Diciembre 11, 2007

¡Que vienen los zombies! (y 4)

“28 Days Later” (Danny Boyle, 2002), sin representar al zombie como ser resucitado, optó por el simple vivo infectado (algún día hablaremos del fenómeno de la infección y de la enfermedad en el cine actual en línea parecida a la de los zombies) destapando el cubo de los residuos que nadie estaba dispuesto a ver; los despojos humanos que nunca se vieron en el WTC, por ejemplo. Irregular, epiléptica y en línea descendente a partir de un brillante comienzo acaba por sepultar ideas interesantes por rimbombante y retórica, tanto a nivel visual como narrativo. Cinco años después, ya a rebufo de otras películas, “28 Weeks Later” (J. C. Fresnadillo) deja abierta la posiblidad a la extensión ad infinítum de esta historia de infectados atléticos. Decorosa continuación que como su progenitora se desinfla sin remedio con el paso de los mintuos, aunque no se le puede negar su poderosa secuencia de apertura y el plantear, tímidamente, problemas de fondo como el egoísmo y la cobardía inscritos en la familia y por extensión en la sociedad.

Ese mismo año, adaptando una famosa serie de los videojuegos, aparecería “Resident Evil” (del “especialista” Paul W. S. Anderson), también en la línea de la amenaza biológica con la interesante aportación de la fortaleza y liderazgo grupal de la figura femenina, poco más se obtiene tras visitar la trilogía finalizada este mismo 2007 con Mila Jovovich masacrando zombies en Las Vegas. Lástima que no entrara en los planes de los guionistas (el mismito Anderson) y del director (Russell Mulcahy) convertir ese espacio cubierto de arena, antaño hogar del lujo casposo y kitsch occidental, en verdadero espacio con valor narrativo. El relativo éxito comercial obtenido por los incios respectivos de ambas sagas suposo la reapertura del mercado económico al zombie.

“Beyond Re-Animator”, un intento infecto de la Fantastic Factory por recuperar el espíritu ochentero de la original y graciosa obra de Stuart Gordon, o “House of the Dead” con Herr Doctor haciendo de las suyas mientras los zombies devoran adolescentes a ritmo de tiempo bala, asomaron al año siguiente con cierta timidez y bajeza pero viendo el posible filón coyuntural abierto. Sería en 2004 con el remake del filme original de Romero “Zombie” (1978) cuando el fenómeno se consolidó. La misma fórmula de bajo presupuesto con gran rentabilidad en taquilla1 y el cambio del infectado por el muerto resucitado no se completó de manera brillante con el subtexto crítico necesario que no por casualidad había llevado al primer director a situar la acción en un centro comercial, también presente en este remake pero sin la fuerza necesaria al verse afectado por los mismos defectos, congénitos del cine actual, que “28 Days Later”. Esto es, incapacidad alarmante para la narración, abuso del efectismo visual barato y poco trabajo con los actores, que si bien representan los arquetipo de acuerdo a una microcomunidad son esquemáticos en exceso. Se echa de menos al mando del proyecto a alguien con el talento, la habilidad y la honestidad de John Carpenter a la hora de dar forma a un material semejante.

Sin duda el aspecto a destacar de este remake y que condensa de manera brillante muchas de las cosas habladas hasta ahora en estas tres entradas, son los títulos de crédito de apertura 2 en los cuales las imágenes de ficción y realidad, noticiarios y reconstrucciones conviven con planos de zombies y carteles que anuncian la presencia del interior humano: la sangre metamorfoseada en letras y nombres. La falta de argumentos de las instituciones para explicar las causas de los hechos: We don’t know como mejor contestación a las preguntas realizadas, la imposibilidad de articular un discurso frente al zombie-infectado, no puede ser más poderosa. Juego con las texturas de la imagen (televisión, vídeo, cine. Rayas, pixels, nieve, estática) y con su poder significante (información, verdad, realidad). Todo reforzado por la muy adecuada pieza musical de Johnny Cash.

