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Crónica del Sevilla Festival de Cine Europeo (y II)

por Alexis Castro

Die Revolution ist Großartig, alles andere ist Quark

El alemán Uli Edel por fin levanta cabeza después de casi dos décadas representadas por un reguero de mediocridades fabricadas en Estados Unidos, y lo hace, como era de esperar, con una producción europea (después de sus magníficos inicios con Yo, Cristina F.,1981, y Última salida para Brooklyn, 1989).

En realidad Der Baader Meinhof Komplex ya se había estrenado en España (incluso está editada en DVD), por lo tanto su presencia en esta edición del festival me resultaba extraña, compitiendo por el premio del público en la Selección EFA. Aún así, como no tuve oportunidad de verla en el único cine de versión original que hay en nuestra ciudad, me decidí por aprovechar la ocasión y verla aquí, en el festival.

La película tiene un ritmo envidiable y te mantiene en vilo durante sus dos horas y media de metraje. La dirección es férrea, sólida. La ejecución de la acción vibrante. Pero creo que el film, pese a toda su buena factura, tiene un problema: la mitificación de los personajes, sobre todo el de Andreas Baader, convertido en una especie de carismática estrella del rock.

La separación de lo que es la objetividad, lo referente a mostrar hechos históricos de relevancia mundial con un envoltorio de espectáculo… estos puntos negros de producción -que son lógicos desde la piel de un productor de cine, pero que no lo son para un cronista que tiene cierto apego por lo que ilusoriamente se llama la verdad histórica- se encargan de restarle seriedad a la historia que se nos cuenta, banalizando los actos terroristas de la Rote Armee Fraktion (Fracción del Ejército Rojo, o la Baader Meinhof, como también se la conoce).

Sus virtudes consisten en trazar con buen pulso y amplia perspectiva la crónica histórica de unos años caracterizados por la convulsión y agitación políticas y sociales.

“Si se tira una piedra, es un acto punible. Si se tiran cien piedras, es un acto político.”

Partir, o las ínfulas de un corsario

Partir, de Catherine Corsini, trata un tema universal y muchas veces tratado por el cine: la infidelidad, el encuentro de un nuevo amor y la liberación de la mujer.

En esta ocasión, aunque quizás no se nos ofrezca nada nuevo, sí cabe destacar la sobriedad con que está hecha la película, la mirada resuelta al encuentro entre Suzanne (una estupenda Kristin Scott Thomas) e Iván, y al desarrollo de su primera amistad y de su posterior enamoramiento.

No llega a desbordar, no emociona en exceso, porque está acusada de cierta frialdad o cierto distanciamiento, pero por lo menos se aprecia y se valora la sencillez y concisión con que está narrada la historia, punteada de escenas eróticas -relativamente generosas- que están muy acordes con el clima general del film, rematado con un final de lo más amargo.

12-11-09

Rebelde con causa

She, a chinese (Ella, una china), de la escritora y directora de cine china Xiaolu Guo, es, para un cronista, la gran sorpresa de la sección oficial.

La directora pasó sus primeros 30 años viviendo en China (estudió cine en Pekín), y los últimos 5 entre Londres y París. Pertenece a la 7ª generación de directores chinos, aunque en China sea, ante todo, una directora underground. El film es, por consecuencia, una co-producción entre Reino Unido, Francia y Alemania.

La historia nos narra la joven vida de Mei, una chica que vive en un pequeño pueblo de China dominado por una serie de constantes tales como el desarraigo y la violencia. Mei está enraizada de lleno en los estragos y las ruinas de esas jóvenes generaciones de los 70’ que iban a por todo y a por nada, aplastadas por un sistema social y económico cuya burocracia sin escrúpulos, cuya truculencia, hacía caer sobre ellos la alargada sombra del no hay futuro.

En la pantalla vemos la violencia ejercida sobre un cuerpo joven de mujer. Vemos un mundo masculino belicoso, en el que ella se rebela contra la falta de amor. “Civilización es un término que tiene que ver con los conceptos de estructura, de comunidad”, nos explica Guo, intentando contextualizar el entorno en el que vive Mei, un entorno donde, nos dice, las personas tienen una forma de vivir violenta.

She, a chinese, Xiaolu Guo, 2009

Sus influencias van desde el Godard de La Chinoise y de Vivre sa vie hasta Van Sant -en boca suya (me permito añadir las reminiscencias en fondo y forma del maestro taiwanés Hou Hsiao-hsien)-, en el retrato de esa juventud fragmentada, tan fragmentada que hasta la rebeldía que poseen está también fragmentada; una juventud que posee una energía tan joven como ciega.

Mei es un personaje que está continuamente en la carretera (metafóricamente hablando), en movimiento, con ese brío desganado que dan los sueños no realizados o, incluso siendo consciente de ello, por no realizar.

La película indaga, con sutileza y sensibilidad, en el choque de culturas cuando la protagonista consigue el suficiente dinero para emigrar a Londres. En su vida en Londres pasa por tres clases sociales, desde que llega como inmigrante, hasta que se casa con un hombre mayor de clase media, donde consigue la nacionalidad, pasando, en último lugar, a compartir los días con un emigrante pakistaní de clase baja. A este respecto Gao sentencia que Mei “está desnuda de todas las vestiduras políticas”.

En definitiva, She, a chinese es una película potente (con una directora igual de potente en persona), que nos ofrece un relato apasionante, en el que seguimos a una magnífica Lu Huang (Mei) en un descarnado y hermoso viaje a través de nuestra sociedad/la sociedad, a través de los hombres y a través de una mujer.

¿Necesitas un reinicio?

Otra gran sorpresa llegó a las 19:45 en forma de extraña y sugerente película lituana co-producida con Alemania: Low lights (Artimos šviesos), de Ignas Miškinis.

Se trata de una enigmática road movie con un planteamiento original (en fondo y forma) que mantiene el poder de fascinación de sus imágenes intacto durante todo el recorrido, sosegado y agitado a un mismo tiempo, elevando la lírica metropolitana y nocturna que invade la pantalla por encima de la historia y de su supuesta trascendencia, aunque con una punzante e insólita personalidad.

El magnetismo de sus tres protagonistas es incandescente -esa suerte de Andy Lau lituano llamado Dainius Gavenonis, la preciosa y sensual Julia Maria Köhler…- y refuerza la extraña belleza de sus subyugantes imágenes. Metálica, moderna, nocturna.

13-11-09

“La vida sin música sería un error”. Nietzsche

Viernes 13, penúltimo día del festival.
9:00 de la mañana. Teatro Lope de Vega.

Se proyecta Nothing personal (Nada personal), ópera prima escrita y dirigida por la polaca afincada en Holanda Urszula Antoniak, y protagonizada por el veterano irlandés Stephen Rea y por la semi-debutante Lotte Verbeek. Ésta última interpreta a una joven errabunda (Anne/Tú) que vaga por los caminos de Connemara, en Irlanda, hasta encontrarse con un solitario personaje llamado Martin (Rea). Llegan a un acuerdo: ella trabajará en la casa y en el jardín a cambio de comida y techo, y, por petición suya, esa será la única relación que los una, nada más: ni charlas, ni intentos de intimación o indagación, ni nada de preguntas personales.

Bajo esta premisa encontramos un testimonio humanista que saca a relucir la importancia del respeto y la comprensión en las relaciones entre personas, todo en un tono cálido e intimista.

