Diciembre 25, 2007

Widescreen Cinema, de John Belton

Widescreen Cinema, John Belton.Publicado en 1992, este libro fue el resultado de un proceso iniciado a finales de los 60 con una serie de estudios, programas y cursos promovidos por instituciones académicas 1 sobre el cine estadounidense de la década de 1950, su historia, su tecnología y su estética, que concluye con el depósito de los documentos del Departamento de Investigación de la Twentieth Century Fox en la biblioteca de la Universidad de Columbia, ofreciendo así acceso a un material de primera mano y de gran valor que hasta entonces estaba fuera del alcance de cualquier investigador interesado. Esta impagable materia prima junto con otros fondos desperdigados por otras tantas Universidades permitió a John Belton dar forma definitiva a un texto que pretendía abarcar los diferentes aspectos de la producción cinematográfica sujeta a los grandes formatos de imagen.

Quince años después de su aparición el libro se ha convertido en una referencia básica para cualquier análisis de aquellas películas, más aún, para la comprensión del tiempo en que tuvieron lugar. Sin traducción al español y sin ninguna reedición reciente, es necesario recurrir a las habituales bibliotecas de entidades especializadas (La biblioteca de la Filmoteca de Madrid creo que tiene un ejemplar), a las públicas de EE.UU o a las siempre socorridas ventas de viejo, en las que comprobaremos su alta “cotización” tras una simple visita.

Todo ese material documental original está trabajado a conciencia por Belton, de hecho es el auténtico punto fuerte del texto y constituye la estructura principal del mismo con una buena dosificación de la cita, algunas de ellas tan impagables como las extraídas de los memorandos internos de la Fox sobre alguna de sus producciones. 2 A través de esos fondos podemos asistir a las luchas intestinas del estudio que desarrolló el Grandeur y el CinemaScope, los puñales volaban entre los directivos a la hora de elaborar las estrategias de desarrollo y más de uno fue alcanzado. También se aprecia cómo el resto de la comunidad de Hollywood miraba, esperaba acontecimientos y actuaba para contrarrestar el envite de la Fox. Aquí, Belton, carece de tanta información directa e interna y la profundidad en su análisis es menor.

Además, el recorrido histórico realizado a través de la historia del soporte físico del filme y su relación directa con el desarrollo industrial y comercial, resulta apropiado y necesario. De Edison y Dickson pasando por los Lumière y George Eastman para terminar en figuras como Michael Todd, D. Zanuck, Fred Waller o Robert Gottschalk. La encendida defensa de la supremacía estadounidense en el nacimiento del estándar 35 mm. resta algún punto al discurso de un Belton a quien parece irle algo más en juego que la simple razón o la verdad de los hechos, cayendo en ocasiones en cierta autosuficiencia por no decir arrogancia.

widescreen.jpg

La contextualización de la década de los cincuenta y siguientes da cuerpo al libro e ilustra el porqué de algunos cambios tecnológicos y sociales que tuvieron lugar en aquella sociedad paranoica post Segunda Guerra Mundial, la explosión de diferentes formas de ocio, el desarrollo veloz de los electrodomésticos, la vida suburbana, modos de producción nuevos, etc. También su incursión en los primeros sesenta identifica con claridad los síntomas de agotamiento y de cambio de modelos.

La gran decepción del texto la encontramos en el muy deficiente análisis estético. Y no porque el autor sea un incapaz sino porque, simplemente, reniega de ello y lo deja por escrito, para él cualquier análisis en torno a la estética como elemento principal es insustancial y contradictorio (?). Su tímido acercamiento al análisis formal y a la figura del espectador y su percepción queda marcado sin remedio por un determinismo tecnológico en ocasiones bastante rastrero, una faena de compromiso que intenta camuflar con algún tiro al aire acudiendo a ideas de D. Bordwell o Barry Salt, todo como presunto sostén, insuficiente y de cita anecdótica.

Belton hace aguas en ese aspecto, si no llega a hundirse por completo es por la competente gestión del material citado y por el eficiente discurso sobre el contexto histórico que tan bien domina. Su paseo por puntos concretos como el dedicado a los espacios o formas de visionado de esas imágenes de gran formato, la arquitectura de los cines, los mecanismos de transferencia a vídeo y televisión con el Pan&Scan siempre presente, la percepción del espectador, etc. hubiera alcanzado un nivel superior si no hubiera eliminado de manera radical las implicaciones estéticas que para nosotros resultan inevitables y enriquecedoras.

