¡Que vienen los zombies! (y 4)

“28 Days Later” (Danny Boyle, 2002), sin representar al zombie como ser resucitado, optó por el simple vivo infectado (algún día hablaremos del fenómeno de la infección y de la enfermedad en el cine actual en línea parecida a la de los zombies) destapando el cubo de los residuos que nadie estaba dispuesto a ver; los despojos humanos que nunca se vieron en el WTC, por ejemplo. Irregular, epiléptica y en línea descendente a partir de un brillante comienzo acaba por sepultar ideas interesantes por rimbombante y retórica, tanto a nivel visual como narrativo. Cinco años después, ya a rebufo de otras películas, “28 Weeks Later” (J. C. Fresnadillo) deja abierta la posiblidad a la extensión ad infinítum de esta historia de infectados atléticos. Decorosa continuación que como su progenitora se desinfla sin remedio con el paso de los mintuos, aunque no se le puede negar su poderosa secuencia de apertura y el plantear, tímidamente, problemas de fondo como el egoísmo y la cobardía inscritos en la familia y por extensión en la sociedad.
Ese mismo año, adaptando una famosa serie de los videojuegos, aparecería “Resident Evil” (del “especialista” Paul W. S. Anderson), también en la línea de la amenaza biológica con la interesante aportación de la fortaleza y liderazgo grupal de la figura femenina, poco más se obtiene tras visitar la trilogía finalizada este mismo 2007 con Mila Jovovich masacrando zombies en Las Vegas. Lástima que no entrara en los planes de los guionistas (el mismito Anderson) y del director (Russell Mulcahy) convertir ese espacio cubierto de arena, antaño hogar del lujo casposo y kitsch occidental, en verdadero espacio con valor narrativo. El relativo éxito comercial obtenido por los incios respectivos de ambas sagas suposo la reapertura del mercado económico al zombie.
“Beyond Re-Animator”, un intento infecto de la Fantastic Factory por recuperar el espíritu ochentero de la original y graciosa obra de Stuart Gordon, o “House of the Dead” con Herr Doctor haciendo de las suyas mientras los zombies devoran adolescentes a ritmo de tiempo bala, asomaron al año siguiente con cierta timidez y bajeza pero viendo el posible filón coyuntural abierto. Sería en 2004 con el remake del filme original de Romero “Zombie” (1978) cuando el fenómeno se consolidó. La misma fórmula de bajo presupuesto con gran rentabilidad en taquilla1 y el cambio del infectado por el muerto resucitado no se completó de manera brillante con el subtexto crítico necesario que no por casualidad había llevado al primer director a situar la acción en un centro comercial, también presente en este remake pero sin la fuerza necesaria al verse afectado por los mismos defectos, congénitos del cine actual, que “28 Days Later”. Esto es, incapacidad alarmante para la narración, abuso del efectismo visual barato y poco trabajo con los actores, que si bien representan los arquetipo de acuerdo a una microcomunidad son esquemáticos en exceso. Se echa de menos al mando del proyecto a alguien con el talento, la habilidad y la honestidad de John Carpenter a la hora de dar forma a un material semejante.
Sin duda el aspecto a destacar de este remake y que condensa de manera brillante muchas de las cosas habladas hasta ahora en estas tres entradas, son los títulos de crédito de apertura 2 en los cuales las imágenes de ficción y realidad, noticiarios y reconstrucciones conviven con planos de zombies y carteles que anuncian la presencia del interior humano: la sangre metamorfoseada en letras y nombres. La falta de argumentos de las instituciones para explicar las causas de los hechos: We don’t know como mejor contestación a las preguntas realizadas, la imposibilidad de articular un discurso frente al zombie-infectado, no puede ser más poderosa. Juego con las texturas de la imagen (televisión, vídeo, cine. Rayas, pixels, nieve, estática) y con su poder significante (información, verdad, realidad). Todo reforzado por la muy adecuada pieza musical de Johnny Cash.
Ese mismo año dos películas europeas: “Les Revenants” (Robin Campillo) y “Shaun of the Dead” (Edgar Wright) trataron de manera muy diferente el género. La primera se construía como pura parábola social sin recurrir a los elementos más reconocibles del género, dejándolo todo a la abstracción del concepto como arma crítica y subrayando la pulcritud como síntoma novedoso del zombie, amplificando así la denuncia al eliminar la coartada que supone el desprecio al zombie por quebrantar los protocolos que ya conocemos.
La segunda cinta deviene obra costumbrista inglesa apoyada en la única base de cierta cinefilia del director y por lo tanto endeble y repetitiva. Todo más cerca del narcisismo eclético que de una narración real sobre zombies (cambiando de género y con una falta de asimilación todavía más llamativa dirigió su segunda obra, “Hot Fuzz”, que ahora se estrena en cines), el resultado es una historia desaprovechada hasta el límite. Fuera de cualquier pretensión estética o crítica, tres años más tarde, “Plane Dead” (Scott Thomas) alcanza la mofa que nunca tuvo Shaun; por completo desmadrada y en ocasiones ridícula este avión repleto de zombies pudo haberse convertido en algo brillante con un poco más de cuidado, esmero y conocimiento del oficio.
2005 supone el regreso visto de Romero con “Land of the Dead” mientras el zombie es reclutado para servir a la patria en “Homecoming”, episodio de Masters of Horror en su destacable primera temporada dirigido por el citado atrás Joe Dante. El zombie presentado como arma política de manera explícita y lejos de subtextos. Él es el texto y tal vez ahí, debido a esa inmediatez que no deja lugar a posibles juegos semánticos, reside su punto más débil. La militancia, aunque sea en la piel de un zombie, siempre será un argumento pobre aunque el poderoso contexto sociopolítico de Estado Unidos invite sin reparos a ejercicios de denuncia como éste.
