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Apostillas al Nuevo Cine Turco
Desde que se publicó el artículo sobre el Nuevo Cine Turco, he recibido decenas de correos sobre el asunto. Bueno, en realidad solo ha sido uno. El de un ciudadano que solicitaba orientación con la filmografía y ciertas aclaraciones a partes del texto. Un pobre infeliz que ha exigido mantener el anonimato por miedo a sufrir lo que esa inclinación pública hacia el cine turco le podría acarrear en su vida social, sentimental y académica. Esto es, que los vecinos le señalaran en el portal como el sodomita al que le gustan los policías sádicos, que siguiera sin encontrar rastro alguno de jovencita núbil, y empezar a recibir invitaciones a fiestas universitarias que, oh casualidad, deben celebrarse en sórdidas imitaciones de baños turcos.
Como me parecía poco humanitario desaprovechar mi henorme xaviduría en un correo electrónico privado, y como el incauto no objeta, hago públicas con algunos retoques esta especie de apostillas purulentas. Breve comentario a las películas listadas en la filmografía con la que concluía el artículo. No hará falta que solicite perdón anticipado por la frivolidad que supone ventilar en tres o cuatro líneas una película, por mala que sea. Hacerlo, además, de manera chabacana y críptica. Vamos, crítica de cine como dios manda.
Dudo que alguien quede con ganas de más. Si fuera el caso aquí estoy, con un vaso de té turco al lado.

Yazgi (Zeki Demirkubuz, 2001)
1988. A ay, Reha Erdem
Una gran película de fantasmas sin fantasmas. Aquí empieza Erdem su camino por el retrato juvenil femenino. Tiene algo de Pedobear este Erdem, no lo puede negar. Bastante bien conseguido el aire a relato gótico-naturalista, con tías castrantes y caserón incluido.
1991. El rostro secreto (Gizli yüz), Ömer Kavur
Si alguien está interesado en la literatura de Orhan Pamuk (Nobel de Literatura en el 2006), que sepa que este guión en suyo. El único que ha escrito, me parece. La película es fascinante, sobre todo si la ves sin subtítulos como fue mi caso. Aquellos que tengan la sana costumbre de ver las películas con buenos auriculares y que tengan acceso a una buena copia (esto es más difícil), disfrutarán de un empleo del sonido y de unos graves maravillosos.
1994. Berlin in Berlin, Sinan Çetin
Emigrantes turcos en Alemania, vale, lo típico. Más curioso es el tratamiento simbólico de esa emigración con problemas de integración. Encerrados y encerrando literalmente a las personas en casa, en su pequeña Turquía particular. Suspensión de incredulidad mediante, se le pueden perdonar algunos excesos e incongruencias. La angustia como tema muy secundario, un sentimiento infravalorado en el cine, difícil de transmitir y de recibir debido a su capacidad para incomodar.
1994. The serpent’s tale (Karanlik sular), Kutlug Ataman
No tiene nada que ver con el Nuevo Cine Turco del que hablo en el texto, pero la incluyo porque es un auténtico milagro del género fantástico. En todos los aspectos, pero sobre todo en la mezcla de motivos. Intuyo que es bastante desconocida. Por ahí circulan copias bastante pobres que seguro contribuyen a su insuficiente reconocimiento. Pertence a ese tipo de películas refractarias a las modas, al género y a la época en la que se realizan. Como Nosferatu a Venezia, por ejemplo.
1995. Koza (Cocoon), Nuri Bilge Ceylan
En principio debería ser para “completistas” (palabra hórrida que encima no existe, ¡no la uséis nunca!) de la obra de Ceylan. Pero como es un cortometraje muy accesible y de apenas un cuarto de hora, no creo que le sobre a nadie. Adelanta, de manera abstracta, algunas de las inquietudes del director. Preludio evidente y necesario de Kasaba.
1996. Tabutta rövasata (Piruetas en un ataúd), Dervis Zaim
Obra fundacional para muchos. No es su único valor. Es verdad que las historias alrededor del protagonista podrían estar mejor y que a él resulta difícil descifrarlo. Pero esa ambigüedad del pesonaje es un filón: a ratos surreal, simbólica, cómica, estrafalaria, y siempre crítica. Zaim las suelta de refilón, pero siempre las suelta.
1997. Masumiyet (Innocence), Zeki Demirkubuz
La filmografía de Demirkubuz no gira sobre Masumiyet, ni siquiera sobre los temas que desarrolla en ella, sino sobre las diferentes respuestas emocionales del ser humano ante esos temas. El intento final por conectar las historias quizá sobre, pero funciona igual de bien. Primera película de Güven Kiraç, un actor estupendo que aparecerá por otras películas.

Viaje hacia el sol (Yesim Ustaoglu, 1999)
1997. El pueblo (Kasaba), Nuri Bilge Ceylan
La familia reunida en torno a una hoguera. Cuentos, riñas y reproches salpicados con sueños. Los niños explorando el medio, el joven sin futuro, los padres resignados, los abuelos de vuelta y con nostalgia. Eso es la familia y eso es Turquía para Ceylan.
1998. Corto y con filo (Kurz und schmerzlos), Fatih Akin
Un turco, un griego y un serbio en Alemania. Akin quiere contarnos cómo los deseos por madurar e integrarse en la sociedad del joven turco son torpedeados por la imbecilidad de sus dos colegas. Estaría bien, si no fuera porque el propio turco es igual de borrico. Una de las características más llamativas de las películas de Akin, es la falta de agilidad o habilidad. Es como torpe, grueso. Aquí no debía ser consciente de ello y no trata de maquillarlo como hará en futuras ocasiones.
1999. Viaje hacia el sol (Günese yolculuk), Yesim Ustaoglu
Una de las películas que, con toda la justicia, ha quedado como referencia. La eterna persecución y maltrato al kurdo como tema principal. La relación juvenil y muy inocente (al epsectador occidental le parecerá demasiado) de la pareja de novietes protagonista recuerda a la posterior de Melegin dususu de Kaplanoglu. Estupendo retrato de la amistad del chico con su amigo, un vendedor ambulante y activista. El último tercio de la película se dispara: la muerte, el viaje y la iniciación. Ustaoglu, desde entonces, va cuesta abajo.
1999. The third page (Üçüncü sayfa), Zeki Demirkubuz
La mujer fatal de Demirkubuz es directamente un ángel exterminador. Los hombres siempre son arrastrados como monigotes. Curioso trasfondo con esos estudios de televisión callejeros, casi domésticos y francamente cutres que nos devuelven a la etimología misma del Yesilçam.
1999. Yara, Yilmaz Arslan
De esas películas en las que parece que han cambiado el orden de los rollos en la proyección o que han guardado mal los cortes del montaje. Al margen del confuso e innecesario montaje, es una película destacada para aquellos interesados en el tema de la identidad. Mostrarlo a través de la idea del doble viaje y de la enfermedad mental de la joven turco-alemana es acertado; al menos eso es lo que yo entendí. Lesbianismo colateral.
1999. A run for money (Kaç para kaç), Reha Erdem
Comedia negra a ratos graciosa, a ratos cargante, a ratos sosa. La obsesión y la paranoia progresiva del protagonista no se transmite del todo bien ni en intensidad ni en plazos. Debajo de la comedia hay una visión razonable y veraz de la naturaleza egoísta del ser humano. El egoísmo es connatural, pero se ve aumentado hasta la enfermedad por los imperativos sociales y otras flaquezas particulares.
1999. Nubes de mayo (Mayis sikintisi), Nuri Bilge Ceylan
El cine como intermediario entre generaciones y como medio para conocer, si es que se puede o si es que es necesario y saludable, a la propia familia. Si el icono español de la testarudez es Don erre que erre, el turco bien podría ser el de este anciano y sus árboles. No hará falta que diga cuál es mejor.