Libro, pues, imprescindible pero por desgracia cojo. Dicha carencia puede verse suavizada recurriendo a otros estudios y autores, no cabe duda, pero de haber estado integrada aquí de inicio habría hecho de “Widescreen Cinema” un libro definitivo y más interesante de lo que ya resulta. Una hipotética edición más “lujosa” en cuanto a papel, formato (las dimensiones se quedan a medio camino de lo panorámico) e ilustraciones (algunas muy didácticas, otras pura convención) también habría ayudado, pero colocamos esto en un nivel de interés muy inferior respecto del anterior.

Con este libro iniciamos una nueva categoría titulada “Intertexto” que utilizaremos para comentar aquellos libros que consideremos interesantes o detestables. Si bien acogerá en su mayoría libros relacionados con el Cine no cerramos la puerta a cualquier otro montón de hojas llenos de letras cualesquiera que sean sus temas, estilos o procedencias.

Ficha bibliográfica:
Belton, John, Widescreen Cinema, Harvard University Press, 1992.
Dimensiones: 18′5 x 23 cms.
Páginas: 312
Idioma: Inglés
Ilustraciones: B&N
Disponible: segunda mano

  1. Harvard, Instituto Tecnológico de Massachusetts y diversas universidades en las que Belton ejerce como docente. []
  2. La Sponable Collection supone una fuente inagotable para el autor en este sentido []

Archivado en: Intertexto — Roberto Amaba @ 14:07


Diciembre 21, 2007

Ritwik Ghatak: Nagarik

Ritwik Ghatak nació en el año 1925 en Dhaka, actual capital de Bangladesh y por entonces segunda ciudad en importancia en la región de Bengala, tras Calcuta, a la que se trasladaría posteriormente.
Ghatak vivió la partición de Bengala en 1947. La Bengala hindú (occidental) siguió formando parte de la India, la Bengala musulmana (oriental) formó el Pakistan Oriental hasta el año 1971, en que se independizaría y constituiría la actual nación de Bangladesh.
En 1943 la región sufriría una terrible hambruna que costaría la vida a más de un millón y medio de personas.1
India (1857)El cine de Ghatak reflejará esta situación social y política; la pobreza, la escasez de alimentos, trabajo, las migraciones de los refugiados, campesinos… Vamos, simplemente quería que estas palabras nos sirviesen para comprender algunos de los trazos políticos e ideológicos que tendrá el cine de Ghatak.
Una suerte de realismo épico, fundamentado en personajes característicos, llenos de un optimismo vital, a pesar y a despecho de la miseria imperante, optimismo que no puede surgir de otro lado más que de la propia conciencia y su falta de acomodo en el mundo exterior.
Como todo rasgo de personalidad surgido de una interiorización antitética de la realidad, se corre el riesgo de que entre en crisis y sucumba a la percepción de los sentidos y su opresiva capacidad para imponerse a un estómago vacío.

El humor ocasional, la mirada poética fijada por igual en cielos azules o grises nubarrones, la constatación dramática de una teórica social cuya facticidad siempre cae del lado de la mantequilla, encuadres llenos de belleza, un prodigioso sentido del ritmo… son las cualidades que harán de Ghatak uno de los mejores cineastas de la historia.

Ritwik Ghatak

Echemos ahora un vistazo al primer film que rodó el amigo Ritwik, Nagarik, y dejemos los besos para los enamorad… cachis, eso no era, malditos Héroes… decía, y dejemos para otras entradas el resto de su producción.2 Comentaremos antes de nada que este film, de parco presupuesto, interpretado por actores de la Asociación Teatral del Publo Indio, ligada ésta al partido comunista, no se estrenó en vida de su director. Satyajit Ray diría en una ocasión: “si Nagarik se hubiese estrenado antes de Pather Panchali, se le habría reconocido como el primer film del nuevo cine bengalí.

El comienzo de Nagarik me trae a la memoria (¿hay algo que no me la traiga?) el de Amanecer; se parte de la misma premisa, mejor dicho, se expone el mismo argumento: la universalidad de la historia que se relata a continuación. No pretende, no creo que pretenda, en cualquier caso no consigue ni podría conseguir atraer emocionalmente al espectador, hacerle partícipe, implicarle en la historia desde el comienzo. Es más bien una declaración política, social. Hecho el recorrido de dos horas de duración del film, contemplada la última escena sobre una lluviosa Calcuta, llega el momento de volver la vista atrás, rebobinar la memoria y escuchar otra vez las palabras de la voz en off.