La película está inflamada de una belleza fría que admiramos en los planos de los paisajes, las manos sobre las algas, el rostro de Anne/Tú. Y está llena de sutiles recovecos emocionales, los mismos que, a través de las grietas del alma de los personajes, emanan hacia el espectador, subyugados ante la calmada fuerza de la propuesta, llevada a cabo con sobriedad y brillantez.

Un final desgarrado, precioso.

Pipilotti Rist, debí haber tomado ácido contigo

Para gustos, colores. Y para colores, Pepperminta.

La videoartista suiza Pipilotti Rist se pasa al largometraje y al cine con este film salvaje, tedioso y esperpéntico. El asunto básicamente es una suma de ideas visuales más propias del videoclip aunadas sin ningún tipo de coherencia ni cohesión en una pseudo-historia que, finalmente, no es tal o no tiene el mayor interés.

Pepperminta, Pipilotti Rist, 2009

El resultado es estridente, excesivo, repetitivo, sin mesura. Una macedonia de formulas y ráfagas de post-modernidad, una orgía multicolor que falla precisamente en el terco y aburrido empeño de ser visualmente rompedor, de impactar mediante un uso totalmente desorbitado de la cámara y del color.

14-11-09

La solidez de la escuela sueca

Jan Troell sigue siendo, incluso a día de hoy, uno de los grandes cineastas europeos. Desde el año 1996, cuando se estrenó Hamsun, no nos brindaba una obra tan redonda, aunque no magistral. Maria Larssons eviga ögonblick (Los momentos eternos de Maria Larsson) es una película con una técnica y una corrección envidiables, sólida y muy bien hecha.

Se nos cuenta la historia de una madre (perfecta Maria Heiskanen) a través de lo que nos cuenta una de sus hijas. Maria Larsson tiene una cámara de fotos de la que se quiere deshacer para ganar algo de dinero, pero cuando descubre el prodigio de capturar la vida, el instante, la emoción, rápidamente abraza esa actividad como vía de escape ante una vida dura, con muchas responsabilidades y problemas conyugales con un marido borracho y agresivo, un truhán con buen corazón, después de todo.

No se le puede reprochar nada a una película de corte clásico, bella y emocionante como esta, porque no hay fallas en ninguno de los departamentos: la fotografía, el guión y la dirección no tienen mácula alguna y son soberbios en su concisión como conjunto, y los actores hacen un trabajo más que notable.

Simplemente no arrebata.

Noruega acoge a Alvin Straight

Nord (Norte), producción noruega dirigida por Rune Denstad Langlo, es una curiosa road movie -a falta de coches, motos de nieve- ambientada en los nevados y exóticos parajes de escandinavia.

Sencilla, tierna, divertida y bien confeccionada de un extremo al otro. Es lo que es y lo sabe, no dice ser ni quiere ser una cosa diferente, y eso la honra, porque le hace no perder el rumbo y mantener un ritmo y una personalidad firmes, la labor más compleja, creo, que existe en fabricar una película.

La seducción de la mirada aviesa

If… (¿Y si…?), Lindsay Anderson, 1968.

Sería injusto afirmar que el peso de la película lo lleva Malcolm McDowell, pero, sin embargo, no estaría demasiado lejos de la realidad el hacerlo.

La mítica película británica (por la polémica que generó, por la Palma de Oro que ganó) se presenta en el Sevilla Festival de Cine Europeo dentro de la sección Clásicos favoritos. Selección Jeremy Thomas, y nos desvela, como ya hiciera con The innocents, otra porción grande de cine con mayúsculas. En esta ocasión la porción es cínica, osada, y clava sus uñas en el cuello.

If..., Lindsay Anderson, 1968

La historia se centra en la vida académica de tres alumnos que viven en una institución educativa. Son amigos y están constantemente en contra y rebeldía ante aquellos que poseen la rigidez y la autoridad para ejercer el poder sobre las personas menores que ellos: los pupilos.

Se describen así los sombríos y arbitrarios mecanismos de poder (causa) y rebeldía (consecuencia) en un ejercicio de mordaz y afilada crítica innegociablemente fascinante. El personaje de Travis, a cargo de McDowell, posee un magnetismo y una presencia que llena y colma las escenas con una mirada animal, obscena, salvaje e insolente: los mejores atributos para describir esta película.

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CODA

Palmarés

Giraldillo de Oro Sección Oficial: Lourdes, de Jessica Hausner (Austria, Francia, Alemania).

Giraldillo de Plata Sección Oficial: Nothing personal (Nada personal), de Urszula Antoniak (Holanda, Irlanda).

Premio Especial del Jurado: 44 inch chest (Un pecho de 110 centímetros), de Malcolm Venville (Reino Unido).

Premio a la mejor dirección: Roland Vranik, por Adás (Transmisión) (Hungría).

Giraldillo de Oro a la mejor película documental: Garbo, el hombre que salvó al mundo, de Edmond Roch (España).

Premio Eurimages: Käsky (Lágrimas de abril), de Aku Louhimies (Finlandia, Alemania, Grecia).

Premio de la Crítica, concedido por la Asociación de Escritores Cinematográficos de Andalucía (ASECÁN): Nothing personal (Nada personal), de Urszula Antoniak (Holanda, Irlanda).

Gran Premio del Público: Un prophète (Un profeta), de Jacques Audiard (Francia).

Premio Jurado Joven/Universitario: Adás (Transmisión), de Roland Vranik (Hungría).

Premio Extraordinario del Presidente del Jurado (Nicholas Roeg): Pepperminta, de Pipilotti Rist (Suiza, Austria).

Respecto al palmarés, decir que me ha parecido bastante equilibrado, en comparación con otros años, apostando por películas menos convencionales y más arriesgadas, quizás no tan accesibles, como Lourdes con el Giraldillo de Oro, o Transmisión, esta última con dos premios.

Muy consecuente, me parece, el premio del público a la película Un profeta, auténtica demostración de brío narrativo y electricidad sensitiva.

Si uno ha visto alguna película de Roeg, como yo en este festival que pude ver Performance y Bad timing, puede comprender ese extraño Premio Extraordinario del Presidente del Jurado a Pepperminta, premio un tanto sacado de la manga, pero bueno, para mí no tiene la mayor relevancia.

Con respecto a Nada personal, que estaba cantado se llevaría algo, la crítica dijo:

“Por expresar con sutileza y calidez el respeto en las relaciones humanas, propiciando la amistad y el amor entre dos personas desamparadas, en un film humanista que apuesta por la comprensión, con una dirección sobria y llena de matices”.

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El Sevilla Festival de Cine Europeo viene a ser, como muchos otros festivales, una suerte de plataforma residual donde vienen a parar algunas de las cintas que han dado más que hablar en el circuito internacional de los festivales de cine más importantes, esto es: Cannes, Venecia, San Sebastián, Berlín, etcétera. Por eso, secciones como la Selección EFA (largometrajes preseleccionados por la European Film Academy para los premios anuales europeos, compitiendo por el voto del público) o Eurimages (selección de largometrajes europeos co-financiados por los fondos del programa Eurimages de la UE) están compuestas por películas que ya vienen avaladas, y se presentan, a la misma vez, como reductos donde encontrar verdaderas rarezas imposibles de ver de otro modo más tarde en cines comerciales.

Como ejemplos: este año hemos tenido en la Selección EFA películas como la original Kynodontas, del griego Yorgos Lanthimos; la ya comentada última película de Jan Troell: Los momentos eternos de Maria Larsson; la rumana Politist, adj., última película también de Corneliou Porumboiu; Tatarak, de Andrzej Wajda; y Un prophète, de Jacques Audiard.