En julio (Fatih Akin, 2000)
2000. En julio (Im juli), Fatih Akin
Para mí la mejor película de Akin. Divertida y naif Road-movie con vagos recuerdos de Screwball. Que termine deslizándose a la comedia romántica –más digerible y menos pastelona que otras eso sí- es un mal menor. Me gusta esa libertad absurda del guión, parece reírse de los que siempre buscan justificaciones racionales a los encuentros y desencuentros. O tal vez sea consecuencia de la poca capacidad de Akin para refinar las cosas. No tiene la destreza narrativa para ser redonda, ni una inventiva deslumbrante en la creación y resolución de situaciones, pero es realmente disfrutable si se acepta todo lo dicho.
2001. Yazgi (Fate), Zeki Demirkubuz
En ocasiones Demirkubuz no busca exponer las respuestas emocionales (excesivas, insuficientes, equivocadas, condicionadas) del ser humano a las que aludíamos en Masumiyet, sino la ausencia absoluta de estas. Adaptación libre de El extranjero de Camus.
2001. La fotografía (Fotograf), Kazim Oz
La única película que no he llegado a ver. No quería listar ninguna que no hubiera visto, pero algunas referencias positivas que me llegaron y la frustración por no conseguirla, me llevó a dejarla como solitario elemento de una futura wish list.
2001. Big man, little love (Büyük adam küçük ask), Handan Ipekçi
Bastante floja y cansina, se pasa dos horas repitiendo la misma situación hasta que terminas hasta las cejas del viejo y de la niña. Por no hablar de esa vecina impagable que da auténtico terror. Al parecer la película que mejor trata el problema del idioma y los kurdos es Una canción para Beko (Kilamek ji bo Beko, 1991) dirigida por un kurdo en el exilio: Nizamettin Ariç. Como en su momento no llegué a verla, decidí no mencionarla.
2002. Itiraf (The confession), Zeki Demirkubuz
El infeliz utilizado por la mujer. La mujer turca como femme fatale de nuevo presente. Y así será en todas sus películas, con diferentes matices y variables. Pasajes angustiosos y hasta desagradables. Demirkubuz no enjabona las habitaciones roñosas de algunas de sus películas, menos va a hacerlo con el espectador. Para mí, su peor película.
2002. Lejano (Uzak), Nuri Bilge Ceylan
Supongo que la más conocida por todos. Aprovecho esa hipótesis para callarme. Solo catalogar como sublime la secuencia en la que el protagonista le pone Stalker a su primo para ver si así se va la cama de una puta vez y puede poner una porno. ¡Eh tú, cinéfilo! menudo owned te llevaste.
2003. Çamur (Mud), Dervis Zaim
El enfrentamiento turco-griego con Chipre (país natal del director) como escenario y el surrealismo como vehículo para la crítica. No es brillante, pero ese clima absurdo te acaba por hacer gracia. Entendería que algunos, en vez de echar una sonrisa, se irriten con ella.

Bes vakit (Reha Erdem, 2006)
2004. Yazi tura (Toss up), Ugur Yücel
Los trillados traumas post-bélicos en el cine. Dos soldados que se conocen en el ejército y que sufren las consecuencias de una escaramuza en el frente kurdo. Las taras físicas y mentales en su vuelta al hogar: uno al pueblo, el otro a la gran ciudad. No es tan mala como puede parecer de entrada con esas banalidades con la cámara, las luces y el montaje. En la estructura narrativa, donde sí tenía margen para jugar más, se agarrota.
2004. Contra la pared (Gegen die Wand), Fatih Akin
En su día se infló a ganar premios. Cuando en la actualidad un filme alcanza tal grado de reconocimiento es mucho más sencillo considerarlo como lo que es: un overrated de libro. Con ello no digo que me parezca mala, pero tampoco todo lo buena que se dijo. Hubo algo que no me terminé de creer en la película y sigo con la duda. Debería volver a verla. Los infraseres que leen a grrrrrrrrrrrr Martin y ven Juego de Tronos estoy seguro de que tienen unos cuantos DVDs Princo con la filmografía de Sibel Kekilli anterior a esta película.
2004. Life on their shoulders (Sirtlarindaki hayat), Yesim Ustaoglu
Documental de corta duración sobre algunos pueblos del Noreste de Turquía, a orillas del Mar Negro, que durante el verano trasladan la residencia a las montañas. Una excusa para hablar ligeramente sobre los problemas de la mujer en esas sociedades: el trabajo, la educación y la capacidad de decisión. Ustaoglu debió aprovechar el material de la preparación y el rodaje de Bulutlari Beklerken (Waiting for the clouds), estrenada un año antes y ambientada en uno de esos pueblos. Bulutlari Beklerken no la cito en la filmografía, entre otros motivos porque no es gran cosa: historia sobre la orfandad y la emigración que trata de conectar el pasado (el Comunismo) y el presente.
2004. Tales of intransigence (Inat hikayeleri), Reis Çelik
Especie de parábola entre lo viejo y lo nuevo, utilizando los medios de transporte (un trineo y una furgoneta) para ilustrarlo. Localizada en la región del Ararat. Esa sería la espina de la que surgen episodios-cuentos (leyendas, dichos, folclore y relatos) con un sentido ejemplar y moral. Le favorece el aspecto documental que intentan darle, aunque ya sabemos que rodar o fotografiar marcando ciertos dejes documentales suele ser un recurso facilón para ocultar carencias.
2004. Bekleme odasi (I aithousa anamonis), Zeki Demirkubuz
Demirkubuz en primera persona. Director y actor. Cansado de utilizar a mujeres para destrozar a los hombres, aquí se propone ejercer de cabronazo, y lo hace con nota. El tema del creador y las dificultades para sacar adelante un proyecto, sus fobias, temores y crisis. Todavía no sé si es más rusa (está inspirada y dedicada a Dostoievski) o iraní. Sí sé que es una gran película.
2005. Oyun (The play), Pelin Esmer
El formato y el argumento invitan a lo peor, a la televisión. Filmar los preparativos y la función teatral de un grupo de amas de casa en una aldea. La representación estará basada en experiencias personales que muestren de la desigualdad femenina en las zonas rurales y, por extensión, en todo el país. Dentro de las limitaciones, Esmer y las mujeres salen adelante con ritmo y gracia.
2005. Melegin düsüsü (Angel’s fall), Semih Kaplanoglu.
Leed el artículo, joder, que es gratis. Como no lo haréis, decir que el desenlace tal vez no concuerda del todo con lo anterior. El juego con la elipisis, clave en la narración, es eficaz pero menos arriesgado de lo que aparenta. No podría decirse que el tema central sean las reivindicaciones de la mujer en Turquía, creo que Kaplanoglu no tiene esa intención. Un apunte que el cine suele olvidar: utilizar los objetos más allá del atrezo, otorgarles vida e influencia en el drama. La maleta como abstracción sentimental y narrativa.