I know him, I have seen him.
Where the river flows quietly, Under the harness of iron barges
And by its side rolls, A saga of tears and smiles.
Where work of yet another day has come to an end.
Yet another sunset for the tired workforce.
Where the sky remains tightly wrapped, amidst a jumble of chords.
I had seen him under that sky, Amidst high and low citizens.
That only one citizen.

Bengala

Ese ciudadano único, especial y particular, al que vemos caminar entre cientos de seres similares, rodeado de miles, compartiendo vida con decenas y ciudad con millones, ayudando a cruzar la calle a una mujer. Así es la vida de Calcuta.

Ramu convive con un padre inválido, una madre, una hermana y un hermano pequeño. En el transcurso de la historia la familia se verá obligada a arrendar una de las habitaciones a un ya maduro licenciado en química, para poder a su vez afrontar los gastos de alquiler de la casa. El casero, algún amigo y una novia desesperanzada completa el grupo de personajes de la historia.

Las andanzas de Ramu y familia se muestran en picados y contrapicados con movimientos angulares de cámara, juegos de luces y sombras (no apreciables en su total esplendor debido a la calidad de la copia del film editada en DVD), planos con los protagonistas dialogando de espaldas a cámara, hermosa música de sitar y bansuri…3

Solamente señalaremos dos magistrales escenas que sirven de muestra del hacer fílmico de Ghatak.
Al principio del film, vemos cómo Ramu anda por las calles y escucha una extraña melodía de violín, nostálgica y esperanzadora. Cuando cesa el sonido, Ramu pide al músico que la toque de nuevo, y éste extiende la mano pidiendo dinero. Ramu se aleja, sonriendo. Esta escena entronca con otra cerca del final, en la que el músico y Ramu se encuentran de nuevo. Se miran, Ramu mete la mano en el bolsillo y le da una moneda al músico. Éste, sonriendo también, se aleja, sin tocar la pieza que tanto encandila al protagonista.
En la segunda escena la hermana sirve el té al inquilino y le pide la cartilla de racionamiento. El ritmo del diálogo y la repetición de acciones, el nerviosismo de él, la seguridad y aparente frialdad de ella aderezadas con miradas significativas… en dos minutos de permanente sonrisa hemos contemplado el enamoramiento del hombre y el interés de la mujer.
Ni Lubitsch en sus mejores momentos.

Y todo esto se ve elevado a la categoría de obra maestra gracias al firme propósito ideológico que impregna la historia y la resolución del film, que me obligó a permanecer sentado unos minutos, reflexionando, inseguro, quizá consciente del motivo por el que Ritwik Ghatak no ha tenido el reconocimiento que se merece.

En próximas entradas seguiremos analizando la obra de Ghatak, permanezcan atentos a sus pantallas porque no habrá una periodicidad regular ni continua, esperemos que la lenta decantación de estos comentarios y sobre todo de la contemplación de los films ayuden a una correcta y beneficiosa asimilación de sus virtudes.

  1. Wikipedia - Hambruna de 1943 en Bengala. []
  2. Filmografía en Senses of Cinema, artículo de Megan Carrigy. []
  3. http://es.wikipedia.org/wiki/Bansuri []

Archivado en: Cineastas, Dossier — Jacobo R.A. @ 14:28


Diciembre 17, 2007

Justo una imagen

Con este título encabezamos al mismo tiempo una entrada y una nueva categoría del blog. No hace falta ser muy espabilado para descubrir las raices godardianas del mismo, y es que se hace difícil negar lo sugerente de muchas de las expresiones de JLG, quien a menudo recurre al exceso, a la contradicción, a la ironía, a la provocación, al desafío; una pose para muchos, una boutade. Pero que en ocasiones, sin la necesidad de abrirse camino machete en mano por la jungla visual y verbal que siempre propone, deja caer sentencias absolutamente desnudas en su apariencia, de una abstracción irritante que alcanzan el siempre peligroso arte del aforismo, sólo apto para verdaderos sabios o para intelectuales flatulentos sobrados de ego. Nosotros colocamos a JLG dentro del primer grupo, acto posiblemente correspondido con ruido y pataleta por parte de la sala.