Ese mismo año dos películas europeas: “Les Revenants” (Robin Campillo) y “Shaun of the Dead” (Edgar Wright) trataron de manera muy diferente el género. La primera se construía como pura parábola social sin recurrir a los elementos más reconocibles del género, dejándolo todo a la abstracción del concepto como arma crítica y subrayando la pulcritud como síntoma novedoso del zombie, amplificando así la denuncia al eliminar la coartada que supone el desprecio al zombie por quebrantar los protocolos que ya conocemos.

La segunda cinta deviene obra costumbrista inglesa apoyada en la única base de cierta cinefilia del director y por lo tanto endeble y repetitiva. Todo más cerca del narcisismo eclético que de una narración real sobre zombies (cambiando de género y con una falta de asimilación todavía más llamativa dirigió su segunda obra, “Hot Fuzz”, que ahora se estrena en cines), el resultado es una historia desaprovechada hasta el límite. Fuera de cualquier pretensión estética o crítica, tres años más tarde, “Plane Dead” (Scott Thomas) alcanza la mofa que nunca tuvo Shaun; por completo desmadrada y en ocasiones ridícula este avión repleto de zombies pudo haberse convertido en algo brillante con un poco más de cuidado, esmero y conocimiento del oficio.

2005 supone el regreso visto de Romero con “Land of the Dead” mientras el zombie es reclutado para servir a la patria en “Homecoming”, episodio de Masters of Horror en su destacable primera temporada dirigido por el citado atrás Joe Dante. El zombie presentado como arma política de manera explícita y lejos de subtextos. Él es el texto y tal vez ahí, debido a esa inmediatez que no deja lugar a posibles juegos semánticos, reside su punto más débil. La militancia, aunque sea en la piel de un zombie, siempre será un argumento pobre aunque el poderoso contexto sociopolítico de Estado Unidos invite sin reparos a ejercicios de denuncia como éste.

“Fido”, película canadiense del 2006 dirigida por Andrew Currie, parte de una idea que engloba gran parte del poder crítico que posee el zombie, sin embargo se verá lastrada sin remedio por un casting horroroso, una floja producción, un guión deficiente y la ausencia de profundidad en muchas situaciones decisivas. Al igual que “Dawn of the Dead” tiene su mejor baza en el comienzo; el arranque de Fido es una pequeña obra maestra en sí misma, un breve filme de propaganda elaborado por la corporación que monopoliza el mercado de seguridad mundial, Zomcom. Su fundador3 ha descubierto la manera de eliminar y de domesticar a los zombies, explotándolo hasta las últimas consecuencias.


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El fragmento es en blanco y negro, con estructura de noticiario de época (de nuevo juego de texturas y de formato, ajustando la imagen a los 4:3 típicos de ese material dentro de los 2:35 de la película. Y de significación de la imagen informativa) que sustituye la paranoia nuclear americana durante los años cincuenta por la paranoia zombie (las Guerras Zombie o Zombie Wars). A partir de ahí y a pesar de buenos momentos puntuales la película emprende una cuesta abajo imparable. El paralelismo entre aquella década del siglo pasado con la explosión del ocio post 2ª GM, el desarrollo de los electrodomésticos y de la vida “comunitaria” suburbana bajo la amenza de la guerra fría, y las pautas sociales de los últimos años que invitan a la extrapolación (imposible de encajar por otra parte si se intenta) funcionan pero a un nivel inferior del que, tal vez, deberían.

“Planet Terror”, la primera parte de Grindhouse dirigida por Robert Rodríguez, acaba por adolecer de algo parecido a “Shaun of the Dead” aunque aquí sin “trampa” al saber de entrada que estamos ante un filme-emulación, en todos los sentidos y más o menos logrado. La imagen imperfecta, rugosa, quemada y dañada como los propios zombies (infectados aquí) no responde a una posible extensión simbólica ni a la esencia matérica alcanzada por “Decasia”, sino a simples hechos físicos del material. No hay cuestionamiento de la imagen cinematográfica mural actual, sólo un acto de fidelidad al contexto que se pretende ilustrar. Para ir en el sentido contrario, para preguntar a la imagen sobre su propia materia, función y significado como parte de la realidad, tal vez lo más apropiado sería visitar las tres curiosas obras de Andrew Parkinson realizadas entre 1999 y 2005.