Takva: un hombre temeroso de Dios (Özer Kiziltan, 2001)
2005. Crossing the bridge: The sound of Istanbul, Fatih Akin
Apreciable documental al que le sobra la mínima estructura –una excusa- que proporciona el músico que hace de guía. Podría haber sido fascinante del todo con algo más de locura, siendo menos convencional. Eso habría empezado por eliminar algunas entrevistas y la linealidad del huésped.
2005. 2 girls (Iki genç kiz), Kutlug Ataman
El rollo tijeroide, aquí más o menos latente, aparece de vez en cuando en el cine turco. Coletazos de la liberación femenina que se encuentra con el problema de construirlo sobre adolescentes descerebradas y una milf casi paródica. Ataman, que viene del video-arte, parece que en cada película busca un tratamiento visual diferente. En esta le sobra algún que otro tic de esos facilones para transmitir la inmediatez urbana y la “locura” juvenil.
2005. Istanbul tales (Anlat Istanbul), Varios
Es una producción comercial que poco tiene que ver con el Nuevo Cine Turco, quitando algunos actores y temas. La cité para dejar constancia de que el cine comercial turco también puede ser ameno. Menos endogámico que algo tipo Eskiya, y mucho más digno que producciones con más vida fuera del país como fue el caso de Iraq, el valle de los lobos (Kurtlar vadisi – Irak).
2006. Bes vakit (Times and winds), Reha Erdem
Una de las mejores películas de Erdem, o la mejor. Aunque reconozco que la alta consideración se debe a mi debilidad por algunos de los temas que trata: la maldad esencial de los niños, la tiranía y la descomposición como forma y estado connaturales de la célula familiar. Supongo que en el análisis cinematográfico, Erdem y esta película en particular ya habrían caído en las garras del psicoanálisis si fueran más conocidos.
2006. Los climas (Iklimler), Nuri Bilge Ceylan
Cuando Ceylan decidió ponerse pelma. Hay un enlace curioso entre el personaje que interpreta aquí el propio Ceylan y el de Demirkubuz en Bekleme odasi. Sería genial un estudio comparativo, es prácticamente la misma película. Para nada es una mala película, más bien lo contrario, pero ese retrato del egoísmo, de la crisis de pareja –y personal- es un poco cargante. No sé por qué me recordó algunas cosas que ya había hecho Assayas diez años antes, como Finales de agosto, principios de septiembre.
2006. Vuelta a casa (Eve dönüs), Ömer Ugur
Es una película digamos comercial que la incluí por ilustrar el problema militar y policial turco desde un punto de vista alejado del cine político convencional. Esta pretende ser una comedia, amarga pero comedia, a través de la figura de un wrong-man. Con un protagonista que no sé si quería ser Roberto Begnini, pero que se queda en algo parecido a Emilio Aragón. Prescindible si lo que se busca es un visión global y ortodoxa del Nuevo Cine Turco.
2006. Kader (Destiny), Zeki Demirkubuz
En su momento fue mi película favorita de Demirkubuz, ahora tengo más dudas. El ángel azul cabalga de nuevo. Junto a Kaplanoglu uno de los mejores empleos de la elipsis sistemática, no ocasional o retórica. Los retratos que hace Demirkubuz de la pérdida de la voluntad individual son tan demoledores y tan sórdidos que corren el riesgo de producir el efecto contrario.

Karanlik Sular (Kutlug Ataman, 1994)
2006. Takva: un hombre temeroso de Dios (Takva), Özer Kiziltan
Intuyo que mucha gente no le debió gustar la manera en la que se muestra la vida y la organización de algunas instituciones y “sucursales” religiosas. La analogía con la mafia está en el punto de encuentro, ni muy grosera ni muy soterrada. Me interesa más ese marco que las tribulaciones del protagonista, más previsibles y repetitivas a pesar de jugar y hacer transiciones entre tonos: de lo cómico a lo trágico.
2007. Huevo (Yumurta), Semih Kaplanoglu
Al artículo.
2007. Al otro lado (Auf der anderen seite), Fatih Akin
Esa construcción de vidas de cruzadas y azar nunca ha sido mi debilidad. Con todo está bien resuelta, dejando por el camino personajes con los que cuesta horrores mantener cierta identificación. La relación entre la Unión Europea y Turquía como fondo, pero solo como eso, como decorado pintado, sin profundidad.
2007. Riza,Tayfun Pirselimoglu
Esas pensiones de mala muerte donde se juntan unos cuantos desheredados, es una estampa habitual muy bien aprovechada por el cine turco. Sacarle partido a esa concentración de personajes además de como espacio cultural y recurso narrativo, supongo que también favorecerá la producción. Riza es bastante deprimente, no te alegrará el día si es lo que estás buscando. Pero si te interesa este cine, deberías darle un vistazo. De Pirselimoglu tengo pendientes la primera,Hiçbiryerde que parece que tira más por el lado político y las dos últimas, Pus y Saç, con las quer Riza forma una especie de trilogía.
2008. Tatil kitabi (Summer book), Seyfi Teoman
Sencilla, limpita, agradable de ver. Los problemas entre los diferentes miembros de una familia de provincias durante un verano. Con lógica atención al niño pequeño. Es la primera película de Teoman, habrá que seguirle la pista para ver cómo evoluciona, puede darnos alguna sorpresa.
2008. La caja de Pandora (Pandora’nin kutusu), Yesim Ustaoglu
Ganó la Concha de Oro en San Sebastián, lo cual no debería servir para encumbrarla como lo que no es, una gran película. Los personajes en torno a la anciana protagonista son insufribles, hasta los que en teoría deberían ser lo contrario. Esas disputas familiares con aire a Jaime Rosales cada vez me repatean más, son todas falsas, se nota a kilómetros que están construidas sin conocimiento de causa. Queriendo ser hiperrealistas, terminan siendo ciencia-ficción.
2008. Leche (Süt), Semih Kaplanoglu.
Que he dicho que leáis el artículo.
2008. Hayat var (My only sunshine), Reha Erdem.
Con Mouchette en la lejanía. Erdem ha construído casi toda su filmografía sobre dos motivos: la niña púber y los cuervos. Los personajes secundarios dan la sensación de estar escritos como una galería de los pecados capitales; en ese sentido es más Se7en que Mouchette. Esos retratos buscan reflejar lo grosero de los comportamientos, no dar lecciones o mensajes morales, aunque estos sean inevitables. En eso Erdem no engaña, si tiene que ser excesivo y desagradable, lo es sin problemas. Elit Iscan tal vez sea lo mejor, y según veo en imdb no ha hecho nada más en cine que las dos películas con Erdem.