Hablaremos dentro de esta categoría, entonces, de imágenes estáticas: a través de la fotografía, de la pintura o de la pantalla, todas ellas eternas bidimensionales. Acudiremos, en el caso del Cine, a la delicada cirujia que supone extraer un cuadro, un plano, de su tiempo y espacio natural, el filme. Asumimos esto último como convención, como simple recurso metodológico que no por caprichoso deja de ser eficaz y útil para el análisis cinematográfico general. Añadiremos más tarde otras etiquetas para, no sin seguir fragmentando en forma de secuencias, dar cabida al análisis espacio-tiempo que requiere el medio.

Inauguramos con una imagen que hace de puente con el dossier recién terminado sobre el cine de zombies actual y que en buena medida podría haberse incluido dentro del mismo, porque, ¿alguien es capaz de adivinar a qué película pertenece el fotograma que colocamos a continuación? Quien no lo sepa que se detenga un minuto a pensar antes de seguir leyendo el párrafo bajo la imagen y quien sí lo conozca y sea pues consciente del juego, que no ignore la pregunta realizada porque es cualquier cosa menos retórica o tramposa.

Soldado iraquí en su tanque. Kenneth Jarecke, 1991

Kenneth Jarecke tomó esta instantánea en Irak, durante la Guerra del Golfo de 1991, en plena “Autopista de la muerte”, nombrada así después de que tropas aéreas Aliadas arrasaran por completo el, al parecer, repliegue iraquí de Kuwait. La carretera, punto estratégico clave en la salida al mar y al país vecino al unir Basora con Kuwait, acabó convertida en un cementerio de camiones, tanques y lógicamente de personas. De entre todas las imágenes que recogieron el desastre la de Jarecke se convirtió en la representante casi única del hecho. Este poder de síntesis del horror es innegable y por difícil que pueda parecer “resumir” una acción de guerra y su lógica brutalidad en un sólo cuadro múltiples representaciones han acabado por conseguirlo con esa concentración icónica de los hechos, cualesquiera que sean. No existe válvula de escape alguna y la claridad formal fotográfica (luz, encuadre, composición) no permite deriva alguna.

Pero, ¿siempre niega esa posible deriva? Creemos que no, y de hecho de ahí partía la pregunta realizada más arriba. Sólo después de haber historiado la fotografía se cierran posibles puertas al desvío semántico y aún así siempre existirán los condicionantes propios del espectador que no dudará en relacionar la imagen con su imaginario particular o colectivo; en nuestro caso lo hicimos con los zombies. Es la lógica de las imágenes desde un punto de vista semiótico, con su polisemia textual y barthesiana a cuestas que puede llevarnos, a saber por qué motivo o necesidad, a los desvíos mencionados. ¿Es malo poder llegar a confundir la fotografía de Jarecke con un plano entresacado de una película de zombies? no somos quienes para juzgarlo, lo tomamos como posible síntoma y lo analizamos, la mayoría ignoramos muchas cosas, es natural, pero será una vez superada la hipotética ignorancia inicial cuando sí podamos exigir una valoración más trabajada, es decir, ser capaces de articular un discurso diferente para cada una y por lo tanto sentirlas y mirarlas de manera distinta, estableciendo prioridades y jerarquías si fuera necesario.

Zombie 2 de Lucio Fulci, 1979

No se trata, como hablamos en otra ocasión, de acercarse a la imagen desde alguno de los polos: La duda profunda de estar ante un posible engaño y la certeza ciega de contemplar una verdad irrefutable, un documento. Sabemos que los puntos intermedios entre esas dos zonas son los necesarios, de la duda a la crítica pasando por el inevitable análisis, independientemente de la metodología empleada, si bien el ejercicio de distanciamiento necesario puede resultar complejo en un contexto saturado como el actual donde el contenido falaz es legión. 1

La fotografía de Jarecke representa por extensión una guerra que, como siempre, para algunos no exisitió2 mientras que para otros fue sufrida y vivida. Cuestión de información, de conocimiento y de mirada. Los espacios conocidos no son iguales a los vividos y no digamos a los meramente vistos, Henri Cartier-Bresson, José Saramago, Peter Sloterdijk, etc. lo han expuesto mejor desde sus respectivos campos de lo que podamos hacerlo nosotros aquí. Se trata de un cruce de miradas constante en el que sólo algunas forman parte de un espacio vivido de verdad: la mirada de quien lanza una bomba apuntando desde su visor en el avión difiere de la nuestra en la televisión, de la del fotógrafo o reportero que recoge el hecho y no digamos de la del civil a ras de suelo.

