Un detalle de guión: el helado de los 500.000 dólares


Un “gran detalle de guión” no es tanto aquello que muestra el virtuosismo de quien lo urde, como aquello que denota implicación y conocimiento del oficio. Esta última forma suele ser más austera y menos artificiosa, suele tener mayor carga semántica y menor reconocimiento. Yo sigo prefiriendo al guionista a quien le generan cero preocupaciones que el cinéfilo de turno advierta lo brillante que es, que al empeñado en airear su talento. El guionista debe preocuparse por la reputación de sus personajes antes que por la suya. Aceptando el riesgo de que estos se le terminen amotinando de manera pirandelliana. Si alguien tiene que ser generoso en una película, ése es el guionista. El resto, en diferentes grados, pueden seguir inflando el papo.

Un ejemplo telegráfico sacado de Thunderbolt and Lightfoot (Un botín de 500.000 dólares, 1974), película (primera) escrita y dirigida por Michael Cimino. Situación:

Thunderbolt y Lightfoot (Eastwood y Bridges), después de no encontrar el viejo botín escondido, compran un helado con el último dinero que les queda. Hace un día estupendo, quizá demasiado caluroso. Pasean tan ricamente con su helado. Se suben en la tartana heredada de su delirante aventura con el criador de conejos. Los antiguos colegas de Thunderbolt les esperan dentro. Le persiguen desde el comienzo creyendo que éste les traicionó quedándose con ese botín del último golpe.

Los han pillao con el carrito del helao (Clic para ampliar)

Los conducen hasta un río, presumimos que para matarlos. No hay ejecución alguna. Lightfoot, siempre impulsivo y locuaz, recibe un rodabrazo de Red. El intento de ajuste de cuentas entre Thunderbolt y Red, concluye como imaginamos. Con todo aclarado, el grupo se reúne a la orilla del río.

The river's edge (Clic para ampliar)

La escena, muy sencilla, es clave en un sentido puramente arquitectónico: sirve como punto final de la primera parte de la película y da comienzo a la segunda. Al contrario que en la arquitectura, aquí la dovela central carece de adorno o resalte alguno. Sin embargo, su funcionalidad es igual de rotunda e imprescindible. Así, de una especie de road-screwball-buddy movie, pasamos a un nuevo acto que se desarrollará entre la acción y la comedia más sedentarias. Pero ahora no me interesa la gran arquitectura -esa extraordinaria capacidad de Cimino para construir sus historias-, sino un detalle minúsculo: el helado de Lightfoot. Un detalle absolutamente intrascendente pero que, además de ayudar a definir el personaje de Lightfoot y su relación con Thunderbolt, nos enseña el compromiso del guionista con su oficio.

La primera orden que reciben nada más sentir las pistolas en la nuca es soltar los helados y subir las manos. Lightfoot mantendrá el helado durante todo el viaje. La explicación más simple es que lo hace por el impacto de la situación, pero no. Lightfoot siempre hace lo contrario de lo previsto o de lo mandado, y en ese momento tan delicado su único acto de rebeldía posible es mantener el helado. Si el trayecto fue largo o corto carece de importancia, hacía calor y el helado se derrite. Sale del coche y ahí sigue cucurucho en ristre con la nata resbalando por la mano. Su papel en la secuencia es secundario, recibe el golpe de Red y desaparece hasta el final. El helado no ha sido determinante. Bueno, ya hemos dicho que puntúa el carácter de Lightfoot, que materializa una elipsis y que aporta información de la meteorología con la que se desarrolla la acción. Pero en ese final a la orilla del río, unos seis minutos después de haber comprado el dichoso helado, todo adquiere sentido: ¡Lightfoot se lava la mano!

Y lo hace de manera clandestina en el margen del encuadre y sin aspaviento alguno. Eso sí, mientras se lava la mano recibe la mirada preocupada y la caricia de Thunderbolt. La escena funcionaría igual si eso no ocurriera, porque a esas alturas ni cristo se acuerda del helado. Pero el hecho de lavársela nos avisa de que alguien se tomó la molestia de atender las necesidades de cada uno de sus personajes, por accesorias que fueran. Alguien haciendo bien su trabajo sin alardear. Esa especie en extinción que en otros tiempos conocimos como un profesional. Hawks también le habría hecho lavarse la mano.

Ni que decir tiene que Cimino seguiría hoy haciendo películas –tres lustros después de su última obra maestra-, si en lugar de incluir a un personaje lavándose la mano, pusiera a un dinosaurio, a un nazi gay masticando un palillo o a una rubia tarada tomando un baño lunar.

Al fin y al cabo el cine es eso, elegir qué se pone a la orilla de un río.


