Archivo de Junio de 2008

Dossier Maddin editado por Shangri-La

Shangri-La. Derivas y ficciones aparte

Los compañeros de Shangri-La Ediciones han editado el dossier que dedicamos a Guy Maddin con un pdf mucho más lustroso que el ofrecido aquí hace un mes y medio. Les agradecemos el trabajo que se han tomado, especialmente con la maqueta y con el dichoso ISSN.

Quien quiera descargar el nuevo pdf puede encontrarlo en la sección “Encuadres” dentro su web: Shangri-La. Derivas y ficciones aparte
Publicación que, por cierto, está dedicando estos días una carpeta al 50 aniversario del estreno de “Vértigo”: Carpeta 50 años con “Vértigo”, 1958-2008. nº 6, Mayo-Julio, 2008.

Un saludo.

Ritwik Ghatak: Meghe Dhaka Tara

Flamenco

Flamenco. No puedo evitar asociar la atmósfera musical de esta película (sobre todo el principio) con el flamenco. Contiene parte del desgarro y sentimiento que lo caracteriza, desarrollado en un modo diferente, quizá más contenido y trascendente. 1 Pero las semejanzas son palpables, tanto que van más allá de la estética musical y se filtran hacia los comportamientos sociales y culturales en general. Algunos de ellos los veremos en las reacciones de los personajes ante las situaciones que se les plantean.

La historia en imágenes de este film es la historia de Nita. Nita tiene un hermano mayor, Shankar, una hermana pequeña, Gita, y un hermano pequeño, Mantu. También tiene un padre y una madre, llamados respectivamente en el film… Padre y Madre (ehem). Tiene también un novio con el que pretende casarse, Sanat.

La historia de Nita, la que compone la narración del film, es una vez más la historia de un pueblo, la de la partición de Bengala, la del olvido y desprecio de las personas por razones políticas y económicas. La del hundimiento de la clase media, la de la emigración (o inmigración si tomamos el punto de vista de una gran ciudad como Calcuta), la del eterno sacrificio personal para beneficio de otros. Es una historia que denuncia el sacrificio de lo bueno y digno por lo superfluo y amoral. Y lo veremos sin necesidad de señalarlo con una tiza en la composición estupendamente definida de los personajes.

Nita ejerce de hermana responsable, trabajadora, preocupada el bienestar de su familia. Una familia en la que el padre, profesor a la antigua usanza, no tardará en dejar de proveer de sustento a la familia. Nita tendrá… mejor dicho, Nita se hará -sin matiz de imposición externa. O quizá sí, no sé. El caso es que su imposición viene de dos puntos: el primero, la fe en el talento de su hermano mayor (aspirante a cantante con eterna barba de tres días y en eterna necesidad de dinero para afeitarla), y el sacrificio que hace por él para que no tenga que ponerse a trabajar y pueda seguir estudiando (o lo que sea que haga) canto; y el segundo, su sentido de la responsabilidad y su forma de ser desprendida (el dinero que gana dando clases va siempre para comprar caprichos a su hermana, para afeitar la barba de su hermano o para las fotocopias que necesita su novio)- cargo de llevar dinero a casa.

También es una mujer soñadora, lo que viene demostrado por su fe en el talento como cantante de su hermano mayor (jeje), una mujer soñadora que huye del presente refugiándose en las nubes que contempla a través de las rejas de la ventana de su dormitorio. A través de ellas imaginará el momento en que se case con Sanat, y a través de ellas llorará la canción que deberá interpretar en la boda de Sanat con su hermana pequeña Gita.

Gita-Sanat-Nita

El novio, cansado de esperarla, echará mano de la insinuante hermana menor para añadir otra losa a la estabilidad emocional de Nita y contribuir a su colapso. Los tintes de melodrama toman protagonismo de forma suave, mediante imperceptible transición, y no ahogarán el peso de la trama gracias al sentido de la medida de Ghatak, que juega con todos los elementos de la estética clásica para dar fuerza a su relato, a la historia que nos quiere contar, la historia que nos ha contado ya y que nos seguirá contando, la historia de Bengala, del pueblo.

