto, con mayor o menor acierto, a los efectos secundarios del 11-S para establecer un punto de inflexión global a los que tan aficionados somos para construir el hilo temporal de la Historia. Muchos quisieron ver allí el fin de una época: la demolición posmoderna, si es que algún día pudo estar en pie. La epistemología se encontraba de nuevo ante el problema que suponía regresar a viejas fórmulas que se creían agotadas por pensadas hasta la extenuación. La realidad reducida durante el peridodo anterior a ser el “residuo que se deposita en el fondo del conflicto de las interpretaciones2 era llamada a capítulo para ser repensada bajo métodos que evitaran el juego pendular establecido, que iba desde el solipsismo sin reparos hasta los pretendidos métodos científicos de certezas absolutas3. Así pues, surgía un conflicto en todo lo alto entre algo más que metodologías, entre ideologías, entre diferentes concepciones del mundo: el Metarrelato, muerto y enterrado durante años, asomaba ahora bajo la tierra como un mugriento zombie de Fulci.

Los juegos y quiebros de la Deconstrucción, la inconsistente lógica Fuzzy, la pretendida lucha antitotalitaria establecida por la idea posmoderna o la rigidez del estructuralismo en sus diferentes campos tenían que abrir de nuevo el cierre metodológico al que todos aspiraban y practicaban. Había llegado el momento de dejar de confundir el derecho a saber con el derecho a opinar y con ello callarse y guardar silencio si fuera necesario, por desconocimiento, por falta de argumentos o por simple imposibilidad.

Pero de este excurso sólo nos interesa ahora un elemento: la existencia de un conflicto a nivel global en la percepción de las cosas y en la manera de articular un discurso sobre la mismas. Y es aquí dónde entra el concepto de: Superficie. Tendremos que ir un poco más allá de las superficies, de las modas, para poder encontrar alguna de las respuestas arriba esperadas. Aunque, sin duda, la idea de superficie es un punto de partida inevitable al suponer un lugar de encuentro para los diferentes enfoques teóricos.

De izquierda a derecha y pasando por pensadores del más variado pelaje siempre acaba subyaciendo una idea de base: la desrealización de la realidad gracias a los poderosos juegos retóricos de las estructuras de poder establecidas. La considerada radical idea de Debord sobre la Sociedad del Espectáculo ha sido con el tiempo abrazada hasta por la Curia Romana y por los filósofos más liberales del mercado. Al margen del adjetivo a utilizar: Capitalismo de Ficción, Cultura de la Irrealidad, Sociedad Virtual, etc. todos llegan a una conclusión tipo que convenientemente vulgarizada por quien escribe aquí vendría a rezar que se hace necesario superar la superficie de aquello que no es mostrado como objeto tangible, real, necesario para nuestras vidas y para nuestra sociedad ya que la imagen del objeto puede no responder ni a su verdad objetiva ni a nuestra necesidad real. Resumiendo: Seducción y Consumo.

Muy bien, ahora que hemos ofrecido un apoyo de partida necesario podremos enlazar con nuestros adorados zombies, nuevos personajes activos del contrato social del momento. Y nadie mejor para establecer el enlace entre teoría y práctica que uno de los padres de las criaturas, quien a propósito de su última película “Diary of the Dead” responde a una pregunta4 orientada a las mentiras institucionales y al tráfico de información por Internet:

– ¿Estamos cada vez más lejos de la verdad?
- Lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿qué es lo que hace válida una opinión? Es fácil mentir y que mucha gente te siga (…) Ahora todo el mundo piensa que no sólo tiene el derecho, sino el privilegio y el deber de comentarlo todo.

Establecido el nexo necesario, en la próxima entrada (la segunda de las cuatro con las que contará de momento este dossier) hablaremos sobre la influencia que tiene lo expuesto tanto en las imágenes que fabricamos como en nuestros propios comportamientos cotidianos.

  1. Utilizarémos siempre la grafía inglesa “zombie” pese a existir y estar aceptado por la RAE el vocablo “zombi” []
  2. Vattimo, G. Filosofía, política, religión, Nobel, Oviedo, pág. 42 []
  3. Ver esta problemática en: Toulmin, Stephen, Regreso a la razón, Península, Barcelona, 2003. []
  4. Jordi Costa entrevista a George A. Romero, El País, 7-10-2007 []
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