Nothing personal, Urszula Antoiniak, 2009

En Eurimages se encontraban Singularidades de una chica rubia, del centenario Oliveira; Les herbes folles, de Resnais; y la flamante vencedora La cinta blanca, de Haneke. Todas ellas últimas obras de grandes maestros.

Por otro lado, en el terreno de las rarezas, nos encontramos con la lituana Low lights -ya comentada en estas crónicas-, de Ignas Miškinis.

Con un 5% más de presupuesto que el año pasado, el festival ahonda en esta edición en la sonada presencia de estrellas. Como es de esperar, el impacto mediático lo absorben más las personalidades que las películas -mito versus cine-, siendo éstas el núcleo de un festival de cine.
Un ejemplo de esto que digo: El País dedica más de 10 artículos al festival el viernes 6, primer día, y casi ninguno habla de cine; de los ocho días posteriores existe una laguna informativa considerable respecto a las películas que se pudieron ver.

El hecho de que para un cronista haya pasado desapercibido el que de 15 películas, 9 de ellas estaban dirigidas por mujeres, y que, de esas 9, 8 estaban protagonizadas por mujeres, es una buena señal: tengo menos prejuicios de los que imaginaba.

Crónica del Sevilla Festival de Cine Europeo ’09 (I)

por Alexis Castro

06-11-09

Da comienzo la sexta edición del Sevilla Festival de Cine Europeo un día en el que, donde ya por estas fechas solía haber frío, lluvia y viento, sigue habiendo, como en primavera o en verano, calor y sol.

Dejando a un lado el parte meteorológico, procedamos a meternos en situación: en el día de ayer pude degustar dos magníficas películas; dos propuestas que, si en un primer contraste son radicalmente diferentes, en un segundo pueden servir de plataforma para la reflexión y para indagar, si uno tiene los ánimos suficientes, qué hierve de un extremo a otro de esas dos formas diferentes de concebir el cine; ese insondable y heterogéneo espacio en el que acabamos acudiendo a las múltiples visiones y puntos de vista que se ofrecen, y aceptándolos cada uno dentro de su contexto.

La montaña del conflicto

Por una parte tenemos In the loop, dirigida por Armando Iannucci, una comedia negra -oscura- que ostenta un osado retrato de algo que podríamos nombrar, de modo un tanto inocente, la condición humana.

Película de auténtica incontinencia verbal y humorística, se trata en realidad de una violenta, cruel y mordaz sátira política. Hablo de violencia oral, hablo de cómo este relato nos muestra una serie de personajes cínicos, sin escrúpulos, algunos idiotas, otros trepas… una fauna política más cercana a la psicopatía que a otro tipo de dolencia mental; para trazar, finalmente, un triste y desolador fresco que nos habla de la putrefacción del alma.
Salvajemente divertido, el film se manifiesta como un auténtico rompecabezas acelerado y esquizoide, con unos actores portentosos y con un guión verdaderamente genial.

En contra plantearé una pregunta: ¿la forma de la película garantiza que el fondo llegue al público de la manera que tiene que llegarle? Puede que la respuesta sea un rotundo sí, pero también puede ser que esa manera de realizar, con ese estilo semidocumental -hoy día ya tan impersonal, pero que intenta ser o creerse original-, formula tan apegada a las series de televisión (con el mismo tipo de iluminación funcional, inclusive), juegue un flaco favor en su contra.

Este tipo de empaque es un vehículo para que todo lo que es la enjundia verbal del texto impacte más sobre el público, o que, sencillamente, surta el efecto óptimo al estar en armonía con tan agitada escritura; pero eso hace que se reste una parte importante de carisma, carisma necesaria que ya sacan a relucir de forma pasmosa los impagables diálogos, pero que por la otra parte del film -la forma- queda coja.

“Aún sigo viéndolos como si fuera ayer”

Katyn, penúltimo film del polaco Andrzej Wajda, de un clasicismo sin parangón, aunque áspero, agrio, nos refrescaba la memoria acercándonos a un brutal genocidio acontecido en la II GM; una suerte de mirando hacia atrás con ira, una triste y melancólica revancha polaca. Resumiendo, ¿quién iba a esperar que este octogenario nos ofreciera a estas alturas una propuesta tan arriesgada como la de Tatarak (cálamo)? La cinta es tan fascinante como compleja; o fascinante por su complejidad, mejor.

Tatarak, Andrzej Wajda, 2009

Distribuida en tres dimensiones de la ficción:

a) El rodaje de una película llamada Tatarak, que está dirigiendo Andrzej Wajda.
b) Los testimonios posteriores al rodaje, en base a monólogos discursivos, de Krystyna Janda, la actriz que interpreta el papel de Marta en la citada película y que en esta otra dimensión se interpreta a sí misma.
c) La propia Tatarak, ambientada en los años 60, basada en el relato corto homónimo del escritor Jaroslaw Iwaszkiewicz.

Las tres caras de la ficción cobran su independencia en la factura y el fondo de cada una de ellas:

a) El rodaje de Tatarak es una especie de making off donde vemos al equipo de rodaje trabajando: maquinistas colocando vías, el equipo de cámara ocupándose de recargar el chasis con nuevas bobinas de celuloide, Andrzej Wajda repasando el guión con los actores…
b) Los monólogos de la actriz real Krystyna Janda se sustentan en un único plano fijo. La actriz habla, se mueve de un sitio a otro de una habitación, se asoma a la ventana, se sienta en una silla, nos da la espalda, y habla, medita.
Bello, oscuro y desgarrado fragmento que nos habla de la muerte.
c) La propia película Tatarak, que es otra en conjunto, claro, a la que vemos. Aquí acudimos a la historia de una mujer madura llamada Marta a la que le queda poco tiempo de vida, pero que desconoce esta premisa. Su marido es médico y el matrimonio perdió a sus dos hijos en la guerra. Marta conoce a un chico rudo e inocente llamado Bogus, y en él quiere ver a sus hijos perdidos.

Lo interesante del film es ver cómo esos tres planos de la ficción se van difuminando y mezclando unos con otros en un ejercicio conceptual y de estilo arriesgado, tremebundo, potente y rabiosamente moderno.

07-11-09

Pecera/Tanque pez

Sergi Sánchez, del Diario La Razón, ha dicho sobre Fish tank, de Andrea Arnold, que es “como una película de Ken Loach, pero bien hecha”.
Loach posee una filmografía tan amplia como irregular, y todas las películas que la integran manifiestan una temática muy definida. Por lo menos la película de Andrea nos plantea una forma diferente de entender el cine social, y, por ende, la realidad de la sociedad.

Estamos en un barrio obrero de la ciudad inglesa de Essex, donde la miseria, el descontrol y la violencia están a la puerta de tu casa. Es de este estrato social del que la cámara de Arnold nos ofrece la visión de la realidad de esa clase (por extensión de la sociedad), pero de una manera diferente, como decimos. Donde Loach manipula abruptamente, Andrea retrata sutilmente. Aquí la desesperación se mezcla con la calidez, la dureza con la belleza de las imágenes.

Fish Tank, Andrea Arnold, 2009

Destacar, por supuesto, la actuación de la no profesional Katie Jarvies, una chica de la calle que la directora encontró por intuición y que resultó ser perfecta para el papel de Mia, la protagonista. Realmente es ella la que lleva el peso del film con un aplomo y un brío sorprendentes. También destacar la actuación de Michael Fassbender (Hunger, Inglourious basterds) en el papel de Connor. La química entre ambos personajes llega a transmitir un delicado sentimiento de fascinación.