El ojo como medio para comprender el mundo tal vez fuera suficiente en tiempos de Goethe como él mismo, mutatis mutandis, afirmó, pero hoy resulta a todas luces insuficiente. Pensamos que es necesario cierto procesamiento profundo y por tanto molesto a nivel racional y emocional; allá cada cual con las proporciones de los ingredientes que quiera emplear para su receta. Por muy obvio y básico que parezca el enunciado no viene mal repetirlo y si es necesario hasta llevarlo a la práctica, pues su aparente facilidad no lo convierte en proceso automático. Como postura a la hora de filtrar y procesar, actos que consideramos inexcusables hoy día, acabamos con tres breves citas3 alejadas del dogma y que pensamos pueden ayudar a la reflexión:

“Cuando la información moderna se funde en la idea de que ver es comprender, contribuye a una formidable represión intelectual”

“Nada hay de malo en apartarse y reflexionar. Nadie puede pensar y golpear a alguien al mismo tiempo”

“Sabía que el niño tenía ojos, que más allá de los ojos tenía visión y que más allá de la visión tenía corazón y amor y ansia. Ansia de saber”

  1. Si bien siempre ha exisitido y la fotografía fotoquímica, por ejemplo, no es en esencia verdad o documento. Hablaremos otro día sobre esto. []
  2. No entraremos ahora con la famosa sentencia de Baudrillard al respecto y todas las ideas que de ella se obtienen []
  3. Por orden de aparición:
    Chomsky, N. y Ramonet, I. Cómo nos venden la moto, Icaria, Barcelona, 1995, pág. 88.
    Sontag, Susan, Ante el dolor de los demás, Círculo de Lectores, Madrid, 2003, pág. 147.
    Saroyan, William, La Comedia Humana, Acantilado, Barcelona, 2004, pág. 20. []

Archivado en: Justo una imagen — Roberto Amaba @ 15:18


Diciembre 11, 2007

¡Que vienen los zombies! (y 4)

“28 Days Later” (Danny Boyle, 2002), sin representar al zombie como ser resucitado, optó por el simple vivo infectado (algún día hablaremos del fenómeno de la infección y de la enfermedad en el cine actual en línea parecida a la de los zombies) destapando el cubo de los residuos que nadie estaba dispuesto a ver; los despojos humanos que nunca se vieron en el WTC, por ejemplo. Irregular, epiléptica y en línea descendente a partir de un brillante comienzo acaba por sepultar ideas interesantes por rimbombante y retórica, tanto a nivel visual como narrativo. Cinco años después, ya a rebufo de otras películas, “28 Weeks Later” (J. C. Fresnadillo) deja abierta la posiblidad a la extensión ad infinítum de esta historia de infectados atléticos. Decorosa continuación que como su progenitora se desinfla sin remedio con el paso de los mintuos, aunque no se le puede negar su poderosa secuencia de apertura y el plantear, tímidamente, problemas de fondo como el egoísmo y la cobardía inscritos en la familia y por extensión en la sociedad.

Ese mismo año, adaptando una famosa serie de los videojuegos, aparecería “Resident Evil” (del “especialista” Paul W. S. Anderson), también en la línea de la amenaza biológica con la interesante aportación de la fortaleza y liderazgo grupal de la figura femenina, poco más se obtiene tras visitar la trilogía finalizada este mismo 2007 con Mila Jovovich masacrando zombies en Las Vegas. Lástima que no entrara en los planes de los guionistas (el mismito Anderson) y del director (Russell Mulcahy) convertir ese espacio cubierto de arena, antaño hogar del lujo casposo y kitsch occidental, en verdadero espacio con valor narrativo. El relativo éxito comercial obtenido por los incios respectivos de ambas sagas suposo la reapertura del mercado económico al zombie.

