Kinodelirio: 2007-2015

Todos sabemos que uno de los momentos más conmovedores de la historia del cine, es aquel en el que Chishu Ryu pela la manzana al final de Banshun. Un inapreciable toque de cuchillo terminaba por separar la piel de la carne. Podía ser la última metáfora de la pérdida de la hija, pero no. La mondadura solo dibujaba el camino que la lágrima no se atrevía a realizar en el rostro de un viudo doble. El momento era pura congoja. Ryu vence la cabeza, pero –en Ozu, como en Ford, siempre hay algo adversativo e impuro en la felicidad y en la angustia- el maestro corta en seguida a un plano con pequeñas y amables olas rompiendo sobre una playa. Sube la música, vuelve la esperanza.

Banshun (Yasujiro Ozu, 1949) clic para ampliar

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La mondadura era lágrima y, en última instancia, ola transmutada. Yo no creo en ningún tipo de reencarnación ni de transmutación -¡ni siquiera pelo las manzanas!-, lo que no me impide disfrutarlas cuando forman parte de la sintaxis de una obra de arte. La monda de la manzana no tiene otro destino que la descomposición y la eventual desaparición. A lo sumo, podría servir de alimento para algún insecto o alimaña. Después, excremento, residuo que ni siquiera cumplirá una función fertilizante. Los ciclos vitales indeterminados e infinitos son cuentos chinos, en este caso japoneses. Como asqueroso naturalista declarado, solo creo en el fundido a negro.

Quería escribir una despedida y me encuentro pelando una manzana. Kinodelirio se creó –utilizo el impersonal cuando debería utilizar la primera persona del singular- por unas razones y hoy desaparece por otras. Las únicas que no tienen nada que ver con el punto y final son las que suelen ser reconocidas en estos casos. Después de casi ocho años, ni estoy cansando, ni me faltan ganas o ideas. Tengo las mismas que hace seis meses o que hace diez años, cuando trajinaba a los mandos de El Maquinista de Treblinka. El resto de motivos no los expliqué en la creación, y no lo voy a hacer en la defunción. Unos siempre estuvieron presentes y otros no, unos objetivos se cumplieron y otros no.

Durante todo este tiempo puedo afirmar que este ha sido un sitio agradable, bien hecho, relativamente original y constante. También minoritario. Ser consciente de esta última característica, saber casi al detalle quién y cuándo leería todo esto, era una responsabilidad que me mantenía dentro de unos modos que siempre intentaré respetar. Si Kinodelirio hubiera sido una ambición, debería haberla abandonado recién comenzada. Como fue una pasión, me alegro de haberla mantenido y compartido con las cerca –estoy casi seguro- de veinte personas que puedo considerar lectores auténticos. Más que suficientes. Diría que demasiados si quisiera invitarlos a comer.

Este pliego vertical no se convertirá en otra cosa, simplemente desaparecerá cuando los mormones del hosting adviertan la falta de pago. Ellos también tienen sus necesidades. La ropa interior mormona no debe ser barata. De todas maneras, sigo a disposición de cualquiera en el correo electrónico. El email asociado a este dominio también se desactivará. Mi correo convencional lo sabe cualquiera, aunque, por si acaso, os lo copio aquí.

Tal vez algún mediocre se alegre con la despedida, pero –yo también tengo peros- no se librará de mí por completo. Seguiré escribiendo allí donde me inviten, siempre y cuando sean buena gente y esté convencido de que puedo entregarles algo digno. Quién sabe si en el futuro abjuraré de mis creencias y la piel de la manzana se transformará en ola. Lo dudo, no confío en la reencarnación, quizá en la reinvención. Mientras tanto, a seguir aprendiendo.

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