Archivo de Octubre de 2008

Michael Corleone: Yin yang

Al Pacino es Michael Corleone

Al Pacino es Michael Corleone en The Godfather I

The Godfather, Francis Ford Coppola, 1972.

Chaplin y su bastón (el de Keaton)

Vuelvo de mi descanso veraniego, sí, veraniego, yo no tengo la culpa de que en el sur hayamos estado hasta ayer en camiseta y bermudas y por el norte algunos tuvieran que sacar hace un mes la manta y el jersey de algodón lleno de pequeñas bolitas que uno se entretiene en quitar cuando está esperando a la novia/marido/amiga/animal de compañía para darse una vuelta por los bares de la localidad y comprobar maravillado una y otra vez la calidad alcanzada en el proceso de fermentación de la cebada y el lúpulo, proceso susceptible a múltiples cambios como los entendidos saben, y razón por la cual la comprobación reiterada del resultado se justifica y como efecto necesario y programado retroalimenta la eficiencia del milenario proceso en su conjunto.

Bueno, me dejo ya de historias que siempre meto mucha paja y poco sexo en el pajar, que es lo que interesa. Decía que vuelvo de mi descanso veraniego, y quería compartir con vosotros dos pequeños extractos de dos obras cinematográficas, una mediana y otra grande, de Buster Keaton y Charlie Chaplin respectivamente.

Cuando pienso en el plagio me viene a la memoria una queja amarga que le escuché no recuerdo dónde a José Luis Coll (Tip y Coll). El asunto es más o menos que fueron a actuar en un teatro y los humoristas que aparecieron justo antes que ellos realizaron exactamente el mismo número que tenían preparado. La queja tenía fundamento no solo por haber sido Tip y Coll los inventores de ese número, sino porque la representación en aquel momento condicionaba evidentemente la suya. No podían poner en escena un número ya representado en primer lugar porque seguramente sería una serie de chistes de los que solo tienen gracia una vez (en un espacio determinado de tiempo),1 en segundo lugar porque de conservar gracia la perderían al ser interpretados por humoristas diferentes (y sin intención clara de imitar o burlar a los anteriores) y en tercero porque el juicio tiende a considerar que lo posterior en el tiempo es causado por lo anterior, lo que en este caso hubiese significado la percepción de los espectadores de plagio por parte de Tip y Coll y no al revés.

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Teniendo en mente la tercera proposición y sabiendo que de los videos anteriores uno corresponde al cortometraje de Buster Keaton The Frozen North de 1922 y otro al largometraje de Charles Chaplin The Gold Rush de 1925, podremos comprobar el proceso natural que lleva a la inferencia.
Sirva esto para alimentar la disputa entre los que consideran a Keaton un genio y a Chaplin un director muy bueno y tal pero un par de peldaños por debajo, o viceversa o al revés, según se mire.

En la película de Bertolucci The Dreamers aparece también esta discusión más o menos cinéfila sobre quién es mejor, si Keaton o Chaplin. El film nos ofrece la oportunidad de contemplar a Eva Green y al hermano gemelo del doctor Chase (el de House), pero la peli en su conjunto no me termina de enganchar, la veo demasiado autocomplaciente. Parecido a como veo a Chaplin, ya que estamos.

Cuando me pongo a pensar en las diferencias entre ambos confieso que lo primero que se me viene a la cabeza es que Keaton actuaba viéndose él mismo como parte del gag, sin trascender nunca la dualidad objeto-sujeto en la que él como objeto quedaba encuadrado en el celuloide, y a Chaplin sin embargo siempre lo percibo buscando la complicidad del espectador, queriendo ser al mismo tiempo gracioso y sabiendo que está siendo gracioso. Volviéndose él también sujeto de percepción y convirtiendo a los espectadores en objetos, si seguimos con la analogía anterior.

No hace falta decir que por ser una percepción sensitiva carece de la veracidad de un análisis detallado y consciente, y creo que tampoco hace falta decir que ello no significa que carezca de veracidad en absoluto. Y es este asunto de la percepción inconsciente, de la realidad que automáticamente encaja en alguna de las categorías del intelecto o del proceso psicológico que nos lleva a sacar de la experiencia el postulado inductivo de que si una pareja de hechos se ha dado siempre junta en el pasado se volverá a dar junta en el futuro o de que dos hechos idénticos tienen causas idénticas, este asunto digo, es el que valida nuestra percepción de plagio cuando vemos dos hechos iguales.2

No vamos a nombrar las circunstancias que se tienen que dar para que nuestro juicio racional valide a su vez la percepción inconsciente, como son el acceso a la obra objeto de plagio por parte del plagiador, la deliberada omisión del conocimiento de la autoría, el intento de obtención de un beneficio… bueno, nombramos a estas y ya está.

Lo realmente interesante de todo esto no es creer que uno ha desenmascarado a un farsante, ni disfrutar reverenciando al creador original ni atribuir méritos a diestro y siniestro dando de lado las listas de ventas, el reconocimiento público o la opinión especializada, lo realmente interesante a mi juicio es hacerse uno mismo un criterio con el que discernir si el plagio, si a la obra fusilada y plagiada se le ha aportado algo y ese algo ha convertido a la obra original en algo ligeramente diferente, quizás mejorado y en todo caso apreciable artísticamente. Porque es evidente que esa es la definición de ‘genio’.

Quicir, Shakespeare ha fusilado la mitad de la literatura de sus antecesores directos y no por eso dejan de ser sus obras de lo mejor que jamás se ha escrito.3

  1. Para una clasificación de los chistes destinada a su comprensión por parte de una computadora inteligente véase el libro de Robert A. Heinlein, The moon is a harsh mistress. []
  2. David Hume, Investigación sobre el entendimiento humano. []
  3. Federico Trillo, El poder político en los dramas de Shakespeare. (Es coña, eh…) []

Twin Peaks: Fire walk with Mr. Hyde

Vive dios que en la sala debe haber algún especialista en la novela de Stevenson, y no quiero señalar. Estaría bien una lectura de la película de Lynch en “clave Stevenson”, no por una filiación directa y forzada entre filmes, sino por el tema del doble y, como diría mi amigo Alfonso, por el de la “sombra” jungiana. La premisa mayor en imágenes, justo unos fotogramas:

Izquierda: Twin Peaks: Fire walk with me. David Lynch, 1992.
Derecha: Dr. Jekyll and Mr. Hyde. Victor Fleming, 1941.

Ajustando las riendas Símbolo facilón

Papá Hyde Hyde

Twin Peaks Cabalgando Jekyll and Hyde Cabalgando

Ray Wise Spencer Tracy

Sheryl Lee Ingrid Bergman

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