Entender el cine (mudo)

Un párrafo de las memorias de Ivan Mozzhukhin citado por Leyda en su inevitable historia del cine ruso y soviético. Párrafo que no conocía cuando escribí esto otro. Y está bien encontrarlo ahora, porque en esta cosa de las imágenes aunque hayas visto también es necesario el documento, una primera fuente no contaminada que riegue la idea. Vale que las memorias y similares no suelen serlo, pero se me hace difícil pensar que el bueno de Mosjoukine (o Mozzhukhin, o vete a saber) mintiera en algo tan ¿intrascendente? como esto.
Da el pie Leyda comentando la tradición teatral rusa y la labor del gran Yevgeni Bauer como pionero-visionario del cine ruso de la década de los 10. Traducción licensiosa al vuelo (Leyda, pág. 79): “Pero fue la originalidad de Bauer la que había modelado a Mozzhukhin como un nuevo tipo de actor cinematográfico; las memorias de Mozzhukhin nos cuentan el cambio“:
… un día Bauer tuvo la ocurrencia de confiarme un papel importante y muy dramático en un filme cuyo título he olvidado [probablemente, Life in death, 1914)]. En el desarrollo de la trama una mujer, a la que en teoría había amado, muere, y yo tenía una larga escena donde mostraba mi desesperación junto a su cadáver. Hasta entonces, cuando un actor tenía una escena de este tipo, expresaba su pena retorciendo las manos, mostrándose abatido, con muecas practicadas largo tiempo frente al espejo y con lágrimas de glicerina. Rompiendo por completo con esta tradición también instalada en nuestros estudios, tuve que conformarme con interpretar la escena totalmente quieto, para llegar luego de manera gradual al punto donde, de repente, las lágrimas –reales- brotaron y resbalaron por mis mejillas… Lo que me hizo más feliz que el propio éxito de la película, fue darme cuenta de que, desde aquel mismo momento, ya entendía el cine.
Lo cierto es que de intrascendente no tiene nada, al menos para cualquiera que tenga un mínimo interés en el cine mudo. Para este extraordinario actor y director, como vemos, tampoco lo fue. Para él fue una revelación, bien canalizada por Bauer eso sí. Muchos otros también lo saben o tienen la intuición, pero no pocos historiadores, periodistas y cinéfilos, se han empeñado durante décadas en fomentar una imagen guiñolesca del cine mudo. Deformar sin diferenciar ni fechas, ni tecnologías, ni nombres, ni geografías. Ni han leído, ni han visto.
Escatoestética del audiovisual contemporáneo

En el número tres de la magna Détour aparece un texto con el que hago méritos para que este blog adopte definitivamente el alias en lugar del nombre de pila. Kinodelirio goes Kinodetrito.
El artículo es una aproximación, o yo que sé qué, a la escatología como síntoma social y psicológico, además de como recurso del audiovisual contemporáneo. Si os apetece leerlo está listo e ilustrado por Vanessa Agudo en la siguiente dirección: Las mujeres de Stepford no sufren encopresis. Hacia una escatoestética del audiovisual contemporáneo.
Fotogramas para una vocación
Se me iluminan las neuronas espejo viendo la siguiente secuencia de la magnífica y rohmeriana La estructura del cristal (1969), de Krzysztof Zanussi.






En el fascinante debate actual sobre la existencia y los límites del libre albedrío, echo de menos la idea de lo que vulgarmente conocemos por vocación. En este caso, vulgarmente equivale a espiritualmente. Bueno, espiritual y vulgar resultan casi siempre indistinguibles. Si quieres conocer a alguien vulgar de verdad, no busques a cajeras de supermercado ni a mecánicos de taller, señala al que te diga que tiene y cultiva su lado espiritual. Además de para saber que estás ante alguien vulgar, te servirá para adinivar que es, de facto o en potencia, un cocainómano con ropa ibicenca en el armario. Algún día se escribirá un estudio serio sobre la imbecilidad (y el fascismo) como correlato de la espiritualidad. A estas alturas ya tengo claro que me producen menos rechazo los religiosos que los espiritualistas.
Sobre la vocación nadie establece diferencias entre la de una monja y la de un jardinero. En todos los casos volvemos a esas inspiraciones llegadas desde lo alto con las que Kant encabezaba la entrada anterior. Llegará el día en el que durante aquellas evaluaciones de orientación que se realizaban al terminar el viejo COU, junto al papel de los profesores con las posibles salidas profesionales para tu vida, se adjuntará un informe médico con su correspondiente escáner cerebral bien analizado. Ayudará.
Mientras tanto seguiré asombrándome con todos aquellos capaces de reconocer su futuro ¡desde que tenían cuatro años! Cuando me encuentro con alguno de estos no dudo en felicitarle por escuchar la llamada del altísimo o de la selva. O lo que es lo mismo: por descifrar una inscripción biológica enterrada en el fondo del vertedero donde se amontona la cultura. No me negaréis que el tema de la vocación no es importante, viendo lo mal que hacen las cosas tantos profesionales y especialistas de sus respectivas materias y oficios. Un mundo de vocaciones equivocadas, impuestas, ocultas y frustradas.