Nubes de mayo (Nuri Bilge Ceylan, 1999)
2008. On the way to school (Iki dil bir bavul), Ozgür Dogan, Orhan Eskikoy
Parece que utiliza la forma y el aspecto documental para transmitir la seriedad del problema, y parece lograr lo contrario. Silenciar el kurdo, imponer el turco desde la infancia. Recoge la vida duante un año, un curso, de un maestro destinado a una aldea kurda. Los típicos recursos del discurrir estacional. Una tontería me llamó la atención: hay dificultad para tener agua corriente, no tanto para la cobertura de los teléfonos. No sé, uno echa en falta –sin tener nada que ver- el arrojo de Makhmalbaf en cosas como Alfabeto afgano, por ejemplo.
2008. Tres monos (Üç maymun), Nuri Bilge Ceylan
Yilmaz Güney en el recuerdo. A la espera de comprobar qué ha hecho en Once upon a time in Anatolia (premiada en el último Festival de Cannes), Tres monos dejó a Ceylan en un badén. Motivos: la gravedad algo artificial de sus dos últimas películas y el alto nivel que le podemos exigir. Porque Ceylan es uno de los cineastas de los que podemos esperar una cumbre en cualquier momento, una película extraordinaria.
2009. Wrong rosary (Uzak ihtimal), Mahmut Fazil Coskun
Poco atrevida mostrando los impedimentos humanos, culturales y religiosos a la hora de establecer relaciones profundas entre personas de diferentes cultos, entre el islámico y el católico principalmente. Aunque esa languidez del trío protagonista es engañosa, te termina arrastrando a uno de esos finales anti-clímax que se agradecen de vez en cuando.
2009. De diez a once (11′e 10 kala), Pelin Esmer
Una carencia absoluta de humor –o de un mejor humor- la hacen difícil de digerir. No creo que Esmer logre lo que parece buscar: el contraste entre la tradición y la modernidad, entre sabiduría y banalidad, entre el caos actual y el escrupuloso y enfermizo rigor del viejo. Es lo mismo que intentó también con poco tino Ustaoglu en La caja de Pandora; cambiando Diógenes por Alzheimer. En el 2002 Esmer realizó un documental (Koleksiyoncu) sobre el mismo anciano (su tío en la vida real) que no he llegado a ver.
2009. Kiskanmak (Envy), Zeki Demirkubuz
Es poco habitual, o nada habitual, una película de época dentro de este cine de “autor”. La ambientación en tiempos pasados es mucho más frecuente en el cine comercial como recuerdo colorista del yesilçam, y como trivial explotación del pensamiento exótico que tenemos los occidentales del país. A Demirkubuz le da igual ambientarla en el siglo XXI que setenta años antes, el tratamiento es el mismo. Cambiando de época tal vez quisiera eliminar cualquier accesorio contemporáneo con el que identificarse. Incidir todavía más en la condición humana, en la persistencia de los instintos, que no es una moda, que es una tiranía. Sigue dándole vueltas a Dostoievski. No sé si Demirkubuz tendrá nuevo proyecto a la vista, ojalá, porque su obra tal vez sea la más consistente y regular de todas.
2010. Kosmos, Reha Erdem.
El Erdem más enfático, y mira que esa es una de sus especialidades. La idea es curiosa y atractiva, pero se viene abajo con esa trascendencia a embudo. Me atrae ese pueblo como remedo turco de Blue Velvet. Todo parece tranquilo pero en el fondo son todos unos cerdos, otra de las constantes del director. La incapacidad para reconocer la bondad cuando aparece bajo formas no familiares, y en el caso de detectarla considerarla como una amenaza.
2010. Miel (Bal), Semih Kaplanoglu.
Eso.
Eliminando décadas anteriores y películas contemporáneas que no entraban en la línea del artículo, si hoy tuviera que quedarme con diez de esta filmografía parcial serían las siguientes:
El rostro secreto (Gizli yüz), Ömer Kavur, 1991
The serpent’s tale (Karanlik sular), Kutlug Ataman, 1994
Tabutta rövasata (Piruetas en un ataúd), Dervis Zaim, 1996
Viaje hacia el sol (Günese yolculuk), Yesim Ustaoglu, 1999
En julio (Im juli), Fatih Akin, 2000
Yazgi (Fate), Zeki Demirkubuz, 2001
Lejano (Uzak), Nuri Bilge Ceylan, 2002
Bes vakit (Times and winds), Reha Erdem, 2006
Takva: un hombre temeroso de Dios (Takva), Özer Kiziltan, 2006
Huevo (Yumurta), Semih Kaplanoglu, 2007
* (Orden cronológico y sin repetir director)
Crónica del Sevilla Festival de Cine Europeo (y II)
por Alexis Castro
Die Revolution ist Großartig, alles andere ist Quark
El alemán Uli Edel por fin levanta cabeza después de casi dos décadas representadas por un reguero de mediocridades fabricadas en Estados Unidos, y lo hace, como era de esperar, con una producción europea (después de sus magníficos inicios con Yo, Cristina F.,1981, y Última salida para Brooklyn, 1989).
En realidad Der Baader Meinhof Komplex ya se había estrenado en España (incluso está editada en DVD), por lo tanto su presencia en esta edición del festival me resultaba extraña, compitiendo por el premio del público en la Selección EFA. Aún así, como no tuve oportunidad de verla en el único cine de versión original que hay en nuestra ciudad, me decidí por aprovechar la ocasión y verla aquí, en el festival.
La película tiene un ritmo envidiable y te mantiene en vilo durante sus dos horas y media de metraje. La dirección es férrea, sólida. La ejecución de la acción vibrante. Pero creo que el film, pese a toda su buena factura, tiene un problema: la mitificación de los personajes, sobre todo el de Andreas Baader, convertido en una especie de carismática estrella del rock.
La separación de lo que es la objetividad, lo referente a mostrar hechos históricos de relevancia mundial con un envoltorio de espectáculo… estos puntos negros de producción -que son lógicos desde la piel de un productor de cine, pero que no lo son para un cronista que tiene cierto apego por lo que ilusoriamente se llama la verdad histórica- se encargan de restarle seriedad a la historia que se nos cuenta, banalizando los actos terroristas de la Rote Armee Fraktion (Fracción del Ejército Rojo, o la Baader Meinhof, como también se la conoce).
Sus virtudes consisten en trazar con buen pulso y amplia perspectiva la crónica histórica de unos años caracterizados por la convulsión y agitación políticas y sociales.
“Si se tira una piedra, es un acto punible. Si se tiran cien piedras, es un acto político.”
Partir, o las ínfulas de un corsario
Partir, de Catherine Corsini, trata un tema universal y muchas veces tratado por el cine: la infidelidad, el encuentro de un nuevo amor y la liberación de la mujer.
En esta ocasión, aunque quizás no se nos ofrezca nada nuevo, sí cabe destacar la sobriedad con que está hecha la película, la mirada resuelta al encuentro entre Suzanne (una estupenda Kristin Scott Thomas) e Iván, y al desarrollo de su primera amistad y de su posterior enamoramiento.
No llega a desbordar, no emociona en exceso, porque está acusada de cierta frialdad o cierto distanciamiento, pero por lo menos se aprecia y se valora la sencillez y concisión con que está narrada la historia, punteada de escenas eróticas -relativamente generosas- que están muy acordes con el clima general del film, rematado con un final de lo más amargo.
Rebelde con causa
She, a chinese (Ella, una china), de la escritora y directora de cine china Xiaolu Guo, es, para un cronista, la gran sorpresa de la sección oficial.
La directora pasó sus primeros 30 años viviendo en China (estudió cine en Pekín), y los últimos 5 entre Londres y París. Pertenece a la 7ª generación de directores chinos, aunque en China sea, ante todo, una directora underground. El film es, por consecuencia, una co-producción entre Reino Unido, Francia y Alemania.
La historia nos narra la joven vida de Mei, una chica que vive en un pequeño pueblo de China dominado por una serie de constantes tales como el desarraigo y la violencia. Mei está enraizada de lleno en los estragos y las ruinas de esas jóvenes generaciones de los 70’ que iban a por todo y a por nada, aplastadas por un sistema social y económico cuya burocracia sin escrúpulos, cuya truculencia, hacía caer sobre ellos la alargada sombra del no hay futuro.
En la pantalla vemos la violencia ejercida sobre un cuerpo joven de mujer. Vemos un mundo masculino belicoso, en el que ella se rebela contra la falta de amor. “Civilización es un término que tiene que ver con los conceptos de estructura, de comunidad”, nos explica Guo, intentando contextualizar el entorno en el que vive Mei, un entorno donde, nos dice, las personas tienen una forma de vivir violenta.