A la espera del estreno del último trabajo de G. A. Romero “Diary of the Dead” que promete, otra vez, seguir enriqueciendo el género y de la última adaptación de la estupenda novela corta de Richard Matheson “Soy leyenda”4, irrumpe en taquilla la producción española “[REC]“, un interesante ejercicio sobre infectados, a la par que poco original, que entre otras cosas nos avisa de que el poder zombie sigue vigente. Si su despliegue crítico-humorístico es de perfil bajo (comunidad de vecinos, con todos sus tics) y es utilizado sobre todo como espita para dosificar (muy necesario a pesar de sus escasos 80 minutos) los momentos de tensión, el aspecto visual vuelve a recurrir al cambio de textura, buscando la pretendida inmediatez de la imagen (imperfecta) televisiva con todo lo que ello conlleva y que no vamos a repetir otra vez.

Llegamos al final, a pesar de que sería conveniente resumir y concretar ciertas ideas, aplazamos una posible entrada para recolección y seguimiento de un tema que ha ocupado estos cuatro artículos zombificados. Así como posibles reseñas más extensas de películas que consideremos de interés.
Entre tanto y como seguidores del género sólo esperamos que la moda, que no es tal, se extienda lo máximo posible en el tiempo siempre y cuando el zombie no sea despreciado ni subestimado.

  1. Con apenas 25 millones de dólares de presupuesto se convirtió en la película de zombies con mayor recaudación de la historia: más de 100 millones de dólares en todo el mundo. []
  2. Ver el vídeo []
  3. No por casualidad llamado Geiger []
  4. Obra de referencia, publicada en 1954, con gran influencia en el mundo cinematográfico zombie y postapocalíptico posterior. Esta última versión correrá a cargo del director de videoclips (Britney Spears, Jennifer López…) Francis Lawrence con Will Smith en el papel del original Robert Neville. El panorama a priori es pues ocuro en estos dos aspectos. []

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Diciembre 7, 2007

¡Que vienen los zombies! (3)

Hemos hablado hasta ahora de zombies en genérico, como si fueran una entidad que responde a características constantes. Es evidente que no es así de simple, conviven diferentes concepciones del zombie, desde el seminal rito vudú haitiano hasta el simple humano infectado por el microorganismo de turno pasando por los típicos muertos resucitados, los que para muchos son los únicos y verdaderos zombies cinematográficos. No daremos aquí valor a unos sobre otros, nuestra posición sobre la terminología no es rigurosa en ese sentido, lo tomamos como pura convención y destacamos aquello que más nos interesa, aunque sin ningún ánimo ventajista a la hora de cuadrar el escrito.

A estas alturas podemos hablar con cierta propiedad del subtexto en ciertos filmes de zombies, lo hemos ido advirtiendo y vemos que existen más ramificaciones que la típica funcionalidad para la crítica política y social citada al final de la anterior entrada, si bien esta última ha sido la más visible, la más utilizada y generalmente la que ha obtenido mejores resultados.

Que el creador del “zombie moderno” George A. Romero haya vuelto en medio de la nueva euforía del género, con dos títulos separados por apenas dos años, no es entonces casualidad, existían motivos de fondo suficientes para (re)exponer el tema allende el cine y una coyuntura comercial favorable para, si fuera necesario, reformular y actualizar viejos moldes. De ahí la vuelta de tuerca al género que apreciamos en “Land of the Dead” mediante la toma de conciencia 1 del zombie. Queda, entonces, abierto un nuevo punto de vista muy sugerente de cara al futuro para aquellos que quieran profundizar en este tipo de relato. El zombie aparece con capacidad no sólo para desmontar algunas de nuestras convenciones sociales sino dispuesto a elaborar las suyas propias atendiendo a sus necesidades. Romero, hijo de gallego y lituana (pueblo emigrante por excelencia el primero) y nacido en la ciudad de ciudades, Nueva York, parece el hombre adecuado para narrar tal historia.