“Beyond Re-Animator”, un intento infecto de la Fantastic Factory por recuperar el espíritu ochentero de la original y graciosa obra de Stuart Gordon, o “House of the Dead” con Herr Doctor haciendo de las suyas mientras los zombies devoran adolescentes a ritmo de tiempo bala, asomaron al año siguiente con cierta timidez y bajeza pero viendo el posible filón coyuntural abierto. Sería en 2004 con el remake del filme original de Romero “Zombie” (1978) cuando el fenómeno se consolidó. La misma fórmula de bajo presupuesto con gran rentabilidad en taquilla1 y el cambio del infectado por el muerto resucitado no se completó de manera brillante con el subtexto crítico necesario que no por casualidad había llevado al primer director a situar la acción en un centro comercial, también presente en este remake pero sin la fuerza necesaria al verse afectado por los mismos defectos, congénitos del cine actual, que “28 Days Later”. Esto es, incapacidad alarmante para la narración, abuso del efectismo visual barato y poco trabajo con los actores, que si bien representan los arquetipo de acuerdo a una microcomunidad son esquemáticos en exceso. Se echa de menos al mando del proyecto a alguien con el talento, la habilidad y la honestidad de John Carpenter a la hora de dar forma a un material semejante.

Sin duda el aspecto a destacar de este remake y que condensa de manera brillante muchas de las cosas habladas hasta ahora en estas tres entradas, son los títulos de crédito de apertura 2 en los cuales las imágenes de ficción y realidad, noticiarios y reconstrucciones conviven con planos de zombies y carteles que anuncian la presencia del interior humano: la sangre metamorfoseada en letras y nombres. La falta de argumentos de las instituciones para explicar las causas de los hechos: We don’t know como mejor contestación a las preguntas realizadas, la imposibilidad de articular un discurso frente al zombie-infectado, no puede ser más poderosa. Juego con las texturas de la imagen (televisión, vídeo, cine. Rayas, pixels, nieve, estática) y con su poder significante (información, verdad, realidad). Todo reforzado por la muy adecuada pieza musical de Johnny Cash.

Ese mismo año dos películas europeas: “Les Revenants” (Robin Campillo) y “Shaun of the Dead” (Edgar Wright) trataron de manera muy diferente el género. La primera se construía como pura parábola social sin recurrir a los elementos más reconocibles del género, dejándolo todo a la abstracción del concepto como arma crítica y subrayando la pulcritud como síntoma novedoso del zombie, amplificando así la denuncia al eliminar la coartada que supone el desprecio al zombie por quebrantar los protocolos que ya conocemos.

La segunda cinta deviene obra costumbrista inglesa apoyada en la única base de cierta cinefilia del director y por lo tanto endeble y repetitiva. Todo más cerca del narcisismo eclético que de una narración real sobre zombies (cambiando de género y con una falta de asimilación todavía más llamativa dirigió su segunda obra, “Hot Fuzz”, que ahora se estrena en cines), el resultado es una historia desaprovechada hasta el límite. Fuera de cualquier pretensión estética o crítica, tres años más tarde, “Plane Dead” (Scott Thomas) alcanza la mofa que nunca tuvo Shaun; por completo desmadrada y en ocasiones ridícula este avión repleto de zombies pudo haberse convertido en algo brillante con un poco más de cuidado, esmero y conocimiento del oficio.

2005 supone el regreso visto de Romero con “Land of the Dead” mientras el zombie es reclutado para servir a la patria en “Homecoming”, episodio de Masters of Horror en su destacable primera temporada dirigido por el citado atrás Joe Dante. El zombie presentado como arma política de manera explícita y lejos de subtextos. Él es el texto y tal vez ahí, debido a esa inmediatez que no deja lugar a posibles juegos semánticos, reside su punto más débil. La militancia, aunque sea en la piel de un zombie, siempre será un argumento pobre aunque el poderoso contexto sociopolítico de Estado Unidos invite sin reparos a ejercicios de denuncia como éste.

“Fido”, película canadiense del 2006 dirigida por Andrew Currie, parte de una idea que engloba gran parte del poder crítico que posee el zombie, sin embargo se verá lastrada sin remedio por un casting horroroso, una floja producción, un guión deficiente y la ausencia de profundidad en muchas situaciones decisivas. Al igual que “Dawn of the Dead” tiene su mejor baza en el comienzo; el arranque de Fido es una pequeña obra maestra en sí misma, un breve filme de propaganda elaborado por la corporación que monopoliza el mercado de seguridad mundial, Zomcom. Su fundador3 ha descubierto la manera de eliminar y de domesticar a los zombies, explotándolo hasta las últimas consecuencias.


Get the Flash Player to see the wordTube Media Player.