She, a chinese, Xiaolu Guo, 2009
Sus influencias van desde el Godard de La Chinoise y de Vivre sa vie hasta Van Sant -en boca suya (me permito añadir las reminiscencias en fondo y forma del maestro taiwanés Hou Hsiao-hsien)-, en el retrato de esa juventud fragmentada, tan fragmentada que hasta la rebeldía que poseen está también fragmentada; una juventud que posee una energía tan joven como ciega.
Mei es un personaje que está continuamente en la carretera (metafóricamente hablando), en movimiento, con ese brío desganado que dan los sueños no realizados o, incluso siendo consciente de ello, por no realizar.
La película indaga, con sutileza y sensibilidad, en el choque de culturas cuando la protagonista consigue el suficiente dinero para emigrar a Londres. En su vida en Londres pasa por tres clases sociales, desde que llega como inmigrante, hasta que se casa con un hombre mayor de clase media, donde consigue la nacionalidad, pasando, en último lugar, a compartir los días con un emigrante pakistaní de clase baja. A este respecto Gao sentencia que Mei “está desnuda de todas las vestiduras políticas”.
En definitiva, She, a chinese es una película potente (con una directora igual de potente en persona), que nos ofrece un relato apasionante, en el que seguimos a una magnífica Lu Huang (Mei) en un descarnado y hermoso viaje a través de nuestra sociedad/la sociedad, a través de los hombres y a través de una mujer.
¿Necesitas un reinicio?
Otra gran sorpresa llegó a las 19:45 en forma de extraña y sugerente película lituana co-producida con Alemania: Low lights (Artimos šviesos), de Ignas Miškinis.
Se trata de una enigmática road movie con un planteamiento original (en fondo y forma) que mantiene el poder de fascinación de sus imágenes intacto durante todo el recorrido, sosegado y agitado a un mismo tiempo, elevando la lírica metropolitana y nocturna que invade la pantalla por encima de la historia y de su supuesta trascendencia, aunque con una punzante e insólita personalidad.
El magnetismo de sus tres protagonistas es incandescente -esa suerte de Andy Lau lituano llamado Dainius Gavenonis, la preciosa y sensual Julia Maria Köhler…- y refuerza la extraña belleza de sus subyugantes imágenes. Metálica, moderna, nocturna.
“La vida sin música sería un error”. Nietzsche
Viernes 13, penúltimo día del festival.
9:00 de la mañana. Teatro Lope de Vega.
Se proyecta Nothing personal (Nada personal), ópera prima escrita y dirigida por la polaca afincada en Holanda Urszula Antoniak, y protagonizada por el veterano irlandés Stephen Rea y por la semi-debutante Lotte Verbeek. Ésta última interpreta a una joven errabunda (Anne/Tú) que vaga por los caminos de Connemara, en Irlanda, hasta encontrarse con un solitario personaje llamado Martin (Rea). Llegan a un acuerdo: ella trabajará en la casa y en el jardín a cambio de comida y techo, y, por petición suya, esa será la única relación que los una, nada más: ni charlas, ni intentos de intimación o indagación, ni nada de preguntas personales.
Bajo esta premisa encontramos un testimonio humanista que saca a relucir la importancia del respeto y la comprensión en las relaciones entre personas, todo en un tono cálido e intimista.
La película está inflamada de una belleza fría que admiramos en los planos de los paisajes, las manos sobre las algas, el rostro de Anne/Tú. Y está llena de sutiles recovecos emocionales, los mismos que, a través de las grietas del alma de los personajes, emanan hacia el espectador, subyugados ante la calmada fuerza de la propuesta, llevada a cabo con sobriedad y brillantez.
Un final desgarrado, precioso.
Pipilotti Rist, debí haber tomado ácido contigo
Para gustos, colores. Y para colores, Pepperminta.
La videoartista suiza Pipilotti Rist se pasa al largometraje y al cine con este film salvaje, tedioso y esperpéntico. El asunto básicamente es una suma de ideas visuales más propias del videoclip aunadas sin ningún tipo de coherencia ni cohesión en una pseudo-historia que, finalmente, no es tal o no tiene el mayor interés.

Pepperminta, Pipilotti Rist, 2009
El resultado es estridente, excesivo, repetitivo, sin mesura. Una macedonia de formulas y ráfagas de post-modernidad, una orgía multicolor que falla precisamente en el terco y aburrido empeño de ser visualmente rompedor, de impactar mediante un uso totalmente desorbitado de la cámara y del color.
La solidez de la escuela sueca
Jan Troell sigue siendo, incluso a día de hoy, uno de los grandes cineastas europeos. Desde el año 1996, cuando se estrenó Hamsun, no nos brindaba una obra tan redonda, aunque no magistral. Maria Larssons eviga ögonblick (Los momentos eternos de Maria Larsson) es una película con una técnica y una corrección envidiables, sólida y muy bien hecha.
Se nos cuenta la historia de una madre (perfecta Maria Heiskanen) a través de lo que nos cuenta una de sus hijas. Maria Larsson tiene una cámara de fotos de la que se quiere deshacer para ganar algo de dinero, pero cuando descubre el prodigio de capturar la vida, el instante, la emoción, rápidamente abraza esa actividad como vía de escape ante una vida dura, con muchas responsabilidades y problemas conyugales con un marido borracho y agresivo, un truhán con buen corazón, después de todo.
No se le puede reprochar nada a una película de corte clásico, bella y emocionante como esta, porque no hay fallas en ninguno de los departamentos: la fotografía, el guión y la dirección no tienen mácula alguna y son soberbios en su concisión como conjunto, y los actores hacen un trabajo más que notable.
Simplemente no arrebata.
Noruega acoge a Alvin Straight
Nord (Norte), producción noruega dirigida por Rune Denstad Langlo, es una curiosa road movie -a falta de coches, motos de nieve- ambientada en los nevados y exóticos parajes de escandinavia.
Sencilla, tierna, divertida y bien confeccionada de un extremo al otro. Es lo que es y lo sabe, no dice ser ni quiere ser una cosa diferente, y eso la honra, porque le hace no perder el rumbo y mantener un ritmo y una personalidad firmes, la labor más compleja, creo, que existe en fabricar una película.
La seducción de la mirada aviesa
If… (¿Y si…?), Lindsay Anderson, 1968.
Sería injusto afirmar que el peso de la película lo lleva Malcolm McDowell, pero, sin embargo, no estaría demasiado lejos de la realidad el hacerlo.
La mítica película británica (por la polémica que generó, por la Palma de Oro que ganó) se presenta en el Sevilla Festival de Cine Europeo dentro de la sección Clásicos favoritos. Selección Jeremy Thomas, y nos desvela, como ya hiciera con The innocents, otra porción grande de cine con mayúsculas. En esta ocasión la porción es cínica, osada, y clava sus uñas en el cuello.