“Deberías cambiarte el suéter”

Politist, adj. Policía, adjetivo., literalmente, se llama la última película del rumano Corneliu Porumboiu, tras su paso triunfal por Cannes hace unos años al ganar la Cámara de Oro a la mejor ópera prima con 12:08, al este de Bucarest (título estrambótico e idiota como pocos, siendo una traducción más fidedigna del rumano al español ¿Ocurrió o no ocurrió?).

Si en A fost sau n-a fost? yo encontraba dos partes diferenciadas que dividían la película, desde el punto de vista del género e incluso estético, Porumboiu ha cogido en esta ocasión ambas partes y las ha difuminado. Ha alargado y profundizado, llevando hasta el límite, la propuesta de su ópera prima y ha vuelto a hacer una película muy extraña, más aún que la anterior, con un humor soterrado, raro, fascinante, que puede surgir de la histeria de contemplar, mediante plano fijo, a un personaje en estado de meditación y espera durante 5 minutos; o puede surgir, también, del ingenio de unos diálogos que versan sobre la discusión acerca de la letra de una canción, mucho más en la línea de su anterior film.

Las descripciones que se llevan a cabo transmiten muy bien el paso del tiempo, el vacío y la desesperación, pero son demasiado exhaustivas y agotadoras que se pierde mucha de la fuerza de la propuesta en no contar nada.

No estoy en contra de no contar nada, porque incluso cuando no se cuenta nada, pero se hace con estilo, se puede llegar a ser fascinante (miremos el último cine de Hsiao-hsien); el problema de esta película es que se hace monótona, repetitiva, estirada, y lo peor es que la risa llega tarde -en un plano muy parecido a los 3 ó 4 que constituyen la segunda mitad de A fost sau n-a fost? llega cuando el espectador ya está agotado.

08-11-09

Hombres en el puente

Köprüdekiler: Men on the bridge, producción turca, es una especie de ficción narrada con los mecanismos del documental.

Carece de total interés más allá de las historias que se muestran, contadas con tan poco encanto que no sólo deja de lado el concepto de entretenimiento, sino que también le es ajeno el calado reflexivo desde un punto de vista mínimamente interesante.

El encanto de un perdedor

Shane Meadows nos ofrece con el falso documental Le Donk and Scor-zay-zee un ejercicio de ingenio y originalidad deslumbrantes.

La película se centra en la vida de un manager de música venido a menos (Le Donk) que ha descubierto a un talento del rap (Scor-zay-zee), y trata de hacerlo triunfar mediante su aparición como telonero en un concierto de los Arctic Monkeys en Manchester, ante 50.000 personas.

Shane Meadows está grabando un documental sobre este personaje histriónico y políticamente incorrecto, por ello para registrar su hazaña se hace de un pequeño equipo que lo va siguiendo a todas partes, hasta a los lugares más personales e íntimos, como la casa de su ex-novia.

El actor que interpreta a Le Donk, Paddy Considine (Hot fuzz, 24 hour party people, Bosque de sombras, Dead man’s shoes) es un portento de naturalidad e incontinencia de un insolente y grosero discurso. Desternillantes, por supuesto, las frases, como dardos, que va soltando este inglés (imitando el acento escocés) de un extremo a otro del film.

Rauchen kann tödlich sein

Bad timing, o Contratiempo como se la conoce en España, de Nicolas Roeg, es la última película de la jornada para un cronista.

Este director inglés, al que el festival dedicó un homenaje llamado Cine de culto Nicolas Roeg -en ocasión de que el país invitado este año era Reino Unido con un ciclo llamado The New Brits-, tenía una especie de vicio a que sus películas las protagonizaran gente de la música, como por ejemplo The man who fell to earth, con David Bowie, o Performance (su ópera prima, co-dirigida con Donald Cammell), con Mick Jagger. En esta ocasión es Art Garfunkel quien protagoniza el film en cuestión.

Bad Timing, N. Roeg, 1980

Denso, estirado, repetitivo, cansino, aburrido… algo bastante penoso y malo, sinceramente. Lo peor de todo son las ínfulas de trasgresión y el supuesto misterio que se le quiere dar a la cinta, cuando lo único que transmite es un deslizante tedio, falta de ideas y una considerable desesperación.

El uso del zoom es una de las técnicas más complicadas de empleo en cine, muy pocos lo saben usar bien, porque es un recurso difícil, que si no se usa con cuidado puede estropear una película, como es el caso, donde la aplicación desmedida y hortera de tal recurso colma de fealdad y mal gusto un film ya de por sí suficientemente nefando.

09-11-09

Felicità

Lourdes, interesante cinta que trata sobre un buen racimo de temas, entre ellos la religión, los milagros, la injusticia y el amor, está dirigida por la austriaca Jessica Hausner, que ya presentó en el Sevilla Festival de Cine Europeo su segunda película, Hotel.

La puesta en escena es sobria, sin efectismos, delicada; pero a la vez vemos también un gran trabajo de composición, donde la propia directora reconoció estar bajo la influencia de la libertad y originalidad creativa del Jacques Tati de Playtime. En concreto habló de cómo fragmenta nuestra atención en un mismo plano mostrándonos varios puntos de interés, o partiéndolo en dos radicalmente diferentes el uno del otro.

Con sutileza y sencillez, con candidez, la directora nos cuenta esta historia que podría parecer frágil, dulce, pero que tiene un reverso oscuro y brutal. “El milagro está ahí”, nos dice. Ciertos temas, como la religión y la iglesia, están tratados con un humor y una ironía perspicaces y afiladas.

Una película extraña, poco convencional, sensible e inteligente, que deja un poso repleto de reflexiones, de ideas y sentimientos, concluida por un final crudo, triste, lúcido.

El profeta rampante

Un prophète, de Jacques Audiard, director de la celebrada De latir mi corazón se ha parado, es un trepidante y encarnecido thriller carcelario.

Todo es modélico en este film, tanto el complejo guión que rehúye la mayoría de tópicos, como la meticulosa y enérgica realización, pasando por las poderosas interpretaciones -magistrales Tahar Rahim y Niels Arestrup-.

Un prophète, Jacques Audiard, 2009

Al contrario que en las películas del género fabricadas en Hollywood, la tensión surge aquí del drama, de los diálogos, de las situaciones, de la trama, y no de la acción o de la violencia, de las cuales el film está salpicada brevemente, en concreto con dos escenas escalofriantes por viscerales y por bien hechas.

El clima y la atmósfera generadas tienen una densidad que agrede, que es violenta por su agitación sin llegar a ser explícita o gráfica.

“Tendrás un aspecto muy gracioso a los 50”

La jornada se cierra con la ópera prima de Nicolas Roeg, la película de culto Performance, del año 1970, co-dirigida con Donald Cammell y con guión del mismo.

La película, indudablemente, está cargada de los diez años de la década anterior, y mucho. Con la magnética presencia del actor inglés James Fox (Passage to India, 1984), la cinta es una suerte de hongo alucinógeno hecho celuloide, donde la fotografía está orquestada por el propio Roeg.

Se trata de un manifiesto realmente estruendoso; sonido e imagen saltan de la pantalla como una especie de acelerada y neurótica pesadilla. Es, en resumen, lo que intentó volver a hacer con Bad timing (1979) y no consiguió, pues no la estiró, no la cebó ni la hizo cansina. El cáncer de aquella radicaba en la mezcolanza entre la supuesta psicodélia psicoanalítica y una suerte de trama policial, que en un intento fallido de sumar intriga, restaba, en realidad, potencia a la imagen.