El fragmento es en blanco y negro, con estructura de noticiario de época (de nuevo juego de texturas y de formato, ajustando la imagen a los 4:3 típicos de ese material dentro de los 2:35 de la película. Y de significación de la imagen informativa) que sustituye la paranoia nuclear americana durante los años cincuenta por la paranoia zombie (las Guerras Zombie o Zombie Wars). A partir de ahí y a pesar de buenos momentos puntuales la película emprende una cuesta abajo imparable. El paralelismo entre aquella década del siglo pasado con la explosión del ocio post 2ª GM, el desarrollo de los electrodomésticos y de la vida “comunitaria” suburbana bajo la amenza de la guerra fría, y las pautas sociales de los últimos años que invitan a la extrapolación (imposible de encajar por otra parte si se intenta) funcionan pero a un nivel inferior del que, tal vez, deberían.

“Planet Terror”, la primera parte de Grindhouse dirigida por Robert Rodríguez, acaba por adolecer de algo parecido a “Shaun of the Dead” aunque aquí sin “trampa” al saber de entrada que estamos ante un filme-emulación, en todos los sentidos y más o menos logrado. La imagen imperfecta, rugosa, quemada y dañada como los propios zombies (infectados aquí) no responde a una posible extensión simbólica ni a la esencia matérica alcanzada por “Decasia”, sino a simples hechos físicos del material. No hay cuestionamiento de la imagen cinematográfica mural actual, sólo un acto de fidelidad al contexto que se pretende ilustrar. Para ir en el sentido contrario, para preguntar a la imagen sobre su propia materia, función y significado como parte de la realidad, tal vez lo más apropiado sería visitar las tres curiosas obras de Andrew Parkinson realizadas entre 1999 y 2005.

A la espera del estreno del último trabajo de G. A. Romero “Diary of the Dead” que promete, otra vez, seguir enriqueciendo el género y de la última adaptación de la estupenda novela corta de Richard Matheson “Soy leyenda”4, irrumpe en taquilla la producción española “[REC]“, un interesante ejercicio sobre infectados, a la par que poco original, que entre otras cosas nos avisa de que el poder zombie sigue vigente. Si su despliegue crítico-humorístico es de perfil bajo (comunidad de vecinos, con todos sus tics) y es utilizado sobre todo como espita para dosificar (muy necesario a pesar de sus escasos 80 minutos) los momentos de tensión, el aspecto visual vuelve a recurrir al cambio de textura, buscando la pretendida inmediatez de la imagen (imperfecta) televisiva con todo lo que ello conlleva y que no vamos a repetir otra vez.

Llegamos al final, a pesar de que sería conveniente resumir y concretar ciertas ideas, aplazamos una posible entrada para recolección y seguimiento de un tema que ha ocupado estos cuatro artículos zombificados. Así como posibles reseñas más extensas de películas que consideremos de interés.
Entre tanto y como seguidores del género sólo esperamos que la moda, que no es tal, se extienda lo máximo posible en el tiempo siempre y cuando el zombie no sea despreciado ni subestimado.

  1. Con apenas 25 millones de dólares de presupuesto se convirtió en la película de zombies con mayor recaudación de la historia: más de 100 millones de dólares en todo el mundo. []
  2. Ver el vídeo []
  3. No por casualidad llamado Geiger []
  4. Obra de referencia, publicada en 1954, con gran influencia en el mundo cinematográfico zombie y postapocalíptico posterior. Esta última versión correrá a cargo del director de videoclips (Britney Spears, Jennifer López…) Francis Lawrence con Will Smith en el papel del original Robert Neville. El panorama a priori es pues ocuro en estos dos aspectos. []

Archivado en: Dossier, Temático — Roberto Amaba @ 15:42


Diciembre 7, 2007

¡Que vienen los zombies! (3)

Hemos hablado hasta ahora de zombies en genérico, como si fueran una entidad que responde a características constantes. Es evidente que no es así de simple, conviven diferentes concepciones del zombie, desde el seminal rito vudú haitiano hasta el simple humano infectado por el microorganismo de turno pasando por los típicos muertos resucitados, los que para muchos son los únicos y verdaderos zombies cinematográficos. No daremos aquí valor a unos sobre otros, nuestra posición sobre la terminología no es rigurosa en ese sentido, lo tomamos como pura convención y destacamos aquello que más nos interesa, aunque sin ningún ánimo ventajista a la hora de cuadrar el escrito.