En el otro bando resultante de la confrontanción establecida en “Land of the Dead”, el nuestro, encontramos la imposibilidad para llegar a ser un perfecto nihilista a pesar de vivir en plena distopía. Una distopia en presente y no en futuro-hipotética, como suele ser habitual en la ficción, que deja espacio para la reacción, para poder huir del pesimismo y la catástrofe. Se puede buscar un lugar mejor y hacerlo con alguien; el zombie toma conciencia y al tiempo ejercita la nuestra, atrofiada como estaba pero con ese margen citado de superación. De nuevo el Metarrelato como necesidad humana, tras la delcaración de defunción del mismo durante las décadas anteriores, y el zombie como su portavoz más decidido y eficaz. Este deje de esperanza acaba subyaciendo en el texto de George A. Romero.

Es complicado fijar el punto de inflexión del repunte cinematográfico zombie. Cronológicamente es post 11-S, no cabe duda, pero su naturaleza es multicausal, como hemos visto, hasta conseguir un clima “comercial favorable”, donde siempre cabe esperar la multiplicación de los productos como estrategia lógica de la industria. Sucedió con los tremendismos finiseculares a la estela del Titanic y sucede ahora, aunque con mucha más miga y diversidad. Pero seamos realistas, toda esta amplitud y riqueza a la que puede dar lugar el discurso zombie seguiría esperando en cajones y almacenes de no ser por la rentabilidad económica alcanzada.

Como buenos desheredados y repudiados los zombies no encontraron nunca estabilidad en la producción, si bien los años 70 fueron fértiles en títulos aprovechando el tirón de 1968, abundaron los subproductos de diferentes nacionalidades (italiana, española y demás coproducciones) hasta alcanzar otro hito diez años después, en 1978, con “Dawn of the Dead” gracias al mismo director. Poco a poco, languidecen en los ochenta recluyéndose en productoras especializadas y directores “de culto”. Basta decir que su mayor éxito tuvo lugar con el videoclip Thriller protagonizado por Michael Jackson y dirigido por John Landis, capaz de oscurecer la autoactualización de “Day of the Dead” y una buena ristra de parodias encabezadas por “The Return of the Living Dead”. Video musical que, ¡oh casualidad!, cumple2 un cuarto de siglo estos mismos días. La década de los 90 fue menos provechosa a pesar de contar ya con seguidores y creadores incondicionales, entre los que podemos destacar “Braindead” del por entonces amateur Peter Jackson.

Habría que esperar al nuevo siglo para el definitivo relanzamiento de una temática que, con un volumen de producción relativamente alto y constante, nunca había alcanzado la distribución y el cartel restringido a otro tipo de obras dentro de una hipotética categoría A. Finalizaremos este modesto recorrido con una cuarta y última entrada, dedicada a la resurrección del zombie en el siglo XXI e ilustrada con unos cuantos títulos; no podía ser de otra manera.

  1. El acceso al palo como instrumento para cambiarlo más tarde por el rifle. La sublevación ante la injusticia y la marginación. La idea de comunidad y liderazgo. []
  2. 25 años de escalofríos, El País, 3-12-2007 []

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Diciembre 3, 2007

¡Que vienen los zombies! (2)

Las imágenes fílmicas comerciales se elaborarán, dentro del contexto visto en la entrada anterior, de acuerdo a un tipo muy codificado, con un carácter que exaltará como rasgo principal su muralidad. Y se hará mediante acciones destinadas a la consecución de una cierta lozanía icónica como no podía ser menos en la época de la masificación de las operaciones de estética:

Eliminación de cualquier tipo de residuo, de huella o de imperfección material.