Dicho esto, hay que señalar, sin embargo, que Performance es un film excesivo, sin sentido alguno de la mesura, violento, oscuramente poético, alucinado, pero, ante todo, justificado -porque no se sale de sus márgenes ni de sus intenciones- y con grandes y verdaderos retazos de brillantes (genial la escena musical de Mick Jagger).

10-11-09

Postales turísticas del Sevilla mágico/o cómo nos ven los extranjeros

A las 9 de la mañana se proyecta la co-producción noruego-alemano-española La joven de las naranjas (Appelsinpiken), dirigida por Eva Dahr.

La cosa, dicho rápidamente, es algo muy meloso, una historia fácil, de moraleja obvia, una historia Disney, se diría. Todo muy blando y azucarado. Hecha para pasar el rato, sin mayores pretensiones, con una historia mil veces contada que nada aporta y nada resta. El toque de cuento de hadas que se le dio a la parte rodada en Sevilla es un tanto irritante, por lo menos para una persona con un mínimo de sensibilidad e inteligencia, y más sin encima vive en la ciudad, como es el caso.

Culebrón en Tel Aviv

Después, a las 11:30, se proyectó la producción israelí Jaffa, dirigida por Keren Yedaya.

La mañana no levantó el vuelo con esta película, donde lo único que se salva son las actuaciones, realmente notables. Todo lo demás consistía en otra historia cien mil veces contada, pero mal contada, con un gusto horrible en la fotografía, con un terrible uso del zoom.

Una dirección manierista, académica, estructura este pastiche aburrido y sin interés.

Hombre huesos

Der knochenmann (The bone man), película presentada en la Selección EFA: largometrajes preseleccionados por la European Film Academy para los premios anuales europeos, compitiendo por el voto del público, viene a ser una suerte de Hot fuzz austriaco, y, por suerte y por una vez, viene a ser justo lo que es: una película para pasar un buen rato, que hace pasar desapercibida la tramoya/técnica en pos de una narración y una historia amenas.

No deslumbra, ni tan siquiera alumbra, ya que tiene graves deficiencias en el ritmo y en el crescendo de la trama, pero visto lo visto hasta ese momento aquel día me doy con un canto en los dientes.

The Innocents, Jack Clayton, 1961

Otra vuelta de tuerca

Cae la noche y se proyecta una de miedo de la sección Clásicos favoritos. Selección Jeremy Thomas: The innocents (Jack Clayton, 1961), película de culto donde las haya, basada en la famosa novela -cuya trama Borges elogió- The turn of the screw, escrita por Henry James.
El guión lo firma nada menos que Truman Capote, conjuntamente con William Archibald. La sección consiste en una selección de 10 films de la cinematografía británica por parte del productor Jeremy Thomas, representativos o favoritos.

Creo que una película de este calibre es necesario verla en un cine (pantalla grande) y en cine (soporte original analógico) para apreciar el alcance de su magnitud. Habiéndolo hecho de este modo, afirmo: Los inocentes es una auténtica obra maestra del género de terror, una película densa, sombría, claustrofóbica, con unas actuaciones impresionantes, poseedora de un guión complejo e inteligente, que nos lleva de un lado a otro, que nos hace seguir en vilo a esos dos niños, esos dos inocentes, a través de planos y secuencias memorables, colmadas con claroscuros de una poética gótica que Poe admiraría.

Toda la película es un tour de force de verdadero cine, de un extremo a otro, culminando en un final de lo más inquietante.

Y lo mejor de todo es que de verdad da miedo.

11-11-09

La pantalla global

Adás (Transmisión), segunda película del húngaro Ronald Vranik, se inscribe dentro de una suerte de corriente temática que podríamos llamar ciencia-ficción cotidiana (de la que Cortazar, por cierto, era un maestro). La primicia de que las pantallas del mundo se han apagado, de que la imagen en movimiento no es posible ya más, sirve a este joven director como detonante para desencadenar una serie de mecanismos formales y de fondo.

En los primeros se encuentra la, como mínimo, interesante puesta en escena; imaginativo y original planteamiento visual/estético, ejecutado por una fotografía sombría y magnética y por un extraordinario trabajo de cámara: subyugantes encuadres y movimientos.

En lo segundo tenemos una atractiva historia que es casi una excusa, un mero atributo, relativamente tangencial, que sirve para reforzar y dar mayor relevancia a la imagen. Se diría, acaso, que está contada de tal forma que la imagen cobre esa belleza plástica tan sugerente que posee.

El director nos cuenta, en la posterior rueda de prensa, acerca de sus influencias, y nos dice que vio muchas veces una película del austriaco Ulrich Seidl cuyo nombre no recordaba (presumo que se trata de Hundstage, de 2001). También nos explica que los tonos fríos de la iluminación reflejan la adicción y el síndrome de abstinencia que generan las imágenes y las pantallas.

Con respecto a una nueva generación de jóvenes directores húngaros no quiso pronunciarse del todo, alegando que sí que existe una generación de directores jóvenes en Hungría, pero que todos tienen diferentes estilos y por ello no se podría hablar de nueva ola al estilo francés o italiano.

Para cerrar la crítica, decir que Vranik -quien trabajó como ayudante de dirección de Béla Tarr (de quien dice ser un maníaco, un ser difícil y con una forma de trabajar confusa) en Armonías de Werckmeister (2000)- representa un aire de riesgo dentro de la sección oficial y que, junto con Kornél Mundruczó, son lo mejor que ha dado el cine joven húngaro en estos últimos años y los que más prometen en los sucesivos.

Masters of Horror: Terror y serialidad en el audiovisual contemporáneo (y III)

* Artículo publicado en: “Terror. Cine/Audiovisual (USA)”. Shangri-La. Derivas y ficciones aparte, nº 10, Septiembre-Diciembre del 2009, ISSN 1988-2769, pp. 119-153. *




7. Cowboys of Horror

Ya hemos hablado de la ambición que transmitía en apariencia el proyecto, un empuje que se puede apreciar desde el mismo título de la obra, el cual otorga la categoría de “Maestros” a los encargados de llevarla a cabo. Pero, ¿eran realmente maestros? ¿Era una selección en toda regla? ¿Era una simple elección casual?

Cuenta1 Mick Garris que tras múltiples charlas circunstanciales con algunos de esos colegas con los que compartía afición y trabajos por el terror, después de tantos saludos y cruces de intenciones y promesas -como nos sucede a todos cuando reencontramos amigos al cabo del tiempo-, decidió ejercer de anfitrión a la manera de Dorothy Parker y organizar un encuentro definitivo, una auténtica tabla redonda del horror.

Sería de esos distendidos y agradables encuentros, según los interesados, de dónde saldría tanto el compromiso final de algunos de los firmantes como el propio título de la serie. Título que, lejos de la pretenciosidad mencionada, surgió a la manera de simple broma entre los reunidos. Un enfoque cómico que deviene fundamental, no sólo para dar nombre al global, sino para profundizar en la obra de cada uno de ellos dentro y fuera de esta serie.

John Carpenter

John Carpenter

Bastará con fijarse en la fecha de nacimiento de casi todos los directores implicados para darse cuenta de que algo no cuadraba con la coyuntura televisiva actual. Una televisión convertida en fuente de juventud eterna, donde la vejez está prohibida. Si por algo ha sido reconocida la factoría de ficción en la televisión contemporánea, ha sido por ese alarde impúdico de juventud, como si los, estos sí viejos, directivos quisieran rejuvenecerse a través de sus empleados. Pero he aquí que, en medio de la guardería, aparecen en formación una docena de directores que peinan algo más que canas: los Space Cowboys de Clint Eastwood como metáfora visual apropiada.