A estas alturas podemos hablar con cierta propiedad del subtexto en ciertos filmes de zombies, lo hemos ido advirtiendo y vemos que existen más ramificaciones que la típica funcionalidad para la crítica política y social citada al final de la anterior entrada, si bien esta última ha sido la más visible, la más utilizada y generalmente la que ha obtenido mejores resultados.

Que el creador del “zombie moderno” George A. Romero haya vuelto en medio de la nueva euforía del género, con dos títulos separados por apenas dos años, no es entonces casualidad, existían motivos de fondo suficientes para (re)exponer el tema allende el cine y una coyuntura comercial favorable para, si fuera necesario, reformular y actualizar viejos moldes. De ahí la vuelta de tuerca al género que apreciamos en “Land of the Dead” mediante la toma de conciencia 1 del zombie. Queda, entonces, abierto un nuevo punto de vista muy sugerente de cara al futuro para aquellos que quieran profundizar en este tipo de relato. El zombie aparece con capacidad no sólo para desmontar algunas de nuestras convenciones sociales sino dispuesto a elaborar las suyas propias atendiendo a sus necesidades. Romero, hijo de gallego y lituana (pueblo emigrante por excelencia el primero) y nacido en la ciudad de ciudades, Nueva York, parece el hombre adecuado para narrar tal historia.

En el otro bando resultante de la confrontanción establecida en “Land of the Dead”, el nuestro, encontramos la imposibilidad para llegar a ser un perfecto nihilista a pesar de vivir en plena distopía. Una distopia en presente y no en futuro-hipotética, como suele ser habitual en la ficción, que deja espacio para la reacción, para poder huir del pesimismo y la catástrofe. Se puede buscar un lugar mejor y hacerlo con alguien; el zombie toma conciencia y al tiempo ejercita la nuestra, atrofiada como estaba pero con ese margen citado de superación. De nuevo el Metarrelato como necesidad humana, tras la delcaración de defunción del mismo durante las décadas anteriores, y el zombie como su portavoz más decidido y eficaz. Este deje de esperanza acaba subyaciendo en el texto de George A. Romero.

Es complicado fijar el punto de inflexión del repunte cinematográfico zombie. Cronológicamente es post 11-S, no cabe duda, pero su naturaleza es multicausal, como hemos visto, hasta conseguir un clima “comercial favorable”, donde siempre cabe esperar la multiplicación de los productos como estrategia lógica de la industria. Sucedió con los tremendismos finiseculares a la estela del Titanic y sucede ahora, aunque con mucha más miga y diversidad. Pero seamos realistas, toda esta amplitud y riqueza a la que puede dar lugar el discurso zombie seguiría esperando en cajones y almacenes de no ser por la rentabilidad económica alcanzada.

Como buenos desheredados y repudiados los zombies no encontraron nunca estabilidad en la producción, si bien los años 70 fueron fértiles en títulos aprovechando el tirón de 1968, abundaron los subproductos de diferentes nacionalidades (italiana, española y demás coproducciones) hasta alcanzar otro hito diez años después, en 1978, con “Dawn of the Dead” gracias al mismo director. Poco a poco, languidecen en los ochenta recluyéndose en productoras especializadas y directores “de culto”. Basta decir que su mayor éxito tuvo lugar con el videoclip Thriller protagonizado por Michael Jackson y dirigido por John Landis, capaz de oscurecer la autoactualización de “Day of the Dead” y una buena ristra de parodias encabezadas por “The Return of the Living Dead”. Video musical que, ¡oh casualidad!, cumple2 un cuarto de siglo estos mismos días. La década de los 90 fue menos provechosa a pesar de contar ya con seguidores y creadores incondicionales, entre los que podemos destacar “Braindead” del por entonces amateur Peter Jackson.

Habría que esperar al nuevo siglo para el definitivo relanzamiento de una temática que, con un volumen de producción relativamente alto y constante, nunca había alcanzado la distribución y el cartel restringido a otro tipo de obras dentro de una hipotética categoría A. Finalizaremos este modesto recorrido con una cuarta y última entrada, dedicada a la resurrección del zombie en el siglo XXI e ilustrada con unos cuantos títulos; no podía ser de otra manera.

  1. El acceso al palo como instrumento para cambiarlo más tarde por el rifle. La sublevación ante la injusticia y la marginación. La idea de comunidad y liderazgo. []
  2. 25 años de escalofríos, El País, 3-12-2007 []

Archivado en: Dossier, Temático — Roberto Amaba @ 21:45