“Fido”, película canadiense del 2006 dirigida por Andrew Currie, parte de una idea que engloba gran parte del poder crítico que posee el zombie, sin embargo se verá lastrada sin remedio por un casting horroroso, una floja producción, un guión deficiente y la ausencia de profundidad en muchas situaciones decisivas. Al igual que “Dawn of the Dead” tiene su mejor baza en el comienzo; el arranque de Fido es una pequeña obra maestra en sí misma, un breve filme de propaganda elaborado por la corporación que monopoliza el mercado de seguridad mundial, Zomcom. Su fundador3 ha descubierto la manera de eliminar y de domesticar a los zombies, explotándolo hasta las últimas consecuencias.
El fragmento es en blanco y negro, con estructura de noticiario de época (de nuevo juego de texturas y de formato, ajustando la imagen a los 4:3 típicos de ese material dentro de los 2:35 de la película. Y de significación de la imagen informativa) que sustituye la paranoia nuclear americana durante los años cincuenta por la paranoia zombie (las Guerras Zombie o Zombie Wars). A partir de ahí y a pesar de buenos momentos puntuales la película emprende una cuesta abajo imparable. El paralelismo entre aquella década del siglo pasado con la explosión del ocio post 2ª GM, el desarrollo de los electrodomésticos y de la vida “comunitaria” suburbana bajo la amenza de la guerra fría, y las pautas sociales de los últimos años que invitan a la extrapolación (imposible de encajar por otra parte si se intenta) funcionan pero a un nivel inferior del que, tal vez, deberían.
“Planet Terror”, la primera parte de Grindhouse dirigida por Robert Rodríguez, acaba por adolecer de algo parecido a “Shaun of the Dead” aunque aquí sin “trampa” al saber de entrada que estamos ante un filme-emulación, en todos los sentidos y más o menos logrado. La imagen imperfecta, rugosa, quemada y dañada como los propios zombies (infectados aquí) no responde a una posible extensión simbólica ni a la esencia matérica alcanzada por “Decasia”, sino a simples hechos físicos del material. No hay cuestionamiento de la imagen cinematográfica mural actual, sólo un acto de fidelidad al contexto que se pretende ilustrar. Para ir en el sentido contrario, para preguntar a la imagen sobre su propia materia, función y significado como parte de la realidad, tal vez lo más apropiado sería visitar las tres curiosas obras de Andrew Parkinson realizadas entre 1999 y 2005.
A la espera del estreno del último trabajo de G. A. Romero “Diary of the Dead” que promete, otra vez, seguir enriqueciendo el género y de la última adaptación de la estupenda novela corta de Richard Matheson “Soy leyenda”4, irrumpe en taquilla la producción española “[REC]“, un interesante ejercicio sobre infectados, a la par que poco original, que entre otras cosas nos avisa de que el poder zombie sigue vigente. Si su despliegue crítico-humorístico es de perfil bajo (comunidad de vecinos, con todos sus tics) y es utilizado sobre todo como espita para dosificar (muy necesario a pesar de sus escasos 80 minutos) los momentos de tensión, el aspecto visual vuelve a recurrir al cambio de textura, buscando la pretendida inmediatez de la imagen (imperfecta) televisiva con todo lo que ello conlleva y que no vamos a repetir otra vez.
Llegamos al final, a pesar de que sería conveniente resumir y concretar ciertas ideas, aplazamos una posible entrada para recolección y seguimiento de un tema que ha ocupado estos cuatro artículos zombificados. Así como posibles reseñas más extensas de películas que consideremos de interés.
Entre tanto y como seguidores del género sólo esperamos que la moda, que no es tal, se extienda lo máximo posible en el tiempo siempre y cuando el zombie no sea despreciado ni subestimado.
- Con apenas 25 millones de dólares de presupuesto se convirtió en la película de zombies con mayor recaudación de la historia: más de 100 millones de dólares en todo el mundo. [↩]
- Ver el vídeo [↩]
- No por casualidad llamado Geiger [↩]
- Obra de referencia, publicada en 1954, con gran influencia en el mundo cinematográfico zombie y postapocalíptico posterior. Esta última versión correrá a cargo del director de videoclips (Britney Spears, Jennifer López…) Francis Lawrence con Will Smith en el papel del original Robert Neville. El panorama a priori es pues ocuro en estos dos aspectos. [↩]


Como buenos desheredados y repudiados los zombies no encontraron nunca estabilidad en la producción, si bien los años 70 fueron fértiles en títulos aprovechando el tirón de 1968, abundaron los subproductos de diferentes nacionalidades (italiana, española y demás coproducciones) hasta alcanzar otro hito diez años después, en 1978, con “Dawn of the Dead” gracias al mismo director. Poco a poco, languidecen en los ochenta recluyéndose en productoras especializadas y directores “de culto”. Basta decir que su mayor éxito tuvo lugar con el videoclip 


Los juegos y quiebros de la Deconstrucción, la inconsistente lógica Fuzzy, la pretendida lucha antitotalitaria establecida por la idea posmoderna o la rigidez del estructuralismo en sus diferentes campos tenían que abrir de nuevo el cierre metodológico al que todos aspiraban y practicaban. Había llegado el momento de dejar de confundir el derecho a saber con el derecho a opinar y con ello callarse y guardar silencio si fuera necesario, por desconocimiento, por falta de argumentos o por simple imposibilidad.