Quitando al pipiolo Lucky Mckee (nacido en 1975) y al invitado de honor Takashi Miike (1960), la edad media de los Cowboys del Horror asciende –poniendo como referencia final su edad a día de hoy- a casi 62 años. Veamos: Don Coscarelli 55 años, Stuart Gordon 62, Tobe Hooper 66, Dario Argento 69, Mick Garris 58, Joe Dante 63, John Landis 59, John Carpenter 61, William Malone 56, Larry Cohen 71 y John McNaughton 59. Sabiendo esto se puede intuir que en el paraíso de lo juvenil y de las compañías de seguros leoninas, no resultaría sencillo cerrar el proyecto. Y encima darles carta blanca.

Habían vivido y trabajo lo suficiente como para cumplir con dos premisas fundamentales: ajustarse a los duros planes de trabajo y tomárselo con la distancia necesaria. Todo gracias a su edad, no a pesar de ella. Los otros dos, siendo notablemente más jóvenes, no desentonan en absoluto. Miike por su estajanovismo desde comienzos de los años noventa y Mckee por su talento y por su conocimiento del pasado gótico que representaban sus compañeros.

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Imprint de Takashi Miike

Si el nipón ya era considerado como una celebridad mundial, Mckee no podrá presumir ni de la misma fama ni mucho menos de la ingente productividad de Takashi, pues al realizar su episodio para MOH -en unos cuatro meses y con implicación directa de principio a fin incluyendo el guión- sólo contaba con un largometraje estrenado en cine, la frankensteiniana May (2002). Tras su participación en MOH con Sick Girl (no repetirá en la 2ª temporada ni en Fear Itself), filmará la más convencional, por no decir mediocre, The Woods (2006) donde mantiene un similar corte femenino y “retro”, y la reposada de aires clasicistas Red (2008), una “nueva” mirada a la tensión subyacente de la América profunda; justo allí donde siempre termina explotando la violencia. Mckee es un cinéfilo empedernido y cada una de sus películas, incluyendo Sick Girl, terminan convirtiéndose en un cruce de referencias constantes. Para el director, Sick Girl “es una especie de comedia romántica de los años 30/40 que termina degenerando en una bug movie de los 50”2

En Miike también se da cita una amalgama visual y narrativa asombrosa, menos emparentado con el cine de “calidad” de su país, el que todos los occidentales conocemos, que con nombres como Sejun Suzuki, Yukio Noda o Kinji Fukasaku, aunque siempre haya declarado su desconocimiento a priori de muchas de las obras con las que luego sería relacionado. Declarado admirador desde joven de las películas de Bruce Lee, no dudará en hacer algo similar a aquél para reciclar su propia obra una y otra vez, Imprint no será una excepción. De ello se pueden deducir dos cuestiones con facilidad: la gran libertad creativa otorgada a los participantes o, si se quiere ver de otra manera, el nulo intervencionismo de las instancias de producción, y el origen de los problemas con los que se encontraría el trabajo final entregado. No sabemos si Miike se “midió” o no en ese sentido, pero en cualquier caso y de haberlo hecho, su metro no es que estuviera mal calibrado, sino que ha obedecido siempre a una escala diferente. Una gradación a la que no estaba dispuesto a renunciar, entre otras cosas, porque no sabría hacerlo.

Al resto de los Cowboys del Horror les sobraba experiencia, pero en lugar de emplearla en alardes insustanciales, en piruetas inservibles, la enfocaron hacia un pragmatismo rotundo para nada reñido con una brillantez mejor, peor o en absoluto conseguida. Si algo habían aprendido con los años y con los rodajes era que fuegos artificiales en el terror, los justos, sobre todo si estos se revelaban como falaces de cara al espectador. El respeto hacia el que mira estará presente en multitud de los planos que componen cada episodio. Hacía tiempo que tenían aprendida una de las reglas básicas: el terror sin complicidad no funciona, es más, irrita a un espectador –sobre todo al seguidor del género- que al verse ninguneado cambiará de canal.

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Stuart Gordon y William H. Macy

Sobre las ficciones de MOH sobrevuelan algunos fantasmas, pero uno de ellos lo hará fuera de ellas. Mejor dicho, en la construcción de las mismas: la imposibilidad de innovación asociada al terror. Tal afirmación puede resultar atrevida pero, a poco que se piense, los terrores humanos son tan viejos como la especie: la no comprensión del entorno, los desequilibrios de éste, los obstáculos a la hora de intentar dominarlo, el dolor, la enfermedad, el sueño, la muerte… El resto, como vimos, han sido construcciones levantadas sobre los mismos pilares. Las variaciones cardinales han sido, entonces, de contexto, de estilo, de medio o de formato.

Estos experimentados directores lo sabían y su estrategia para sobreponerse a la imposibilidad de ofrecer un tratamiento original del terror –como también le pasa a la comedia o al melodrama-, se fundamentará en esa misma conciencia moderna del que sabe. Para enriquecer esa visión casi metalingüística del terror, recurrirán a la ironía en todo su espectro o escala: del humor fino al sarcasmo, pasando por la burla más descarnada. Toda esa sátira irá dirigida no sólo hacia la materia prima que están manejando, ni siquiera como método para la crítica social o moral, sino que se autoincluirán en el juego; nada más sabio y saludable que reírse de uno mismo.

Don Coscarelli, invitará al festín a su actor fetiche, Angus Scrimm, a quien convirtió en todo un símbolo como el “Hombre Alto” de Phantasm (1979), película que se convertiría en otra muestra de serialidad (1979-1988-1994-1998). A quién haya seguido el peculiar presente de Coscarelli, una vez parece aparcada dicha saga dirigida al completo por él mismo, no le extrañará nada la socarronería, también la dureza, de Incident in and off mountain road. Y es que después de Bubba Ho-tep (2002), las cosas han de mirarse sin falta desde ese nuevo y delirante ángulo. Un tanga será ahora algo más que la prenda predilecta de las teen movies actuales, en manos de Bree Turner y de un Coscarelli post Bubba Ho-tep, se transformará en potencial arma para la supervivencia.

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Asia. Otra de las grandes obras de Dario Argento

Algo muy similar le ocurrirá a Stuart Gordon, elevado a figura de culto junto al productor Brian Yuzna tras firmar guión y dirección de Re-Animator (1985). Gordon tendría que hacer duro peregrinaje por los noventa hasta que pusiera en práctica su propia receta para la reanimación, más necesaria que nunca tras engendros como el Dagon (2001) producido en España por Filmax. Ese bálsamo no será otro que la perturbadora Edmond, una comedia negrísima, brotada de la pluma de David Mamet, que no tiene ningún inconveniente en pasarse de rosca hasta convertirse en un relato quijotesco-neoyorkino de pelaje semejante al de Travis Bickle (Taxi Driver, 1976). Edmond (2005) será su Buba Ho-tep particular, a partir del cual podrá seguir creciendo, curiosamente, en la televisión. Si bien su labor en Dreams in the witch-house no resulta especialmente brillante, será uno de los pocos encargados de salvar la cara tanto en la 2ª temporada, con su curiosa revisitación de la figura de Poe (The Black Cat, 2007), como en la espuria continuación de Fear Itself con el cajún hambriento de Eater (2008). Todo sin menospreciar su paréntesis cinematográfico: Stuck (2007).