Canciones ilustradas IV: La revolución de los frames


It came from the brain:
Canciones ilustradas: el meme
Canciones ilustradas: el bis
Canciones ilustradas: la trilogía

En el árbol filogenético de la música, esto de las canciones ilustradas debe andar cerca de los mariachis y de la tuna. De hecho podrían compartir función adaptativa: rondar a esa chica o chico que no os hace ni caso. Sabéis que le gusta una canción y ¡zasca!, en vez de mandarle uno de esos grupos horteras que te tocan el timbre y se ponen a berrear, le mandáis un inofensivo correo electrónico. También te podrá denunciar por acoso, pero la pena de cárcel sería menor.

Montaría encantado una pieza por encargo para ver si así os comíais una rosca. Pero no soy lo suficientemente buena persona como para hacerlo sin cobrar. Y cobrando tampoco porque, tal y como está el patio, el que acabaría en la cárcel sería yo por hacerme millonario con las creaciones de los demás. Una lástima, olvidad a vuestro amor platónico y seguid dándole al porno.

Cuando dejéis de ver vídeos guarros, le dais un vistazo a esta cuarta entrega. Igual os inspira y termináis haciendo una vosotros. Sería la solución. En esta ocasión a lo peor no seguís el ritmo en un primer visionado, pero no será porque la canción sea rapidilla o porque el mecanismo de esto sea bastante cutre, sino por vuestra limitada capacidad cognitiva. Yo no tengo la culpa ni de eso ni de que Ryan Gosling tenga vagina. De todas formas os concedo algún replay. Lo que no voy a permitir es que vengáis a contar que las canciones que utilizo son cada vez más moñas. Por mí os podéis ir todos los modernos al Primavera Sound a coger ladillas, que aquí mando yo. Y si me calentáis, para la próxima elijo alguna de un anuncio de colonia, que las hay bien bonitas.


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Canción: Good people
Autor: Jack Johnson
Intérprete: Jack Johnson
Álbum: In Between Dreams, Brushfire, 2005