If..., Lindsay Anderson, 1968
La historia se centra en la vida académica de tres alumnos que viven en una institución educativa. Son amigos y están constantemente en contra y rebeldía ante aquellos que poseen la rigidez y la autoridad para ejercer el poder sobre las personas menores que ellos: los pupilos.
Se describen así los sombríos y arbitrarios mecanismos de poder (causa) y rebeldía (consecuencia) en un ejercicio de mordaz y afilada crítica innegociablemente fascinante. El personaje de Travis, a cargo de McDowell, posee un magnetismo y una presencia que llena y colma las escenas con una mirada animal, obscena, salvaje e insolente: los mejores atributos para describir esta película.
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Palmarés
Giraldillo de Oro Sección Oficial: Lourdes, de Jessica Hausner (Austria, Francia, Alemania).
Giraldillo de Plata Sección Oficial: Nothing personal (Nada personal), de Urszula Antoniak (Holanda, Irlanda).
Premio Especial del Jurado: 44 inch chest (Un pecho de 110 centímetros), de Malcolm Venville (Reino Unido).
Premio a la mejor dirección: Roland Vranik, por Adás (Transmisión) (Hungría).
Giraldillo de Oro a la mejor película documental: Garbo, el hombre que salvó al mundo, de Edmond Roch (España).
Premio Eurimages: Käsky (Lágrimas de abril), de Aku Louhimies (Finlandia, Alemania, Grecia).
Premio de la Crítica, concedido por la Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía (ASECÁN): Nothing personal (Nada personal), de Urszula Antoniak (Holanda, Irlanda).
Gran Premio del Público: Un prophète (Un profeta), de Jacques Audiard (Francia).
Premio Jurado Joven/Universitario: Adás (Transmisión), de Roland Vranik (Hungría).
Premio Extraordinario del Presidente del Jurado (Nicholas Roeg): Pepperminta, de Pipilotti Rist (Suiza, Austria).
Respecto al palmarés, decir que me ha parecido bastante equilibrado, en comparación con otros años, apostando por películas menos convencionales y más arriesgadas, quizás no tan accesibles, como Lourdes con el Giraldillo de Oro, o Transmisión, esta última con dos premios.
Muy consecuente, me parece, el premio del público a la película Un profeta, auténtica demostración de brío narrativo y electricidad sensitiva.
Si uno ha visto alguna película de Roeg, como yo en este festival que pude ver Performance y Bad timing, puede comprender ese extraño Premio Extraordinario del Presidente del Jurado a Pepperminta, premio un tanto sacado de la manga, pero bueno, para mí no tiene la mayor relevancia.
Con respecto a Nada personal, que estaba cantado se llevaría algo, la crítica dijo:
“Por expresar con sutileza y calidez el respeto en las relaciones humanas, propiciando la amistad y el amor entre dos personas desamparadas, en un film humanista que apuesta por la comprensión, con una dirección sobria y llena de matices”.
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El Sevilla Festival de Cine Europeo viene a ser, como muchos otros festivales, una suerte de plataforma residual donde vienen a parar algunas de las cintas que han dado más que hablar en el circuito internacional de los festivales de cine más importantes, esto es: Cannes, Venecia, San Sebastián, Berlín, etcétera. Por eso, secciones como la Selección EFA (largometrajes preseleccionados por la European Film Academy para los premios anuales europeos, compitiendo por el voto del público) o Eurimages (selección de largometrajes europeos co-financiados por los fondos del programa Eurimages de la UE) están compuestas por películas que ya vienen avaladas, y se presentan, a la misma vez, como reductos donde encontrar verdaderas rarezas imposibles de ver de otro modo más tarde en cines comerciales.
Como ejemplos: este año hemos tenido en la Selección EFA películas como la original Kynodontas, del griego Yorgos Lanthimos; la ya comentada última película de Jan Troell: Los momentos eternos de Maria Larsson; la rumana Politist, adj., última película también de Corneliou Porumboiu; Tatarak, de Andrzej Wajda; y Un prophète, de Jacques Audiard.

Nothing personal, Urszula Antoiniak, 2009
En Eurimages se encontraban Singularidades de una chica rubia, del centenario Oliveira; Les herbes folles, de Resnais; y la flamante vencedora La cinta blanca, de Haneke. Todas ellas últimas obras de grandes maestros.
Por otro lado, en el terreno de las rarezas, nos encontramos con la lituana Low lights -ya comentada en estas crónicas-, de Ignas Miškinis.
Con un 5% más de presupuesto que el año pasado, el festival ahonda en esta edición en la sonada presencia de estrellas. Como es de esperar, el impacto mediático lo absorben más las personalidades que las películas -mito versus cine-, siendo éstas el núcleo de un festival de cine.
Un ejemplo de esto que digo: El País dedica más de 10 artículos al festival el viernes 6, primer día, y casi ninguno habla de cine; de los ocho días posteriores existe una laguna informativa considerable respecto a las películas que se pudieron ver.
El hecho de que para un cronista haya pasado desapercibido el que de 15 películas, 9 de ellas estaban dirigidas por mujeres, y que, de esas 9, 8 estaban protagonizadas por mujeres, es una buena señal: tengo menos prejuicios de los que imaginaba.
Crónica del Sevilla Festival de Cine Europeo ’09 (I)
por Alexis Castro
Da comienzo la sexta edición del Sevilla Festival de Cine Europeo un día en el que, donde ya por estas fechas solía haber frío, lluvia y viento, sigue habiendo, como en primavera o en verano, calor y sol.
Dejando a un lado el parte meteorológico, procedamos a meternos en situación: en el día de ayer pude degustar dos magníficas películas; dos propuestas que, si en un primer contraste son radicalmente diferentes, en un segundo pueden servir de plataforma para la reflexión y para indagar, si uno tiene los ánimos suficientes, qué hierve de un extremo a otro de esas dos formas diferentes de concebir el cine; ese insondable y heterogéneo espacio en el que acabamos acudiendo a las múltiples visiones y puntos de vista que se ofrecen, y aceptándolos cada uno dentro de su contexto.
La montaña del conflicto
Por una parte tenemos In the loop, dirigida por Armando Iannucci, una comedia negra -oscura- que ostenta un osado retrato de algo que podríamos nombrar, de modo un tanto inocente, la condición humana.
Película de auténtica incontinencia verbal y humorística, se trata en realidad de una violenta, cruel y mordaz sátira política. Hablo de violencia oral, hablo de cómo este relato nos muestra una serie de personajes cínicos, sin escrúpulos, algunos idiotas, otros trepas… una fauna política más cercana a la psicopatía que a otro tipo de dolencia mental; para trazar, finalmente, un triste y desolador fresco que nos habla de la putrefacción del alma.
Salvajemente divertido, el film se manifiesta como un auténtico rompecabezas acelerado y esquizoide, con unos actores portentosos y con un guión verdaderamente genial.
En contra plantearé una pregunta: ¿la forma de la película garantiza que el fondo llegue al público de la manera que tiene que llegarle? Puede que la respuesta sea un rotundo sí, pero también puede ser que esa manera de realizar, con ese estilo semidocumental -hoy día ya tan impersonal, pero que intenta ser o creerse original-, formula tan apegada a las series de televisión (con el mismo tipo de iluminación funcional, inclusive), juegue un flaco favor en su contra.
Este tipo de empaque es un vehículo para que todo lo que es la enjundia verbal del texto impacte más sobre el público, o que, sencillamente, surta el efecto óptimo al estar en armonía con tan agitada escritura; pero eso hace que se reste una parte importante de carisma, carisma necesaria que ya sacan a relucir de forma pasmosa los impagables diálogos, pero que por la otra parte del film -la forma- queda coja.
“Aún sigo viéndolos como si fuera ayer”
Katyn, penúltimo film del polaco Andrzej Wajda, de un clasicismo sin parangón, aunque áspero, agrio, nos refrescaba la memoria acercándonos a un brutal genocidio acontecido en la II GM; una suerte de mirando hacia atrás con ira, una triste y melancólica revancha polaca. Resumiendo, ¿quién iba a esperar que este octogenario nos ofreciera a estas alturas una propuesta tan arriesgada como la de Tatarak (cálamo)? La cinta es tan fascinante como compleja; o fascinante por su complejidad, mejor.