Quiero señalar como uno de los elementos principales del film la elección que Ghatak hace de la música, especialmente bella, y del contenido de la letra de las canciones y los poemas. El Rabindra Sangeet. 2 3 Hemos de dar gracias a Rabindranath Tagore por ello. Dice Ghatak de Tagore:

“That man has culled all my feelings from long before my birth…I read him and find that…I have nothing new to say.”

Tampoco nosotros tenemos nada que añadir.

La trama continúa con la marcha del hermano menor, que trabajará de obrero en una fábrica, y al poco con la del hermano mayor, en busca de éxito y reconocimiento como cantante.
Nita se queda sola.

Es tremenda la conversación entre madre e hija, admitiendo ambas un profundo desconocimiento mutuo. La película transmite una tristeza enorme, es sin duda una de las más líricas de Ghatak, una de las más líricas de la tradición fílmica allende los Balcanes. Construida a base de planos largos, de silencios, concediendo momentos privilegiados a los juegos de luces y sombras, colocando la cámara por debajo del punto natural de enfoque a los personajes… (magnífico el momento en que el hermano mayor le enseña a Nita una canción de Tagore para la boda de la hermana. El plano de su rostro nos recordará a la Juana de Arco de Dreyer. Bueno, a mí me lo recordó, no os pongáis así…)

Nita D'Arc

Solo me queda por hacer referencia a un detalle fundamental en la película. El uso del sonido ci-fi USA años 50 cada vez que a la Nita le da un vahído (Ghatak, sabes que te admiro, pero aquí te has pasao…) Bueno, a lo mejor no era tan fundamental.
Quizá sí lo sea señalar otro punto importante de la radiografía social que hace la maquinaria fílmica ghatakiana… ghatakiesca… ghatakera… este… de Ghatak. El hundimiento de la clase media.
Una característica tan escondida, tan ocultada por los poderes económicos y políticos de nuestra sociedad que nos negamos a ver por sistema. Pues bien, Ghatak nos lo muestra en el año 1960. El profesor cuyas enseñanzas cada vez sirven para menos, el licenciado cuyas aspiraciones investigadoras resultan quiméricas en la sociedad empresarial del papeleo y la maximización del beneficio, el músico cuyo éxito desvela la demanda de entretenimiento de las clases adineradas, el obrero cuyo trabajo constituye el motor principal del mundo y cuya dignidad se desprecia necesariamente para mantener su estatus secundario…

“I acusse!”. “Tú eres la carga ahora.”

La escena final es terrible, Ghatak no deja lugar a la esperanza. Otra ‘Cloud-capped star’, otra estrella cubierta de nubes, otra mujer joven sin futuro, otra chica igual que la hermana sacrificada, igual que Nita, que cruza la calle y rompe una chancla en el trayecto. La música preciosa, también la letra.
Y la chica recoge la chancla, se quita la otra, esboza una sonrisa, y retoma descalza su andar por el camino.

  1. Origen Indio del pueblo gitano. http://www.unionromani.org/pueblo_es []
  2. Rabindra Sangeet, Wikipedia “The Rabindrasangeet, which deal with varied themes are immensely popular and form a foundation for the Bengali ethos that is comparable to, perhaps even greater than, that which Shakespeare has on the English-speaking world. It is said that his songs are the outcome of 500 years of literary & cultural churning that the Bengali community has gone through.” []
  3. Nita, Sita and Rabindra Sangeet en Jump Cut. []

San Juan, Lovecraft y Nexus-6 en Patmos

El acto de ver, recordando el título del libro de ensayos de Wim Wenders1, quedó asociado sin remedio a la idea de verdad y comprensión. Algo idéntico le sucedió a la fotografía, pero si el acto de ver no tardó en ser puesto en cuestión como notario de los hechos, imagínense lo que pudo sucederle a la fotografía. El primer y gran zarpazo recibido por el acto, casi alcanzó para volverlo ciego: Santo Tomás ejerce de testaferro en un contrato leonino firmado por la Religión y el Individuo. Aunque veas, nosotros tendremos la última palabra sobre aquello que has creído ver.