Al mismo tiempo las posibilidades de manipulación extrema vía software nos llevan a idéntico camino que el comentado sobre el saber-opinión y verdad. Es decir, dado que existen innumerables formas de retocar la imagen ¿por qué no hacerlo? es más ¡hay que hacerlo! Esta búsqueda sin descanso de la asepsia es realizada en buena medida por el imaginario colectivo y no sólo por los sectores creativos o industriales. Tal vez proyectando en la tecnología un prurito de fiabilidad extrema ante situaciones de inseguridad. Un ideal mecanicista de la perfección donde los defectos deben ser eliminados o al menos estar maquillados. En esta era de inflación icónica, que ha llegado a conformar una hiperrealidad, somos blanco fácil del engaño: la imagen es empleada masivamente como documento (con crédto de verdad) cuando paradójicamente más se está perdiendo ese valor.

Pero esto no debe conducirnos al camino de lo esotérico, tampoco al de la conspiración, simplemente al de la crítica y el análisis y si estos se descubren como insuficiente o innecesarios simplemente callar, punto éste en el cual empiezan la deriva esotérica y la conspiración malsana. Todo puede ser dicho con y sin imágenes, todo puede ser hecho con ellas hoy en día, pero tal vez todo no se deba hacer.

Así, en el plano extrictamente metalingüístico un filme como “Decasia: A State of Decay” 1 (y similares) aparece como una auténtica película-zombie. No es de extrañar el auge, fuera de los círculos comerciales, de los ejercicios en esa dirección, el reciclaje y el found footage como oposición necesaria a la blockbusterización y sus imágenes impolutas, panópticas, maquilladas sin huella a base de layers y layers invisibles.

Esta problemática en las imágenes que nos rodean tocan un punto fundamental del mundo zombie, un aspecto crucial para que hayan regresado con fuerza y aunque nos parezca mentira, cargados de poder didáctico: El zombie come carne humana y se despacha a gusto con las entrañas rara vez visibles del ser humano corriente. Conociendo como conocemos el marco iconográfico y cultural del momento ¿cómo es posible que el zombie “triunfe” mostrando lo que es considerado tabú en la sociedad actual, el desecho, la suciedad, etc?

Una primera aproximación no relacionada con esto lo podemos ver en las tendencias de la moda masculina, absurdas y banales, sí, pero por desgracia presentes e influyentes en la iconosfera. La ridícula propuesta de la metrosexualidad estalló junto a las perfectas cristaleras del WTC hace años, usted si desea ahora pertenecer al nivel más cool de la masculinidad retratada por telediarios y prensa debe ingresar en el colectivo de los Dirty Chic. El desaliño nunca mejor aliñado, la suciedad más pulcra; pura aporía como cualquier idea asociada al “mundo de la moda”.
Nos sirve al menos este apunte para entrever la grieta por la cual intenta aparecer la roña en un mundo donde está proscrita y donde se necesitan seres con valor y capacidad de verdad para mostrarla: los zombies serán más honestos que cualquier galán de turno con la camisa arrugada y con barbita de tres días.

Recurrimos de nuevo a George A. Romero2 para apoyar la hipótesis sobre la necesidad de incorporar al zombie como figura valiosa para la pedagogía:

Los zombies se han hecho tan populares como los vampiros, que llegaron a contar con su propio muñeco en Barrio Sésamo. Quizá la semana que viene introduzcan en Barrio Sésamo un muñeco zombie.

Aunque tal vez no sea el mejor momento de dar peso a estas declaraciones cuando en EE.UU han calificado la edición en DVD del programa infantil citado como contenido para adultos,3 difícil pues que en su particular baremo quepa un zombi como fiel compañero en la educación de sus hijos.
El mundo zombie, entonces, percute de manera decisiva sobre una serie de aspectos que aquí consideramos fundamentales:

* Cuestionamiento de la imagen como elemento mural y aséptico recurriendo en ocasiones al juego de texturas, de formatos y soportes.
* Cuestionamiento de la imagen como elemento asociado a la verdad y a la información (que no son equivalentes).
* Subvertir el orden común en los protocolos morales y éticos establecidos en el individuo.
* Elemento valioso para la crítica de las estructuras sociales y políticas: familia, comunidad, trabajo y gobierno.