Tatarak, Andrzej Wajda, 2009
Distribuida en tres dimensiones de la ficción:
a) El rodaje de una película llamada Tatarak, que está dirigiendo Andrzej Wajda.
b) Los testimonios posteriores al rodaje, en base a monólogos discursivos, de Krystyna Janda, la actriz que interpreta el papel de Marta en la citada película y que en esta otra dimensión se interpreta a sí misma.
c) La propia Tatarak, ambientada en los años 60, basada en el relato corto homónimo del escritor Jaroslaw Iwaszkiewicz.
Las tres caras de la ficción cobran su independencia en la factura y el fondo de cada una de ellas:
a) El rodaje de Tatarak es una especie de making off donde vemos al equipo de rodaje trabajando: maquinistas colocando vías, el equipo de cámara ocupándose de recargar el chasis con nuevas bobinas de celuloide, Andrzej Wajda repasando el guión con los actores…
b) Los monólogos de la actriz real Krystyna Janda se sustentan en un único plano fijo. La actriz habla, se mueve de un sitio a otro de una habitación, se asoma a la ventana, se sienta en una silla, nos da la espalda, y habla, medita.
Bello, oscuro y desgarrado fragmento que nos habla de la muerte.
c) La propia película Tatarak, que es otra en conjunto, claro, a la que vemos. Aquí acudimos a la historia de una mujer madura llamada Marta a la que le queda poco tiempo de vida, pero que desconoce esta premisa. Su marido es médico y el matrimonio perdió a sus dos hijos en la guerra. Marta conoce a un chico rudo e inocente llamado Bogus, y en él quiere ver a sus hijos perdidos.
Lo interesante del film es ver cómo esos tres planos de la ficción se van difuminando y mezclando unos con otros en un ejercicio conceptual y de estilo arriesgado, tremebundo, potente y rabiosamente moderno.
Pecera/Tanque pez
Sergi Sánchez, del Diario La Razón, ha dicho sobre Fish tank, de Andrea Arnold, que es “como una película de Ken Loach, pero bien hecha”.
Loach posee una filmografía tan amplia como irregular, y todas las películas que la integran manifiestan una temática muy definida. Por lo menos la película de Andrea nos plantea una forma diferente de entender el cine social, y, por ende, la realidad de la sociedad.
Estamos en un barrio obrero de la ciudad inglesa de Essex, donde la miseria, el descontrol y la violencia están a la puerta de tu casa. Es de este estrato social del que la cámara de Arnold nos ofrece la visión de la realidad de esa clase (por extensión de la sociedad), pero de una manera diferente, como decimos. Donde Loach manipula abruptamente, Andrea retrata sutilmente. Aquí la desesperación se mezcla con la calidez, la dureza con la belleza de las imágenes.

Fish Tank, Andrea Arnold, 2009
Destacar, por supuesto, la actuación de la no profesional Katie Jarvies, una chica de la calle que la directora encontró por intuición y que resultó ser perfecta para el papel de Mia, la protagonista. Realmente es ella la que lleva el peso del film con un aplomo y un brío sorprendentes. También destacar la actuación de Michael Fassbender (Hunger, Inglourious basterds) en el papel de Connor. La química entre ambos personajes llega a transmitir un delicado sentimiento de fascinación.
“Deberías cambiarte el suéter”
Politist, adj. Policía, adjetivo., literalmente, se llama la última película del rumano Corneliu Porumboiu, tras su paso triunfal por Cannes hace unos años al ganar la Cámara de Oro a la mejor ópera prima con 12:08, al este de Bucarest (título estrambótico e idiota como pocos, siendo una traducción más fidedigna del rumano al español ¿Ocurrió o no ocurrió?).
Si en A fost sau n-a fost? yo encontraba dos partes diferenciadas que dividían la película, desde el punto de vista del género e incluso estético, Porumboiu ha cogido en esta ocasión ambas partes y las ha difuminado. Ha alargado y profundizado, llevando hasta el límite, la propuesta de su ópera prima y ha vuelto a hacer una película muy extraña, más aún que la anterior, con un humor soterrado, raro, fascinante, que puede surgir de la histeria de contemplar, mediante plano fijo, a un personaje en estado de meditación y espera durante 5 minutos; o puede surgir, también, del ingenio de unos diálogos que versan sobre la discusión acerca de la letra de una canción, mucho más en la línea de su anterior film.
Las descripciones que se llevan a cabo transmiten muy bien el paso del tiempo, el vacío y la desesperación, pero son demasiado exhaustivas y agotadoras que se pierde mucha de la fuerza de la propuesta en no contar nada.
No estoy en contra de no contar nada, porque incluso cuando no se cuenta nada, pero se hace con estilo, se puede llegar a ser fascinante (miremos el último cine de Hsiao-hsien); el problema de esta película es que se hace monótona, repetitiva, estirada, y lo peor es que la risa llega tarde -en un plano muy parecido a los 3 ó 4 que constituyen la segunda mitad de A fost sau n-a fost? llega cuando el espectador ya está agotado.
Hombres en el puente
Köprüdekiler: Men on the bridge, producción turca, es una especie de ficción narrada con los mecanismos del documental.
Carece de total interés más allá de las historias que se muestran, contadas con tan poco encanto que no sólo deja de lado el concepto de entretenimiento, sino que también le es ajeno el calado reflexivo desde un punto de vista mínimamente interesante.
El encanto de un perdedor
Shane Meadows nos ofrece con el falso documental Le Donk and Scor-zay-zee un ejercicio de ingenio y originalidad deslumbrantes.
La película se centra en la vida de un manager de música venido a menos (Le Donk) que ha descubierto a un talento del rap (Scor-zay-zee), y trata de hacerlo triunfar mediante su aparición como telonero en un concierto de los Arctic Monkeys en Manchester, ante 50.000 personas.
Shane Meadows está grabando un documental sobre este personaje histriónico y políticamente incorrecto, por ello para registrar su hazaña se hace de un pequeño equipo que lo va siguiendo a todas partes, hasta a los lugares más personales e íntimos, como la casa de su ex-novia.
El actor que interpreta a Le Donk, Paddy Considine (Hot fuzz, 24 hour party people, Bosque de sombras, Dead man’s shoes) es un portento de naturalidad e incontinencia de un insolente y grosero discurso. Desternillantes, por supuesto, las frases, como dardos, que va soltando este inglés (imitando el acento escocés) de un extremo a otro del film.
Rauchen kann tödlich sein
Bad timing, o Contratiempo como se la conoce en España, de Nicolas Roeg, es la última película de la jornada para un cronista.
Este director inglés, al que el festival dedicó un homenaje llamado Cine de culto Nicolas Roeg -en ocasión de que el país invitado este año era Reino Unido con un ciclo llamado The New Brits-, tenía una especie de vicio a que sus películas las protagonizaran gente de la música, como por ejemplo The man who fell to earth, con David Bowie, o Performance (su ópera prima, co-dirigida con Donald Cammell), con Mick Jagger. En esta ocasión es Art Garfunkel quien protagoniza el film en cuestión.

Bad Timing, N. Roeg, 1980
Denso, estirado, repetitivo, cansino, aburrido… algo bastante penoso y malo, sinceramente. Lo peor de todo son las ínfulas de trasgresión y el supuesto misterio que se le quiere dar a la cinta, cuando lo único que transmite es un deslizante tedio, falta de ideas y una considerable desesperación.
El uso del zoom es una de las técnicas más complicadas de empleo en cine, muy pocos lo saben usar bien, porque es un recurso difícil, que si no se usa con cuidado puede estropear una película, como es el caso, donde la aplicación desmedida y hortera de tal recurso colma de fealdad y mal gusto un film ya de por sí suficientemente nefando.
Felicità
Lourdes, interesante cinta que trata sobre un buen racimo de temas, entre ellos la religión, los milagros, la injusticia y el amor, está dirigida por la austriaca Jessica Hausner, que ya presentó en el Sevilla Festival de Cine Europeo su segunda película, Hotel.
La puesta en escena es sobria, sin efectismos, delicada; pero a la vez vemos también un gran trabajo de composición, donde la propia directora reconoció estar bajo la influencia de la libertad y originalidad creativa del Jacques Tati de Playtime. En concreto habló de cómo fragmenta nuestra atención en un mismo plano mostrándonos varios puntos de interés, o partiéndolo en dos radicalmente diferentes el uno del otro.
Con sutileza y sencillez, con candidez, la directora nos cuenta esta historia que podría parecer frágil, dulce, pero que tiene un reverso oscuro y brutal. “El milagro está ahí”, nos dice. Ciertos temas, como la religión y la iglesia, están tratados con un humor y una ironía perspicaces y afiladas.
Una película extraña, poco convencional, sensible e inteligente, que deja un poso repleto de reflexiones, de ideas y sentimientos, concluida por un final crudo, triste, lúcido.
El profeta rampante
Un prophète, de Jacques Audiard, director de la celebrada De latir mi corazón se ha parado, es un trepidante y encarnecido thriller carcelario.
Todo es modélico en este film, tanto el complejo guión que rehúye la mayoría de tópicos, como la meticulosa y enérgica realización, pasando por las poderosas interpretaciones -magistrales Tahar Rahim y Niels Arestrup-.