Luego se sucedieron los arañazos, que no zarpazos. Más leves y creemos que mucho más interesantes, aunque el Individuo no pareció llegar a liberarse de instancias intermedias que ansiaban manipular o condicionar el acto. Llega el sueño y la fantasía, delirios patrocinados por la simple capacidad de la mente humana para la fábula, por la enfermedad, por las drogas, por otros imperativos culturales laicos, etc.

El acto de ver como inicio, como vida, pero también como final. Más todavía cuando hemos alcanzado el momento, tras la aceleración brutal del último siglo, en el que se instaura la condena de tener que asistir a Todo, incluso a lo más banal y a lo más horrendo, a Todo, aunque nunca hubiéramos pedido que se nos mostrara y a pesar de ni siquiera haberlo deseado. De nuevo un contrato ventajista disfrazado de información y democracia pero que destila el mismo poso totalitario de algunos preceptos religiosos. El acto de ver siempre ha funcionado bien como ejercicio iniciático2, pero de nuevo surgen los problemas cuando se le otorga el grado de maestría, al cual no negamos que se puede acceder, pero nunca desde la individualidad del acto en sí mismo (ensimismado), sino desde el encuentro con otras acciones y apoyos.

Howard Philips Lovecraft Rutger Hauer como Nexus-6 San Juan en Patmos, de Hyeronimus Bosch

El acto de ver, entonces, como una de las puertas favoritas para el temor. Siempre abierta, destino de incontables estímulos que en los casos menos graves conducen a la confusión, a establecer la equivalencia con la comprensión y en las situaciones mas dolosas al miedo y a la ceguera por saturación. Y el miedo no es precisamente muy amigo ni de la racionalidad ni de cualquier ejercicio estético que intente reorganizar la mirada. Sin embargo, la literatura y diríamos que sólo ciertas imágenes elaboradas o refinadas, han llegado a encontrar ese camino casi perdido de la evocación y la sensibilidad partiendo del temor y del miedo tras haber visto.

Podríamos acudir a imágenes cinematográficas para ilustrar esto, un saco sin fondo de ejemplos, si bien quedaría copado, en nuestra opinión, por toneladas de cine mudo. Saquemos, por el contrario, tres escritos, breves y lejanos en el tiempo los unos de los otros.

Libro del Apocalipsis (Nuevo Testamento), San Juan en Patmos (Siglo I):

6:1 Vi cuando el Cordero abrió uno de los sellos, y oí a uno de los cuatro seres vivientes decir como con voz de trueno: Ven y mira. (…) 6:8 Miré, y he aquí un caballo amarillo, y el que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades le seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad, y con las fieras de la tierra. (…) 6:12 Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; 6:13 y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra (…) 6:14 Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar.

Nyarlathotep, de H. P. Lovecraft (1920):

Vi formas encapuchadas en medio de las ruinas y amarillos rostros maléficos que acechaban más allá de los monumentos derruidos. Vi el mundo combatir la oscuridad, contra las olas de destrucción venidas del espacio último; girando, agitándose, luchando en torno al sol, que se volvía oscuro y frío.

Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Nexus-6:

He visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir.

Un lenguaje que atraviesa los siglos con pasmosa semejanza a la hora de comunicar mediante la palabra aquello que hemos visto y que por su naturaleza nos ha sobrecogido en lo más profundo. El fin último de todas las cosas, o al menos la amenaza de una posible existencia de ese final al que enfrentarnos desde el pavor. Terreno en el que la mística más dura, la retórica romántica, la ciencia ficción en su vertiente pesimista-distópica, o la mezcla de todas ellas, encontraron material abundante para sus creaciones. Visiones que aterrorizan y que encuentran en la palabra, acaso más que en las imágenes, un respiro. Más allá de la verdad, del dogma y de la mentira.

  1. Wenders, Wim: El acto de ver. Textos y conversaciones. Paidós, Barcelona, 2005. []
  2. J. W. Goethe: “El ojo era el principal órgano con que yo aprendía del mundo.” []
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