01 You win

02 It's your show, now

03 So what's it gonna be

04 'Cause people will tune in

05 How many train wrecks do we need to see?

06 Before we lose touch of

07 We thought this was low

08 It's bad getting worse so

09 Where'd all the good people go?

10 I've been changing channels I don't see them on the TV shows

11 Where'd all the good people go?

12 We got heaps and heaps of what we sow


*************

13 They got this and that and with a rattle a tat

14 Testing one two now what you gonna do?

15 Bad news, misused,

16 Got too much to lose

17 Give me some truth

18 Now whose side are we on?

19 Whatever you say

20 Turn on the boob tube

21 I'm in the mood to obey

22 So lead me astray by the way, now

23 Where'd all the good people go?

24 I've been changing channels I don't see them on the TV shows

25 Where'd all the good people go?

26 We got heaps and heaps of what we sow


*************

27 Sitting round feeling far away

28 So far away but I can feel the debris

29 Can you feel it?

30 You interrupt me from a friendly conversation

31 To tell me how great its all gonna be

32 You might notice some hesitation

33 'Cause it's important to you, it's not important to me

34 Way down by the edge of your reasons

35 It's beginning to show

36 And all I really wanna know is...

37 Where'd all the good people go?

38 I've been changing channels I don't see them on the TV shows

39 Where'd all the good people go?

40 We got heaps and heaps of what we sow


*************

41 They got this and that with a rattle a tat

42 Testing one, two now what you gonna do?

43 Bad news, misused, give me some truth

44 You got too much to lose

45 Whose side are we on today?

46 Anyway, OK, whatever you say

47 Wrong and resolute but in the mood to obey

48 Station to station desensitizing the nation

49 Going, going, gone.

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Películas

01. All the king’s men (El político. Robert Rossen, 1949)
02. The king of comedy (El rey de la comedia. Martin Scorsese, 1983)
03. Fahrenheit 9/11 (Michael Moore, 2002)
04. Fahrenheit 451 (François Truffaut, 1966)
05. Unstopplable (Imparable. Tony Scott, 2010)
06. Margin Call (J. C. Chandor, 2011)
07. Buried (Enterrado. Rodrigo Cortés, 2010)
08. Alien (El octavo pasajero. Ridley Scott, 1979)
09. Bu san (Goodbye, Dragon inn. Ming-liang Tsai, 2003)
10. Fight Club (El club de la lucha. David Fincher, 1999)
11. A Night at the Opera (Una noche en la ópera. Sam Wood, 1935)
12. Nosferatu: Phantom der Nacht (Nosferatu: Vampiro de la noche. Werner Herzog, 1979)
13. Bronenosets Potyomkin (El acorazado Potemkin. Sergei M. Eisenstein, 1925)
14. Lenny (Bob Fosse, 1974)
15. Let’s make money (Vamos a hacer dinero. Erwin Wagenhofer, 2008)
16. All quiet on the western front (Sin novedad en el frente. Lewis Milestone, 1930)
17. The Rainmaker (El farsante. Joseph Anthony, 1956)
18. Good bye Lenin! (Wolfgang Becker, 2003)
19. Stalker (Andrei Tarkovsky, 1979)
20. Funny games (Michael Haneke, 1997)
21. Au hasard Balthazar (El azar de Baltasar. Robert Bresson, 1966)
22. I racconti di Canterbury (Los cuentos de Canterbury. Pier Paolo Pasolini, 1972)
23. Deconstructing Harry (Desmontando a Harry. Woody Allen, 1997)
24. The Apartment (El Apartamento. Billy Wilder, 1960)
25. Threads (Mick Jackson, 1984)
26. J’accuse! (Yo acuso. Abel Gance, 1919)
27. Sátántangó (Béla Tarr, 1994)
28. Sanxia haoren (Naturaleza muerta. Zhang Ke Jia, 2006)
29. Planet of the apes (El planeta de los simios. Franklin J. Schaffner, 1968)
30. Shoah (Claude Lanzmann, 1985)
31. Affliction (Aflicción. Paul Schrader, 1997)
32. Birth (Reencarnación. Jonathan Glazer, 2004)
33. Scener ur ett äktenskap (Secretos de un matrimonio. Ingmar Bergman, 1973)
34. Inside job (Charles Ferguson, 2010)
35. White dog (Perro blanco. Sam Fuller, 1982)
36. 12 Angry men (Doce hombres sin piedad. Sidney Lumet, 1957)
37. Juventude em marcha (Juventud en marcha. Pedro Costa, 2006)
38. All that heaven allows (Sólo el cielo lo sabe. Douglas Sirk, 1955)
39. The Omega man (El último hombre vivo. Boris Sagal, 1971)
40. Nuit et brouillard (Noche y niebla. Alain Resnais, 1955)
41. Triumph des willens (El triunfo de la voluntad. Leni Riefenstahl, 1935)
42. Blue velvet (Terciopelo azul. David Lynch, 1986)
43. All the president’s men (Todos los hombres del presidente. Alan J. Pakula, 1976)
44. Rebel without a cause (Rebelde sin causa. Nicholas Ray, 1955)
45. Apocalypse now (Francis Ford Coppola, 1979)
46. Full metal jacket (La chaqueta metálica. Stanley Kubrick, 1987)
47. Das Cabinet des Dr. Caligari (El gabinete del Dr. Caligari. Robert Wiene, 1920)
48. Enron: The smartest guys in the room (Alex Gibney, 2005)
49. Sawan baan na (Agrarian utopia. Uruphong Raksasad, 2009)


Johnny Guitar y el origen del universo


Siempre he sido indulgente con ese subgénero que, por cualquier tipo de necesidad, hace de la clausura de la escena su principal recurso. Supongo que no superaré tal vicio hasta que escriba el esperado (por mí y por nadie más) artículo sobre el cine de monjas. De momento solo tengo un título de trabajo: La monja cinematográfica. Sumisión y subversión. Promete ¿eh?, quién sabe si dentro de quince años se hará realidad.

Pero antes de monjas y novicias, debo despedirme del año y de Nick Ray. En pocos párrafos intentaré explicar algunas -no todas- de las ideas que hacen del comienzo (entre el minuto 8 y el 22 aprox.) de Johnny Guitar un planteamiento tan bueno como siempre hemos escuchado o leído. Ya sabemos que ciertos críticos puede decir si una película les gusta o no sin aportar razones, por frívolas y endebles que sean. El crítico, ese colgajo de la modernidad. Los cinéfilos al menos suelen ser más valientes, siempre tienen argumentos, todos quiméricos por supuesto. El cinéfilo, esa puerta a las realidades paralelas. Por fortuna ni soy crítico ni cinéfilo, y por lo tanto tendré que dar explicaciones fieles a los hechos.

Pero para comentar Johnny Guitar con cierto respeto, es necesario partir de una definición funcional, y de lejana inspiración rohmeriana, de espacio cinematográfico. Cuando hablamos de espacio cinematográfico lo hacemos tanto de la superficie, más o menos restringida y registrada en el encuadre, como del lugar contextual de la acción, más o menos amplio y que puede ser mostrado, aludido o ignorado mediante diferentes mecanismos de expansión visual, sonora y/o motriz. Así, la porción de espacio vista adquirirá valores diferentes dependiendo de su relación o no con lo adyacente.