Cabe destacar ahora el tercer punto, al que la actividad zombie afecta directamente: en sus películas muchas escenas violentas son explícitas, se ve con total claridad cómo devoran la carne, las vísceras arrancando miembros y cabezas. Esta necesidad o no de mostrar tiene su razón de ser en nuestro tiempo. El despliegue de casquería en sí resulta fundamental y de simple pornografía deviene acto moral para el receptor.

Tragarse vivo a otro ser humano y no digamos verlo, es en esencia y desde su nacimiento un ataque directo a la idea del ser humano como algo superior, a sus modelos y convenciones, a la búsqueda enfermiza por evitar lo que no conviene, el dolor, la fealdad. Tan cursis somos hoy en ese sentido que nos gustaría perfumar los excrementos, de los cuales renegamos como si no fueran nuestros, como si fueran de otro.

El zombie es un agnóstico que no entiende de trascendencia ni de religión (más ahora con el reflote de las religiones como elemento público y activo). El humano no es ni siquiera devorado por un animal, lo es por un semejante, uno con la inocencia de un niño4. El zombie desmonta los conceptos de Comunión y de Resurrección: para él no hay nada más allá de la carne mientras para nosotros ya no la religión sino la ética es trascendental. 5

Podríamos concluir aquí que estos elementos son el núcleo para determinar el grado de subversión zombie dentro del siglo XXI, a partir del cual se expande el resto de su acción hasta llegar a los lugares de poder y convivencia. Así y atendiendo a las palabras de Joe Dante6: “Desde los años 30, las películas de zombies han servido como metáfora política“. Este último punto junto a la aclaración de ideas pendientes serán tratados en las siguientes dos entradas, dedicadas a reseñar de manera breve una serie de películas que durante el último lustro han traído de vuelta a los zombies cuando nadie podía esperar semejante compañía.

  1. Película dirigida por Bill Morrison: http://www.decasia.com/ []
  2. Jordi Costa entrevista a George A. Romero, El País, 7-10-2007 []
  3. Barrio Sésamo tenía dos rombos, El País, 23-11-2007. []
  4. El niño y el zombie se encuentran en lo que se denominó la fase anal freudiana (18-36 meses), el niño empieza a tomar control sobre los esfínteres y cree que los excrementos son una parte más de su cuerpo, no los consideran ni repugnantes ni ajenos, juega con ellos y puede hasta ingerirlos. La figura del niño-zombie que se ha hecho indispensable en la imaginería cinematográfica del género no por redundante deja de ser efectiva. []
  5. “Es claro que la ética no consiente en que se la exprese. La ética es transcendental. Ética y Estética son uno y lo mismo.”
    Wittgenstein, Ludwig, Tractatus logico-philosophicus, Tecnos, Madrid, 2002, pág.269. []
  6. Jordi Costa entrevista a Joe Dante, El País, 9-10-2006 []

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Noviembre 28, 2007

¡Que vienen los zombies! (1)

Llegaban las suecas en pleno desarollismo landista post mayo del 68 (curiosamente el año de la fundacional: “Night of the Living Dead”) y saturaban por contraste la imagen autóctona. Llegan ahora los zombies 1 casi cuatro décadas después con una misión semejante que cumplir: dinamitar la imagen institucional a distintos niveles para remover en el cubo de los comportamientos individuales y colectivos considerados inmutables, alcanzando también a las propias estructuras de la producción cinematográfica.

¿Por qué los zombies han elegido el momento actual para volver a visitarnos? ¿Qué motivos tienen para meter la mano de nuevo a través de nuestras puertas? ¿Quién los ha llamado? Y ya que están de vuelta ¿qué nos aportan unos seres tan desagradables?
Muchas preguntas a las que no podemos responder con una serie de certezas pero que sí nos permitirán apuntar unas cuantas ideas, quizá muy discutibles, sobre el panorama audiovisual y moral de inicios de siglo.