Diferente fue la vida de Tobe Hooper, que después del “pelotazo” (3 partes, dos remakes y una precuela, sin mencionar la huella dejada en todo el Audiovisual desde entonces) de The Texas Chainsaw massacre (1974), encontrará más refugio en la televisión que en el propio cine, al que asomaría con intermitencia pero siempre muy alejado del estruendo provocado por la motosierra de Leatherface. Dirigirá Poltergeist en 1982, el remake del clásico de los 50 Invaders from Mars para la Cannon en 1986 y la segunda parte de su obra tejana ese mismo año. Pero será un fijo en muchas de las series de terror de las que hablamos, participando en episodios de Amazing Stories, Freddy’s Nightmares, Tales from the Crypt, Taken o Night Visions, además de en mini-series como Salem’s Lot (1979). También compartirá cartel con John Carpenter en Body Bags (1993) y se sumergirá en no pocas producciones de escasa repercusión y mínimo presupuesto, carne de direct-to-video, como Toolbox Murders (2003). En Dance of the Dead no se le verá nada inspirado, a pesar de tener a Richard Matheson como fuente literaria y a Robert Englund como uno de los protagonistas. Su visión post-apocalíptica se quedará atorada en un insustancial producto protagonizado por, y parece que sólo para, adolescentes.

Si algún nombre de entre los presentes en MOH es reconocible por casi cualquier espectador, sea o no aficionado al género, ése es el de Dario Argento. Una institución desde sus tiempos del Giallo, con una carrera sólida pero construida con piezas de aquí y de allá, a las que no duda en juntar de la manera más llamativa posible. Después del encadenamiento de sus obras más célebres en los 70 y los 80, pasará a vegetar en los 90 cuando no se estrella directamente, como en el caso de Il fantasma dell’opera (1998). Pasará a recobrar el pulso en la televisión con Ti piace Hitchcock? (2005), una coproducción de la Rai y la Televisió de Catalunya. Nada inocente esta sugerente reaparición, primero por ser en televisión y segundo por su indisimulado tono honorífico y admirativo para con la obra de otros. Todo un clásico que no se esconde a la hora de reconocer que debe seguir aprendiendo, mientras mira en la distancia y con escepticismo la alta consideración en la que ha devenido su propio legado. En Jenifer podremos ver cómo reajusta de manera audaz a los nuevos tiempos los canones de la femme fatale clásica, partir de una historieta de los setenta de Bruce Jones. Los medios de seducción de la nueva femme fatale no distan gran cosa de sus modelos antiguos, una carnalidad que Argento aliñará con gore y sexo. ¿Acaso se necesita algo más para defenestrar a un honrado y modélico policía padre de familia? Ese toque gore será de los escasos que existan en MOH y aparecerá en mayor proporción en su película para la 2ª temporada: Pelts (2008).

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Un gremlin con Joe Dante

La figura de Mick Garris, como hemos visto, es fundamental. Él es promotor de un proyecto en el que además participará detrás de la cámara, y no con demasiada fortuna, la verdad. Chocolate puede ser calificado sin temor alguno como uno de los peores episodios de MOH en su totalidad. En cambio, Valerie on the stairs (2006), su pieza en la 2ª temporada, mostrará momentos de lucidez. Vinculado desde siempre a la televisión como productor, actor, guionista y dentro de ella al género de terror y de suspense, su labor como eventual director será de escaso interés. Participa escribiendo o dirigiendo en Amazing Stories, Freddy’s Nightmares o Tales from the Crypt, entre otras, al margen de filmar secuelas de sagas por entonces en auge como la de Critters (Critters 2: The Main Course, 1988) o Psycho (Psycho IV: The Beginning, 1990). Cuenta, además, con varias adaptaciones de Stephen King (Sleepwalkers, The Stand, The Shining, Quicksilver Highway, Riding the Bullet, Desperation). Tras el relativo éxito de MOH, se implicará en el filón de la diversificación a la que se apuntan todos los productos tras un triunfo. Sin ir más lejos, la IDW adaptará al cómic algunas de sus historias y se exporta la fórmula a la Ciencia Ficción con Masters of Science Fiction (2007).

Joe Dante “triunfa” a finales de los setenta, como lo hiciera Hooper, con Piranha (1978). Sigue así la estela del gran blanco que Spielberg diseñara en 1975 y que viene a culminar una rara aparición de las películas de animales o criaturas3 asesinas en los setenta, como ya sucediera en los años cincuenta; década en la que muchos se criaron viendo ese tipo de filmes. Sin llegar a conseguir una dinastía con abolengo como hizo Hooper con su matanza o Spielberg con su tiburón, al menos conoce o conocerá una continuación, realizada por James Cameron tres años después: Piranha Part Two: The Spawning (1981) y un remake Piranha 3D (Alexandre Aja, 2010). Por lo demás, también seguirá un itinerario similar al de algunos de sus compañeros trabajando en episodios de series ya conocidas, en partes de la versión cinematográfica de The Twilight Zone o en la más reciente Trapped Ashes (2006). Alguien que ha filmado dos grandes sátiras sociales, disfrazadas de puro entretenimiento, como Gremlins (1984) y Matinee (1993), puede despertar un interés justificado en su visita a MOH. El problema surge cuando ese interés a priori viene inflado por una coyuntura política e informativa que hace que Homecoming se resienta de tal explosión mediática. Con todo, una gran contribución donde el zombi es presentado como arma política de manera explícita, alejado de subtextos. Él es el texto y tal vez ahí, debido a esa inmediatez que no deja lugar a posibles juegos semánticos, resida su punto más débil.

El currículo de John Landis es de los más lustrosos de entre todos los convidados: series de televisión, películas de sketches (The Twilight zone), videos musicales de Michael Jackson, comedias gamberras como Animal House (1978) o The Blues Brothers (1980) y, sobre todo, su peculiar tratamiento híbrido del terror, al que le busca compañía en otros géneros siempre con el humor como vehículo. Véase An American Werewolf in London (1981) o sus dos trabajos para MOH, Deer Woman y Family (2006), no así el entregado a Fear Itself4 (In Sickness and in Health, 2008), cuyo trazo grueso nos recuerda algunos de sus imperdonables trompazos: The Stupids (1996) o la vuelta a los Blues Brothers en el 2000. Por fortuna, con Deer Woman pareció salir de ese profundo bache finisecular. Aunque no se encuentre entre los episodios más citados o alabados, ésta es una de las cimas de MOH, una apasionante y divertida vuelta de tuerca a las buddy movies, a las películas de monstruos y al suspense del dúo Lewton-Tourneur, al que dejará caer algún homenaje a lo largo del metraje sin ocultar su subrayado. Un conjunto donde luce con violencia y desde el silencio, la modelo brasileña Cinthia Moura.