Un prophète, Jacques Audiard, 2009
Al contrario que en las películas del género fabricadas en Hollywood, la tensión surge aquí del drama, de los diálogos, de las situaciones, de la trama, y no de la acción o de la violencia, de las cuales el film está salpicada brevemente, en concreto con dos escenas escalofriantes por viscerales y por bien hechas.
El clima y la atmósfera generadas tienen una densidad que agrede, que es violenta por su agitación sin llegar a ser explícita o gráfica.
“Tendrás un aspecto muy gracioso a los 50”
La jornada se cierra con la ópera prima de Nicolas Roeg, la película de culto Performance, del año 1970, co-dirigida con Donald Cammell y con guión del mismo.
La película, indudablemente, está cargada de los diez años de la década anterior, y mucho. Con la magnética presencia del actor inglés James Fox (Passage to India, 1984), la cinta es una suerte de hongo alucinógeno hecho celuloide, donde la fotografía está orquestada por el propio Roeg.
Se trata de un manifiesto realmente estruendoso; sonido e imagen saltan de la pantalla como una especie de acelerada y neurótica pesadilla. Es, en resumen, lo que intentó volver a hacer con Bad timing (1979) y no consiguió, pues no la estiró, no la cebó ni la hizo cansina. El cáncer de aquella radicaba en la mezcolanza entre la supuesta psicodélia psicoanalítica y una suerte de trama policial, que en un intento fallido de sumar intriga, restaba, en realidad, potencia a la imagen.
Dicho esto, hay que señalar, sin embargo, que Performance es un film excesivo, sin sentido alguno de la mesura, violento, oscuramente poético, alucinado, pero, ante todo, justificado -porque no se sale de sus márgenes ni de sus intenciones- y con grandes y verdaderos retazos de brillantes (genial la escena musical de Mick Jagger).
Postales turísticas del Sevilla mágico/o cómo nos ven los extranjeros
A las 9 de la mañana se proyecta la co-producción noruego-alemano-española La joven de las naranjas (Appelsinpiken), dirigida por Eva Dahr.
La cosa, dicho rápidamente, es algo muy meloso, una historia fácil, de moraleja obvia, una historia Disney, se diría. Todo muy blando y azucarado. Hecha para pasar el rato, sin mayores pretensiones, con una historia mil veces contada que nada aporta y nada resta. El toque de cuento de hadas que se le dio a la parte rodada en Sevilla es un tanto irritante, por lo menos para una persona con un mínimo de sensibilidad e inteligencia, y más sin encima vive en la ciudad, como es el caso.
Culebrón en Tel Aviv
Después, a las 11:30, se proyectó la producción israelí Jaffa, dirigida por Keren Yedaya.
La mañana no levantó el vuelo con esta película, donde lo único que se salva son las actuaciones, realmente notables. Todo lo demás consistía en otra historia cien mil veces contada, pero mal contada, con un gusto horrible en la fotografía, con un terrible uso del zoom.
Una dirección manierista, académica, estructura este pastiche aburrido y sin interés.
Hombre huesos
Der knochenmann (The bone man), película presentada en la Selección EFA: largometrajes preseleccionados por la European Film Academy para los premios anuales europeos, compitiendo por el voto del público, viene a ser una suerte de Hot fuzz austriaco, y, por suerte y por una vez, viene a ser justo lo que es: una película para pasar un buen rato, que hace pasar desapercibida la tramoya/técnica en pos de una narración y una historia amenas.
No deslumbra, ni tan siquiera alumbra, ya que tiene graves deficiencias en el ritmo y en el crescendo de la trama, pero visto lo visto hasta ese momento aquel día me doy con un canto en los dientes.

The Innocents, Jack Clayton, 1961
Otra vuelta de tuerca
Cae la noche y se proyecta una de miedo de la sección Clásicos favoritos. Selección Jeremy Thomas: The innocents (Jack Clayton, 1961), película de culto donde las haya, basada en la famosa novela -cuya trama Borges elogió- The turn of the screw, escrita por Henry James.
El guión lo firma nada menos que Truman Capote, conjuntamente con William Archibald. La sección consiste en una selección de 10 films de la cinematografía británica por parte del productor Jeremy Thomas, representativos o favoritos.
Creo que una película de este calibre es necesario verla en un cine (pantalla grande) y en cine (soporte original analógico) para apreciar el alcance de su magnitud. Habiéndolo hecho de este modo, afirmo: Los inocentes es una auténtica obra maestra del género de terror, una película densa, sombría, claustrofóbica, con unas actuaciones impresionantes, poseedora de un guión complejo e inteligente, que nos lleva de un lado a otro, que nos hace seguir en vilo a esos dos niños, esos dos inocentes, a través de planos y secuencias memorables, colmadas con claroscuros de una poética gótica que Poe admiraría.
Toda la película es un tour de force de verdadero cine, de un extremo a otro, culminando en un final de lo más inquietante.
Y lo mejor de todo es que de verdad da miedo.
La pantalla global
Adás (Transmisión), segunda película del húngaro Ronald Vranik, se inscribe dentro de una suerte de corriente temática que podríamos llamar ciencia-ficción cotidiana (de la que Cortazar, por cierto, era un maestro). La primicia de que las pantallas del mundo se han apagado, de que la imagen en movimiento no es posible ya más, sirve a este joven director como detonante para desencadenar una serie de mecanismos formales y de fondo.
En los primeros se encuentra la, como mínimo, interesante puesta en escena; imaginativo y original planteamiento visual/estético, ejecutado por una fotografía sombría y magnética y por un extraordinario trabajo de cámara: subyugantes encuadres y movimientos.
En lo segundo tenemos una atractiva historia que es casi una excusa, un mero atributo, relativamente tangencial, que sirve para reforzar y dar mayor relevancia a la imagen. Se diría, acaso, que está contada de tal forma que la imagen cobre esa belleza plástica tan sugerente que posee.
El director nos cuenta, en la posterior rueda de prensa, acerca de sus influencias, y nos dice que vio muchas veces una película del austriaco Ulrich Seidl cuyo nombre no recordaba (presumo que se trata de Hundstage, de 2001). También nos explica que los tonos fríos de la iluminación reflejan la adicción y el síndrome de abstinencia que generan las imágenes y las pantallas.
Con respecto a una nueva generación de jóvenes directores húngaros no quiso pronunciarse del todo, alegando que sí que existe una generación de directores jóvenes en Hungría, pero que todos tienen diferentes estilos y por ello no se podría hablar de nueva ola al estilo francés o italiano.
Para cerrar la crítica, decir que Vranik -quien trabajó como ayudante de dirección de Béla Tarr (de quien dice ser un maníaco, un ser difícil y con una forma de trabajar confusa) en Armonías de Werckmeister (2000)- representa un aire de riesgo dentro de la sección oficial y que, junto con Kornél Mundruczó, son lo mejor que ha dado el cine joven húngaro en estos últimos años y los que más prometen en los sucesivos.