Se recurre en múltiples análisis sobre cualquier objeto, con mayor o menor acierto, a los efectos secundarios del 11-S para establecer un punto de inflexión global a los que tan aficionados somos para construir el hilo temporal de la Historia. Muchos quisieron ver allí el fin de una época: la demolición posmoderna, si es que algún día pudo estar en pie. La epistemología se encontraba de nuevo ante el problema que suponía regresar a viejas fórmulas que se creían agotadas por pensadas hasta la extenuación. La realidad reducida durante el peridodo anterior a ser el “residuo que se deposita en el fondo del conflicto de las interpretaciones2 era llamada a capítulo para ser repensada bajo métodos que evitaran el juego pendular establecido, que iba desde el solipsismo sin reparos hasta los pretendidos métodos científicos de certezas absolutas3. Así pues, surgía un conflicto en todo lo alto entre algo más que metodologías, entre ideologías, entre diferentes concepciones del mundo: el Metarrelato, muerto y enterrado durante años, asomaba ahora bajo la tierra como un mugriento zombie de Fulci.

Los juegos y quiebros de la Deconstrucción, la inconsistente lógica Fuzzy, la pretendida lucha antitotalitaria establecida por la idea posmoderna o la rigidez del estructuralismo en sus diferentes campos tenían que abrir de nuevo el cierre metodológico al que todos aspiraban y practicaban. Había llegado el momento de dejar de confundir el derecho a saber con el derecho a opinar y con ello callarse y guardar silencio si fuera necesario, por desconocimiento, por falta de argumentos o por simple imposibilidad.

Pero de este excurso sólo nos interesa ahora un elemento: la existencia de un conflicto a nivel global en la percepción de las cosas y en la manera de articular un discurso sobre la mismas. Y es aquí dónde entra el concepto de: Superficie. Tendremos que ir un poco más allá de las superficies, de las modas, para poder encontrar alguna de las respuestas arriba esperadas. Aunque, sin duda, la idea de superficie es un punto de partida inevitable al suponer un lugar de encuentro para los diferentes enfoques teóricos.

De izquierda a derecha y pasando por pensadores del más variado pelaje siempre acaba subyaciendo una idea de base: la desrealización de la realidad gracias a los poderosos juegos retóricos de las estructuras de poder establecidas. La considerada radical idea de Debord sobre la Sociedad del Espectáculo ha sido con el tiempo abrazada hasta por la Curia Romana y por los filósofos más liberales del mercado. Al margen del adjetivo a utilizar: Capitalismo de Ficción, Cultura de la Irrealidad, Sociedad Virtual, etc. todos llegan a una conclusión tipo que convenientemente vulgarizada por quien escribe aquí vendría a rezar que se hace necesario superar la superficie de aquello que no es mostrado como objeto tangible, real, necesario para nuestras vidas y para nuestra sociedad ya que la imagen del objeto puede no responder ni a su verdad objetiva ni a nuestra necesidad real. Resumiendo: Seducción y Consumo.

Muy bien, ahora que hemos ofrecido un apoyo de partida necesario podremos enlazar con nuestros adorados zombies, nuevos personajes activos del contrato social del momento. Y nadie mejor para establecer el enlace entre teoría y práctica que uno de los padres de las criaturas, quien a propósito de su última película “Diary of the Dead” responde a una pregunta4 orientada a las mentiras institucionales y al tráfico de información por Internet:

- ¿Estamos cada vez más lejos de la verdad?
- Lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿qué es lo que hace válida una opinión? Es fácil mentir y que mucha gente te siga (…) Ahora todo el mundo piensa que no sólo tiene el derecho, sino el privilegio y el deber de comentarlo todo.

Establecido el nexo necesario, en la próxima entrada (la segunda de las cuatro con las que contará de momento este dossier) hablaremos sobre la influencia que tiene lo expuesto tanto en las imágenes que fabricamos como en nuestros propios comportamientos cotidianos.

  1. Utilizarémos siempre la grafía inglesa “zombie” pese a existir y estar aceptado por la RAE el vocablo “zombi” []
  2. Vattimo, G. Filosofía, política, religión, Nobel, Oviedo, pág. 42 []
  3. Ver esta problemática en: Toulmin, Stephen, Regreso a la razón, Península, Barcelona, 2003. []
  4. Jordi Costa entrevista a George A. Romero, El País, 7-10-2007 []

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