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Cinthia Moura es Deer Woman

Si Deer Woman puede ser discutido como uno de los momentos más logrados de MOH, no ocurrirá lo mismo con el Cigarette Burns de John Carpenter, sobre el que se ha extendido un acuerdo global de supremacía: “Santo súbito” del horror. A día de hoy no debería seguir considerándose una boutade el afirmar que John Carpenter es uno de los mejores directores contemporáneos, un grande sin acotaciones de género (aventuras, terror) o falsas dignidades comerciales. Porque, mirando atrás, Carpenter puede ser respetado de la misma manera que ha sucedido, sin queja, con Kubrick o Lynch. Que sus referentes se localicen en el corazón de la cultura popular (el Western, el Cómic, la Ciencia Ficción Soft, la Literatura Gótica, etc.) no será una excusa para detractores, sino un argumento para el análisis desprejuiciado de una filmografía repleta de películas espléndidas, entre las cuales ha encontrado acomodo Cigarette Burns. Tras su fachada de thriller5 sobrenatural cinéfilo, al filme de Carpenter le sucede algo parecido que a Le Fin Absolue du Monde de Hans Backovic, al seguir preguntándose con idéntica inocencia y temor sobre el poder mágico del cine, sobre su peligrosa asociación e identificación con la verdad, sobre su fuerza para conmover, sobre su influencia, sobre el compromiso en la creación… Qué duda cabe que muchos directores de vanguardia, pienso en Kenneth Anger, habrían celebrado como la frontera definitiva del cinematógrafo la improvisada y sentida película que Bellinger (Udo Kier) nos regala en su final.

William Malone es el menos conocido de toda la nómina de directores y, siendo sinceros, no ha dado razones suficientes a lo largo de su carrera para lo contrario. Después de dos monster movies a principios de los ochenta (Scared to death en 1981 y Creature en 1985), desaparece del mapa al ser engullido por otro monstruo, la televisión. Eso sí, siempre ligado al terror: dirige tres episodios en Freddy’s Nightmares y dos en Tales from the Crypt, entre otras muchas series de los noventa. Volverá al cine en 1999 con el insulso remake del clásico de William Castle, House on Haunted Hill y con la lamentable Fear Dot Com (2002), para volver de nuevo a la televisión en MOH con The fair haired child (2006). Su intento por aproximarse al mundo de las adolescentes acomplejadas a través no tanto del terror como del mundo fantástico de los cuentos de hadas macabros, resulta de una frialdad –amplificada por algunas de las actuaciones y la fotografía- imposible de remontar, ni siquiera con la aparición del monstruo de turno o con la relectura final en clave de príncipe y princesa.

Una de las sorpresas agradables de MOH fue comprobar la buena forma que mostró el abuelo del grupo, Larry Cohen. Curtido como guionista en la televisión de los sesenta, quedaría vinculado como director al terror de serie B desde unos inicios en los que también toca la Blaxploitation con Black Caesar (1973) y su secuela Hell Up in Harlem (1973). Será después del éxito, tan inesperado como rotundo e internacional, de It’s alive (1974) cuando se dé a conocer. La lucrativa historia del bebé mutante se aprovechará con dos partes más dirigidas por el mismo Cohen: It Lives Again (1978), It’s Alive III: Island of the Alive (1987). De cualquier modo, sus películas han sido muy poco conocidas, tal vez con la excepción de Q (1982), y podríamos decir que nada conocidas fuera del ámbito del género donde sí se ganó una de las tantas butacas destinadas a “directores de culto”. Pick me up es la muestra ejemplar del uso de la ironía en MOH, se ríe sin disimulo de todo el cine de terror, especialmente del actual y de sus planos personajes para terminar haciéndolo de la sociedad que lo produce. Una sociedad marcada por una psicopatía convertida en pandemia. Un punto de vista que llegará a traspasar lo burlesco para convertirse en cáustico.

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Sexo zombi en Haeckel's Tale. John MacNaughton

El nombre de John McNaughton nunca podrá desvincularse del de Henry, el protagonista de su célebre película, Henry: Portrait of a Serial Killer (1986). El revuelo mediático levantado, los gritos de la MPAA y su calificación como filme X o el retraso durante años de su estreno, la elevaron a una categoría mítica que sin esa desinformación y ese puritanismo, no habría existido. McNaughton quedó ahogado en el griterío y no repetiría nunca más semejante fama. Ya nadie se acordaba de él cuando estrenó Wild Things (1998), deficiente intento por recuperar un thriller erótico que languidecía tras haber sido visitado hasta la extenuación6 la década anterior. No era el mejor momento para volver a él, más tras el declive comercial sufrido desde el boom de Basic Instinct (Paul Verhoeven, 1992). McNaughton se movió por la televisión y el cine (Mad dog and glory de 1993 y Normal life del 96 son sus obras más conocidas) con la indiferencia que suele despertar una celebridad decadente, llegando a MOH de rebote, tras la imposible incorporación de George A. Romero por problemas de fechas. A partir del guión escrito por Mick Garris sobre un relato de Clive Barker (creador de la saga Hellraiser), McNaughton entrega un gran episodio con Haeckel’s Tale. Un toque de época a la serie –en el resto de la 1ª y la 2ª temporada predomina la ambientación en el presente o en un futuro cercano- que nos devuelve a los tiempos de magos y buhoneros coetáneos del Dr. Frankenstein. Todo regado con suculento sexo zombi.




8. Trece conclusiones

01. Masters of Horror queda enmarcado en un contexto donde el terror en literatura, cine y televisión, se encuentra en apogeo comercial.

02. Ese terror contemporáneo anida en diferentes causas sociales y políticas del nuevo milenio.

03. El terror como herramienta crítica siempre ha sido eficaz.

04. MOH asiste desde la primera fila a la explosión de la ficción serial en cine y televisión. Así como a los debates en torno a la crisis del Relato.

05. MOH se mostrará refractario al molde serial predominante. La suya es la serialidad de los miedos humanos, no la superficial del culebrón. Además, es un gran ejemplo para analizar ciertos mecanismos narrativos del género.

06. El terror de hoy resulta que es el terror de ayer, que, a su vez, es el terror de siempre. MOH es cualquier cosa menos original. Tampoco lo pretende.

07. MOH es digno heredero de toda una interminable tradición del Horror artístico.

08. Asimismo, es merecedor, en casi todos los casos, de las filmografías de sus respectivos directores.

09. Las personas adultas, incluso los viejos, pueden seguir creando en la televisión. Y encima hacerlo de manera destacada.

10. Al margen de que las cadenas de televisión no sepan programar, en especial las españolas, MOH se presta a una caprichosa, disfrutable y nocturna proyección en DVD.

11. Es una obra propicia para discutir distendidamente sobre las preferencias de cada cual. En este caso pueden mostrarse muy reveladoras a la hora de descubrir gustos y fobias. Es ideal para reforzar o destrozar amistades.

11. Más allá de críticas sociales o políticas de altos vuelos, MOH posee elevadas y saludables dosis de ironía y humor para con el género y su relación con el Audiovisual.

12. El terror se presta a todo tipo de torturas comerciales, narrativas y formales.

13. El terror carece de cierre, es así como se produce la angustia. El terror es maleable y lo hacemos aún más en nuestras mentes…

  1. Stasio, Marilyn: The Horror Tales You Haven’t Seen. []
  2. Entrevista con Elaine Lamkin en Bloody Disgusting: http://www.bloody-disgusting.com/interview/195 []
  3. Frogs (George McCowan.1972), Ben (Phil Karlson, 1972), The Swarm (Irwin Allen, 1978), Prophecy (John Frankenheimer, 1979). []
  4. Su hijo, Max Landis, seguirá de cerca las enseñanzas cómico-terroríficas de su padre en el guión de Something with bite, un estimable episodio dirigido por Ernest R. Dickerson y protagonizado por una dinastía oculta de hombres lobo []
  5. Cuenta con el extraño enlace a 8mm. (Joel Schumacher, 1999) a través Norman Reedus. []
  6. Body Heat (Lawrence Kasdan, 1981), Body Double (Brian De Palma, 1984), Fatal Attraction (Adrian Lyne, 1987), Sea of Love (Harold Becker, 1989) y más tarde Jade (William Friedkin, 1995) []
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