El espacio exterior (Clic para ampliar)

En el arranque hemos contemplado un paisaje exterior hostil. La primera imagen de la película es una significativa explosión de barreno, a la que le sigue el asalto a una diligencia, un asesinato y una violenta ventisca que hace todavía más agresiva la arena roja de Sedona. A partir de ese momento, todo ese espacio pasará a implícito y amenazante. Un off latente y causal que transmitirá una serie de efectos, el primero: refugiarse (Run for cover).

Una vez establecida la acción en el interior del local, Ray construirá la escena apoyándose en elementos cinematográficos que serían inservibles –o mucho menos valiosos- sin su relación directa con el teatro, la música y la arquitectura; sus verdaderas pasiones juveniles. Todo funcionará de manera óptima porque esos recursos existen y porque son utilizados en la forma y en la medida exactas. Crítico, ahora sí podrás decir que esto es bueno y, si se diera el caso, que es bueno pero que no te gusta.

1* La composición. La disposición de los personajes en formaciones laterales, crea una amenaza real de grupo. Formación de ataque, las aves de rapiña que decía el propio Ray. El formato cuadrangular de la pantalla y la oblicuidad de alguna de estas líneas acentúa el efecto. Existe en la presencia de esos personajes constreñidos, una lucha contra los segmentos físicos de la pantalla. La isocefalia (recurso pictórico, con larga tradición histórica) crea la uniformidad formal y de pensamiento al tiempo que refuerza la sensación de ímpetu a duras penas contenido. Con sabiduría plástica, Ray otorga el liderazgo “moral” del linchamiento frustrado a la única que rompe (¡a la baja!) la línea de las cabezas: Oh, her name was Emma Small, was Emma Small; cantará Johnny.

Ready for lynching (Clic para ampliar)

2* Las miradas. El enfrentamiento se articula de manera totalmente mecánica gracias al registro de las miradas. No hay nada esotérico ni oscuro, es pura geometría, luminosa, un tornillo tras otro que van a parar a la bisagra, a Johnny Guitar. El único desarmado pero con la salud y la elasticidad mental intactas, esto es, con capacidad para el sentido del humor.

3* El decorado. En el primer tramo de la secuencia con Joan Crawford situada en lo alto de la escalera, los picados y contrapicados nos muestran las vigas y los techos aplomados sobre las cabezas. En el segundo tramo, la pared del fondo excavada en la roca (herencia de la Taliesin, luego visible en la arquitectura del refugio de Dancin’ Kid), fortalece la negativa a expandirse que va de lo visual a lo narrativo para concluir en lo simbólico. Una negación materializada en el la botella estampada por Ward Bond.

4* La planificación. Predominio de encuadres estáticos, planos y contraplanos apenas alterados por leves movimientos de cámara necesarios para enlazar o reencuadrar los también escasos movimientos internos. La manera en la que los personajes se van incorporando o abandonando a la escena procede del teatro. Las posturas son inamovibles y los brillantes diálogos no hacen más que confirmarlo.

5* El sonido. ¡Dale a la ruleta, Eddie (…) Me gusta oír cómo rueda! Si tenéis la sana costumbre de ver películas con auriculares (las que tengan buena calidad porque si no es una tortura), escucharéis como el viento no deja de ulular desde un segundo término sonoro. Los tiempos entre diálogos y réplicas de nuevo se acogen a los modos del teatro. La modulación del tono y las contraréplicas como única manera de agredir a un oponente que permanece inalcanzable o destacado en lo visual. El silencio incómodo a punto de quebrarse con un vaso que rueda en círculos madera abajo. Y la música.

Johnny Hinged (Clic para ampliar)

6* Raccord. Derivado de la situación anterior, el cambio entre planos sujeto a continuidad de movimiento escasea y cuando se realiza tiende a suceder, con pocas excepciones, antes de que el personaje traspase el borde del encuadre. El mantener esta prohibición cobra sentido y despunta cuando al final de la secuencia todos los personajes rompen el margen lateral izquierdo al salir de cuadro. Primero la banda de Emma, después Johhny Guitar y los secuaces de Dancin’ Kid. Hasta ese momento la falta de un campo off que bombeara entradas y salidas, ha contribuido a crear un ambiente de tirantez insufrible. Es relativamente fácil entrar en campo, lo es menos salir de él.

El fragmento, entonces, ha estado condicionado por un ambiente exterior y por otro interior que, lejos de refugio seguro, devino tan peligroso como el primero. La tensión se ha hecho insoportable mediante una retención pensada y expresada al detalle. Sin expansión la energía se reconcentra, necesita de una espita que alivie la fuerza acumulada o explotará sin control. Esa incertidumbre es manejada hasta el límite en la secuencia, controlando las formas y el tiempo en el que se inscriben.

Llegado este punto, podemos afirmar que estos quince minutos de Johnny Guitar, son una adaptación libre del origen del universo.


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